Felipe Vásquez y la valoración de nuestros servicios ecosistémicos

Conversamos con el economista ambiental Felipe Vásquez, sobre la nueva línea de investigación que dirige y sus expectativas como investigador del CAPES.

Detrás de conceptos como el de impacto ambiental, desarrollo sostenible o economías verdes, se haya la pregunta sobre la compleja relación que existe entre los seres humanos y los ecosistemas naturales de los que depende. A lo largo de la historia, las sociedades han explotado a tal punto los beneficios que provee la naturaleza —conocidos en el argot científico como servicios ecosistémicos— que hoy, en tiempos de cambio global y crisis climática, su misma disposición está puesta en entredicho. Y con ella, nuestro propio futuro como especie.

El desafío que supone revertir esta situación requiere, en primer lugar, entender el impacto que tienen estos servicios en el bienestar de nuestras sociedades, qué tan valorados son por quienes hacemos uso de ellos y —quizás lo más importante— cuánto estamos dispuestos a cambiar para asegurar su continuidad en el tiempo. 

Esta es, justamente, la misión de la nueva línea de investigación CAPES denominada “Servicios ecosistémicos y comportamiento humano”: investigar las estrechas relaciones entre los servicios ecosistémicos y el bienestar social de las personas, con el fin de generar conocimiento que ayude a la elaboración de políticas públicas ambientales y proyectos de desarrollo eficientes y sustentables.

Repensando el bienestar

Para el director de esta nueva línea, el ingeniero comercial y economista ambiental de la Universidad de Concepción, Felipe Vásquez, ponderar el valor que los agentes de mercado (personas o empresas) asignan a los distintos servicios ecosistémicos —desde el aire que respiramos a los alimentos que comemos— es clave a la hora de evaluar la viabilidad de un proyecto económico o el éxito de una política de protección ambiental.

“Todo modelo de desarrollo se sustenta en la inevitable alteración de este tipo de servicios”, nos cuenta. ”Yo puedo, dado el caso, elegir explotar servicios de provisión, como una inmobiliaria que tala un bosque para levantar casas, o servicios culturales, como un complejo turístico que protege ese mismo bosque para aumentar la belleza escénica del lugar. En cada caso, debo tomar una decisión sobre cuál de los dos proyectos explota los servicios más eficientemente, es decir, maximiza de mejor forma el bienestar de la sociedad”.

Esta mirada implica, necesariamente, ampliar la idea de bienestar para incluir no sólo la prosperidad material, sino también factores como el equilibrio ecológico, la justicia social, la salud mental, y otros. «Al final del día», dice Vásquez «esa es la diferencia entre un modelo meramente extractivo de desarrollo, y otro más sustentable, que protege el medio ambiente y lo compatibiliza con el desarrollo social y económico de las naciones».

Para ilustrar el punto, el investigador radicado en Concepción recurre a un situación cercana a su experiencia. “En Chiguayante, frente al río Bio Bio, hay un cerro cubierto de plantaciones forestales que se ve desde todos los puntos de la ciudad. Cada cierto tiempo, los árboles del cerro son cortados, dejándolo completamente liso. Hoy, sabemos que hay estudios que confirman que las áreas verdes impactan positivamente el bienestar de las personas. En espacios con áreas recreativas y abundante vegetación, la gente se enferma menos y es más feliz. Entonces nos preguntamos ¿cómo el impacto de esa tala en la belleza escénica afecta el bienestar de quienes viven alrededor del cerro?”.

La respuesta podrá parecer sencilla, pero no lo es. “Debemos considerar la posibilidad de que al habitante de Chiguayante no le importe la apariencia del cerro” comenta, “o le importen más los trabajos que da la industria forestal que el paisaje que ve por su ventana. Nuestra misión es saber qué tan importante es ese servicio para él, y cómo esa valoración influye en su decisión de tomar medidas en favor o en contra de la protección de sus ecosistemas”.

“Entender las percepciones, creencias y actitudes que tienen las personas, en tanto consumidores, frente a los servicios ecosistémicos, permite entender la demanda, y entender la demanda ayuda a colocar los recursos eficientemente”, explica. “En la medida en que más personas adscriben, por ejemplo, a la posición ética de no comer carne, la demanda por más productos veganos cambiará, afectando los retornos para las empresas, los patrones de consumo, la producción cárnica, y el mercado en general”.

