¿Qué construye comunidad? La experiencia con juegos económicos y comportamientos prosociales

La cooperación, confianza y reciprocidad son comportamientos prosociales necesarios para el manejo y gobernanza de bienes comunes, como, por ejemplo, los recursos pesqueros. Un grupo de investigadores de Chile y Australia estudiaron a comunidades de pescadores artesanales de la Región de Valparaíso a través de juegos económicos, para evaluar los factores que influyen en sus comportamientos prosociales.

Los humanos somos seres sociales, vivimos en comunidades, compartimos espacios y bienes que son comunes, como los parques, las plazas, los centros de salud y educacionales, las bibliotecas públicas; también son bienes comunes las colaboraciones relacionadas al conocimiento, como por ejemplo los colectivos de programadores que trabajan en el desarrollo de softwares libres y de código abierto. La gestión de estos bienes de uso común requiere de comportamientos que tengan en cuenta el bienestar de toda la comunidad y no sólo el beneficio de unos pocos.

También existen actividades que necesariamente se realizan en equipo, donde todos los participantes trabajan en conjunto para lograr el éxito o para completar una tarea que producirá un bienestar a toda la población, repartiendo equitativamente los costos y beneficios que implica esa labor. Las pesquerías locales son un ejemplo de una actividad que proporciona trabajo y alimentos a millones de personas en el mundo, su gestión sostenible requiere que las personas que conforman estas asociaciones tengan comportamientos prosociales.

Un equipo de investigación de las Universidad Católica y de la James Cook University de Australia, además de los centros CAPES y SECOS, estudiaron las características socioeconómicas que influyen en el comportamiento prosocial y de negociación de pescadores artesanales de la Región de Valparaíso, en las localidades de San Antonio, El Quisco y Las Cruces, utilizando tres tipos de juegos económicos experimentales: bienes públicos, confianza y comercio.

La metodología que usaron y los hallazgos que encontraron fueron publicados por la revista Scientific Reports bajo el título An experimental look at trust, bargaining, and public goods in fishing communities”, conversamos con Cristian Rojas, autor principal del estudio e investigador posdoctoral en CAPES y en el Instituto Milenio SECOS.

¿Qué es el comportamiento prosocial?

Comenzando por lo fundamental, necesitamos comprender qué es el comportamiento prosocial, nos ilustra Rojas: “En el contexto del estudio, el comportamiento prosocial es toda aquella actitud o acción que presenta un beneficio para otra u otras personas, ejemplos comunes son la cooperación y el altruismo. Estos comportamientos son relevantes para toda actividad que requiere la coordinación del esfuerzo de más de una persona, y son particularmente importantes para actividades cuyo éxito está basado en la cooperación, como es el caso de los bienes de uso público (public goods) en general y las pesquerías en particular”.

Buscando entender cómo ciertos comportamientos como la cooperación, la confianza, la reciprocidad y el regateo son necesarios para la gobernabilidad sustentable de los recursos marinos en las comunidades de pescadores artesanales, tanto en Chile como en el mundo, surge esta investigación que trata de comprender cuáles son las variables que afectan estos comportamientos prosociales.

Jugando se conoce a las personas

El comportamiento humano es extremadamente complejo y puede verse afectado por estímulos externos e internos. Para poder estudiar y entender las motivaciones e interacciones humanas los investigadores recurren, entre otros instrumentos, a los juegos. Estos “representan una simulación simplificada de la realidad, permitiendo que las personas, siguiendo reglas simples, actúen conforme a sus convicciones y deseos, revelando así sus preferencias”, señala el economista ambiental.

Además, el conocer las preferencias de las personas permite aislar e identificar distintos comportamientos y así comprender cómo diferentes estímulos o variables los afectan. “Es fundamental entender cómo el comportamiento humano afecta el entorno social, económico y ecológico en el cual las personas se desempeñan, los juegos representan una herramienta que permite estudiar estas interacciones. Dependiendo de las reglas que se establezcan, es posible crear juegos para estudiar distintos tipos de comportamiento sean estos prosocial (como la cooperación), antisocial (como la traición), u otros (como la negociación)”, señala Rojas.

Los investigadores diseñaron y aplicaron tres tipos de juegos distintos en las comunidades pesqueras: de bienes públicos, de confianza y de negociación, para explorar cómo las características de los participantes influyen en tres tipos de comportamiento relevantes para la gobernanza de los bienes comunes: cooperación, confianza, reciprocidad y regateo.

Juguemos

En los juegos de bienes públicos se evalúa la cooperación y los comportamientos de aprovechamiento libre, características comunes de recursos de uso común como la pesca. Las personas pueden decidir si contribuir o no a un bien público, los beneficios más altos para un individuo ocurren cuando todos los demás contribuyen, pero él o ella no lo hace, y el más bajo es cuando ese individuo contribuye, pero nadie más lo hace. Las contribuciones al bien público pueden utilizarse como medida de cooperación y no aportar nada se ve como una medida de egoísmo.

En los juegos de confianza generalmente un jugador, el remitente, puede enviar dinero a otro jugador, el destinatario, el dinero es multiplicado en esta etapa por quien está realizando el experimento. Luego, se le pregunta al destinatario si quiere devolver dinero, al remitente original, por lo que la recompensa del primer jugador es más alta si confía en el segundo jugador y si esa confianza es recíproca. El dinero enviado por el remitente es un indicador de confianza de su parte, y el dinero enviado de vuelta por el destinatario es visto como una medida de confiabilidad (o reciprocidad). Este tipo de juego se usa para comprender los niveles de cohesión social que pueden influir en la resolución de conflictos y el cumplimiento en las comunidades pesqueras que autogestionan sus recursos.

Los juegos de negociación se usan para comprender cómo reaccionarán las comunidades pesqueras que gestionan los bienes comunes a las fuerzas del mercado, que son un importante impulsor del cambio en la pesca en pequeña escala. En estos juegos a los participantes se les asigna el papel de compradores o vendedores, se proporciona una “dotación” o dinero para los compradores y un objeto comercializable para los vendedores, y se les da la tarea de llegar a un acuerdo comercial regateando por un precio.

Cooperación, confianza y negociación para la gobernanza de bienes comunes

Cuando no hay coordinación entre las personas, los bienes de uso público, o bienes comunes, no tienen restricción de acceso y uso, lo que genera una sobreexplotación de los recursos. Cuando se trata de recursos marinos, y en casos extremos, esto puede resultar en la extinción de especies. “La palabra clave es coordinación”, indica Rojas, “cuando las personas se coordinan y limitan acceso y/o uso de forma voluntaria es posible evitar la sobreexplotación y que otras personas se queden sin extraer el recurso, esta coordinación voluntaria es una forma de cooperación”.

Por lo tanto, la cooperación es fundamental para gobernar bienes de uso público, en especial si el objetivo es la extracción sustentable. La confianza y la reciprocidad son los pilares fundamentales de la cooperación y la cohesión social, una mayor confianza en los pares y en la comunidad conlleva mayor respeto de las normas, implícitas o explícitas, y eficiencia en la fiscalización.

“La negociación, ejemplificada por el regateo en nuestro estudio, viene de la mano de la expansión e influencia de los mercados y el comercio en los recursos públicos, en particular en la pesca artesanal donde el poder de negociación y las fuerzas de mercado tienen una gran influencia sobre qué y cuánto se extrae del mar”, manifiesta el académico, y complementa: “las fuerzas de mercado y los desequilibrios en el poder de negociación pueden reforzar o debilitar comportamientos prosociales, por lo que es necesario entender qué los afecta”.          

Las variables socioeconómicas como el sexo, la edad, estado civil, número de integrantes de la familia, ser el principal proveedor de ingresos del hogar o los ingresos secundarios, influyeron el comportamiento de las personas en los juegos en distintas formas, algunas fueron consistentes en los distintos comportamientos prosociales, pero otras no.

