Estudiantes de Ing. Forestal participan en taller de Restauración Ecológica

Entre sus objetivos, el taller buscó generar un espacio de debate sobre los desafíos de la restauración en Chile en un contexto de cambio climático y conflictos socio-ambientales.

Entre el 10 y 14 de marzo, la Estación Experimental Pantanillos, en la Región del Maule, fue el lugar elegido para la realización del primer «Taller de Restauración Ecológica», el cual convocó a 36 estudiantes de la carrera de Ingeniería Forestal de la U. de Chile en torno al aprendizaje de los planes de restauración de ecosistemas de bosque o matorral afectados por incendios.

La actividad estuvo a cargo del investigador CAPES y académico de la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza de la Casa de Bello, Dr. Juan Ovalle.

“El taller nace de la necesidad de generar competencias para la correcta toma de decisiones en la recuperación de estos ambientes” relata Ovalle. Específicamente, la actividad se enfocó en desarrollar y fortalecer las capacidades de los estudiantes a la hora de aplicar metodologías de campo aplicadas a la planificación, implementación y monitoreo de un plan de restauración y/o rehabilitación ecológica.

Asimismo, el taller buscó generar un espacio de debate sobre los desafíos de la restauración en Chile considerando el actual contexto de cambio climático (mega sequía e incendios forestales) y conflictos socio-ambientales por el uso de la tierra y la degradación de los ecosistemas naturales en Chile.

Además del Dr. Ovalle, la instancia contó con la presencia de diversos/as especialistas del área de la restauración, con el fin de promover la discusión interdisciplinaria entre los/as estudiantes. Los profesores invitados fueron la Dra. Anahí Ocampo, investigadora postdoctoral y especialista en socio-ecología de la restauración de la Universidad de Chile; Solange Lobos, coordinadora de proyectos de restauración de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Chile; el Dr. Patricio Valenzuela, ecofisiólogo de plantaciones e investigador postdoctoral de la Universidad Politécnica de Madrid, España; Dr. Sergio Espinoza, académico del Depto. de Ciencias Forestales de la Universidad Católica del Maule; y el Dr.(c) Christian Osorio, especialista en conservación de fauna silvestre del Dept. of Fish and Wildlife Conservation, Virginia Tech, USA.

Durante la semana de trabajo, que incluyó clases en aula y salidas a terreno, los estudiantes aprendieron a diagnosticar el estado de degradación de un ecosistema forestal mediante la identificación de las barreras bióticas y abióticas, priorizar los elementos y servicios ecosistémicos a restaurar basado en un enfoque participativo, definir ecosistemas de referencia en base a una metodología estándar, establecer tratamientos de vivero y técnicas de re vegetación para la restauración activa y/o pasiva, y utilizar indicadores para el monitoreo del éxito de la restauración a corto, mediano y largo plazo.

Cómo producto final del taller los estudiantes elaboraron un plan de restauración que constó de cuatro etapas, siguiendo la metodología establecida por la Sociedad Internacional de Restauración Ecológica (SER).

“La experiencia y los positivos resultados conseguidos en esta primera versión del taller nos insta a continuar desarrollando iniciativas de carácter interdisciplinario con estudiantes de educación superior”, expresa Ovalle.

Estudio evalúa impacto de ferias científicas en motivación de estudiantes por la ciencia

Un estudio realizado por los investigadores CAPES, Luz Valeria Oppliger, Paula Núñez y Stefan Gelcich evaluó la percepción a corto plazo de las ferias científicas sobre la motivación, impresión de complejidad e interés hacia la ciencia en estudiantes chilenos asistentes a uno de estos eventos.

Entre sus resultados, los investigadores concluyeron que, independiente del género o nivel socioeconómico del público estudiado, experiencias de este tipo aumentan la motivación e interés por la actividad científica, al tiempo de disminuir la percepción de lo compleja que puede llegar a ser la ciencia en sus mentes.

El trabajo, publicado en diciembre del año pasado en la revista Información Tecnológica, es uno de los primeros intentos por medir el impacto de este tipo de actividades de divulgación a nivel nacional: “Informar sobre la percepción de asistentes, o monitores, o evaluadores, o formatos de este tipo de ferias es vital para aprender de los aspectos que funcionan y aquellos que no, y así no caer en las mismas trampas autoimpuestas a la hora de repetir estas experiencias” explica la autora principal del estudio, Luz Valeria Oppliger.

Para Oppliger, encargada de Extensión y Comunicaciones del CAPES, evaluar también permite reflexionar sobre los objetivos iniciales de todo proyecto de comunicación científica, un paso fundamental a la hora de asegurar que los esfuerzos de difusión impacten en los públicos objetivos.

