Lagartijas en ambientes hostiles, Parte 1: La lagartija más austral del mundo

Todos quienes hemos visto lagartijas, normalmente las encontramos en lugares cálidos y soleados, tal como dice el dicho “tomando el sol como lagartija”. Por eso es extraño pensar que también pueden habitar en lugares fríos, húmedos y en ambientes tan hostiles como la montaña o la Patagonia. En esta oportunidad les hablaremos de una de ellas, la lagartija magallánica.

Lagartija Magallánica (Crédito: Vicente Valdés, iNaturalist)

Liolaemus magellanicus es la lagartija más austral del mundo, posee un cuerpo esbelto de entre 5 y 6 cm entre hocico y cloaca, y su color varía entre el gris y el verde oliváceo. Las hembras son ovovivíparas, es decir, sus huevos se desarrollan dentro de su cuerpo hasta la eclosión, tiene camadas de 5 crías en promedio y pueden retener el embarazo durante 1 año, para que las crías puedan nacer en verano. Son principalmente insectívoras, pero también pueden alimentarse de vegetales. Se distribuyen en la Patagonia chileno-argentina, en Magallanes en los sectores continentales y en el archipiélago de Tierra del Fuego.

Fabián Jaksic, zoólogo, ecólogo, Premio Nacional de Ciencias Naturales 2018 y director de CAPES, es además magallánico de nacimiento, por lo que conoce a este reptil desde que era niño. Uno de sus últimos trabajos es “Historical account and current ecological knowledge of the southernmost lizard in the world, Liolaemus magellanicus (Squamata: Liolaemidae)”, publicado en la Revista Chilena de Historia Natural, donde hace una revisión del descubrimiento, distribución, biogeografía y ecología de esta lagartija, proponiéndola como modelo de estudio por sus especiales características.

Lagartija modelo

Conversamos con él y lo primero que preguntamos es ¿Qué es un modelo de estudio animal? El profesor nos explica que “en ecología, un modelo de estudio es aquel tipo de animal u otro organismo que permite responder expedita y claramente preguntas concretas de un investigador. Por ejemplo, para estudiar conductas en terreno son mejores modelos las aves diurnas que los roedores nocturnos. Las lagartijas son muy buenos modelos para estudiar cómo ellas logran ejecutar sus estrategias de historia de vida. Por ejemplo, cómo, cuánto, y cuándo reproducirse. Qué comer, a qué hora estar activas y dónde refugiarse de las condiciones climáticas o de sus depredadores. O cómo mantener una temperatura corporal que les permita vivir, crecer, encontrar pareja, reproducirse y cuidar su prole”.

Específicamente acerca de porqué la lagartija magallánica sería un buen modelo de estudio nos cuenta que debido a que “es la más austral del mundo y vive en un ambiente muy frío para la mayoría de los reptiles, lo que hace preguntarse cómo logra sobrevivir y mantenerse por miles de generaciones en un ambiente poco productivo en comida y climáticamente desfavorable. Además, dado que hay una población en el continente y otra en la isla grande de Tierra del Fuego, se abre la pregunta de si esas poblaciones separadas por el estrecho de Magallanes por miles de años han divergido en su genética y sus atributos morfo-funcionales y conductuales”. 

Parte de su investigación fue sobre el descubrimiento de esta especie de reptil, donde consignó que el explorador británico Charles Darwin, que estuvo en territorio chileno entre 1832 y 1835, no vio ninguna lagartija en la Patagonia, por lo que afirmó que en la zona no había reptiles, y no se registró su presencia sino hasta 1847. “En defensa de Darwin, debe hacerse notar que no visitó Magallanes continental ni la isla grande de Tierra del Fuego. Su encuentro con la Patagonia austral fue en torno al canal Beagle y pequeñas islas aledañas en donde hasta hoy no se conoce la existencia de reptiles. La lagartija magallánica fue primero descubierta en Magallanes continental por Hombron y Jacquinot, en la península de Brunswick y posteriormente en la parte norte de Tierra del Fuego por Cunningham. Yo tuve la oportunidad de descubrirla en la parte central de la isla, cerca de Onaisín. Nadie las ha encontrado más al sur en la parte chilena”, comenta el investigador.

Las observaciones que se han realizado en terreno indican que Liolaemus magellanicus es más común en el área continental que en la insular, siendo más escasa en Tierra del Fuego, pero Jaksic señala que “no se puede decir que la lagartija magallánica sea más abundante en el continente que en la isla grande; nadie ha medido su abundancia y eso es un asunto pendiente. Mi impresión es que son más densas (abundancia partida por área) en Tierra del Fuego que en Magallanes continental, pero esto debe ser verificado haciendo mediciones cuantitativas”.

(Crédito: Claudio Reyes, iNaturalist)

Habitantes del frío

Las lagartijas, como todos los reptiles, son animales ectotermos, es decir, su temperatura corporal depende del ambiente, por lo que normalmente restringen su actividad a los momentos en que la temperatura ambiental es adecuada para ellos, para poder ahorrar energía. Esta característica tiene ventajas y desventajas, entre las primeras está que los ectotermos no necesitan comer todos los días como muchos de los mamíferos, los humanos entre ellos, que requieren de la energía que les proveen los alimentos para regular su temperatura corporal y realizar sus funciones. Entre las desventajas para los reptiles está que muchos de estos animales no pueden vivir en ambientes muy fríos o húmedos, pero la lagartija magallánica es una excepción, ya que sí se ha adaptado al frío y al viento patagónico. ¿Cómo lo hace?

Entre las estrategias de la lagartija magallánica para sobrevivir en el fin del mundo austral, Jaksic nos enumera: (a) Retener sus huevos hasta que sus crías están completamente formadas y capaces de desplazarse y comer en el ambiente externo. (b) Buscar microhábitats en que la temperatura es más alta que la del aire y así poder calentarse. (c) Alimentarse no solo de insectos y arácnidos sino de hojas y brotes vegetales. (d) Adoptar una coloración y diseño crípticos que la proveen de camuflaje ante sus depredadores. Estas adaptaciones convierten a este reptil en una especie digna de mayor atención por parte de los herpetólogos de Chile y el mundo.

Esta recopilación sobre los estudios en Liolaemus magellanicus, tiene varias conclusiones y algunas perspectivas para investigaciones futuras, en palabras del zoólogo y ecólogo, “de mi publicación queda claro que la lagartija magallánica puede ser propuesta como un modelo animal que sirve para probar hipótesis sobre: (a) Estrategias de asignación de recursos para hacer frente a un entorno hostil que ofrece oportunidades limitadas para buscar alimento y realizar actividades reproductivas. (b) Estrategias conductuales para hacer frente a la termorregulación, la alimentación, la adquisición de pareja y el cuidado de la descendencia. (c) Su lugar dentro de la red alimenticia más bien empobrecida de la cual esta especie forma parte. Además, por ser una especie evolutivamente nueva, que persistió en refugios glaciares antes de dividirse en una subpoblación continental y otra isleña, ella ofrece una base fértil para realizar estudios de genética de poblaciones y poner a prueba hipótesis filogeográficas y evolutivas”. Fabián Jaksic finaliza comentando que “pienso que tanto biogeógrafos, como sistemáticos, evolucionistas, fisiólogos y ecólogos deberían interesarse más en esta especie por su posición única en los márgenes más sureños de nuestro cambiante mundo”.

(Crédito: Roberto Güller, iNaturalist)

Texto: Comunicaciones CAPES

CAPES estrena afiche que muestra los superpoderes del churrete costero

El pasado miércoles 11 de enero, en la sala Bordemar de la Casa de la Cultura de Algarrobo, se llevó a cabo el lanzamiento del afiche infográfico “Churrete Costero: degustador de agua salada”, producto gráfico que resume parte de la investigación en esta ave que ha desarrollado el profesor Pablo Sabat, académico de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile e investigador en el Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES.

El Cinclodes nigrofumosus, o churrete costero, es un ave endémica de nuestro territorio que vive en el litoral entre Arica y Valdivia. A pesar de no ser un ave playera y no tener las adecuaciones físicas para consumir agua y animales marinos, el churrete costero se las ha arreglado para habitar en este salado ecosistema. ¿Cómo lo hace? Es la pregunta que ha estado investigando Pablo Sabat y su equipo y que expuso en una jornada de comunicación de la ciencia en la Región de Valparaíso durante enero de 2023.

La actividad contó con el apoyo del Departamento de Medio Ambiente de la Municipalidad de Algarrobo, a través de su directora Daniela Yáñez y tuvo un gran marco de público interesado en conocer un poco más sobre el Cinclodes nigrofumosus. Ellos y ellas tuvieron la oportunidad de escuchar charlas breves sobre este paseriforme, la avifauna de Algarrobo y el proceso de creación de un afiche infográfico y luego participaron de una jornada de observación de aves en el humedal San Jerónimo de Algarrobo.