“Todos los juegos se vieron influenciados por algunas variables, aunque no necesariamente las mismas”, explica Rojas, “por ejemplo, las variables de sexo e ingresos secundarios (distintos a la pesca) fueron consistentes en su relación a comportamientos prosociales, con mujeres presentando mayores comportamientos prosociales y tener un ingreso adicional, reduciéndolos. Mientras que las variables de ingreso son menos consistentes en su relación a comportamientos prosociales. El regateo por su parte parece estar mayormente influenciado por el rol (comprador/vendedor) de la persona, con vendedores obteniendo mejores precios en las negociaciones. Curiosamente no detectamos una influencia importante del estado civil o el tamaño de la familia en los comportamientos estudiados”.

En palabras de Cristian Rojas, los resultados de este estudio indican que “los comportamientos prosociales y de negociación están asociados a múltiples variables socioeconómicas, pero algunas de estas variables pueden reflejar componentes culturales, educacionales, y normativos, por lo que es necesario contextualizarlas para entender su influencia. En el caso particular de las pesquerías chilenas, vemos que presentan una alta disposición hacia comportamientos prosociales, reflejando quizás características intrínsecas de estas comunidades”.

Texto: Comunicaciones CAPES
Créditos imágenes: Mariella Canales y Susana Cárcamo


Colección Patricio Sánchez: rescatando el patrimonio natural chileno

Con más de 60 años de historia, la colección biológica que hoy lleva el nombre de su fundador y académico de la Universidad Católica, Patricio Sánchez Reyes, ha contribuido no sólo al estudio sistemático de la biodiversidad de Chile por parte de cientos de biólogos. También representa un bastión que sobrevive a la casi imposible tarea de registrar la frondosa complejidad de nuestro árbol evolutivo.

Los cálculos sobre el número de especies que, en promedio, se extinguen cada día en el mundo varían ostensiblemente. La Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, una síntesis encargada por las Naciones Unidas en 2005 y que contó con la participación de más de mil expertos en la materia, estimó la tasa de extinción a nivel global en más de 8,700 especies al año, o 24 especies al día. La Convención de Diversidad Biológica (otro organismo creado por las Naciones Unidas en 1993), por otra parte, clama en su sitio web que esta cifra podría ascender hasta las 150 especies, aunque sus autoridades reconocen las dificultades de llegar a un número más preciso y consensuado por todos.

Lo cierto, es que no sabemos a ciencia cierta qué porcentaje de la biodiversidad del planeta perdemos en determinado espacio de tiempo, ni a qué ritmo, en parte, porque ni siquiera sabemos cuánta biodiversidad total hay allá afuera. Allí también los números oscilan del millón y medio de especies, a más de 100 o incluso 2 mil millones, según estimaciones que intentan corregir los vacíos de conocimiento más evidentes a lo largo de nuestro gran árbol evolutivo, como es el caso de las bacterias y otros microorganismos.

Una de las razones que explica esta falta de información estriba en el dramático declive (o, en el mejor de los casos, estancamiento) que la investigación taxonómica ha tenido en las últimas décadas. Autores como Elise Tancoigne y Alain Dubois, del Museo de Historia Natural de París, han advertido que, pese a su reciente auge, tanto el número de taxónomos egresados de las universidades como el financiamiento que éstas destinan a esta área de la biología, son insuficientes para la tarea que dicha disciplina tiene por delante, que es la de identificar, describir y clasificar la totalidad de la vida en el planeta.

Inventariar el número de especies de animales, plantas, hongos y microorganismos que habitan en las distintas regiones del mundo, requiere no sólo de la identificación de estas especies, sino también de su registro físico, almacenamiento y conservación. Para ello, la existencia de colecciones biológicas que resguarden y protejan este acervo, sobre todo en aquellas zonas del planeta con un alto grado de endemismo como Chile, se vuelve fundamental.

Una de estas colecciones, ubicada en dependencias de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Católica de Chile, es la que lleva por nombre “Colección de Flora y Fauna Profesor Patricio Sánchez Reyes”, la cual, al día de hoy, cuenta con más 12 mil ejemplares de plantas y animales nativos de Chile y de otras partes del globo. La Colección, creada en 1960 por el académico Patricio Sánchez (ver foto superior), tiene como objetivo apoyar la investigación científica en las áreas de ecología y evolución, además de servir de apoyo a las actividades de docencia de la Universidad Católica. A lo largo de sus más de 60 años de funcionamiento, ha servido de base para la elaboración de cientos de tesis y artículos de investigación, y gracias a ella, al menos 10 especies nunca antes conocidas en nuestro país fueron descubiertas y clasificadas.

Especímenes pioneros

Algunos de estos especímenes, que sirvieron de base para la descripción de las nuevas especies, son dos ejemplares de poliquetos, un grupo de anélidos acuáticos conocidos por las numerosas quetas, o cerdas, que cubren sus cuerpos, o el holotipo de un nuevo miembro de rana del género Alsodes (Alsodes cantillanensis), descubierta en agosto de 2011 por los investigadores Andrés Charrier, Marco Méndez, y Claudia y Camila Castro en un arroyo que descendía por los Altos de Cantillana, en la cordillera de la costa, 65 km. al suroeste de Santiago.

Otro de estos hallazgos, que guarda especial conexión con el actual director de la Colección, el zoólogo UC Eduardo Palma, es el de una nueva especie de ratón de cola larga (uno de los más importantes reservorios biológicos del virus Hanta), en nuestro país. Oligoryzomys yatesi, capturada en 2008 en una remota isla del Estrecho de Magallanes, en Punta Arenas, fue descrita por Palma y el investigador Enrique Rodríguez en 2017, y hoy, la piel, el cráneo, el esqueleto y los tejidos de esa primera hembra adulta siguen depositadas en los pasillos de la Colección.

“Debido a mi formación académica en sistemática evolutiva, y mis estudios de postgrado en universidades como la Universidad Austral de Chile y la Nuevo México, en los Estados Unidos, las cuales alojaban sendas colecciones y museos, apenas llegué como profesor asistente al Departamento de Ecología de la Universidad Católica supe de la existencia de la entonces llamada Sala de Sistemática” nos cuenta Palma, profesor de Evolución y Fundamentos de Evolución en la Facultad de Ciencias Biológicas, y especialista en sistemática filogenética, filogeografía y biogeografía de mamíferos, particularmente de mamíferos terrestres de Chile y Sudamérica. “Conversé de inmediato con el Prof. Sánchez y su curador de entonces, Patricio Zavala, para manifestarles mi interés de contribuir a la colección”.

En la actualidad, el investigador y su equipo coordinan una nueva etapa de reformulación de la Colección y sus objetivos, la cual incluye un reacondicionamiento físico que mejorará los accesos a sus distintas instalaciones, de modo de hacerla más accesible a los investigadores, estudiantes y consultantes externos. “La Colección ha crecido, y ello es debido a los muchos proyectos de investigación que han realizado aportes en especímenes e infraestructura a su archivo” explica Palma. A ello se suman compromisos recientes que la Colección ha adquirido con instituciones gubernamentales como el Ministerio del Medio Ambiente, para la indexación de sus distintos registros en la Global Biodiversity Information Facility (GBIF). “Esto”, indica Palma, “permitirá hacer más asequible la colección y su base de datos disponible para establecer diferentes proyectos de colaboración en investigación tanto nacional como internacionalmente”.

Plantas, invertebrados y vertebrados

Prueba de las necesidades de expansión y digitalización de la Colección Patricio Sánchez, es el nada despreciable tamaño de su catálogo. Su sección botánica, por ejemplo, incluye una vasta representación tanto de algas marinas, con 743 muestras de material húmedo y seco que representan más de 100 especies a lo largo de Chile, como de plantas terrestres, entre las que destacan el bollén, el soldadito, la puya, el boldo azulillo, el litre y otras 600 especies registradas en más de mil ejemplares.

Su colección de musgos tampoco se queda atrás. 10 géneros distintos de estas plantas no vasculares y más de 80 especies están representadas en su muestrario, abarcando ejemplares de musgo pon-pon (Sphagnum magellanicum), musgo pinito (Dendroligotrichum dendroides) y paragua del sapo (Arbusculohypopterygium arbuscula).