“Toda experiencia de divulgación científica tiene el potencial de ser evaluada, pero esto debe diseñarse en los inicios de la planificación de cualquier actividad, y no improvisadamente en una evaluación a posteriori de la experiencia. Las evaluaciones de las actividades o productos de comunicación científica permiten ver cuánto se cumplen los objetivos iniciales, comprender mejor a los públicos objetivos visados en un comienzo, poder percibir los aciertos y errores en los formatos y metodologías, entre muchos otros beneficios”, señala.

Para realizar este estudio, los investigadores implementaron una serie de encuestas durante una feria científica a la que asistieron estudiantes de educación media de distintos establecimientos educacionales de la Región Metropolitana, representando a todo el espectro de educación socioeconómico chileno. La feria se realizó el año 2014 y consistió de 29 stands liderados por alumnos de programas de doctorado de la Pontificia Universidad Católica.

La investigadora señala que, si bien el entusiasmo y el interés general por la ciencia aumentó después de la feria, se hace difícil alcanzar un mayor grado de incidencia en los hábitos y comportamiento de estos jóvenes con respecto a la actividad científica en estas instancias: “Las ferias o exhibiciones científicas son eventos de divulgación científica que duran cuando máximo unas 6 horas. En ese período de tiempo, no es posible influir o penetrar profundamente en los conceptos sobre ciencia y tecnología que trae cada visitante. Para esto es necesario diseñar programas de largo aliento, es decir varios meses y hasta años”.

El estudio no encontró diferencias de percepción entre estudiantes de establecimientos públicos, subvencionados o privados, ni tampoco a nivel de género o tipo de institución, lo que suele ocurrir en otros países.

Otro punto a destacar es que los y las estudiantes apreciaron más las actividades de indagación científica, experiencias que requieren de constantes instrucciones y supervisión por parte de los monitores.

En cuanto al por qué dirigir el estudio a los públicos juveniles consumidores de ciencia, Oppliger responde: “Creo que en los jóvenes está el potencial, y nuestra esperanza como país, de valorar la Ciencia y la Tecnología como motor fundamental generador de conocimiento”.

Lee trabajo completo aquí.

Estudio evalúa impacto de ferias científicas en motivación de estudiantes por la ciencia

Un estudio realizado por los investigadores CAPES, Luz Valeria Oppliger, Paula Núñez y Stefan Gelcich evaluó la percepción a corto plazo de las ferias científicas sobre la motivación, impresión de complejidad e interés hacia la ciencia en estudiantes chilenos asistentes a uno de estos eventos.

Entre sus resultados, los investigadores concluyeron que, independiente del género o nivel socioeconómico del público estudiado, experiencias de este tipo aumentan la motivación e interés por la actividad científica, al tiempo de disminuir la percepción de lo compleja que puede llegar a ser la ciencia en sus mentes.

El trabajo, publicado en diciembre del año pasado en la revista Información Tecnológica, es uno de los primeros intentos por medir el impacto de este tipo de actividades de divulgación a nivel nacional: “Informar sobre la percepción de asistentes, o monitores, o evaluadores, o formatos de este tipo de ferias es vital para aprender de los aspectos que funcionan y aquellos que no, y así no caer en las mismas trampas autoimpuestas a la hora de repetir estas experiencias” explica la autora principal del estudio, Luz Valeria Oppliger.

Para Oppliger, encargada de Extensión y Comunicaciones del CAPES, evaluar también permite reflexionar sobre los objetivos iniciales de todo proyecto de comunicación científica, un paso fundamental a la hora de asegurar que los esfuerzos de difusión impacten en los públicos objetivos.

“Toda experiencia de divulgación científica tiene el potencial de ser evaluada, pero esto debe diseñarse en los inicios de la planificación de cualquier actividad, y no improvisadamente en una evaluación a posteriori de la experiencia. Las evaluaciones de las actividades o productos de comunicación científica permiten ver cuánto se cumplen los objetivos iniciales, comprender mejor a los públicos objetivos visados en un comienzo, poder percibir los aciertos y errores en los formatos y metodologías, entre muchos otros beneficios”, señala.

Para realizar este estudio, los investigadores implementaron una serie de encuestas durante una feria científica a la que asistieron estudiantes de educación media de distintos establecimientos educacionales de la Región Metropolitana, representando a todo el espectro de educación socioeconómico chileno. La feria se realizó el año 2014 y consistió de 29 stands liderados por alumnos de programas de doctorado de la Pontificia Universidad Católica.