Cuestión de actitud

Para medir estos atributos, el doctor en Economía Agraria y Recursos Naturales de la Universidad de Berkeley utiliza instrumentos y herramientas provenientes de diversas disciplinas, tales como la psicología y el marketing.

“Hasta hace muy poco, la Economía sólo se valía de datos observables, basados en atributos discretos como la edad, la identidad sexual, el número de hijos, etc., para explicar las decisiones de las personas” afirma. “Sin embargo, hoy hay una nueva corriente económica que intenta incluir atributos no observados en el análisis de toma de decisiones, como la conciencia ambiental, el miedo a desastres naturales o la preocupación por la contaminación”.

Estos indicadores actitudinales, o de percepción, ayudan a modelar y predecir el posible comportamiento de las personas hacia el medio ambiente: “uno esperaría, por ejemplo, que las personas que se declaran más ambientalistas estuvieran dispuestas a poner más de sus recursos para proteger la naturaleza, comprar productos orgánicos más caros, o pagar más para entrar a un parque nacional protegido. Estos instrumentos nos permiten corroborar ese tipo de hipótesis”.

Por medio de encuestas cuidadosamente elaboradas, Vásquez y su equipo echan luz sobre las actitudes de las personas frente a diversos servicios ecosistémicos, los cuales podrían afectar la forma en que una política pública ambiental es elaborada e implementada. Los miembros de la línea, compuesta por los co-investigadores Roberto Ponce, Francisco Fernández y Marcela Jaime, asesoran frecuentemente a organismos públicos y privados en el estudio de los factores sociales y económicos de los que depende la factibilidad de sus proyectos.

En opinión de Vásquez, este tipo de estudios “le permite al Estado saber cosas como cuál es la manera más eficiente de proteger sus parques nacionales, en qué parques invertir o cómo usar los recursos racionalmente, sin poner en riesgo la biodiversidad del lugar. Si logramos caracterizar a los distintos visitantes de un parque de acuerdo a sus actitudes y comportamientos, podemos crear medidas para desincentivar la llegada de visitantes “peligrosos” (como provocadores de incendios), sin perjudicar la afluencia de público”.

Cambio de conciencia, ¿cambio de conducta?

Lo anterior, trae a colación otra utilidad asociada las investigaciones que realiza esta nueva línea: la posibilidad de construir mensajes educativos que se acomoden a los marcos mentales y culturales de los distintos públicos, y modifiquen, de alguna manera, sus conductas ambientales.

En un estudio realizado en conjunto con el investigador CAPES, Stefan Gelcich, Vásquez diseño una campaña comunicacional orientada a proteger el bienestar de los pingüinos de la Reserva Marina de Islas de Choros y Damas, en Coquimbo. Como parte de la campaña, los ejecutores del proyecto distribuyeron entre un segmento de los visitantes a la Reserva información sobre el estrés que significaba interactuar directamente con los pingüinos. Al final de la campaña, analizando la intención de comportamiento entre este segmento con el del grupo de control que no recibió el mensaje, se comprobó un cambio en la predisposición de los turistas a tocar o invadir el hábitat de las especies.

«No obstante, en otro estudio donde se buscó divulgar información sobre la acidificación de los océanos entre pescadores artesanales, no se percibieron diferencias en la intención de comportamiento entre un grupo y otro», relata “seguramente porque los mensajes que construimos para dicha campaña eran neutros, es decir, no alertaban directamente sobre los riesgos de la acidificación”.

La naturaleza del trabajo de Vásquez lo pone en contacto directo con las diversas comunidades que estudia, lo que obliga a preguntar: ¿Han cambiado las actitudes de las personas son respecto al cuidado del medio ambiente? “Sin duda”, responde, “que la gente está más consciente sobre el impacto que la actividad productiva desregulada tiene sobre el medio ambiente, pero sobre todo, está más consciente de cómo sus hábitos de consumo (como la generación de basura o el uso de plásticos) también afectan al medio natural”.

Sin embargo, advierte, “estas actitudes no necesariamente se traducen en cambios de conducta. «En un determinado contexto, un individuo puede ser consciente de que la producción de salmones genera un altísimo impacto ambiental, y en otro, puede preferir comer salmón porque lo considera un alimento sano o un signo de opulencia. Hay que tener claro que ciertas percepciones o creencias pueden ser ambivalentes. Lo importante es entonces saber en qué contexto opera cada cual”. 