En el caso de los invertebrados, los grupos taxonómicos representados en la Colección corresponden a Porifera, Cnidarios, Platelmintos, Anélidos, Moluscos, Crustáceos y Equinodermos, todos preservados en etanol. “Este material constantemente es revisado por investigadores nacionales y también es fuertemente requerido para actividades de docencia en la Facultad” comenta Miriam Fernández, exdirectora del Departamento de Ecología UC. “A esta colección contribuyeron de manera importante los profesores Juan Carlos Castilla y Nibaldo Bahamondes, ambos Premios Nacionales de Ciencias”, añade.

Si bien en menor número, los vertebrados que resguarda la Colección también son objeto de especial interés, sobre todo entre los estudiantes de educación básica y media que visitan sus dependencias a lo largo del año, como parte de las actividades de extensión de la Colección.  42 especies de peces (repartidas en 38 géneros), 15 especies de anfibios (distribuidas en 8 géneros), 83 especies de reptiles (abarcando 10 géneros), y 56 especies de mamíferos (sumando 32 géneros en total), conforman este último grupo. En el caso de los mamíferos, aunque la mayoría de ellos están preservados en etanol, también existen preparaciones de pieles y cráneos, así como especímenes embalsamados que suelen captar la mirada de los más curiosos.

Rematan este valioso patrimonio la serie de tejidos congelados que alberga la colección. Allí están representados aproximadamente 2,000 especímenes de diversas especies de pequeños mamíferos de Chile obtenidas entre el Altiplano y la Patagonia, teniendo cada espécimen, en la mayoría de los casos, muestras criopreservadas de diferentes órganos para apoyar estudios en el área molecular. “Para algunas especies, contamos también con suspensiones celulares de médula ósea para estudios a nivel cromosómico, debidamente rotulados y siguiendo protocolos internacionales de museos y colecciones para este tipo de muestras” detalla Fernández.

Hasta hace solo unos meses, el encargado de mantener y preservar todos estos ejemplares era el técnico museológico Patricio Zavala, quien previo a su retiro, administró la Colección por más de 35 años. Tan valioso como los especímenes que curaba, el trabajo de Zavala es hoy considerado un aspecto esencial de la sobrevivencia de esta colección biológica en un país donde su número, lamentablemente, no se condice con la notable biodiversidad presente en el territorio.

La deuda pendiente con las colecciones biológicas

El Ministerio de Medio Ambiente, en el contexto de su “Estrategia para el Fortalecimiento de las Colecciones Biológicas de Chile” (2020), identificó un total de 100 colecciones biológicas a lo largo del país, la mayoría de ellas concentradas en las regiones del Biobío y Metropolitana. Sumadas, estas colecciones almacenan cerca de 1.981.263 ejemplares a nivel nacional, una cifra que, a simple vista, parece contar una historia de sistematización exitosa de nuestra biodiversidad, pero que, mirada en detalle, revela más bien el estado de abandono en que se encuentran la mayoría de estas instituciones.

En el mismo diagnóstico citado, encargado por el MMA a la consultora ambiental Nonken, se apunta a que, salvo excepciones, la información detallada de las especies representadas en estas colecciones no se encuentra actualizada, y en muchos casos “no existe información precisa sobre el número de especies por categoría taxonómica, incluso a nivel de jerarquía alta”.

Según el informe, esto obedece a que, en todos los casos donde esto sucede, las colecciones no tienen personal dedicado en forma exclusiva al manejo de estas, provocando contratiempos como la existencia de especímenes no determinados ni ingresados o la duplicación de registros. “Por este motivo”, explican los autores, “no es posible detallar al nivel de número de especies existente en las colecciones y menos a la biodiversidad presente en el país si consideramos los taxones representados. La representación de la biodiversidad nacional en las colecciones requiere una evaluación más exhaustiva de las especies presentes en las diversas colecciones del país, lo que requiere mayor tiempo y recursos, y que las colecciones mantengan un registro adecuado, cosa que actualmente no sucede”.

De la misma opinión es Eduardo Palma, quien considera fundamental para conservar estas verdaderas arcas de biodiversidad, el apoyo de las autoridades y de las instituciones que las alojan: “es indispensable contar con los recursos para cubrir los costos del personal técnico tales como curadores, data managers, personal de apoyo, etc. Lo mismo con la infraestructura, que la colección esté en un lugar físico acorde con los volúmenes de las colecciones que albergan, los espacios adecuados para el trabajo del personal, y los visitantes que reciben las colecciones y museos”.

Sin embargo, como el informe de Nonken indica, la falta de presupuesto de las instituciones encargadas, donde en muchos casos estas colecciones no son una prioridad, hacen depender estas responsabilidades en el interés particular de los investigadores que se benefician de este material. “Esto se hace evidente” desarrollan, “en relación con la presencia de personal calificado, pues si bien se observa un mayor porcentaje de colecciones que tienen un curador o responsable a cargo de éstas, se manifiesta dentro de los problemas que, al carecer de recursos suficientes, la dedicación de estos es parcial, en algunos casos porque el personal encargado de la colección debe cumplir labores administrativas, docentes o de investigación, entre otras”.

Fortaleciendo las colecciones

Para solucionar este problema, la ya mencionada “Estrategia para el Fortalecimiento de las Colecciones Biológicas de Chile”, del MMA, que se encuentra en proceso de tramitación, contempla el apoyo financiero por parte del Estado a estas instancias, además de una actualización pormenorizada del acervo natural que contienen las colecciones. Hace unos meses, fue conformada una mesa de trabajo entre el Museo Nacional de Historia Natural, los museos de historia natural de Valparaíso y Concepción, la Subsecretaría de Patrimonio Cultural y el Consejo de Monumentos Nacionales, para abordar estas temáticas.

En caso de la Colección Patricio Sánchez, en esta nueva etapa de reformulación se contempla la llegada de un data manager que lidere su proceso de digitalización, así como la búsqueda de un nuevo curador que llene los zapatos de Patricio Zavala, cuyo legado sólo puede ser medido en el hecho de que una de las especies de lagartija descubiertas con apoyo de la Colección, Liolaemus zabalai, lleva su nombre en honor a él. Al menos la Colección seguirá contando con un Zavala en su inventario.

Para Eduardo Palma, el trabajo que realizan Zavala y todos los técnicos y profesionales a cargo de estas colecciones biológicas representa la piedra angular de un esfuerzo para resguardar estos espacios. “Las colecciones biológicas constituyen un eslabón tremendamente importante y clave en todo lo que tiene que ver con el conocimiento de nuestra biodiversidad en sus diferentes niveles de organización, desde la diversidad genética, especies y ecosistemas. Más aún si dichas colecciones están directamente relacionadas a centros de investigación y docencia, como en este caso lo constituye la Pontificia Universidad Católica de Chile”, señala.

En ese punto, el investigador destaca el apoyo que durante estos 60 años la Colección ha tenido (“y esperamos siga teniendo”), de parte de las autoridades de la facultad, y de centros de investigación como CASEB, CAPES y SECOS.

De esta manera, las colecciones biológicas que conservan el conocimiento de la biodiversidad en Chile y en el mundo podrán seguir cumpliendo el rol que el mismo Patricio Sánchez les asignara en sus escritos: “servir de núcleo al estudio de la naturaleza”, y evitar que las miles de especies que habitan el territorio nacional no sufran, después de extintas, la desaparición definitiva: el olvido.

Texto: Comunicaciones CAPES
Créditos imágenes: Colección de Flora y Fauna Patricio Sánchez Reyes

Investigadores lanzan libro “Semillas viajeras, semillas libres” para niños y niñas

Un libro desplegable y traducido al mapuzungun es el cuento «Semillas Viajeras, Semillas Libres», texto escrito por los investigadores Tomás Ibarra y Francisca Santana y que busca relevar las tradiciones alimentarias de Wallmapu.  