La investigadora señala que, si bien el entusiasmo y el interés general por la ciencia aumentó después de la feria, se hace difícil alcanzar un mayor grado de incidencia en los hábitos y comportamiento de estos jóvenes con respecto a la actividad científica en estas instancias: “Las ferias o exhibiciones científicas son eventos de divulgación científica que duran cuando máximo unas 6 horas. En ese período de tiempo, no es posible influir o penetrar profundamente en los conceptos sobre ciencia y tecnología que trae cada visitante. Para esto es necesario diseñar programas de largo aliento, es decir varios meses y hasta años”.

El estudio no encontró diferencias de percepción entre estudiantes de establecimientos públicos, subvencionados o privados, ni tampoco a nivel de género o tipo de institución, lo que suele ocurrir en otros países.

Otro punto a destacar es que los y las estudiantes apreciaron más las actividades de indagación científica, experiencias que requieren de constantes instrucciones y supervisión por parte de los monitores.

En cuanto al por qué dirigir el estudio a los públicos juveniles consumidores de ciencia, Oppliger responde: “Creo que en los jóvenes está el potencial, y nuestra esperanza como país, de valorar la Ciencia y la Tecnología como motor fundamental generador de conocimiento”.

Lee trabajo completo aquí.

Eduardo Arellano: “Un suelo saludable asegura sostenibilidad en el tiempo”

Conversamos con el director de la nueva línea CAPES que, desde julio pasado, estudia los principios y técnicas que podrían ayudarnos a transitar de una agricultura intensiva a una más sustentable, consciente de su impacto ambiental.

“Intensificación ecológica para una agricultura sustentable” es el nombre de la nueva línea de investigación CAPES destinada al estudio de técnicas y principios que reduzcan, mitiguen y prevengan los efectos de la actividad agrícola sobre la biodiversidad de los ecosistemas, así como medidas de restauración de sistemas ya degradados por la intervención humana.

“La línea nace a partir de una serie de proyectos de evaluación de suelos en que lo trabajé previamente” nos cuenta su director, Eduardo Arellano, desde su oficina ubicada en dependencias de la Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal de la Universidad Católica de Chile (PUC), lugar donde realiza sus labores académicas.

“Hace unos cinco años, mi equipo de trabajo y yo comenzamos a estudiar los suelos y su potencial de restauración en matrices transformadas o intervenidas por la agricultura, específicamente en las regiones de O’Higgins y el Maule, atendiendo no sólo a la recuperación de los servicios ecosistémicos a nivel de paisaje o conectividad, sino también a nivel predial”.

A partir de estas aproximaciones, Arellano y su equipo levantaron una serie de indicadores de productividad para sistemas productivos, especialmente frutícolas, con la ayuda de diversos proyectos FIC con agricultores de la región de O’Higgins. Estos indicadores determinaban el estado de intervención de los predios en aspectos como su biodiversidad, la calidad del agua, la salud de sus suelos, entre otros.

“La idea era saber cómo un agricultor o productor podría contribuir a mejorar su desempeño ambiental y la calidad ambiental de sus productos, ayudándolo a determinar qué era lo que había dentro y alrededor de sus tierras, y dónde estaba el potencial de recuperación en esas áreas” señala.

Dicho trabajo también incluía recomendaciones en la forma de manuales o guías, como el catastro base de flora y fauna encontrada en la región de O’Higgins que dio pie al Manual de Conservación de Biodiversidad en Predios Agrícolas de Chile Central, publicado en 2016.

“El objetivo entonces y ahora”, explica “es transferir principios de intensificación ecológica al sector agropecuario nacional e internacional. Servicios que ayuden a su vez a mantener la productividad del sistema”.

Cuestión de mercado

Eduardo Arellano es ingeniero forestal de la PUC y doctor en Silvicultura de Virginia Tech (EEUU). Desde su formación, nos cuenta, ha estado vinculado al estudio de los suelos en conexión con los sistemas productivos (agrícolas, forestales, y mineros), por lo que su transición a los procesos de restauración y recuperación de sistemas degradados se dio, en sus palabras, naturalmente.

“El proceso de cambio de la agricultura sobre los paisajes es inevitable e histórico” nos explica. “Estamos hablando de sistemas productivos que llevan siglos, sino milenios, operando sobre los ecosistemas”.

El principal impacto que ha tenido el impulso del ser humano por producir su propio sustento a través de la agricultura es, a su juicio, la presión sobre el cambio de uso de suelo, causado por la remoción de vegetación nativa para la expansión agrícola. “Hoy, es cosa de ir al norte y ver cómo las laderas se llenan de paltos y naranjos. Toda esa producción va invariablemente en sacrificio de algo” agrega.