Esta contradicción en términos también se manifiesta en el trabajo mismo de los investigadores: “Lo que nosotros como economistas entendemos por bienestar no es necesariamente lo que las comunidades entienden por bienestar. Por ejemplo, todas las soluciones que nosotros encontramos en nuestros estudios sobre oferta hídrica allá por el 2011 no tenían ninguna viabilidad política ni social en las comunidades. Yo te digo que la mejor forma de asignar el agua es A, pero esa forma no podía ser aceptada en esa cuenca” plantea.

Por lo mismo, Vásquez cree que “como investigadores debemos movernos de la idea de la optimalidad a la de factibilidad social y política. Tu puedes tener 10 políticas públicas y no pensar en la mejor desde una perspectiva económica, sino las más factible políticamente”.

Demanda por participación

Así y todo, Vásquez cree que la sociedad civil ha sido el gran actor que ha empujado el cambio en las instituciones a favor del medio ambiente y la participación ciudadana: “la gente hoy demanda más participación en las decisiones políticas. Los chilenos quieren intervenir en el proceso de toma de decisiones, pues entienden que sólo se puede construir sociedad asumiendo los intereses de todos los sectores, y compatibilizándolos”.

Por ello, una de las expectativas de este economista para esta nueva etapa como miembro de CAPES es realizar investigación multidisciplinaria que ataque los grandes problemas que afectan a la sociedad chilena hoy. Hacer investigación, como él dice “con sentido público”, viendo en todo momento cómo “empujamos la política pública, mejoramos la calidad de vida de las personas, y aseguramos sustentabilidad”.

El tiempo dirá si la ventana política está abierta el tiempo suficiente.

Felipe Vásquez es aficionado al karate, toca guitarra y cultiva sus propios servicios de provisión en la huerta de su casa. 

Felipe Vásquez y la valoración de nuestros servicios ecosistémicos

Conversamos con el economista ambiental Felipe Vásquez, sobre la nueva línea de investigación que dirige y sus expectativas como investigador del CAPES.

Detrás de conceptos como el de impacto ambiental, desarrollo sostenible o economías verdes, se haya la pregunta sobre la compleja relación que existe entre los seres humanos y los ecosistemas naturales de los que depende. A lo largo de la historia, las sociedades han explotado a tal punto los beneficios que provee la naturaleza —conocidos en el argot científico como servicios ecosistémicos— que hoy, en tiempos de cambio global y crisis climática, su misma disposición está puesta en entredicho. Y con ella, nuestro propio futuro como especie.

El desafío que supone revertir esta situación requiere, en primer lugar, entender el impacto que tienen estos servicios en el bienestar de nuestras sociedades, qué tan valorados son por quienes hacemos uso de ellos y —quizás lo más importante— cuánto estamos dispuestos a cambiar para asegurar su continuidad en el tiempo. 

Esta es, justamente, la misión de la nueva línea de investigación CAPES denominada “Servicios ecosistémicos y comportamiento humano”: investigar las estrechas relaciones entre los servicios ecosistémicos y el bienestar social de las personas, con el fin de generar conocimiento que ayude a la elaboración de políticas públicas ambientales y proyectos de desarrollo eficientes y sustentables.

Repensando el bienestar

Para el director de esta nueva línea, el ingeniero comercial y economista ambiental de la Universidad de Concepción, Felipe Vásquez, ponderar el valor que los agentes de mercado (personas o empresas) asignan a los distintos servicios ecosistémicos —desde el aire que respiramos a los alimentos que comemos— es clave a la hora de evaluar la viabilidad de un proyecto económico o el éxito de una política de protección ambiental.

“Todo modelo de desarrollo se sustenta en la inevitable alteración de este tipo de servicios”, nos cuenta. ”Yo puedo, dado el caso, elegir explotar servicios de provisión, como una inmobiliaria que tala un bosque para levantar casas, o servicios culturales, como un complejo turístico que protege ese mismo bosque para aumentar la belleza escénica del lugar. En cada caso, debo tomar una decisión sobre cuál de los dos proyectos explota los servicios más eficientemente, es decir, maximiza de mejor forma el bienestar de la sociedad”.