Bajo el sol primaveral y con la presencia de niños y niñas representantes la Escuela San Luis de Liumalla y la Escuela Particular Loncofilo de Curarrehue, esta semana se celebró el lanzamiento del libro «Semillas viajeras, semillas libres» en el Complejo Interdisciplinario para el Desarrollo Sustentable, CIDS, Michel Durand Q., un texto dirigido a un público infantil basado en una investigación previa de los investigadores Francisca Santana, del Centro UC de Desarrollo Local (CEDEL) y Tomás Ibarra, también de CEDEL y el Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad (CAPES).

El viaje de las semillas

La investigación Huertas Familiares del Sur de Los Andes: Cultivando soberanía alimentaria” fue un trabajo que retrató la diversidad biocultural de La Araucanía, en un proyecto desarrollado en torno a las tradiciones de agricultores y agricultoras mapuche del Wallmapu y que rescata el rol de estas personas en el legado biológico y cultural de las semillas.

“Para mantener la biodiversidad, es necesario que las semillas tradicionales y locales se muevan en el territorio, que sean cultivadas en las huertas y las chacras por los y las agricultoras”, explica Ibarra, “eso inspiró la necesidad de dar a conocer esta diversidad de manera lúdica”.

Es así como nace este libro desplegable, dirigido a niños y niñas, y escrito por los mismos investigadores, quienes se inspiraron en la figura de Patricia Ayelef, mujer agricultora mapuche.

Asimismo, este viaje fue representado durante el lanzamiento por el Colectivo Algo Ritmo, que a través de la representación en formato de cuentacuentos acercaron el relato a las personas presentes en el encuentro. 

Traducido al mapuzungun

Además, Ibarra señala que “creemos que la semilla guarda una memoria ambiental, agrícola, de alimentación y espiritual, y si la semilla viaja tiene que viajar en una historia con su propia lengua”.

Es por ello que, la narración, cuenta también con una traducción al mapuzungun realizada por la profesora del Campus Villarrica de la UC, María Lara Millapan, lengua en la que recibe el título de «Napülkafe Lleküm, Auka Lleküm«, un relato que cuenta el viaje de una semilla de poroto pallar desde el wallmapu hasta el lafkenche, a través de trafkintus y encuentros comunitarios.

Cultivando soberanía alimentaria

De acuerdo al último mapa nutricional publicado en marzo de este año por la JUNAEBen La Araucanía 58,7% de los niños y niñas presentan sobrepeso u obesidad, cifra que se ubica por sobre el 54% que promedian el país.  Esta es una problemática que, según asegura la investigadora Francisca Santana, también puede explicarse a partir de la pérdida de la biodiversidad en la alimentación y de las tradiciones alimentarias.

Es por ello por lo que se optó específicamente por llegar con esta investigación a niños y niñas “que están desarrollando y empoderándose de su sistema alimentario, para que tengan el conocimiento del origen de la diversidad de las prácticas ancestrales heredadas de los alimentos, y para conectar el mapa y la cultura mapuche en este libro”, según señaló Santana.

En ese sentido, la investigadora agrega, además, que la crisis climática ha generado estragos en la agricultura mapuche. “La huerta mapuche está afrontando la crisis climática. Eso es lo que inspira también este cuento, la importancia de las mujeres cuidadoras de semillas y el valor que tienen estas prácticas antiguas, así como la importancia del conocimiento de los abuelos y abuelas”.

Una iniciativa valorada por las comunidades

El lanzamiento se realizó en la terraza del CIDS bajo el alero del boldo que comanda este espacio, y contó con la participación de autoridades académicas de la UC, tales como la directora del Centro para el Impacto Socioeconómico de las Políticas Ambientales, CESIEP, Alejandra Engler, quien valoró la iniciativa como una instancia de aprendizaje importante.

“Creemos que este tipo de proyectos, donde podemos aprender de ustedes, las comunidades, nos sirven para guiar el trabajo que tenemos que hacer”, aseguró en la oportunidad a los asistentes.

La palabra también fue ofrecida a la kimche de la Escuela Particular Loncofilo, Silvia Navarro, quien agradeció a los investigadores y manifestó la importancia de prácticas como el intercambio de semillas y conocimientos.

“Para mí hablar de semilla es hablar de antepasados (…) hablar de semilla es hablar de sueño, de esperanza y también sobre educación”, señaló.

Al finalizar el evento, los investigadores realizaron entrega de ejemplares a las escuelas presentes a través de sus estudiantes, a la directora del Núcleo CESIEP y a la Biblioteca Gabriela Mistral del Campus Villarrica, a través de su directora Cherie Araya.

También, los niños y niñas tuvieron la oportunidad de llevarse a sus casas una pequeña bolsa de género cargada con semillas de porotos de distintas variedades, además de participar durante la tarde de un taller desarrollado en la Sala Saberes y Sabores del Museo Interactivo Regional de Agroecología y Sustentabilidad, MIRAS La Araucanía, el que se encuentra en su etapa de marcha blanca.

El libro fue editado por Orikh Editores y puedes encontrarlo a lo largo de todo Chile –revisa aquí cómo puedes adquirirlo– y hasta el momento se ha convertido en el libro más vendido en ciudades como Valdivia, cifra que celebran los investigadores.

“Las niñas y niños son las semillas”, sentencia Ibarra, “creemos que es ahí donde también es importante estimular la práctica agrícola y de alimentación que vincula a estas semillas con el territorio”.

Texto y fotos: Comunicaciones CEDEL


El costo ambiental de comer tomates todo el año

Hace 50 años el tomate fresco era un símbolo del verano. Este cultivo sudamericano está en nuestro ADN, acompañando humitas y porotos granados. Sin embargo, hoy ya nos hemos acostumbrado a comer tomates todo el año. Un completo italiano está a la vuelta de cada esquina….

El tomate (Solanum lycopersicum), es un cultivo de gran importancia en Chile. Su producción se concentra en las Regiones de Arica y Parinacota y entre la de Coquimbo y Maule. Esta especie requiere de polinización mediada por insectos para producir su fruto. Básicamente, el tomate se cultiva en dos modalidades: al aire libre y bajo invernadero. Esto último permiten obtener producciones en épocas en que el cultivo al aire libre no es posible. Es en estas épocas donde se obtienen mayores precios y por lo tanto una mayor rentabilidad. Sin embargo, esto involucra grandes extensiones de terreno cubiertas con invernaderos de plástico, así como gran cantidad de agroquímicos (por ejemplo, pesticidas para el control de plagas), además de técnicas que favorezcan la polinización en condiciones de cultivo forzado.

El beneficio en rentabilidad y la posibilidad de comer tomates en invierno, tiene un alto costo ambiental, el cual muchas veces desconocemos y del que no somos conscientes.

El abejorro invasor

El abejorro europeo Bombus terrestris fue introducido intencionadamente en Chile en 1997 para polinizar los cultivos de tomate en invernaderos. Poco tiempo después su uso al aire libre fue autorizado y de ahí se expandió rápidamente por todo el país, convirtiéndose en una especie invasora.  Aunque este abejorro parezca inofensivo, puede alterar las relaciones entre plantas y polinizadores dentro de los ecosistemas, introducir enfermedades y promover la expansión de otras especies de plantas invasoras. Los impactos negativos del abejorro europeo han sido ampliamente documentados tanto en Chile como en el mundo. Una nueva investigación de científicos de la P. Universidad Católica de Valparaíso, Universidad de La Frontera y Universidad Mayor, bajo el alero del proyecto SURPASS2, analizó el proceso de expansión de Bombus terrestris en el Cono Sur de América, encontrando que el área invadida por esta especie presenta un incremento lineal en el tiempo que, de no contenerse, continuará expandiéndose hacia otros países sudamericanos en el futuro.

Para los autores del trabajo, ninguna medida de control será eficaz mientras no se detengan las importaciones de nuevas reinas de B. terrestris, ya que la llegada de nuevos individuos aumenta sus poblaciones y refuerza su diversidad genética, capacidad de afrontar condiciones ambientales desfavorables y colonizar con éxito nuevos hábitats. “Autorizar los ingresos de B. terrestris a Chile es una medida que atenta no sólo a la conservación de la biodiversidad chilena, sino que también la de países vecinos y otros más en Latinoamérica si es que los pronósticos de su expansión son acertados”, relata Lorena Vieli, académica de la Universidad de La Frontera e investigadora del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES UC.