En primer lugar, el profesor Sabat expuso acerca de este particular “pajarito”, como se les nombra comúnmente a los paseriformes, que posee una capacidad asombrosa: es un ave terrestre que habita en la zona costera, sin contar con las adaptaciones especializadas, como por ejemplo la glándula de la sal, de las aves marinas para vivir y nutrirse de especies con alto contenido salino. Pablo Sabat explicó que una de sus estrategias para lograrlo es su “súper riñón”, que es más grande y contiene más conos medulares, unas estructuras que permiten concentrar la orina y eliminar el exceso de sal de su sangre.

También comentó sobre la metodología empleada en la investigación, que  corresponde al proyecto Fondecyt Regular N° 1200386 “The cost of hydration: Physiological and environmental determinants of producing metabolic water in passerines along an aridity gradient in a coastal desert” (“El costo de la hidratación: Determinantes fisiológicos y ambientales de la producción de agua metabólica en paseriformes a lo largo de un gradiente de aridez en el desierto costero”), y que mide el presupuesto hídrico de los animales, determinando los porcentajes de agua metabólica (la producida al interior de las células del organismo) y de agua ingerida de estos pájaros, cuya proporción cambia según la latitud y la altitud a la que viven los churretes.

Acerca de la importancia de involucrar a la comunidad en la comunicación de los resultados de las investigaciones científicas, el ecofisiólogo afirma que “la comunicación científica es uno de los aspectos más gratificantes del quehacer de un investigador. Estas actividades permiten a la sociedad acceder a los avances y descubrimientos científicos, de una manera directa y de primera mano, generando un compromiso y potenciando el interés del público por nuestro entorno.  En el caso de nuestra disciplina, estas actividades permiten a la sociedad y especialmente a las comunidades locales, conocer algunos aspectos únicos de nuestra biodiversidad generando conciencia acerca de la necesidad de su cuidado  y protección”.   

Posteriormente, Isaac Peña Villalobos, investigador postdoctoral en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, presentó la charla “Avifauna de los ecosistemas de Algarrobo”, en que describió los ambientes naturales que rodean la zona realizando un repaso de cómo ha cambiado el paisaje desde el siglo XIX. Peña puso un énfasis especial en las aves que viven allí o que usan los humedales casi como verdaderas “estaciones de servicio”, para descansar y abastecerse durante sus largos viajes migratorios, relevando la necesidad de conservar y proteger estos parajes.

Ante la pregunta de por qué es necesario que la comunidad conozca los ecosistemas que los rodean y la fauna que los habita, el biólogo y doctor en Ciencias señala que “el conocer la biodiversidad que nos rodea, permite identificar los elementos que conforman el paisaje que habitamos. Luego, si este conocimiento se enmarca en las particularidades de las especies, su historia, funciones y relaciones, se puede alcanzar una valoración en múltiples dimensiones («esa ave dispersa semillas», «esa especie controla roedores», «ese árbol sólo existe en Chile», etc.), que en última instancia podría tributar a la concientización y al desarrollo de acciones de conservación y el cuidado del ambiente”.

La sección expositiva finalizó con Francisca Veas, ilustradora científica y profesora de diseño, quien nos explicó cómo fue el proceso de realización del afiche infográfico sobre el churrete costero, el trabajo interdisciplinario entre ciencia, comunicación y diseño para llegar a una pieza gráfica que pueda ser entendida y apreciada por todos y todas y que los asistentes pudieron llevarse a su hogar.

Acerca de este proyecto, Francisca comentó que “el trabajo multidisciplinario, se aborda a través de las etapas de intercambio de saberes entre comunicaciones, ciencia y arte. El proceso conlleva comunicación entre científico, periodistas y artista. El científico en este caso, manifiesta y nos muestra su investigación, para que luego periodistas (o editores) generen un texto acorde a un lenguaje más universal y breve que la ilustración representará. La extensión de los textos es previamente acordada. En esta etapa -en paralelo-, se lleva a cabo la generación de imágenes, la que tiene un rol clave ya que permite también, una reedición de los textos, ya que éstas comunican de forma paralela al texto o son un complemento a este. Así se logra un dispositivo multidisciplinar de comunicación de ciencias”.

Finalmente, los participantes se dirigieron caminando hacia el humedal San Jerónimo para observar, guiados por Isaac Peña y acompañados por Felipe Celedón de la Fundación Kennedy, algunas de las aves que habitan este ecosistema, como la tagua, el pato rana pico delgado, el pato yeco, el pelícano, el cisne coscoroba, el trile, el queltehue, la gaviota y la golondrina.

Una experiencia que disfrutaron personas de todas las edades, vecinos y turistas de Algarrobo, que pudieron conocer, de primera mano, los resultados de una investigación de científicos chilenos sobre un ave endémica de este territorio y sus cualidades únicas, que la hacen un modelo de estudio para revisar las adaptaciones que están desarrollando algunos animales para vivir en un mundo cada vez más árido y con temperaturas en aumento, en el contexto del cambio climático global.

Texto: Comunicaciones CAPES

Francisco Bozinovic Kuscevic (1959-2023)

Créditos: El Mercurio

Francisco Bozinovic Kuscevic, académico de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Premio Nacional de Ciencias Naturales 2020, y subdirector del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES, ha fallecido la madrugada de este domingo 1 de enero, producto de un cáncer, a la edad de 63 años.

El Dr. Bozinovic fue un destacado biólogo y ecólogo, reconocido tanto en Chile como en el extranjero. Nacido en Punta Arenas el 6 de junio de 1959, y nieto de inmigrantes serbio-croatas (ex yugoslavos), arribó a Santiago en 1978 para cursar sus estudios de Ciencias, con mención en Biología, en la Universidad de Chile. 

Interesado desde temprano en estudiar los múltiples aspectos teóricos y experimentales de la biología animal comparativa y las complejidades de la diversidad biológica en todos sus niveles de organización, concluyó sus estudios formales en 1988, al recibir su doctorado en la misma universidad, como parte del equipo de investigación del Prof. Mario Rosenmann.

El Dr. Bozinovic fue académico de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Pontificia Universidad Católica entre 1996 y 2022.

Durante sus años en la Casa de Bello comenzó su amor por una de las especies que marcarían su trayectoria científica y académica, el monito del monte, un mamífero marsupial endémico de los bosques templados del sur de Chile. En 2016, una nueva especie de este género fue bautizada en su honor por la revista Journal of Mammalogy: el Dromiciops bozinovici o “Monito del monte de Pancho”.

Con más de 30 años de trayectoria en el campo de la biología evolutiva, el Dr. Bozinovic se destacó por haber iniciado y desarrollado un nuevo paradigma científico al interior de este campo, conocido hoy como Biología Integrativa. Éste innovador enfoque reúne saberes de la fisiología, el medio ambiente y la biogeografía para un mejor entendimiento de las estructuras y comportamientos inherentes de los organismos vivos y la interacción con sus entornos.

En palabras de Francisco, esta nueva disciplina no mira la biología por partes, “sino como un conjunto. Para efectos operacionales, solemos dividirla en bioquímica, biología celular, molecular, fisiológica, del desarrollo, de poblaciones o de comunidades. Pero la idea es tener la concepción de que los organismos son un organismo completo que interactúa con el ambiente, que no es separable.”

Francisco Bozinovic, junto al entonces ministro de Ciencias, Andrés Couve, durante la ceremonia de entrega del Premio Nacional de Ciencias 2020, en el MIM.

En un comunicado emitido por la Facultad de Ciencias Biológicas UC, el decano de la institución, Dr. Juan Correa, expresó sentir “pesar de saber que este desenlace llegaría. Aún no logro asimilar que el momento llegó y que Pancho no estará en cuerpo con nosotros. Como amigo y como Decano, he estado acompañando día a día a Pancho y su familia y les he transmitido todo el cariño que muchos le han enviado. Por ahora, sólo nos queda acompañarlos en el dolor y ofrecerles el cariño y acogida que Pancho siempre nos entregó”.

El Prof. Bozinovic es autor y co-autor de más de 350 artículos científicos en revistas de corriente principal, como Nature, Proceedings of the National Academy of Sciences y Ecology Letters, y cerca de 20 libros y capítulos de libros, entre los que se encuentra la primera publicación de su especialidad escrita en español, “Fisiología Ecológica & Evolutiva: Teoría y Casos de Estudio en Animales”.

A estos títulos, también se suma su trabajo en el campo de la divulgación científica, especialmente dedicado a la alfabetización de la ciencia en públicos infantiles y adolescentes con libros como “Ecopreguntas para niños curiosos” y “Biodiversidad para jóvenes diversos”.

Además de su vasta producción científica, el Prof. Bozinovic ha formado a incontables generaciones de biólogos y fisiólogos evolutivos, haciendo verdadera escuela en el área de la biología integrativa. De hecho, los 30 magísteres y doctorados formados directamente bajo el alero del investigador han generado a su vez a otros 40 investigadores, y éstos últimos a otros 10 “bisnietos académicos”, como Bozinovic gustaba en llamarles, a la fecha.