Uno de estos sacrificios, especialmente en el caso de Chile Central, ha sido el agua: “hay un efecto importante sobre el recurso hídrico, pues en el caso del sector agrícola nacional, se trata en su mayoría de agricultura de riego, y la tecnificación del riego va a la par con el crecimiento de la agricultura y la intensificación de estos impactos”.

El desafío, sostiene, es reducir esos impactos conservando los beneficios que también entrega este importante sector productivo, como es la provisión (en conjunto con los ecosistemas) de alimentos y el desarrollo económico y social de las comunidades que rodean los núcleos agrícolas, “incluso de manera más directa que la minería”.

En opinión del ingeniero agrónomo, la sobreproducción agrícola en Chile está actualmente fuera de control: “Cuando tú tienes productores que despliegan una enorme cantidad de recursos, cientos de hectáreas con un manejo súper intensivo, simplemente porque en China un consumidor quiere comer cerezas en diciembre o para el día de los enamorados, generas una distorsión de lo que, uno cree, debiera ser el principio fundamental de un sistema agrícola”.

Por suerte, la presión por una producción sostenible y en armonía con el medio ambiente comienza a ser cada vez más fuerte, sobre todo la proveniente de mercados externos: “Hoy es el consumidor europeo, anglosajón, el que quiere una fruta o verdura que sea de un campo manejado sustentablemente” comenta Arellano. “Hay procesos de certificación ya consolidados en Europa que te aseguran que los alimentos que se venden en sus supermercados, importados de países como Chile, han pasado por procesos de producción que no dañan o degradan el medio ambiente”, asegura.

Sin embargo, aún queda mucho por hacer para contrarrestar las demandas de consumo de algunas economías en crecimiento: “Si el mercado internalizara todos los costos ambientales que significa producir cerezas fuera de temporada en el precio de la fruta, se podría desincentivar la sobreproducción. Y eso, afortunadamente, ya está ocurriendo en algunas partes de Europa. Pero la expansión agrícola, sobre todo con la apertura del mercado chino, es que es menos consciente ambientalmente, sigue siendo mayor”.

Mal que mal, esos costos ambientales nacidos de la sobreproducción, como la degradación de los suelos, también terminan afectando al productor. “Un suelo degradado retiene menos agua que un suelo bien conservado, lo que implica un gasto mayor de agua para sostener a la planta. La capacidad de retención hídrica se refleja finalmente en pérdidas de producción”.

“Pero todo eso”, se apresura en señalar, “se puede revertir”.

Recuperando suelos

“Hay formas y formas de hacer agricultura, explica, “cuando tú ves paisajes y viñas en Francia, por ejemplo, ves un montón de corredores de setos, zonas parches de vegetación nativa, es decir, un diseño de paisaje mucho más integrado y sostenible”.

Y es ahí donde aparece el concepto de intensificación ecológica, el que Arellano define como “la introducción de principios de la agroecología y de potenciamiento de los servicios ecosistémicos a los sistemas agrícolas más convencionales –los que hoy representan casi 99% de la producción mundial– sin crear un riesgo en la calidad productiva del sistema”.

Los investigadores e investigadoras de la línea 6 trabajan en distintos sistemas productivos dentro de la agricultura y estudian distintos servicios ecosistémicos presionados por éstos sistemas, como el secuestro de carbono del suelo sobre el que producen, o los servicios de polinización de las aves e insectos que pueblan los predios.

En el caso de la degradación de suelos, por ejemplo, los científicos que trabajan en el área promueven acciones como la introducción de carbono orgánico en el suelo, manejo de desechos, compostaje de residuos, etc. para mejorar la salud y calidad de estos ambientes.

“Toda vegetación, sea nativa o agrícola, dependen del suelo. Si no hay suelo, o si estos se degradan, se erosionan, son arrastrados por el agua o se contaminan, la capacidad de recuperación se pierde y con ello, la posibilidad de que esa vegetación obtenga los nutrientes que necesita para crecer” cuenta.

Entre los métodos de recuperación que estudia la línea, están la reutilización de residuos orgánicos mediante el rescate de suelos, esto es, la remoción del suelo útil previo a su excavación por parte de proyectos mineros o inmobiliarios, para su empleo posterior. También mediante el uso de lodos y biosólidos de plantas de tratamiento de aguas servidas como sustratos para zonas degradadas. “El tema principal de la degradación es la pérdida de la materia orgánica, por lo que cualquier fuente orgánica que tú tengas disponible sirve para un proceso de recuperación”.