El cultivo de tomates en la región de Arica y Parinacota, también ha sido uno de los promotores de la amenaza a la conservación del Picaflor de Arica (Eulidia yarrellii), que hoy se encuentra en peligro de extinción, ya que gran parte de su hábitat fue transformado en zonas de cultivos de tomates, con grandes extensiones de mallas anti-áfidos y aplicaciones de agroquímicos para el control de plagas y enfermedades. Este picaflor es muy territorial y permanece en el lugar que considera su hogar hasta el último momento, aún cuando este haya sido modificado o destruido. En este caso, medidas como el uso de corredores biológicos, protección de hábitats remanentes y las buenas prácticas agrícolas, teniendo como base indicadores ecológicos, son claves para la protección de esta ave y la biodiversidad en general.

Nuevo paradigma agrícola

Tenemos el desafío de producir alimentos para una población que sigue en aumento, pero sin afectar la calidad de los suelos, del aire, del agua, y de la biodiversidad con la que convivimos. Es más, necesitamos mejorar y restaurar ecosistemas agrícolas que han sido degradados, agotados o contaminados. Diversos estudios científicos confirman que esto es posible, y ya se están aplicando principios de la ecología al diseño, desarrollo y gestión de una agricultura cada día más sustentable.

Los incentivos, la regulación y la fiscalización son clave para transformar el sistema alimentario en el país. Por este motivo se acaba de presentar en el parlamento, un proyecto de ley que busca proteger a polinizadores nativos, incluyendo abejas nativas, moscas y aves. Esta iniciativa legal, gestada con el apoyo de parlamentarios, abogados y científicos, contó con el liderazgo de Cecilia Smith, investigadora de la Universidad de Los Lagos y el Instituto de Ecología y Biodiversidad.

Así también, según comenta Lorena Vieli, “necesitamos con urgencia contar con un organismo que pueda velar por la conservación de la biodiversidad de Chile, como es el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas”.

El rol de los consumidores

Los consumidores jugamos un rol clave. Aunque muchas veces es difícil visualizarlo, nuestras prácticas y decisiones tienen sin duda un efecto considerable en el medio ambiente. El consumo informado y consciente, es aquel donde sí importan los posibles impactos negativos y las consecuencias sociales derivadas de la cadena de producción, transporte, y distribución de los productos. Como consumidores tenemos la responsabilidad de incorporar la mirada ecológica en nuestras decisiones y visualicemos los impactos que ellas tienen en nuestro ambiente.

También el consumo local y de estación es una alternativa que permite compatibilizar e integrar el desarrollo económico de los territorios, con la conservación de la naturaleza. Por ejemplo, las cadenas cortas de agroalimentación reducen los niveles de contaminación, reducen las pérdidas, por menores daños durante el transporte. De acuerdo con la FAO el comercio local es capaz de entretejer economías locales diversas, productivas, resistentes y sostenibles para asegurar la seguridad alimentaria. Como consumidores podemos preferir y exigir productos producidos bajo prácticas más ecológicas y sostenibles, incidir en la legislación y políticas públicas y transformarnos en agentes promotores de cambio, para lo cual informarnos es clave. Todos tenemos que ceder un poco de nuestra comodidad en busca del bien común, y parte de eso es sacrificar algunos gustos, como por ejemplo, comer tomate todos los días del año.

Texto y fotos Javiera Díaz, SURPASS2


Iniciativa CAPES identificó compromisos ambientales de candidatos presidenciales

Los temas más aludidos de los siete postulantes a la primera jefatura del país fueron los relacionados al recurso hídrico, energía e institucionalidad y gestión ambiental.

La Iniciativa Votaciones Ambientales, liderada por la investigadora del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad (CAPES-UC), Francisca Reyes, publicó una nueva versión del reporte “Compromisos de los candidatos presidenciales en materia ambiental”, en el marco de la iniciativa «Votaciones ambientales».

Este documento tiene por objetivo identificar y compartir con la ciudadanía los compromisos ambientales de los siete candidatos que compitieron en la primera vuelta presidencial del pasado noviembre, y actualizar las promesas a partir de los nuevos programas de los candidatos ganadores.

Esta actualización reorganiza la presentación original de los contenidos en el reporte, priorizando el detalle exhaustivo de las materias de relevancia ambiental de los programas de gobierno de Gabriel Boric y José Antonio Kast, aunque cabe mencionar que ambos documentos, “Acuerdo de Implementación Programática” (Boric) y «Plan para el Futuro de Chile» (Kast) no son actualizaciones de los programas de primera vuelta, y por lo tanto solo tratan los temas que ambos candidatos identificaron como relevantes.

“Los programas de gobierno son un documento oficial y sin duda marcan una hoja de ruta que es importante conocer, valorar y en una etapa posterior, exigir información sobre sus avances y cumplimiento” explica Francisca Reyes. “Este informe busca dar mayor claridad a los contenidos de relevancia ambiental presentes en cada programa de Gobierno con el fin de contribuir a, una vez elegido el próximo presidente de Chile, potenciar no solo el proceso de rendición de cuentas de sus propuestas, sino servir de base para identificar los elementos de continuidad y cambio de la política pública de relevancia ambiental en periodos de cambio político».

Los compromisos fueron levantados mediante una revisión exhaustiva de los programas de gobierno finales de los candidatos a la Presidencia de la República, y fueron agrupados en 13 categorías: agricultura, agua, aire, biodiversidad, cambio climático, energía, institucionalidad y gestión ambiental, minería, paisaje y territorio, pesca y acuicultura residuos y sustancias peligrosas, silvicultura y suelo.



Agua: el tema más urgente

«Hay temas que son abordados por gran parte de los candidatos» explica la autora del reporte, «como es la necesidad de abordar la problemática de la escasez de agua, aumentar la sustentabilidad en la agricultura, reformar el código de agua, aumentar la protección de los océanos, modificar la institucionalidad ambiental, avanzar en la descarbonización, aumentar la eficiencia energética y uso de energías renovables, avanzar hacia una minería más sustentable, entre otras».

Para Reyes, también académica del Instituto para el Desarrollo Sustentable UC, este informe “es un aporte a la discusión pública democrática, ya que, por la gran diversidad de temáticas asociadas al medio ambiente, muchos de estos compromisos se encuentran repartidos a lo largo de los programas lo que hace muy difícil identificarlos y darles un adecuado seguimiento».

«Esperamos que este trabajo fortalezca el análisis crítico de los programas presidenciales en estos temas y que sea un aporte al acceso a la información, transparencia y participación de la ciudadanía», finaliza la investigadora.

Este reporte es una publicación de la Iniciativa Votaciones Ambientales, financiada y perteneciente a la línea 5 de CAPES, “Gestión sostenible de los recursos naturales e investigación en políticas públicas”.

Actualización

La presente versión de este reporte, publicado originalmente en noviembre, presenta distintas modificaciones con respecto a su edición original, las cuales tuvieron como fin actualizar los contenidos de los programas de Gobierno de los candidatos que pasaron a segunda vuelta, además de incorporar cambios que permitieran identificar más claramente los contenidos de relevancia ambiental de los programas de los 7 candidatos que participaron en primera vuelta.

Así, esta actualización incorpora el número de página en la que fue encontrado cada texto seleccionado como de relevancia ambiental, además de decidir conservar el texto original en toda su extensión, con el fin de recuperar el compromiso textual de cada candidato y candidata. Finalmente se eliminaron los compromisos duplicados, forzando su adscripción a una de las trece categorías de relevancia ambiental propuestas.

Texto: Votaciones Ambientales


Científicos advierten que la actual estrategia climática de Chile no es suficiente para alcanzar la carbononeutralidad en 2050

Ésto, explican, debido al complejo escenario climático actual, caracterizado por sequías severas, incendios forestales y alta mortandad de árboles, y al uso de este tipo de plantaciones como medida de mitigación.