Entre sus principales galardones, está el haber recibido en el año 2020 el Premio Nacional de Ciencias Naturales, convirtiéndose en el científico número 15 en recibir este reconocimiento. En dicha oportunidad, el investigador habló de la importancia del trabajo colaborativo que siempre lo caracterizó: “Es un tremendo honor y reconocimiento de mi país, no solo a mi, sino a las personas que trabajan y han trabajado conmigo: alumnos, colegas, ayudantes”.

Dicho premio, entregado oficialmente en 2021 a causa de las restricciones asociadas a la pandemia, fue el pináculo de una serie de distinciones recibidas por Bozinovic a lo largo de su carrera, tales como su ingreso como miembro a la Academia Chilena de Ciencias (2006); la Medalla al Método Científico y Cultural de la Sociedad Croata de Magallanes (2006); el Premio Scopus a la Producción Científica (2008); el “Premio Patricio Sánchez” otorgado por la Sociedad de Ecología de Chile (2010); la beca Fellow de John Simon Guggenheim (2010); el reconocimiento de la John Wiley & Sons Library por uno de los cinco artículos más citados de 2016 y 2017 (2017); su adhesión a la Latin American Academy of Science (2019), y la distinción Profesor Honoris Causa de la Universidad Austral de Chile (2019).

Fue en esta última ceremonia de investidura, celebrada este año, cuando uno de sus antiguos alumnos y más estrechos colaboradores, el Dr. Roberto Néspolo, dijo de su mentor: “El Dr. Bozinovic pudo haber desarrollado una carrera exitosa en centros y universidades en el extranjero. Sin embargo, escogió desarrollar su quehacer en el país, formando una escuela y nuevos científicos. Actualmente la escuela de pensamiento de Francisco es un área activa de investigación que ha ganado importancia en la era del cambio global”.

Francisco junto a sus dos hijas, Emma y Catalina.

Por su parte, la coordinadora del área de Vinculación y Transferencia de CAPES, Dra. Francisca Boher, quien también se formó bajo el alero de Bozinovic, resumió el legado del investigador y la experiencia de haberlo conocido: “El aporte de Pancho en su disciplina es gigante. En su laboratorio, el cual fue mi lugar de trabajo por 10 años, no solo me formé como investigadora, sino también hice grandes amigos. Amigos que atesoro y que compartimos un vínculo fuerte y común. La red de amigos, estudiantes, científicos y científicas que Pancho formó y que actualmente trabajan y generan aportes importantes en diversos ámbitos, es a su vez una red de cariño, de relaciones personales y es Pancho un común denominador, una energía de activación que echó andar una máquina que no hace sino crecer y robustecerse. El legado que dejó Pancho en mí, no es solo académico sino también personal”.

Recientemente, el Dr. Bozinovic se desempeñaba como académico del Departamento de Ecología de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Católica de Chile (donde ingresó en condición de profesor asociado en 1996, y del que también había sido su director), y como subdirector e investigador principal del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES UC.

Justamente el director de CAPES, Fabián Jaksic, Premio Nacional de Ciencias Naturales y uno de sus más grandes amigos, le dedicó unas sentidas palabras desde Estados Unidos, lugar donde se encontraba al recibir la noticia: «Era un hombre sin dobleces y un alma noble. Ya lo echo mucho de menos y voy a dedicar mis mejores esfuerzos para resaltar su aporte generoso no solo a la ciencia sino a la humanidad. No solo por su formación de discípulos leales sino por su creación de amistades sinceras y eternas. Adiós mi querido Pancho: te has ido, pero no serás olvidado».

En otra de sus más apreciadas vetas, el biólogo integrativo ha sido un promotor activo de una ciencia y sociedades más inclusivas y conscientes de la diversidad de funciones presentes tanto en la naturaleza, como en nuestras comunidades humanas. Es en esta línea que impulsó y gestionó la creación del Centro Multidisciplinario UC – Síndrome de Down, del que fue subdirector hasta su muerte. La misión del centro es entregar investigación acerca de este síndrome y apoyo a las personas que viven con él, así como a sus familias.

El rector de la Universidad Católica, Ignacio Sánchez, también tuvo palabras de agradecimiento y aprecio por la figura de Francisco: “El Prof. Bozinovic es un referente en las ciencias biológicas y en la ecología, con más de 40 años dedicados a la comprensión del desarrollo animal y la interacción entre los animales y el medio ambiente. Ha dejado una huella imborrable en nuestra universidad y en la ciencia nacional y también mundial, con hallazgos y con publicaciones de calidad realmente superior. Junto a eso, en los últimos años, desarrolló en conjunto con la Dra. Macarena Lizama un aporte muy sustantivo que ha permitido que cientos de familias con niños y jóvenes con síndrome de Down hayan podido adaptarse mucho mejor a la sociedad, y nuestra sociedad adaptarse a la realidad de la gran belleza y enorme aprendizaje que nos entregan estos niños y jóvenes. La universidad ha tenido un aporte en Francisco que va a durar para siempre, porque su influencia en otras personas va a quedar como testimonio de su contribución académica. Estamos muy conmocionados con su partida, pero a la vez estamos muy agradecidos por todo lo que nos ha entregado”.

En más de una oportunidad el Dr. Bozinovic expresó que su meta última es “lograr una sociedad que responda positivamente a la diversidad entre las personas y a las diferencias individuales, siendo esta diversidad una oportunidad para vivir en un mundo mejor y sin barreras”.

El Dr. Bozinovic será velado desde este domingo en el cementerio Parque del Recuerdo, ubicado en la comuna de Huechuraba, mientras que su responso se celebrará este lunes 2 de enero, a las 13:00 hrs., en estas mismas dependencias. A Francisco le sobrevive su esposa, María José Fondón y sus dos hijas Emma y Catalina, a quienes, a nombre de todo CAPES, enviamos nuestras sinceras condolencias y más fraternos saludos en estos difíciles momentos.

El Prof. Bozinovic durante la entrega de la distinción de Doctor Honoris Causa en la U. Austral de Chile.

Texto: Comunicaciones CAPES

El conejo en Chile: pasado, presente y futuro de un incómodo inquilino

Un grupo de investigadores se propuso identificar las brechas y desafíos pendientes a la hora de orientar los esfuerzos de control y manejo de esta especie en nuestro país, considerada una de las 7 invasiones biológicas que más afectan los ecosistemas y actividades productivas locales.

Créditos: Henri Quatre.

Arañas, serpientes, ratones o mosquitos, son algunos de los animales a los que, justa o inmerecidamente, solemos identificar con la idea de peligro. Su sola mención en una instancia social provocaría escalofríos en más de un invitado. Por el contrario, en nuestro propio ranking de las especies más peligrosas o amenazadoras del planeta, es muy probable que el conejo se ubique bastante lejos de los primeros puestos. Un hecho que, de todos modos, no impidió que en 2014 la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) declarara a este pequeño y peludo herbívoro como una de las 100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo.

¿Pero, cómo es que un mamífero, en apariencia tan inofensivo, puede ser causa de alerta y preocupación en casi todos los países donde invade?

Historia de una invasión

En 1859 se introdujeron veinte parejas de conejos en el sureste de Australia generando una plaga de conejos que en 70 años se extendió por la mayor parte del continente. Aquí, una congregación de conejos bebe agua de una poza en un valle totalmente desprovisto de vegetación (Wikimedia Commons).

Para la ecología, una especie es considerada “invasora”, cuando se expande a un nuevo territorio de forma permanente, aumentando su densidad poblacional y ocupando todos los hábitats favorables que se encuentren disponibles.

El conejo, también conocido como conejo europeo (Oryctolagus cuniculus) ciertamente cumple con esa descripción. Originalmente nativos de la Península Ibérica, el sur de Francia y el noroeste de África, estos mamíferos se han propagado exitosamente por casi todos los rincones del globo; hoy, son considerados una especie invasora en Argentina, Australia, Canadá, Colombia, Cuba, Egipto, Alemania, Italia, Japón, Nueva Zelanda, Polonia, Rusia, Estados Unidos, Uruguay, y desde hace casi dos siglos, en Chile.

“Los conejos son invasores eficientes capaces de colonizar desde matorrales semiáridos hasta bosques templados, debido a su adaptabilidad para explotar recursos alimenticios variados”, nos cuenta la Dra. Paola Correa, ecóloga del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES, y autora principal de un reciente estudio que revisó y compiló la investigación existente sobre el conejo europeo en Chile, y comparó este conocimiento con la experiencia de Australia, otro de los países afectados por este lagomorfo.