“Un suelo saludable te asegura la sostenibilidad hacia adelante” continúa, “te permite sostener, por ejemplo, una diversidad de cultivos. El desafío de Chile será prontamente producir cultivos sin riego o con poca agua, y del éxito de esos intentos depende la capacidad del suelo de retener eficientemente dicho recurso”.

Otros esfuerzos

Otros investigadores de la línea trabajan en detectar y estudiar cultivos de plantas que den raíces a distintas profundidades, o que tengan una mayor capacidad de retención de nitrógeno. Algunos proyectos han identificado plantas capaces de atraer polinizadores a matrices agrícolas, incorporando bandas de flores y vegetación nativa en sus lindes. “Hemos instalado pilotajes con mezclas de flores y plantas nativas en los bordes de los previos para observar si atraen polinizadores como chinitas. Eso al agricultor no le cuesta nada. Hemos hecho tres de estas intervenciones en predio, con buenos resultados”.

Lo mismo ha sucedido con la instalación de casas anideras o perchas para aves rapaces, que no sólo atraen polinizadores sino también depredadores de especies que pueden significar una plaga para los cultivos o invasores para la fauna local.

La línea también realiza estudios de evaluación de la salud del suelo mediante técnicas microbiológicas. Además, la línea colabora con iniciativas de replantación de bosque nativo donde se prueban distintas técnicas de tratamiento de suelo que mejores la capacidad de retención hídrica, que eventualmente pueda ser aplicado por organismos como CONAF en sus programas de bonificación para reforestación con bosque nativo.

Para Arellano, la creación de esta nueva línea CAPES se hace cargo de una deuda histórica no sólo del Centro, sino de la investigación ecológica asociada a los sistemas productivos: “Hasta ahora no teníamos una línea especialmente dedicada a la agricultura, cuando ésta, en Chile, debiera ser el escenario principal donde opere la ecología aplicada, pues se trata del sector productivo más extendido del país”.

El escenario, al menos por los próximos años, será de Eduardo y de su equipo.

Eduardo Arellano: “Un suelo saludable asegura sostenibilidad en el tiempo”

Conversamos con el director de la nueva línea CAPES que, desde julio pasado, estudia los principios y técnicas que podrían ayudarnos a transitar de una agricultura intensiva a una más sustentable, consciente de su impacto ambiental.

“Intensificación ecológica para una agricultura sustentable” es el nombre de la nueva línea de investigación CAPES destinada al estudio de técnicas y principios que reduzcan, mitiguen y prevengan los efectos de la actividad agrícola sobre la biodiversidad de los ecosistemas, así como medidas de restauración de sistemas ya degradados por la intervención humana.

“La línea nace a partir de una serie de proyectos de evaluación de suelos en que lo trabajé previamente” nos cuenta su director, Eduardo Arellano, desde su oficina ubicada en dependencias de la Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal de la Universidad Católica de Chile (PUC), lugar donde realiza sus labores académicas.

“Hace unos cinco años, mi equipo de trabajo y yo comenzamos a estudiar los suelos y su potencial de restauración en matrices transformadas o intervenidas por la agricultura, específicamente en las regiones de O’Higgins y el Maule, atendiendo no sólo a la recuperación de los servicios ecosistémicos a nivel de paisaje o conectividad, sino también a nivel predial”.

A partir de estas aproximaciones, Arellano y su equipo levantaron una serie de indicadores de productividad para sistemas productivos, especialmente frutícolas, con la ayuda de diversos proyectos FIC con agricultores de la región de O’Higgins. Estos indicadores determinaban el estado de intervención de los predios en aspectos como su biodiversidad, la calidad del agua, la salud de sus suelos, entre otros.

“La idea era saber cómo un agricultor o productor podría contribuir a mejorar su desempeño ambiental y la calidad ambiental de sus productos, ayudándolo a determinar qué era lo que había dentro y alrededor de sus tierras, y dónde estaba el potencial de recuperación en esas áreas” señala.

Dicho trabajo también incluía recomendaciones en la forma de manuales o guías, como el catastro base de flora y fauna encontrada en la región de O’Higgins que dio pie al Manual de Conservación de Biodiversidad en Predios Agrícolas de Chile Central, publicado en 2016.

“El objetivo entonces y ahora”, explica “es transferir principios de intensificación ecológica al sector agropecuario nacional e internacional. Servicios que ayuden a su vez a mantener la productividad del sistema”.

Cuestión de mercado

Eduardo Arellano es ingeniero forestal de la PUC y doctor en Silvicultura de Virginia Tech (EEUU). Desde su formación, nos cuenta, ha estado vinculado al estudio de los suelos en conexión con los sistemas productivos (agrícolas, forestales, y mineros), por lo que su transición a los procesos de restauración y recuperación de sistemas degradados se dio, en sus palabras, naturalmente.