En un reciente artículo publicado en la revista Environmental Science and Policy, un grupo de investigadores del Centro de Investigación del Clima y Resiliencia (CR)² realizó un llamado a diversificar las acciones climáticas destinadas a mitigar la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) en nuestro país, arguyendo que la actual estrategia llevada a cabo por Chile, basada en buena parte en la capacidad del sector forestal para capturar carbono mediante plantaciones industriales, no es suficiente para alcanzar la carbononeutralidad en el año 2050.

Ésto, explican, debido al complejo escenario climático actual, caracterizado por sequías severas, incendios forestales y alta mortandad de árboles, y al uso de este tipo de plantaciones como medida de mitigación.

¿Pinos y eucaliptus?

En marzo de 2020, Chile presentó ante los países miembros del Acuerdo de París sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC), una serie de compromisos voluntarios adquiridos por cada Estado con el fin de reducir la emisión de GEI en su territorio.

Originalmente vista como una de las propuestas más audaces de las presentadas en el Acuerdo, la estrategia incluía, entre otras medidas, distintas acciones relacionadas con el uso de suelo, el cambio de uso de suelo, y la actividad forestal existente en el país: desde el manejo sostenible de 200,000 hectáreas (ha.) de bosque nativo y 100,000 ha. de plantaciones industriales, a la forestación de otras 100,000 ha. de bosque (70% nativo y 30% exótico), pasando por la reducción de la degradación forestal y la deforestación asociada a la silvicultura.

“Sin embargo, la capacidad de estas medidas para actuar consistentemente como un sumidero de carbono efectivo se ha vuelto discutible, sobre todo considerando la estrategia de usar plantaciones industriales intensivas de árboles exóticos (de rotación corta) como acción climática, y la incertidumbre de la futura capacidad de los bosques nativos para secuestrar carbono en los escenarios de clima futuros” explica el economista ambiental de CAPES-UC, Felipe Vásquez, uno de los autores del estudio.

Si bien en las últimas dos décadas, la pérdida de cobertura arbórea a causa de la deforestación, la tala de árboles, la actividad agrícola y los desastres naturales ha afectado tanto a bosques nativos como a plantaciones industriales, ésta ha impactado principalmente a la zona central de Chile, hogar del 92% de las plantaciones forestales del país. 

“Los incendios forestales, cada vez más intensos y recurrentes en nuestro territorio, han cambiado las plantaciones forestales de sumideros, a fuentes de emisión de carbono” afirma Vásquez, alterando las proyecciones iniciales que dieron sentido a esta estrategia.

De hecho, se ha estimado que los 3,1 millones de ha. de plantaciones forestales existentes en Chile, compuestas mayormente por “bosques” de pino (Pinus radiate) y Eucalyptus, funcionan más como una fuente neta de carbono, ya que su captura de este CO² se ve cancelada por la tala rasa que cada 12-18 años se realiza para la producción de bienes de corta vida, la quema de leña, las prácticas de quema y corta, y, justamente, los incendios forestales.

Más aún, los autores acotan que el uso de plantaciones industriales como un mecanismo conducente a la carbononeutralidad ha sido fuertemente criticado por la comunidad científica, debido al alto consumo hídrico que éstas demandan (muchas de ellas desde áreas diezmadas por la sequía), sus impactos negativos en la biodiversidad, la fragmentación del paisaje y los conflictos socio-ambientales.

Boldos, maitenes y humedales

De ahí que, ante este panorama, los autores del estudio propongan un cambio de estrategia orientado hacia los bosques nativos como verdaderos captadores de carbono del futuro, fortaleciendo su capacidad de secuestro ante la amenazada de la sequía y los incendios. “Así, en el contexto de la actual crisis climática, el gobierno de Chile debe implementar una estrategia ambiciosa que apoye la restauración de sus bosques nativos, siguiendo un plan similar al que promovió exitosamente la expansión de plantaciones industriales en las décadas pasadas” escriben..

Sin embargo, como plantea Vásquez, “pensar en el bosque nativo como verdadero y principal sumidero de carbono, requiere equiparar los incentivos asociados a la protección y restauración del bosque nativo con aquellos derivados de las plantaciones forestales. Esta tarea es compleja, dado que la estructura actual de incentivos favorece a estas últimas. Solo comparar lo que el Estado ha gastado en subsidiar las actividades silvícolas versus las de protección del bosque nativo dan un indicio del problema”.

Para complementar estos esfuerzos, los investigadores también sugieren diversificar la matriz de acciones de mitigación de Chile hacia otras soluciones basadas en la naturaleza, también conocidas como soluciones climáticas naturales. Mal que mal, la protección de turberas, humedales costeros y ecosistemas oceánicos ya son acciones que otros países miembros del Acuerdo de París han incorporado a sus respectivos NDC, ante la evidencia de que su conservación, restauración y manejo sustentable puede contribuir al aumento de la captación de CO² y a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

Además, las soluciones climáticas basadas en la naturaleza proveen múltiples servicios ecosistémicos que podrían considerarse como beneficios complementarios a su rol como sumideros de carbono; estos incluyen impactos positivos a nivel de biodiversidad, disponibilidad de agua, y salud del suelo que, en palabras de los autores “son esenciales para consolidar el componente de adaptación de los compromisos de Chile”.

Hasta ahora, Chile se ha comprometido a desarrollar mediciones estandarizadas que evalúen adecuadamente la contribución neta de turberas, humedales y océanos a la mitigación del cambio climático, aunque esta promesa, dicen, debe ir aparejada de transformaciones en la institucionalidad ambiental del país que aseguren programas de resguardo y monitoreo a largo plazo, y ecosistemas resilientes. “Desde la ciencia tenemos respuestas para muchas de estas interrogantes, pero no basta solo con esto. Es necesario implementar los cambios institucionales y culturales a nivel del Estado, y también del sector privado, para entender que esto debería ser parte central de las estrategias de desarrollo económico futuras. Nuestras estimaciones muestran que tanto los costos de corto plazo como de largo plazo no son prohibitivos, y que los beneficios en calidad de vida y sustentabilidad que vienen aparejados con estos cambios superan estos costos”, afirma Vásquez.

De no actuar, concluyen los investigadores, bien podemos hallarnos en la posición de que, citando a Gabriel García Márquez, “la sabiduría llegue a nosotros cuando ya no nos sirva para nada”.

Texto: Comunicaciones CAPES
Crédito foto: Mónica Paz, CAPES

Estudio revela disminución en la cantidad de nieve de volcán Mocho-Choshuenco

El estudio, que contó con la participación de investigador del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, Sergio Estay, también propone una nueva aproximación para el uso más eficiente de imágenes satelitales, aumentando hasta tres veces la cantidad de capturas usables para el análisis espacial de los ecosistemas de alta montaña.

Usando cientos de imágenes satelitales captadas a lo largo de 35 años, un grupo de científicos nacionales de las Universidades Católica de Valparaíso (PUCV), Católica de Chile (PUC), y Universidad Nacional de Australia, estudió los cambios en los patrones de nieve del volcán Mocho-Choshuenco, ubicado al sureste de la provincia de Valdivia, en la región de Los Ríos. Ésto, con el fin de obtener mediciones más precisas que permitan evaluar las consecuencias que estos cambios pueden tener sobre la ecología de este macizo, y de los ecosistemas montañosos en general.

Los resultados de este estudio, publicado en la revista Frontiers in Ecology and Evolution, arrojaron un descenso de la cubierta de nieve en las elevaciones intermedias del volcán (entre los 1,530 y los 2,000 mts. sobre el nivel del mar) durante los últimos 7 años, a tal punto que, en estas zonas, lo que antes se consideraba nieve permanente, hoy es sólo nieve estacional.

Además, las imágenes revelaron una caída significativa en la persistencia de nieve en los meses de invierno y primavera en elevaciones bajas (entre los 1,200–1,530 mts. sobre el nivel del mar) del volcán.