Correa, junto a otros miembros del CAPES e investigadores de la Universidad de Chile, la Corporación Nacional Forestal CONAF, y la Organización de Investigación Científica e Industrial de la Commonwealth (CSIRO) en Australia, se propusieron identificar las brechas y desafíos a la hora de orientar los esfuerzos de control y manejo de esta especie en Chile, considerada una de las 7 invasiones biológicas que más afectan los ecosistemas y las actividades productivas locales.

O. cuniculus arribó por primera vez al país a mediados del siglo XVIII, aunque no se reportó como una especie naturalizada hasta 1884. Si bien en un comienzo su crianza fue vista como una fuente ingresos gracias al comercio de su piel, pelaje y carne (entre 1910 y 1984, Chile exportó más de 4 millones de pieles de conejo) “los sistemas deficientes de cierre y mal manejo de las conejeras llevó a que muchos individuos escaparan a ambientes naturales, contribuyendo a su dispersión, aumento poblacional y transformación en una especie dañina” explica la investigadora.

Hacia 1970, los conejos ya ocupaban alrededor de 3 millones de hectáreas de suelo chileno, con densidades que fluctuaban entre los 1 y 10 conejos por hectárea. Actualmente, están distribuidos entre las regiones de Atacama y Los Lagos, además de la región de Magallanes, donde, aparte de ocupar parte de su territorio continental, también han sido hallados en la Isla Grande de Tierra del Fuego y en algunas islas de ese archipiélago.

Un ejército voraz

Otro lugar especialmente afectado por la llegada de los conejos (a mediados de los años 30) es el archipiélago de Juan Fernández, ubicado 670 kilómetros al oeste de las costas de Valparaíso. “El Archipiélago Juan Fernández está catalogado como una reserva de la Biosfera desde 1977” comenta Correa, “y se lo ha reconocido como un ecosistema con un alto nivel de endemismo vegetal. Los conejos, se introdujeron en la isla de Robinson Crusoe en 1935, constituyéndose como una grave amenaza para un número importante de plantas endémicas, la dispersión de plantas exóticas y el aumento de la erosión del suelo. Hasta el día de hoy, los conejos siguen siendo difíciles de controlar en esta isla por su compleja topografía, la que dificulta la implementación de métodos convencionales”.

Los conejos también ejercen una fuerte presión en muchas especies de flora presentes en las islas Choros y Chañaral de la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt, en las regiones de Coquimbo y Atacama. Allí, los conejos han explotado una amplia variedad de plantas nativas, transformado el suelo a causa de sus actividades sobre y bajo tierra, y ocupado los espacios de nidificación de aves declaradas vulnerables como el pingüino de Humboldt (Spheniscus humboldti) y el yunco peruano (Pelecanoides garnotii).

El pingüino de Humboldt (Spheniscus humboldti), una de las especies desplazadas por la invasión del conejo. (Crédito: Andrés Bertens)

Pero, ¿qué hace al conejo una especie tan eficiente a la hora de invadir un nuevo territorio?

Paola Correa nos aclara que es su habilidad para adaptarse a varios tipos de ambientes, además de su alta capacidad reproductiva, lo que le da al conejo una ventaja competitiva en los lugares a los que arriba.

Su dieta, por ejemplo, es particularmente flexible; pueden alimentarse tanto de pastizales naturales como artificiales, brotes de arbustos, corteza de árboles boscosos y frutales, cactus, tubérculos, rizomas, flores y, en casos extremos, cualquier tejido vegetal, lo que les permite moverse por una variedad de ecosistemas. Asimismo, las hembras son capaces de tener de 6 a 8 gazapos por camada con dos o tres períodos reproductivos por año, un ritmo de reproducción que demanda una altísima cantidad de recursos.

Estas mismas cualidades son también las razones principales por las que esta especie resulta tan dañina para los ecosistemas que afecta, así como para la vida de campesinos y agricultores.

Entre sus impactos más negativos a nivel ecológico, los conejos interfieren con la estructura y funcionamiento de los ecosistemas que habitan, limitando la provisión de servicios a la flora y fauna locales. Alteran tanto la composición como la distribución espacial de los matorrales que consumen, impidiendo su renovación y regeneración. La palma chilena (Jubaea chilensis), el peumo (Cryptocarya alba) y la correhuela rosada (Convolvulus chilensis) son algunas de las especies impactadas por este herbívoro.

Un caso especial de preocupación ocurre en la zona central de Chile, hogar de uno de los cinco ecosistemas mediterráneos del mundo y uno de los 34 hotspots críticos de conservación del planeta: el bosque esclerófilo. Allí, “esta especie utiliza los espacios abiertos dentro de las áreas de matorrales (remanentes de bosque esclerófilo), modificando el paisaje a través del consumo de cobertura vegetal”, detalla Correa. “Como consecuencia, los conejos restringen el crecimiento de los matorrales nativos, mientras que los espacios liberados por herbivoría quedan ocupados por plantas exóticas”.

Algo similar acontece en Robinson Crusoe, isla compuesta por 131 especies endémicas de plantas que representan el 62% de la flora vascular nativa de todo el país. En esta región, los conejos han puesto en riesgo la sobrevivencia de estas plantas únicas a través de su consumo directo y el degradando el suelo donde crecen, mediante la construcción de madrigueras.

A estos daños, se suman los impactos que tiene esta especie invasora sobre distintas actividades productivas de gran y pequeña escala. Su presencia ha provocado pérdidas en la industria agrícola, ganadera, forestal y, posiblemente, al turismo. Por ejemplo, su conocida voracidad priva al ganado de decenas de hectáreas de biomasa vegetal para el pastoreo, y detiene el crecimiento de cultivos forestales (también exóticos) como el pino y el eucaliptus. De hecho, se calcula que más de 3.25 millones de dólares se pierden cada año a causa de los impactos negativos del conejo.

¿qué hace al conejo una especie tan eficiente a la hora de invadir un nuevo territorio? La Dra. Correa aclara que es su habilidad para adaptarse a varios tipos de ambientes, además de su alta capacidad reproductiva.

Éxitos y fracasos

En su estudio, publicado en la revista Biological Invasions, Correa y su equipo también contrastaron los intentos históricos en Chile y Australia por controlar las poblaciones de conejo. “Se eligió a Australia como caso comparado por la similitud funcional de sus ecosistemas con aquellos de la cuenca mediterránea chilena, y por tener éxito en el control del conejo”, escriben los autores “”.

Así, los investigadores descubrieron las similitudes y diferencias en la manera en que ambos países han lidiado con esta especie, traída a Australia por los colonos que arribaron a Tasmania y a la Bahía Botany a finales del 1800. Al igual que en Chile, y pese a los esfuerzos por frenar su expansión (por ejemplo, con la legalización de su caza para usos comerciales), para 1880 los conejos ya alcanzaban los 500 millones de individuos en el continente oceánico, lo que obligó a las autoridades australianas a probar nuevos métodos de control y manejo.

Uno de estos métodos fue el uso del virus Myxoma como un potencial agente de control biológico. Este patógeno, causante de la enfermedad conocida como Mixomatosis, es transmitida de conejo a conejo a través de insectos, y sólo afecta de forma seria a miembros de la familia de los lepóridos (conejos y liebres). La introducción del Myxoma en Australia permitió la reducción sostenida del número de conejos durante décadas, la que sólo fue frenada cuando nuevas generaciones de lagomorfos desarrollaron una resistencia genética al virus.

En Chile, el virus del Myxoma también ha sido empleado como agente de control del conejo. En 1954, por ejemplo, una cepa de este agente fue liberado en el archipiélago Tierra del Fuego, afectando notablemente a las poblaciones de conejo. Esto, a pesar de que no había presencia de insectos que pudieran diseminar el virus entre las comunidades.

De hecho, es justamente en las islas donde más han tenido éxito los intentos nacionales por controlar a este invasor; contigua a Robinson Crusoe, la isla de Santa Clara en Juan Fernández vio erradicada su población de conejos a comienzos de la década del 2000, gracias a una serie de medidas de control convencionales que incluyeron el uso de fumigantes en madrigueras, la legalización de la caza, la depredación natural, y el trampeo. Estas medidas, sin embargo, no han funcionado en territorio continental, donde el avance del conejo, hasta ahora, se mantiene inalterable.

Para Paola Correa, quien es parte de un proyecto liderado por CAPES, CONAF y la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Chile (FAVET) cuyo principal objetivo es promover la investigación y gestión coordinada de los esfuerzos por contener a esta especie, el poco éxito obtenido en controlar la invasión del conejo tiene que ver con los vacíos que aún tenemos respecto de sus dinámicas y valoración económica de los impactos reales. “En Chile, los impactos de esta especie han sido abordados principalmente desde una perspectiva ecológica-comunitaria. Hace falta investigación aplicada para mejorar las políticas públicas y el manejo eficiente del conejo. Para avanzar en esta dirección, es urgente determinar con mayor precisión la distribución geográfica actual del conejo en Chile, realizar mediciones y seguimiento de su abundancia poblacional y determinar los principales factores que afectan su dinámica espacio temporal” aclara.