“El proceso de cambio de la agricultura sobre los paisajes es inevitable e histórico” nos explica. “Estamos hablando de sistemas productivos que llevan siglos, sino milenios, operando sobre los ecosistemas”.

El principal impacto que ha tenido el impulso del ser humano por producir su propio sustento a través de la agricultura es, a su juicio, la presión sobre el cambio de uso de suelo, causado por la remoción de vegetación nativa para la expansión agrícola. “Hoy, es cosa de ir al norte y ver cómo las laderas se llenan de paltos y naranjos. Toda esa producción va invariablemente en sacrificio de algo” agrega.

Uno de estos sacrificios, especialmente en el caso de Chile Central, ha sido el agua: “hay un efecto importante sobre el recurso hídrico, pues en el caso del sector agrícola nacional, se trata en su mayoría de agricultura de riego, y la tecnificación del riego va a la par con el crecimiento de la agricultura y la intensificación de estos impactos”.

El desafío, sostiene, es reducir esos impactos conservando los beneficios que también entrega este importante sector productivo, como es la provisión (en conjunto con los ecosistemas) de alimentos y el desarrollo económico y social de las comunidades que rodean los núcleos agrícolas, “incluso de manera más directa que la minería”.

En opinión del ingeniero agrónomo, la sobreproducción agrícola en Chile está actualmente fuera de control: “Cuando tú tienes productores que despliegan una enorme cantidad de recursos, cientos de hectáreas con un manejo súper intensivo, simplemente porque en China un consumidor quiere comer cerezas en diciembre o para el día de los enamorados, generas una distorsión de lo que, uno cree, debiera ser el principio fundamental de un sistema agrícola”.

Por suerte, la presión por una producción sostenible y en armonía con el medio ambiente comienza a ser cada vez más fuerte, sobre todo la proveniente de mercados externos: “Hoy es el consumidor europeo, anglosajón, el que quiere una fruta o verdura que sea de un campo manejado sustentablemente” comenta Arellano. “Hay procesos de certificación ya consolidados en Europa que te aseguran que los alimentos que se venden en sus supermercados, importados de países como Chile, han pasado por procesos de producción que no dañan o degradan el medio ambiente”, asegura.

Sin embargo, aún queda mucho por hacer para contrarrestar las demandas de consumo de algunas economías en crecimiento: “Si el mercado internalizara todos los costos ambientales que significa producir cerezas fuera de temporada en el precio de la fruta, se podría desincentivar la sobreproducción. Y eso, afortunadamente, ya está ocurriendo en algunas partes de Europa. Pero la expansión agrícola, sobre todo con la apertura del mercado chino, es que es menos consciente ambientalmente, sigue siendo mayor”.

Mal que mal, esos costos ambientales nacidos de la sobreproducción, como la degradación de los suelos, también terminan afectando al productor. “Un suelo degradado retiene menos agua que un suelo bien conservado, lo que implica un gasto mayor de agua para sostener a la planta. La capacidad de retención hídrica se refleja finalmente en pérdidas de producción”.

“Pero todo eso”, se apresura en señalar, “se puede revertir”.

Recuperando suelos

“Hay formas y formas de hacer agricultura, explica, “cuando tú ves paisajes y viñas en Francia, por ejemplo, ves un montón de corredores de setos, zonas parches de vegetación nativa, es decir, un diseño de paisaje mucho más integrado y sostenible”.

Y es ahí donde aparece el concepto de intensificación ecológica, el que Arellano define como “la introducción de principios de la agroecología y de potenciamiento de los servicios ecosistémicos a los sistemas agrícolas más convencionales –los que hoy representan casi 99% de la producción mundial– sin crear un riesgo en la calidad productiva del sistema”.

Los investigadores e investigadoras de la línea 6 trabajan en distintos sistemas productivos dentro de la agricultura y estudian distintos servicios ecosistémicos presionados por éstos sistemas, como el secuestro de carbono del suelo sobre el que producen, o los servicios de polinización de las aves e insectos que pueblan los predios.

En el caso de la degradación de suelos, por ejemplo, los científicos que trabajan en el área promueven acciones como la introducción de carbono orgánico en el suelo, manejo de desechos, compostaje de residuos, etc. para mejorar la salud y calidad de estos ambientes.

“Toda vegetación, sea nativa o agrícola, dependen del suelo. Si no hay suelo, o si estos se degradan, se erosionan, son arrastrados por el agua o se contaminan, la capacidad de recuperación se pierde y con ello, la posibilidad de que esa vegetación obtenga los nutrientes que necesita para crecer” cuenta.