Esta mirada implica, necesariamente, ampliar la idea de bienestar para incluir no sólo la prosperidad material, sino también factores como el equilibrio ecológico, la justicia social, la salud mental, y otros. «Al final del día», dice Vásquez «esa es la diferencia entre un modelo meramente extractivo de desarrollo, y otro más sustentable, que protege el medio ambiente y lo compatibiliza con el desarrollo social y económico de las naciones».

Para ilustrar el punto, el investigador radicado en Concepción recurre a un situación cercana a su experiencia. “En Chiguayante, frente al río Bio Bio, hay un cerro cubierto de plantaciones forestales que se ve desde todos los puntos de la ciudad. Cada cierto tiempo, los árboles del cerro son cortados, dejándolo completamente liso. Hoy, sabemos que hay estudios que confirman que las áreas verdes impactan positivamente el bienestar de las personas. En espacios con áreas recreativas y abundante vegetación, la gente se enferma menos y es más feliz. Entonces nos preguntamos ¿cómo el impacto de esa tala en la belleza escénica afecta el bienestar de quienes viven alrededor del cerro?”.

La respuesta podrá parecer sencilla, pero no lo es. “Debemos considerar la posibilidad de que al habitante de Chiguayante no le importe la apariencia del cerro” comenta, “o le importen más los trabajos que da la industria forestal que el paisaje que ve por su ventana. Nuestra misión es saber qué tan importante es ese servicio para él, y cómo esa valoración influye en su decisión de tomar medidas en favor o en contra de la protección de sus ecosistemas”.

“Entender las percepciones, creencias y actitudes que tienen las personas, en tanto consumidores, frente a los servicios ecosistémicos, permite entender la demanda, y entender la demanda ayuda a colocar los recursos eficientemente”, explica. “En la medida en que más personas adscriben, por ejemplo, a la posición ética de no comer carne, la demanda por más productos veganos cambiará, afectando los retornos para las empresas, los patrones de consumo, la producción cárnica, y el mercado en general”.

Cuestión de actitud

Para medir estos atributos, el doctor en Economía Agraria y Recursos Naturales de la Universidad de Berkeley utiliza instrumentos y herramientas provenientes de diversas disciplinas, tales como la psicología y el marketing.

“Hasta hace muy poco, la Economía sólo se valía de datos observables, basados en atributos discretos como la edad, la identidad sexual, el número de hijos, etc., para explicar las decisiones de las personas” afirma. “Sin embargo, hoy hay una nueva corriente económica que intenta incluir atributos no observados en el análisis de toma de decisiones, como la conciencia ambiental, el miedo a desastres naturales o la preocupación por la contaminación”.

Estos indicadores actitudinales, o de percepción, ayudan a modelar y predecir el posible comportamiento de las personas hacia el medio ambiente: “uno esperaría, por ejemplo, que las personas que se declaran más ambientalistas estuvieran dispuestas a poner más de sus recursos para proteger la naturaleza, comprar productos orgánicos más caros, o pagar más para entrar a un parque nacional protegido. Estos instrumentos nos permiten corroborar ese tipo de hipótesis”.

Por medio de encuestas cuidadosamente elaboradas, Vásquez y su equipo echan luz sobre las actitudes de las personas frente a diversos servicios ecosistémicos, los cuales podrían afectar la forma en que una política pública ambiental es elaborada e implementada. Los miembros de la línea, compuesta por los co-investigadores Roberto Ponce, Francisco Fernández y Marcela Jaime, asesoran frecuentemente a organismos públicos y privados en el estudio de los factores sociales y económicos de los que depende la factibilidad de sus proyectos.

En opinión de Vásquez, este tipo de estudios “le permite al Estado saber cosas como cuál es la manera más eficiente de proteger sus parques nacionales, en qué parques invertir o cómo usar los recursos racionalmente, sin poner en riesgo la biodiversidad del lugar. Si logramos caracterizar a los distintos visitantes de un parque de acuerdo a sus actitudes y comportamientos, podemos crear medidas para desincentivar la llegada de visitantes “peligrosos” (como provocadores de incendios), sin perjudicar la afluencia de público”.

Cambio de conciencia, ¿cambio de conducta?

Lo anterior, trae a colación otra utilidad asociada las investigaciones que realiza esta nueva línea: la posibilidad de construir mensajes educativos que se acomoden a los marcos mentales y culturales de los distintos públicos, y modifiquen, de alguna manera, sus conductas ambientales.