Estos cambios, explican los investigadores, podrían tener serias consecuencias sobre la ecología de estos biomas, puesto que la nieve es un componente crítico que conduce, entre otras cosas, los patrones de hibernación en los animales, determina la duración de la temporada de crecimientos en las plantas, e influye sobre la composición microbial de los suelos. “Para la mayoría de la gente” explica Sergio Estay, investigador CAPES y uno de los autores del trabajo, “la nieve en las montañas y su duración se asocia a la disponibilidad de agua para la agricultura, el consumo humano u otros usos, pero también la nieve afecta a todas los animales y plantas de estos ecosistemas”.

Huilmo (Sisyrinchium pearcei), una de las especies de plantas presentes en Mocho-Choshuenco. Crédito: fedewerner

“En las plantas, por ejemplo, un cambio en la cantidad y duración de la nieve puede afectar todo el ciclo fenológico de éstas, lo que podría llevar a la germinación o floración temprana (o tardía) y el desacople con sus polinizadores” añade Estay, posición que es corroborada, en otro sentido, por la investigadora de la Universidad Nacional de Australia y también autora del estudio, Verónica Briceño: “la capa de nieve actúa como un aislante que protege a las plantas de las heladas en invierno. Mediciones de temperatura del suelo y de plantas bajo la nieve en el Volcán Mocho-Choshuenco, indican que la temperatura bajo la nieve es cercana a 0°C, cuando por ejemplo la temperatura del aire es -10°C. Si la nieve se derrite más temprano o hay una disminución en la caída de nieve, las plantas estarán expuestas a temperaturas congelantes”.

Si bien la mayoría de las plantas que viven en ambientes fríos de montaña han desarrollado mecanismos para tolerar bajas temperaturas (sobre todo aquellas plantas que viven en micro-hábitats donde la nieve se derrite tempranamente), Briceño comenta que “no se tiene claro cómo este derretimiento temprano de la nieve va a afectar a otros procesos como la germinación de las semillas. La mayoría de las semillas de plantas de este volcán germinan después de ser expuestas a estratificación por frío, es decir, después de un periodo constante de temperaturas cercanas a 0°C, que en la montaña lo brinda la cubierta de nieve”.

Algunas de las especies de este volcán que necesitan de esta estratificación, son el huilmo (Sisyrinchium pearcei); el michay (Berberís montana); el fosforito (Embothrium coccineum), y el capachito de las vegas (Calceolaria filicaulis), entre otras. “El derretimiento temprano de la nieve podría retrasar o adelantar la germinación de estas especies. Si la germinación ocurre más temprano, las plántulas estarán expuestas a temperaturas congelantes, condiciones que estas plántulas no son capaces de tolerar. Entonces, el derretimiento temprano de la nieve podría afectar el reclutamiento de las especies de montaña. Paradójicamente, el calentamiento global está adelantando el derretimiento de la nieve, exponiendo a las plantas a heladas” remata la investigadora.

La pérdida progresiva de nieve, lamentablemente, no es un fenómeno ni exclusivo de este complejo montañoso, ni nuevo en la historia climática del planeta. Durante el siglo XX y lo que va del XXI, las regiones montañosas de todo el mundo han experimentado períodos de calor superiores al promedio histórico, y la tendencia, comentan los investigadores, no parece estar disminuyendo.

Nueva metodología

Esta alza en la temperatura gatilla a su vez una reducción en la precipitación de nieve y cambios en sus tiempos de caída y “persistencia”, la cual, en el caso de este estudio, fue obtenida observando “la frecuencia de nieve por pixel” de cada imagen analizada. Esta nueva variable metodológica para determinar la “persistencia de nieve”, permitió a los autores identificar aquellas áreas con reducción de nieve y potenciales cambios en la vegetación alpina del volcán, algo, hasta ahora, difícil de pesquisar.

“La principal dificultad técnica al usar imágenes satelitales es la disponibilidad de imágenes libres de nubes” comenta Roberto Chávez, académico PUCV y autor principal del estudio. “Las metodologías tradicionales usan solo imágenes completamente libres de nubes (típicamente de verano), limitándose a evaluaciones puntuales de área nevada y muy rara vez de persistencia, esto es, lo que dura la nieve antes de derretirse. En este trabajo, hemos propuesto una metodología que permite evaluar la persistencia de la nieve en distintos momentos del año y no solo en la estación libre de nubes” relata.

Esto, en palabras de Chávez, “se logra a través de la agregación temporal de escenas para un periodo de varios años, y el cálculo de persistencia usando modelos probabilísticos a nivel de pixel, lo que nos permitió utilizar todas las imágenes disponibles: sin nubes o parcialmente cubiertas con nubes. Así utilizamos hasta el último pedacito de imagen libre de nube, aumentando la información disponible en un 326% respecto de metodologías tradicionales”.

En el caso de Mocho-Choshuenco, el equipo de investigadores logró determinar, por ejemplo, que en comparación con el período 1984-1990, entre 2015 y 2019 el volcán experimentó una reducción en la persistencia de nieve de 5.75 km². en verano, 8.75km². en otoño, 42.40 km². en invierno, y 18.3km². en primavera.

De este modo, el estudio inaugura una nueva aproximación para el uso más eficiente de datos de teledetección como son las imágenes satelitales, aumentando hasta tres veces la cantidad de capturas usables, incluyendo imágenes con brechas espaciales (como las creadas por las nubes). Este método, comentan los investigadores, permitirá contar con información más fidedigna a la hora de estudiar la influencia que tiene la duración de la nieve en la reproducción y fenología de las plantas, la germinación de semillas, la persistencia de especies y la tolerancia al estrés en ambientes donde la nieve es un factor esencial. “Además, esta metodología puede ser usada para el hallazgo de áreas prioritarias de conservación, como aquellas zonas montañosas con una alta disminución de nieve o lugares donde las plantas existentes carecen de un suficiente potencial de adaptación” concluyen. Mal que mal, evaluar los efectos provocados por la baja caída de nieve y su derretimiento temprano sobre estos ecosistemas es un paso indispensable para su efectiva conservación.

Texto: Comunicaciones CAPES
Créditos fotos: Verónica Briceño (volcán) y Roberto Chávez (imagen satelital)


Centros CAPES, IEB y (CR)² publican resultados de workshop sobre el bosque esclerófilo

El documento es una síntesis de los principales resultados obtenidos en dicha instancia, un espacio de discusión donde diversos especialistas identificaron oportunidades de trabajo interdisciplinario en torno a uno de los ecosistemas más amenazados del mundo.

El pasado 26 de mayo, más de 40 investigadores pertenecientes a los centros del Clima y la Resiliencia (CR)2, Ecología Aplicada y Sustentabilidad (CAPES UC), y el Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), se reunieron de forma telemática para aunar esfuerzos alrededor de uno de los ecosistemas más amenazados de nuestro país y del mundo: el bosque esclerófilo de la zona central.

Cinco meses después, la “Iniciativa de Investigación Interdisciplinaria del Bosque Esclerófilo y Cambio Global” pone a disposición de la comunidad científica y el público interesado los resultados de esta actividad, a través de un informe preparado por los investigadores Solange Vargas, Nélida Pohl, Cristián Delpiano (IEB), Alejandro Mirando (CR²) y Juan Ovalle (CAPES).

La situación del bosque y las oportunidades a futuro

Entre las principales conclusiones que presenta el reporte, se establece una interacción compleja y poco comprendida entre las forzantes y los impactos asociados a la declinación del bosque esclerófilo. Esta falta de entendimiento del fenómeno, concordaron los investigadores, “limita la definición de prioridades y retrasa la implementación de acciones para manejar y gestionar el bosque esclerófilo en proceso de degradación, lo que a su vez restringe la capacidad de la comunidad científica de analizar el fenómeno desde un enfoque socioecológico”.

Asimismo, existe consenso de que las principales forzantes que están actuando sobre la declinación del bosque esclerófilo son el cambio del uso de suelo, el manejo del bosque, el cambio en los regímenes hídricos y de temperatura (sequías y olas de calor), y el aumento en los regímenes de incendios forestales. “Estas forzantes estarían actuando a diferentes escalas temporales y espaciales”, plantea el informe.