Para la investigadora, también es necesario comprender mejor los efectos del conejo sobre los ecosistemas naturales y agroecosistemas chilenos, para así evaluar sus impactos económicos sobre la biodiversidad y la producción agrícola. Por último, señala, “es fundamental investigar otros factores que influyen de manera importante en la dinámica poblacional del conejo, tales como los virus y patógenos que podrían frenar su propagación, determinando su presencia, prevalencia, virulencia, y la correspondiente inmunidad del conejo frente a estas enfermedades, las que, potencialmente, podrían ser utilizadas como herramientas de control de esta especie en Chile”.

Texto: Comunicaciones CAPES

Los 12 anfibios que podrían extinguirse producto del cambio climático

Científicas y científicos de la Universidad Austral, el Centro Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES, y el Instituto de Ecología y Biodiversidad, IEB, entre otras instituciones, desarrollaron investigación que evalúa el complejo escenario para la conservación de estos animales.

El sapo de Mehuín (Insuetophrynus acarpicus), uno de los anfibios más amenazados del bosque valdiviano y la especie endémica con la mayor historia evolutiva acumulada. (Créditos: Valeria Ochoa)

Por tratarse de organismos ectotermos, es decir, que dependen de las condiciones externas de su ambiente para regular su temperatura, los anfibios son uno de los grupos animales más vulnerables a los embates del cambio climático. Más aún, si consideramos su crítico estado de conservación; con la mitad de sus especies actualmente en riesgo de extinción, son un verdadero emblema de la acelerada pérdida de biodiversidad que sufren hoy los ecosistemas del planeta.

Sin embargo, pese a lo precaria de su situación, poco se sabe de los efectos puntuales que supondrá el aumento de las temperaturas globales para el futuro de los anfibios. Y si esto es cierto en el mundo, más aún lo es en Chile, país que cuenta con más de 60 especies nativas pertenecientes a este grupo taxonómico.

Para suplir dicho vacío, un grupo de investigadores nacionales liderados por el ecólogo de la Universidad Austral de Chile, Leonardo Rodríguez, evaluó los impactos actuales y futuros del cambio climático sobre la biodiversidad de los anfibios nacionales, específicamente, aquellos presentes en uno de los hotspots de conservación más importantes del planeta: el bosque lluvioso valdiviano.

El trabajo, publicado recientemente en la revista Biodiversity and Conservation, contó además con la participación de investigadoras e investigadores del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES, y del Instituto de Ecología y Biodiversidad, IEB, entre otras instituciones.

Entre sus principales resultados, los científicos estimaron que al menos 12 especies de anfibios reducirán de manera permanente sus áreas de distribución en los próximos 30 a 50 años, volviéndolas más proclives a sufrir eventos de extinción.

Una historia amenazada

El bosque siempreverde valdiviano, una de las 35 áreas de conservación terrestre más importantes a nivel global (Créditos: Jardín Botánico Nacional)

El bosque valdiviano es una ecorregión de más de 3 mil kilómetros de longitud al sur de Chile que comprende una gran variedad de ecosistemas, formaciones vegetales y climas. Considerada una de las 35 áreas de conservación terrestre más importantes a nivel global, la zona es hogar del mayor número de especies anfibias del país. Así, al menos, lo confirmaron las 40 especies identificadas por el equipo de investigación en dicho territorio; alrededor de dos tercios del total presente en Chile.

A partir de las especies identificadas, las y los investigadores lograron estimar la diversidad filogenética de 27 de ellas, pudiendo no sólo conocer la historia evolutiva de estos animales, sino también proyectar el destino de sus poblaciones en un contexto de cambio climático.

La diversidad filogenética es uno de los aspectos claves a la hora de evaluar la biodiversidad existente dentro de un ecosistema. Ésta, mide la cantidad de historia evolutiva acumulada al interior de una comunidad específica, es decir, el conjunto de adaptaciones genéticas que ha experimentado a lo largo de los años. La preservación de una alta diversidad filogenética al interior de una especie (o de un grupo de especies) maximiza la posibilidad de que esa especie cuente con un rasgo genético que asegure su supervivencia a futuro.

“Para entender este concepto debemos primero definir que se entiende por biodiversidad biológica, que es la variedad de formas de vida en los distintos niveles de organización, desde individuos hasta los diferentes ecosistemas“ comenta el académico de la Universidad de Chile e investigador del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, Marco Méndez, coautor del estudio. “Esta concepción no considera el componente histórico de la biodiversidad, por tanto, no incorpora preguntas como ¿cuánto tiempo ha pasado para que dos o más especies se hayan diferenciado? La diversidad filogenética incorpora este criterio, y establece métricas para medir este cambio”.

Para predecir los efectos futuros del cambio climático sobre la historia evolutiva de estas estas especies, los investigadores se basaron en dos posibles escenarios climáticos: uno “optimista”, donde las emisiones de gases de efecto invernadero (GEF) alcanzan su peak para el año 2040, y otro “pesimista” con un aumento continuo de las emisiones más allá de esas fechas. Los modelos de distribución generados a partir de estos escenarios, fueron elaborados usando un algoritmo de aprendizaje automático (machine-learning) y considerando variables bioclimáticas como predictores de distribución futura.

Así, los autores del estudio pudieron proyectar que, en cualquiera de los escenarios propuestos, todas las especies de anfibio analizadas cambiarán sus áreas de distribución hacia 2050, con una fracción de ellas incluso enfrentando la extinción. Este panorama, explican los expertos, conduciría inevitablemente a un declive en la historia evolutiva de Amphibia durante las próximas décadas.

“Los escenarios no son auspiciosos”, añade Méndez, “pues se observa una pérdida importante en la diversidad filogenética en todos los escenarios modelados. Algunas especies se van a extinguir y otras van a ir gradualmente declinando, especialmente en los sitios de mayor diversidad de anfibios, tanto por la migración de las especies de distribución centro-norte, como a cambios de la distribución de las especies del sur. También observamos que aquellas especies con rango de distribución más amplias se verían afectadas en menor medida”.

La rana jaspeada (Batrachyla antartandica), otra de las especies que, pronostican los expertos, verá reducido su rango de distribución a causa del cambio climático. (Créditos: Flavio Camus)

Olga Barbosa, investigadora del Instituto de Ecología y Biodiversidad y coautora del estudio, también comenta al respecto. “El escenario para la biodiversidad del planeta frente al cambio climático es adverso, y los anfibios son probablemente la mejor representación de esta situación, dado sus requerimientos de hábitat y sus aspectos fisiológicos o conductuales”. En ese contexto, la científica advierte que, aunque los anfibios tienen capacidad de moverse en busca de hábitats adecuados, su movilidad es reducida frente a presiones antropogénicas de este tipo, por lo que esta búsqueda teórica de condiciones adecuadas para encontrar “nuevos hábitats y sobrevivir son sólo aproximaciones, y el escenario en realidad es muy adverso para la conservación”. 

Asimismo, los científicos anticipan un declive en la diversidad filogenética de estos animales dentro del área estudiada. Se predice, por ejemplo, que la especie endémica con los mayores valores de historia evolutiva acumulada, el sapo de Mehuín (Insuetophrynus acarpicus), se vuelva extinta para el 2070 de continuar la actual tendencia climática.

Pero I. acarpicus no será la única especie al borde de la extinción. De las 27 especies estudiadas, 12 verían reducidos sus rangos de distribución amenazando seriamente su supervivencia: se trata del sapo rojo (Eupsophus roseus); rana de hojarasca de párpados verdes (Eupsophus emiliopugini); rana del Catedral (Alsodes gargola); sapo de Miguel (Eupsophus migueli); sapo de pecho espinoso de Barrio (Alsodes barrioi); rana de pecho espinoso de Oncol (Alsodes norae); rana de pecho espinoso de Cordillera Pelada (Alsodes valdiviensis); rana jaspeada (Batrachyla antartandica); sapo terrestre de Valdivia (Eupsophus vertebralis); rana de Darwin (Rhinoderma darwinii); sapo esmeralda de la selva (Hylorina sylvatica), y el ya mencionado el sapo de Mehuín.

“Todo este escenario, implica la pérdida de millones de años de historia evolutiva, interacciones ecológicas y rasgos que se han ido especializando a través del tiempo”, asegura Barbosa.

Para los investigadores, este grupo debiera ser desde ya considerado extremadamente vulnerable al cambio climático, especialmente sabiendo que 5 de estas 12 especies se encuentran actualmente en riesgo de extinción.

Protección insuficiente

El estudio también evaluó la competencia de las áreas protegidas presentes en esta región para conservar la historia evolutiva de estos anfibios, revelando una preocupante incapacidad de las mismas para contener la diversidad y endemismo filogenético de estos organismos.