Entre los métodos de recuperación que estudia la línea, están la reutilización de residuos orgánicos mediante el rescate de suelos, esto es, la remoción del suelo útil previo a su excavación por parte de proyectos mineros o inmobiliarios, para su empleo posterior. También mediante el uso de lodos y biosólidos de plantas de tratamiento de aguas servidas como sustratos para zonas degradadas. “El tema principal de la degradación es la pérdida de la materia orgánica, por lo que cualquier fuente orgánica que tú tengas disponible sirve para un proceso de recuperación”.

“Un suelo saludable te asegura la sostenibilidad hacia adelante” continúa, “te permite sostener, por ejemplo, una diversidad de cultivos. El desafío de Chile será prontamente producir cultivos sin riego o con poca agua, y del éxito de esos intentos depende la capacidad del suelo de retener eficientemente dicho recurso”.

Otros esfuerzos

Otros investigadores de la línea trabajan en detectar y estudiar cultivos de plantas que den raíces a distintas profundidades, o que tengan una mayor capacidad de retención de nitrógeno. Algunos proyectos han identificado plantas capaces de atraer polinizadores a matrices agrícolas, incorporando bandas de flores y vegetación nativa en sus lindes. “Hemos instalado pilotajes con mezclas de flores y plantas nativas en los bordes de los previos para observar si atraen polinizadores como chinitas. Eso al agricultor no le cuesta nada. Hemos hecho tres de estas intervenciones en predio, con buenos resultados”.

Lo mismo ha sucedido con la instalación de casas anideras o perchas para aves rapaces, que no sólo atraen polinizadores sino también depredadores de especies que pueden significar una plaga para los cultivos o invasores para la fauna local.

La línea también realiza estudios de evaluación de la salud del suelo mediante técnicas microbiológicas. Además, la línea colabora con iniciativas de replantación de bosque nativo donde se prueban distintas técnicas de tratamiento de suelo que mejores la capacidad de retención hídrica, que eventualmente pueda ser aplicado por organismos como CONAF en sus programas de bonificación para reforestación con bosque nativo.

Para Arellano, la creación de esta nueva línea CAPES se hace cargo de una deuda histórica no sólo del Centro, sino de la investigación ecológica asociada a los sistemas productivos: “Hasta ahora no teníamos una línea especialmente dedicada a la agricultura, cuando ésta, en Chile, debiera ser el escenario principal donde opere la ecología aplicada, pues se trata del sector productivo más extendido del país”.

El escenario, al menos por los próximos años, será de Eduardo y de su equipo.

[CANCELADO] Presentación Big Van Ciencia en FCB

Como parte de una gira que los llevará por diversas regiones del país, el colectivo español de divulgación científica Big Van Ciencia visitará el zócalo de la Facultad de Ciencias Biológicas UC el próximo lunes 30 de marzo a las 13 hrs., en un evento abierto para todos los miembros de la comunidad UC y público en general.

Durante la actividad, la agrupación realizará una presentación de «stand up» compuesta por una serie de monólogos humorísticos donde hablarán de temas como el cambio climático y distintas formas de adaptarse a éste; la edición genética y la adaptación de cultivos, y el rol que juega la cooperación y comunicación en la evolución humana y la lucha contra el calentamiento global.

La presentación también incluye una introducción a los miembros del grupo y un segmento final de conversación abierta y distendida con el público.

Big Van Ciencia es un colectivo de científicos y divulgadores de ciencia creado en España en 2013 con el propósito de contar la ciencia de una forma asequible y divertida, usando para ello distintos tipo de medios, como son las presentaciones en vivo, apariciones en radio y televisión, publicación de libros y la realización de talleres de información a lo largo de Europa y América Latina.

El equipo está compuesto por científicos de las más variadas disciplinas, unidos todos por su pasión por la ciencia y las historias que de ella surgen. Su plantel incluye a biomédicos, químicos, nanotecnólogos, antropólogos, neurocientíficos, ingenieros, matemáticos, oceanógrafos, y un sinfín de profesionales más.

Luz Valeria Oppliger, encargada de Extensión y Comunicaciones de CAPES (institución organizadora del evento), destacó la realización de este tipo de actividades en la Facultad, pues acerca a estudiantes y profesores a nuevos formatos de divulgación del conocimiento científico, permitiéndoles mirar con otros ojos temas que ellos suelen abordar de manera más árida. «Además», agrega «Helena (González) y Oriol (Marimon), los fundadores de Big Van, han preparado un show de monólogos sobre el tema científico de mayor relevancia actual, la crisis climática, exclusivamente para CAPES».