En términos de los impactos, las mesas concordaron en que existe una retroalimentación positiva entre éstos y las forzantes previas y las actuales, lo que genera un fenómeno de espiral de degradación que, dependiendo de la intensidad y duración, afectaría la resiliencia frente a nuevas perturbaciones y su capacidad de recuperación.

Los y las participantes del Workshop también reconocieron que, en Chile, las ciencias ambientales tradicionalmente han carecido de un enfoque socioecológico para enfrentar este tipo de problemáticas, las que, dada su complejidad, invariablemente requieren de este tipo de aproximaciones. Frente a esta dificultad, los organizadores hacen un llamado a avanzar en el desarrollo y aplicación de esta disciplina en Chile, integrando a tomadores de decisiones, científicos/as, empresarios/as, políticos, pueblos indígenas, entre otros.

Finalmente, los miembros de la Iniciativa proponen la preparación de un artículo científico de carácter editorial que dirija la atención de la sociedad sobre el grave problema que aqueja a nuestros ecosistemas mediterráneos, así como buscar alianzas para mejorar la comprensión del fenómeno, y apoyar la búsqueda de alternativas de protección.

La Iniciativa de Investigación Interdisciplinaria del Bosque Esclerófilo y Cambio Global (IEB, CAPES, CR2) surge como una propuesta oportuna y necesaria para comenzar a construir lineamientos de investigación que apoyen la toma de decisiones en el ecosistema de bosque esclerófilo de la zona central de Chile durante las próximas décadas.

El resumen ejecutivo de workshop podrá ser descargado desde los sitios web de CAPES, IEB Y (CR)².



Texto: Comunicaciones CAPES, Solange Vargas

Investigadora CAPES se adjudica dos proyectos FONDEF

La convocatoria, impulsada por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo, busca promover la creación de nuevas tecnologías con potencial impacto económico y social, que surjan a partir de la investigación científica.

Investigadores e investigadoras de la Universidad Andrés Bello, entre quienes se encuentra la ficóloga CAPES de línea 1, Loretto Contreras, se adjudicaron dos proyectos en la versión 2021 del concurso FONDEF IDeA I+D. Esta convocatoria es impulsada por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), y busca apoyar financieramente proyectos de investigación científica y tecnológica que conduzcan a la generación de un producto, proceso o servicio.

Repoblando bosques de algas, una cápsula a la vez

La iniciativa promueve la creación de nuevas tecnologías con potencial impacto económico y social que surjan de la investigación, con la meta de validar la propuesta a través de un prototipo a pequeña escala en un plazo de dos años. Así, una de las propuestas consistió en el desarrollo y producción de encapsulados de embriones de dos algas pardas, D. incurvata y L. berteroana, para ser utilizados en estrategias de repoblamiento de estas especies.

La creciente demanda de algas chilenas en el mercado mundial, especialmente de algas pardas, y la consecuente explotación de estos recursos, ha provocado notables disminuciones en las poblaciones naturales desde los años ochenta hasta la actualidad. A pesar de los esfuerzos estatales para regular su explotación, el grupo de investigación a cargo del proyecto indica que existen evidencias claras de que el huiro, por ejemplo, es explotado por encima de su capacidad de recuperación.

Así, la tecnología propuesta está dirigida a pescadores artesanales, titulares de Áreas de Manejo, y, en menor medida, pequeñas empresas acuícolas que tengan dentro de sus actividades la extracción de algas. “Será una tecnología masificable”, nos cuenta la Dra. Contreras, “rápida y de bajo costo para el repoblamiento de algas y estamos seguros que podrá ser utilizado con cualquier otro modelo de estudio”.

La Dra. Contreras participa del proyecto como directora alterna, y junto a ella, también actúan los ficólogos Cristián Bulboa (director del proyecto) y Carolina Oyarzo; el ingeniero en acuicultura Jean Pierre Remonsellez; la Dra. Yorley Duarte desde las ciencias químicas, y el Dr. Rubén Polanco desde la bioquímica.

El proyecto cuenta con el apoyo de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura, Investigación y Asesoría en Biología y Tecnologías Marinas Limitada (BITECMA), Extractos Naturales Gelymar S.A., Sindicato de Pescadores Artesanales de Caleta Quintay (SIPACQ), y la Asociación Gremial de Caleta Las Conchas, como entidades asociadas.

Compuestos anti fúngicos derivados de las algas

Otro proyecto adjudicado por la investigadora CAPES nace del potencial del alga parda D. kunthii como materia prima para obtener extractos con propiedades bioactivas, especialmente anti fúngicas, con aplicaciones en la industria exportadora de fruta.

En la actualidad, países de Europa, Asia y Norteamérica cada vez están aplicando más restricciones al uso de agroquímicos para el control de plagas en frutas y verduras, lo que podría afectar las exportaciones desde Chile. Bajo la necesidad de generar alternativas, la tecnología propuesta en este proyecto abarca el desarrollo del cultivo en tierra de D. kunthii, así como un sistema de inducción de compuestos anti fúngicos a partir de esta macroalga.

D. kunthii (Algalab)

“A partir de diversos análisis de screening, logramos descubrir la alta capacidad antifúngica de esta alga en comparación con varias otras especies. Es por esto que, en conjunto con la Universidad de Concepción, el desafío será el escalamiento de la biomasa, la cual no está desarrollada aún. Ese es el objetivo central de nuestro proyecto”, señala Contreras.

El cultivo en tierra de D. kunthii permitirá mejorar su disponibilidad y evitar la dependencia y presión sobre las praderas naturales, considerando que hasta el momento no existen cultivos comerciales de esta especie. La tecnología de cultivo que se desarrollará está dirigida a empresas cultivadoras de algas, así como centros de cultivo de moluscos u otras especies marinas que tengan las capacidades para incorporar el cultivo en tierra de otros organismos como las algas.

Integrado además por los doctores Remonsellez (director) y Bulboa, Cristián Rogel (director alterno), Cristián Agurto y otros colaboradores del Grupo Interdisciplinario de Biotecnología Marina (GIBMAR) de la U. de Concepción, el proyecto portaría a la diversificación productiva del sector acuícola nacional.

Como empresas asociadas, participan DALCA CULTIVOS SpA, Alerce Nano biotecnología SpA y Terra Natur S.A.

Nuevo proyecto FIPA

Otra de las integrantes CAPES receptoras de fondos para investigación fue la posdoctorante de Línea 4, Dra. Mariella Canales, a través del Proyecto FIPA 2021 “Caracterización y propuesta de manejo sustentable de las actuales y potenciales pesquerías costeras de peces litorales en las regiones de la Araucanía y los Ríos”.

El objetivo general de este proyecto es caracterizar y proponer un plan de manejo sustentable para la extracción de peces litorales a manos de pesquerías de las regiones IX y XIV, actividad que, si bien ha presentado un incremento importante en los últimos años, aún se sabe muy poco del estado de las poblaciones de peces litorales que habitan estas zonas; sus procesos biológicos básicos tales como la reproducción, crecimiento y alimentación, así como también de sus interacciones biológicas, comportamiento, su ecología y hábitat.

Además de la Dra. Canales, el proyecto cuenta con un amplio equipo de trabajo y apoyo, incluyendo profesionales de CAPES-UC como los doctores Stefan Gelcich y Mauricio Lima, así como colaboradores externos nacionales e internacionales, y miembros de las comunidades extractivas.

El proyecto contempla la recopilación de información mediante encuestas a los usuarios de la pesquería, monitoreo de frecuencias de tallas y de aspectos biológicos (reproducción, crecimiento y alimentación), y un muestreo de tipo No-Extractivo en el cual se utilizarán estaciones de video para filmar las comunidades de peces que sustenta las actividades de pesca ya sea económica, de subsistencia y/o recreativa. Con esta información se espera evaluar el estado de explotación de las principales especies extraídas y realizar una propuesta de manejo pesquero de las especies más importantes identificadas.

Texto: Comunicaciones CAPES, sobre la base de una nota de Comunicaciones UNAB.
Fotos: Comunicaciones UNAB
y Algalab.