Esto, en parte, porque menos del 10% de esta región se encuentra bajo protección oficial de parte del Estado, sumado al hecho de que, a medida que avanza el cambio climático, este podría incrementar la diferencia espacial entre la distribución de las especies y las áreas protegidas ya establecidas.

Para Marco Méndez, “es conocido que las áreas protegidas no son efectivas para la protección de especies animales, pues la mayoría de las especies se distribuyen fuera de las áreas protegidas. En este sentido, nuestros resultados sugieren un papel muy menor en la conservación de la diversidad filogenética para los anfibios. De todos modos, los datos de este estudio incorporan nueva información que debe ser considerada  en la toma de decisiones asociada a la conservación de las especies anfibias”.

Rana de Darwin (Rhinoderma darwinii). (Créditos: Fabián Muñoz)

“A nivel mundial, las áreas protegidas son la principal herramienta para la conservación de la biodiversidad, pero frente a cambios en la dinámica de la distribución de especies, pueden resultar inefectivas a futuro. Por eso es preciso que, además de los esfuerzos públicos en aumentar las áreas de protección —como por ejemplo se ha logrado a partir de la nueva ley de humedales urbanos—, se pueda fomentar la conservación de terrenos privados. De esta forma, se pueden  sumar a las áreas protegidas existentes, nuevas áreas con las condiciones apropiadas para sostener y conservar la biodiversidad frente a estas presiones antropogénicas”, sostiene Olga Barbosa. 

Si bien los modelos predictivos auguran un incremento de la diversidad filogenética de anfibios al interior de las actuales áreas protegidas, ésta diversidad sólo representaría una fracción muy pequeña de la diversidad filogenética total del territorio estudiado. A la vez, como resultado de la acción generada por el cambio climático, las áreas protegidas serían incapaces de sostener las áreas de mayor endemismo, independientemente del escenario climático proyectado.

“Estos resultados subrayan la necesidad de mayor investigación para mejorar los procesos de toma de decisión en esta zona, considerando los riesgos potenciales de extinción de anfibios, la falta de protección del sistema de áreas protegidas, y la pérdida de historia evolutiva como un aspecto clave de la biodiversidad” concluyen los autores.

Texto: Comunicaciones CAPES e IEB

Mauricio Lima lanza libro sobre viaje poblacional del ser humano

“De expansiones y retiradas. El viaje poblacional del Homo sapiens” es el título del libro de Mauricio Lima, investigador CAPES y académico de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Católica, publicado por Ediciones UC y que se lanzó el pasado martes 20 de diciembre.

El libro “De expansiones y retiradas” trata sobre la dinámica poblacional del ser humano, describe y explica la ruta del poblamiento de la humanidad durante los últimos 250.000 años, con énfasis en las consecuencias de la expansión acelerada que ha permitido que en 200 años el número de habitantes se multiplicase por diez, alcanzando en noviembre pasado los 8 mil millones de personas en el planeta, y por casi veinte el consumo per cápita de energía, gracias al empujón de los combustibles fósiles. El costo que estamos pagando por ello es demasiado alto: la estabilidad de la Tierra corre grave peligro. ¿Es posible alcanzar un desarrollo sostenible o la única alternativa será limitar el crecimiento? Esta es una de las preguntas que trata de responder este interesante libro y que discutieron el autor y sus invitados al lanzamiento de la obra.

En sus palabras de bienvenida, Patricia Corona, editora general de Ediciones UC, manifestó que este texto “es un claro ejemplo de lo que estamos llamados a hacer como editorial académica, que busca ser un actor relevante en el diálogo de la universidad con la cultura y una ventana a la sociedad, es decir, libros de la más alta calidad y que amplíen las fronteras del conocimiento”.

Por su parte, María Elena Boisier, Directora de Investigación UC, añadió que “quiero quedarme con una frase del profesor que aparece en el libro, ‘para entender los desafíos de los tiempos que vivimos, es necesario asomarse al pasado y observar el recorrido poblacional de nuestra especie’. Muchas gracias Mauricio por enseñarnos ese recorrido de manera realista y nítida, estoy más que convencida que pese a lo duros que pueden ser los próximos tiempos venideros, todos sacaremos poderosas conclusiones en la lectura del libro”.

Presentación en la voz de una urbanista y un filósofo

Pablo Chiuminatto, Doctor en Filosofía, pintor y profesor de la Facultad de Letras UC, fue uno de los presentadores de la obra, quien comenzó señalando que estamos en una situación gravísima desde el punto de vista del medio ambiente, y a una escala global nunca vista, “para corregir el problema de la tardanza a la que estamos llegando, es que es necesario que científicos como el profesor Lima, se den el trabajo de escribir un texto en español, porque hay una parte importante de la sociedad que habla español, que no puede acceder a los contenidos que permiten comprender la situación en la que estamos. La información de calidad respecto del cambio global, cambio climático, o crisis socioambiental, como también se la ha llamado, está en inglés, y nosotros no hablamos inglés”.

Los presentadores del libro, Pablo Chiuminatto y Joan MacDonald.

En tanto, Joan MacDonald, arquitecta y la primera mujer en ganar el Premio Nacional de Urbanismo, mencionó en su presentación, que desde el punto de vista de la urbanización “la equidad que nosotros buscamos en las ciudades, claramente no está en América Latina, hay una tremenda inequidad, y algunos aprovechan los beneficios de las ciudades y a otros les pasa por delante y ni siquiera pueden pensar en que les va a tocar algo de ello. Hay barrios ricos en que hay de todo, hay todo tipo de equipamiento, hay bienestar y otros barrios precarios donde la gente apenas sobrevive… Yo creo que hay que hacer esfuerzos por evitar las inequidades. No puede ser que algunos vivan en la forma que viven, obscenamente gastándose los recursos y la energía que hay en el planeta, y otros realmente no tengan donde pasar la noche”.

Sobre el futuro de las ciudades la arquitecta afirma que “van a seguir creciendo, porque las oportunidades ahí están. Los procesos de desurbanización que han habido son muy cortos, muy coyunturales… la tendencia es hacia las ciudades, y sobre todo a las ciudades más grandes, no a las ciudades pequeñas, hacia ahí es donde están concentradas la innovación, los desafíos y las oportunidades y la posibilidad de presión política para mejorar las condiciones de vida”.

La naturaleza y sus elementos como actores políticos

Mauricio Lima, ecólogo de poblaciones nacido en Uruguay y radicado en Chile después de realizar su doctorado en Ciencias Biológicas, mención Ecología, en la Universidad Católica de Chile, considera que el impacto del Homo sapiens en términos de población, aprendizaje, cultura, ciencia, en un sistema natural que es finito, ha provocado “una especie de extravagancia conceptual que arrastramos desde hace muy poco, 200, 300 años, que incluso fue alimentada con la expansión europea en las Américas… y luego, tuvimos esa otra inyección de energía, que fue como encontrar la herencia de la abuela, que son los combustibles fósiles, carbón primero y petróleo después. Entonces es todo un combo, y es difícil pensar que es sólo reducir población… también es modificar la forma en la cual nos relacionamos con el consumo de energía y la forma en la cual hacemos sociedad”.

Lima señala que para él construir un territorio no es solo pararse en el suelo y  reconocer la tierra como propia, va mucho más allá, “es lo que hicieron los homínidos hace 2 ó 3 millones de años, cuando exploraron como forrajeadores cooperativos, un territorio nuevo que era la sabana africana. Lo primero que hicieron fue reconocer uno a uno, cada una de las otras entidades con las cuales se estaban encontrando, cada baya, cada fruto, cada depredador, cada presa, cada árbol. De alguna forma, para los homínidos de hace 3 millones de años, todos eran actores políticos, desde el tigre dientes de sable, hasta las nueces que encontraban, los tubérculos, o los pozos de agua, todos eran actores políticos. De alguna forma eso lo hemos perdido en los últimos 200, 300 años por el petróleo y los combustibles fósiles, que nos dan una especie de ilusión de que estamos desconectados, de que vivimos en un mundo cultural, civilizado, desconectado de lo otro que es natural, que es externo, que está bueno mirarlo, tenerlo como un paisaje, una reserva natural y no entendemos que ahí están todo el resto de las conexiones que nos mantienen, que nos sostienen con vida”.

“El gran problema, es que ahora para darle cuerpo político y sentido político a todas esas entidades, somos 8 mil millones de personas”, afirma el investigador CAPES y continúa, “ninguna vez en la historia, ninguna sociedad, ningún grupo social, tuvo que enfrentarse a un ambiente que reacciona, porque hemos dañado de tal forma, hemos extraído tanta energía de la tierra, que lo que estamos presenciando es una respuesta del sistema terrestre. O sea, el cambio climático, la acidificación de los océanos, la pérdida de especies, es una respuesta política de la naturaleza. Está reaccionando, no son entidades inertes, las cuales hay que conservar, cuidar, no, son actores políticos, van a determinar nuestra sobrevivencia, y no en los próximos 1000, en los próximos 100 años, en los próximos 50 años me atrevería a decir”.