Big Van Ciencia es traído a Chile en el marco del próximo Festival Puerto de Ideas 2020 en Antofagasta, y su visita incluye presentaciones en Villarrica y Santiago.

[CANCELADO] Presentación Big Van Ciencia en FCB

Como parte de una gira que los llevará por diversas regiones del país, el colectivo español de divulgación científica Big Van Ciencia visitará el zócalo de la Facultad de Ciencias Biológicas UC el próximo lunes 30 de marzo a las 13 hrs., en un evento abierto para todos los miembros de la comunidad UC y público en general.

Durante la actividad, la agrupación realizará una presentación de «stand up» compuesta por una serie de monólogos humorísticos donde hablarán de temas como el cambio climático y distintas formas de adaptarse a éste; la edición genética y la adaptación de cultivos, y el rol que juega la cooperación y comunicación en la evolución humana y la lucha contra el calentamiento global.

La presentación también incluye una introducción a los miembros del grupo y un segmento final de conversación abierta y distendida con el público.

Big Van Ciencia es un colectivo de científicos y divulgadores de ciencia creado en España en 2013 con el propósito de contar la ciencia de una forma asequible y divertida, usando para ello distintos tipo de medios, como son las presentaciones en vivo, apariciones en radio y televisión, publicación de libros y la realización de talleres de información a lo largo de Europa y América Latina.

El equipo está compuesto por científicos de las más variadas disciplinas, unidos todos por su pasión por la ciencia y las historias que de ella surgen. Su plantel incluye a biomédicos, químicos, nanotecnólogos, antropólogos, neurocientíficos, ingenieros, matemáticos, oceanógrafos, y un sinfín de profesionales más.

Luz Valeria Oppliger, encargada de Extensión y Comunicaciones de CAPES (institución organizadora del evento), destacó la realización de este tipo de actividades en la Facultad, pues acerca a estudiantes y profesores a nuevos formatos de divulgación del conocimiento científico, permitiéndoles mirar con otros ojos temas que ellos suelen abordar de manera más árida. «Además», agrega «Helena (González) y Oriol (Marimon), los fundadores de Big Van, han preparado un show de monólogos sobre el tema científico de mayor relevancia actual, la crisis climática, exclusivamente para CAPES».

Big Van Ciencia es traído a Chile en el marco del próximo Festival Puerto de Ideas 2020 en Antofagasta, y su visita incluye presentaciones en Villarrica y Santiago.

[CANCELADO] Lanzamiento Libro «Las aves rapaces de Chile»

CAPES y la Editorial Flora y Fauna, los invitan al lanzamiento del libro “Las aves rapaces de Chile”, el compendio más completo de las más de 36 aves de presa que pueblan el territorio nacional, desde el pequeño chuncho al imponente cóndor. El libro, escrito por los investigadores Agustín Iriarte, Tomás Rivas-Fuenzalida y Fabián Jaksic, contiene detalles de distribución, dieta, hábitos y características fisiológicas de cada especie, acompañadas de fotografías que reflejan la belleza de estas criaturas aladas.

La actividad se realizará el próximo martes 24 de marzo a partir de las 18:30 hrs. en la sede Lo Contador de la Universidad Católica (El Comendador 1916, Providencia), e incluirá charlas de especialistas en distintos ámbitos relacionados al manejo y estudio de este grupo de aves.

Durante la actividad se sortearán entre los asistentes diversas figuras de algunas de estas aves talladas en madera por el artesano Richard Bravo.

¡Los y las esperamos!

[CANCELADO] Lanzamiento Libro «Las aves rapaces de Chile»

CAPES y la Editorial Flora y Fauna, los invitan al lanzamiento del libro “Las aves rapaces de Chile”, el compendio más completo de las más de 36 aves de presa que pueblan el territorio nacional, desde el pequeño chuncho al imponente cóndor. El libro, escrito por los investigadores Agustín Iriarte, Tomás Rivas-Fuenzalida y Fabián Jaksic, contiene detalles de distribución, dieta, hábitos y características fisiológicas de cada especie, acompañadas de fotografías que reflejan la belleza de estas criaturas aladas.

La actividad se realizará el próximo martes 24 de marzo a partir de las 18:30 hrs. en la sede Lo Contador de la Universidad Católica (El Comendador 1916, Providencia), e incluirá charlas de especialistas en distintos ámbitos relacionados al manejo y estudio de este grupo de aves.

Durante la actividad se sortearán entre los asistentes diversas figuras de algunas de estas aves talladas en madera por el artesano Richard Bravo.

¡Los y las esperamos!