“Nuestros hijos, nuestros nietos, van a tener que volver a hacer lo que hicieron los homínidos hace 2 millones de años, entender cada fruta, cada baya, cada depredador, quienes son mis enemigos, quienes son mis amigos, con quien puedo construir una vida en común, sea humano o no humano, y a quien tengo que enfrentar, quien va a ser mi enemigo, humano y no humano, porque si esa entidad crece, yo desaparezco, o mi comunidad desaparece, esas son las luchas, o los conflictos futuros, que son inevitables porque somos 8 mil millones”, concluye su reflexión Mauricio Lima, hay alternativas para enfrentar este desafío, pero el cambio ya sucedió y tendremos que afrontar las consecuencias como humanidad.

El libro “De expansiones y retiradas. El viaje poblacional del Homo sapiens” está disponible en librerías y en internet en: https://ediciones.uc.cl/de-expansiones-y-retiradas-config-9789561430259.html

De izquierda a derecha: María Elena Boisier, Directora de Investigación UC; Mauricio Lima, investigador CAPES y autor del libro; Patricia Corona, editora general de Ediciones UC; Joan MacDonald, Premio Nacional de Urbanismo, y Pablo Chiuminatto, académico de la Facultad de Letras UC.

Texto: Comunicaciones CAPES

Presentan «GeoLibro» que entrega bases para una gestión integrada de áreas litorales

El libro, realizado por académicos de la Universidad Católica, CAPES, el Observatorio de la Costa, Instituto Milenio SECOS y CIGIDEN, se dio a conocer en el seminario internacional «Ley de Costas para una nueva gobernanza costera en Chile”, evento que celebró el ingreso al Senado de la Ley de Costas.

Aunque hasta hace una década la erosión no era considerada un problema en Chile, el cambio climático, las marejadas y los desastres de origen natural se han sumado a la intervención humana en los paisajes costeros, confluyendo para generar un escenario preocupante. 

En ese contexto, durante el seminario internacional «Ley de Costas para una nueva gobernanza costera en Chile”, realizado en el Ex-Congreso Nacional, se dio a conocer el GeoLibro “Hacia una Ley de Costas en Chile: bases para una Gestión integrada de Áreas Litorales”. El texto fue elaborado por diversos científicos y científicas del Observatorio de la Costa, el Programa Austral Patagonia de la Universidad Austral de Chile; el Centro de Investigación para la Gestión integrada del Riesgo de Desastres (CIGIDEN) y el Instituto Milenio en Socio-Ecología Costera (SECOS). Entre ellos, el también investigador del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad (CAPES), Sergio Navarrete.

“En Chile tenemos suficiente evidencia científica para poder generar una visión integrada de cómo funciona nuestra costa, pero necesitamos integrarla a las políticas públicas. Este libro documenta cómo la costa de nuestro país ha cambiado en los últimos 50 años y esperamos que sea un apoyo para sentar las bases de la propuesta de Ley de Costas”, señala Carolina Martínez, directora del Observatorio de la Costa, académica de Geografía UC e investigadora SECOS y CIGIDEN, quien ha liderado la visión científica de la Ley de Costas.

El documento compila a través de 28 capítulos escritos por diversas personas de las ciencias y especialistas, las bases físicas, normativas e institucionales de la costa chilena y describe cómo ha cambiado durante las tres últimas décadas. Estas bases se centran en la gestión integrada, conocimiento físico, socioeconómico, ambiental y cultural, el entendimiento de las amenazas, riesgos y desastres, la influencia del cambio climático, la normativa, institucionalidad y gobernanza, protección de ecosistemas, ordenamiento territorial y los conflictos y desafíos para la gobernanza. 

“Este GEOLibro, es un esfuerzo académico motivado por aportar desde la interdisciplina y transdisciplina, a una problemática compleja que, si bien nos muestra un desolador diagnóstico, nos presenta también oportunidades de cambio para generar actuaciones de recuperación, restauración o reconstrucción del espacio costero, utilizando diferentes instrumentos o recursos de gestión. Para ello, será necesario una colaboración más amplia de todos los sectores de la sociedad y una voluntad política de cambio, aspectos que serán claves para este viaje hacia la sostenibilidad. Creemos decididamente que esto es posible, trabajando en el diálogo y la cooperación”, señalan los editores del documento: Carolina Martínez (Geografía UC, SECOS, CIGIDEN), Rodrigo Cienfuegos (CIGIDEN e Ingeniería UC), Juan Manuel Barragán (Universidad de Cádiz), Rodrigo Hidalgo (Geografía UC), Federico Arenas (Geografía UC) y Luis Fuentes (Geografía UC), y Navarrete (ECIM UC, SECOS y CAPES)

El texto, que incluye un análisis de 66 playas entre Arica y Chiloé, tiene como objetivo la transformación sostenible fundamentada en ciencia, participación, diálogo y colaboración entre sus distintos actores y ámbitos.

“Muchos han sostenido que las ciudades viven de espalda al mar. Hoy, la falta de ordenamiento territorial en la costa es una visión de arrastre, que ya nos está pasando la cuenta”, dijo el senador Alfonso de Urresti durante el lanzamiento en el Ex-Congreso Nacional, quien además es uno de los autores del proyecto de Ley de Costas. 

En ese sentido, este libro blanco de la Ley de Costas para Chile, espera promover espacios de diálogo, reflexión y acción, frente a problemáticas urgentes de resolver sobre sostenibilidad de los espacios marino-costeros, la justicia ambiental, la equidad y vulnerabilidad social, la adaptación al cambio climático y el desarrollo humano en general.

Revisa al GeoLibro “Hacia una Ley de Costas en Chile: bases para una Gestión integrada de Áreas Litorales” aquí.

Texto: Comunicaciones SECOS

Con éxito se realiza primer taller internacional sobre el calamar argentino

Entre el 29 de noviembre y el 1 de diciembre de 2022, con el mar de la Estación de Investigaciones Marino Costeras (ECIM), de la Universidad Católica en Las Cruces, de fondo, se realizó el “Primer Taller Internacional sobre Dinámica Poblacional del Calamar Argentino (Illex argentinus)”, organizado por el Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad CAPES

El calamar argentino (Illex argentinus) se distribuye en las aguas al sur del océano Atlántico y es una de las especies de cefalópodos más capturadas en el mundo. A pesar de la importancia económica de esta especie para la seguridad alimentaria de países como Argentina, China, Corea del Sur, Uruguay o España, no existe un manejo pesquero a nivel regional. Tampoco se cuenta con una evaluación de stock que cubra la distribución completa de este calamar en el Atlántico Sur.

Es por esto que CAPES ha sido el anfitrión del primer taller internacional sobre el calamar argentino, que tuvo como objetivo principal indagar sobre la información disponible que permita lograr un manejo sustentable de esta pesquería en la zona. Durante el encuentro se revisó la biología básica, la dinámica poblacional y los métodos de evaluación de la abundancia para el calamar argentino.

La actividad tuvo como investigadores principales al Dr. Rubén Roa-Ureta, consultor independiente con 30 años de experiencia en ecología marina y pesquerías y autor de más de 60 artículos en revistas especializadas; y al Dr. Rodrigo Wiff, investigador de la línea 4 de CAPES y en el Instituto Milenio de Socioecología Costera, SECOS. El taller contó con la participación de destacados científicos de América del Sur, Europa y las Islas Malvinas-Falkland.

Conversamos con Rodrigo Wiff acerca de las temáticas discutidas en el workshop, además de los desafíos y perspectivas de investigación en esta área. El científico pesquero comienza contextualizando la importancia del calamar argentino señalando que “es una de las especies de cefalópodos con mayores volúmenes de capturas en el mundo. El principal uso es a través de consumo humano directo, siendo Europa y Asia los mayores mercados de venta bajo la forma de anillos (rabas) de calamar”.

Illex argentinus se captura en la zona económica exclusiva de los países ribereños del Atlántico sur y en aguas internacionales. Algunas cifras para ilustrar su importancia económica: entre 2010 y 2019 se desembarcaron 410.000 toneladas por año, lo que representa aproximadamente el 10% de los desembarques mundiales de cefalópodos. Ocho países fueron responsables de casi la totalidad de estos volúmenes: China (34,9%), Argentina (27,1%), Taipei Chino (22,9%), Corea del Sur (9,1%), España (3,5%), Islas Malvinas-Falkland (1,2%), Vanuatu (0,8%) y Uruguay (0,3%).

“Como cualquier recurso que es explotado por diferentes países, tanto en aguas de jurisdicciones como en mar abierto, las principales dificultades se presentan por tener acuerdos de manejo entre diferentes usuarios de la pesquería”, explica Wiff. Con respecto a la evaluación formal de la población de calamares, que permita garantizar una futura gestión sostenible, el investigador destaca que “la evaluación de stock en calamares en general es compleja, debido a que tienen ciclos de vida particulares, son regularmente migradores de vida corta y donde la edad de los individuos es difícil de asignar”. El taller buscó comenzar a recopilar información relevante acerca de estos y otros temas.

Evidencia científica para el manejo sustentable de recursos 

Con una población que hace unas semanas sobrepasó los 8 mil millones de habitantes, el desafío de alimentar a tantos seres humanos se cruza con una disponibilidad de recursos finita, en la tierra y en el mar, con el riesgo de sobreexplotación e incluso colapso de algunas especies . Por ejemplo, en Chile, según el informe de estados de pesquerías año 2021, de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca), de las 28 especies sobre las cuales existe Punto Biológico de Referencia (PBR), 10 se hallan sobreexplotadas y 6 agotadas o colapsadas. Entre las primeras se encuentran la sardina común, el bacalao de profundidad, el congrio dorado del norte y del sur, la merluza común y la merluza austral, mientras que la merluza de tres aletas y la merluza de cola de la zona sur austral están agotadas.

La seguridad alimentaria mundial es la principal razón para desarrollar una metodología de manejo sustentable de recursos naturales, terrestres y marinos, basado en investigación científica, Para el caso de los recursos provenientes del mar, Rodrigo Wiff indica que “el manejo de recursos se basa en la premisa de que conocemos, con algún grado de certeza, la cantidad de animales que están en el agua y cuánta es la producción que estos animales generan en el largo plazo. Para responder esas preguntas se debe tener evidencia científica que asesore las decisiones posteriores de manejo”.

Es así como en este taller, según comentó Rodrigo Wiff, se discutieron “datos disponibles a nivel regional, posibles métodos de evaluación de stock” del calamar argentino, pero también “se esbozaron los primeros pasos para caminar hacia una organización que haga manejo pesquero regional sobre este recurso”.

Entre los principales resultados del workshop, el investigador menciona que “existe mucho interés regional en caminar hacia un manejo sustentable de este recurso. Se acordó generar un grupo establecido de científicos que haga recomendaciones de investigación y manejo en esta pesquería. Las perspectivas de trabajo son múltiples, tanto desde el punto de vista de biología básica, indicadores pesqueros, evaluación de stocks y manejo de especies transnacionales”. 

Texto: Comunicaciones CAPES

Informe declara necesidad de incorporar a la sociedad en la restauración de los bosques de Chile central

El trabajo fue liderado por los investigadores CAPES Rocío Almuna y Matías Guerrero, junto a un equipo de colaboradoras y colaboradores. El informe propone realizar restauración ecológica desde un enfoque transdisciplinario, socio-ecológico y con perspectiva de género.

Los bosques aportan innumerables beneficios a las personas, como la provisión de agua, seguridad alimentaria, su valor como espacio recreativo y cultural, y fomento de la salud física, emocional y social, entre muchos otros.  Sin embargo, en nuestro país, las múltiples amenazas que estos ecosistemas sufren, producto de la actividad humana, ponen en peligro estos territorios y sus comunidades humanas.

Tal es el caso del bosque esclerófilo, ecosistema que se extiende entre el sur de la región de Coquimbo y el norte de la región del Biobío, y que es considerado un hotspot de biodiversidad, o punto prioritario de conservación planetaria. Esto, porque el 50% de la vegetación presente sólo crece ahí y en ningún otro lugar del mundo, y porque además esta área se encuentra altamente amenazada, debido a la disminución de su superficie por transformaciones del humano en un 64%, la amenaza el cambio climático y la megasequía, entre otros factores.

Este informe analiza la situación actual de este ecosistema y plantea un llamado urgente a restaurar el vínculo entre el bosque esclerófilo y las personas, considerando los escenarios actuales de vulnerabilidad socioambiental. Su apuesta, es hacerlo desde los enfoques transdisciplinario, socio-ecológico y de género, para los que también entrega una serie de recomendaciones específicas.

En ese contexto, Rocío Almuna, investigadora CAPES, CERES, y autora principal del informe creado a partir de un trabajo colaborativo y participativo,  se refiere a la importancia del mismo. “Creemos que este documento contribuye como base teórica para futuras iniciativas de restauración de paisajes, ya que desarrolla recomendaciones basadas en tres necesarios enfoques para recuperar nuestro bosque esclerófilo, no solo en su dimensión ecológica, sino también sociocultural. Aporta desafiando la concepción separada de humanidad y naturaleza, y reconociendo el rol de las comunidades humanas en la rehabilitación de paisajes degradados”, señala.

Bosques y bienestar humano

El documento señala que los bosques nativos de Chile Central tienen un rol central en el bienestar humano, y gran significancia cultural al ser un espacio para el ejercicio de prácticas tradicionales locales, de contemplación de la belleza escénica, además de sus contribuciones esenciales al bienestar humano. “Los bosques almacenan agua en sus suelos. Su disminución y degradación, por tanto, incrementa la vulnerabilidad de comunidades rurales a la actual megasequía. Esto amenaza el abastecimiento de ciudades como Santiago o el Gran Valparaíso. La degradación del bosque se ha ligado también a una mayor frecuencia e intensidad de incendios forestales, por la baja capacidad de los suelos erosionados de almacenar humedad”, se detalla.

Matías Guerrero, también investigador del Instituto de Ecología Aplicada, IEB, comenta al respecto: “El valor del bosque y matorral esclerófilo es fundamental en muchas dimensiones, y realmente podría ser una solución basada en la naturaleza a la hora de abordar temáticas relevantes como la sequía o las olas de calor, entre otras.  La provisión de agua y la presencia de nutrientes en los suelos contribuye a los sistemas productivos y al abastecimiento hídrico tanto de comunidades rurales como ciudades. Pero si seguimos degradándolo, tendremos graves problemas no solo con el abastecimiento de agua, aumentando la vulnerabilidad social, principalmente de mujeres, niñas y niños”.

Enfoques de la restauración y recomendaciones

Considerando este escenario, el trabajo propone tres enfoques para abordar los desafíos en la restauración del bosque esclerófilo. El enfoque transdisciplinario llama a integrar y valorar tanto conocimientos tradicionales, como científicos, para co–diseñar planes de restauración junto a comunidades locales; utilizar metodologías participativas para ello; enfocar esfuerzos en problemáticas ambientales contingentes y pertinentes socialmente; y usar metodologías provenientes de las ciencias ambientales, ciencias sociales y humanidades.

“Se habla mucho del conocimiento local e indígena en el contexto de la conservación. Pero no hay metodologías participativas reales en torno a la restauración. Sin embargo, existen muchas comunidades trabajando en esta dirección y estas acciones deberían tomarse de manera más vinculante para generar un diálogo verdaderamente más integrado entre la ciencia y los actores locales”, complementa Guerrero.

En cuanto al enfoque socio-ecológico, el informe recomienda velar por la protección y sustentabilidad conjuntas de la vida silvestre y los medios de vida rurales. También, llama a generar acciones que aumenten la capacidad de adaptación de los sistemas socio-ecológicos ante cambios y perturbaciones, e identificar las necesidades particulares de cada territorio, tanto a nivel ecológico como sociocultural.

En relación al enfoque de género, las y los autores del texto llaman a reconocer la relevancia del rol de las mujeres y de la niñez en los procesos de restauración, y a facilitar la participación de las mujeres, visualizándolas como un grupo heterogéneo.

Matías Guerrero se refiere a este punto: “Para el equipo fue muy importante incluir la perspectiva de género. En el contexto de la degradación del bosque esclerófilo, no todas las personas son igualmente vulnerables, mujeres, niñas y niños son principalmente afectados. Esto se debe a que, en términos generales, son las mujeres las que proveen en los campos y trabajan en los huertos. Producto de la sequía y degradación de este ecosistema, las contribuciones que nos provee la naturaleza se ven cada vez más amenazados. Así es que, si vamos a hablar de vulnerabilidad social y de restauración, es fundamental incorporar la perspectiva de género”.

El documento también menciona iniciativas de restauración participativa de Chile central y comparte un link a un seminario en el que representantes de estas iniciativas hablaron sobre su trabajo con las comunidades en paisajes degradados. La experiencia de estas organizaciones fue clave para identificar los enfoques y el desarrollo del contenido del informe.

Con estos antecedentes, el informe espera sumar evidencia y conocimiento y ponerlos a disposición de diversos actores. “Queremos que este documento sea leído por tomadores de decisiones y autoridades gubernamentales, y que aporte a futuras iniciativas en materia medioambiental impulsadas por organismos públicos. Por otro lado, buscamos llegar a las organizaciones locales, para apoyar el diseño y planificación de sus proyectos de restauración”, concluye Almuna.

Texto: Comunicaciones IEB