En un estudio realizado en conjunto con el investigador CAPES, Stefan Gelcich, Vásquez diseño una campaña comunicacional orientada a proteger el bienestar de los pingüinos de la Reserva Marina de Islas de Choros y Damas, en Coquimbo. Como parte de la campaña, los ejecutores del proyecto distribuyeron entre un segmento de los visitantes a la Reserva información sobre el estrés que significaba interactuar directamente con los pingüinos. Al final de la campaña, analizando la intención de comportamiento entre este segmento con el del grupo de control que no recibió el mensaje, se comprobó un cambio en la predisposición de los turistas a tocar o invadir el hábitat de las especies.

«No obstante, en otro estudio donde se buscó divulgar información sobre la acidificación de los océanos entre pescadores artesanales, no se percibieron diferencias en la intención de comportamiento entre un grupo y otro», relata “seguramente porque los mensajes que construimos para dicha campaña eran neutros, es decir, no alertaban directamente sobre los riesgos de la acidificación”.

La naturaleza del trabajo de Vásquez lo pone en contacto directo con las diversas comunidades que estudia, lo que obliga a preguntar: ¿Han cambiado las actitudes de las personas son respecto al cuidado del medio ambiente? “Sin duda”, responde, “que la gente está más consciente sobre el impacto que la actividad productiva desregulada tiene sobre el medio ambiente, pero sobre todo, está más consciente de cómo sus hábitos de consumo (como la generación de basura o el uso de plásticos) también afectan al medio natural”.

Sin embargo, advierte, “estas actitudes no necesariamente se traducen en cambios de conducta. «En un determinado contexto, un individuo puede ser consciente de que la producción de salmones genera un altísimo impacto ambiental, y en otro, puede preferir comer salmón porque lo considera un alimento sano o un signo de opulencia. Hay que tener claro que ciertas percepciones o creencias pueden ser ambivalentes. Lo importante es entonces saber en qué contexto opera cada cual”. 

Esta contradicción en términos también se manifiesta en el trabajo mismo de los investigadores: “Lo que nosotros como economistas entendemos por bienestar no es necesariamente lo que las comunidades entienden por bienestar. Por ejemplo, todas las soluciones que nosotros encontramos en nuestros estudios sobre oferta hídrica allá por el 2011 no tenían ninguna viabilidad política ni social en las comunidades. Yo te digo que la mejor forma de asignar el agua es A, pero esa forma no podía ser aceptada en esa cuenca” plantea.

Por lo mismo, Vásquez cree que “como investigadores debemos movernos de la idea de la optimalidad a la de factibilidad social y política. Tu puedes tener 10 políticas públicas y no pensar en la mejor desde una perspectiva económica, sino las más factible políticamente”.

Demanda por participación

Así y todo, Vásquez cree que la sociedad civil ha sido el gran actor que ha empujado el cambio en las instituciones a favor del medio ambiente y la participación ciudadana: “la gente hoy demanda más participación en las decisiones políticas. Los chilenos quieren intervenir en el proceso de toma de decisiones, pues entienden que sólo se puede construir sociedad asumiendo los intereses de todos los sectores, y compatibilizándolos”.

Por ello, una de las expectativas de este economista para esta nueva etapa como miembro de CAPES es realizar investigación multidisciplinaria que ataque los grandes problemas que afectan a la sociedad chilena hoy. Hacer investigación, como él dice “con sentido público”, viendo en todo momento cómo “empujamos la política pública, mejoramos la calidad de vida de las personas, y aseguramos sustentabilidad”.

El tiempo dirá si la ventana política está abierta el tiempo suficiente.

Felipe Vásquez es aficionado al karate, toca guitarra y cultiva sus propios servicios de provisión en la huerta de su casa. 

Lanzamiento libro «Biodiversidad para jóvenes diversos: aproximaciones al cambio global» – Domingo 29 de septiembre en el GAM

El próximo domingo 29 de septiembre, a las 15:30 hrs., el investigador de CAPES Francisco Bozinovic lanzará su libro “Biodiversidad para jóvenes diversos: aproximaciones al cambio global”, en el Centro Gabriela Mistral (GAM), ubicado en Av Libertador Bernardo O’Higgins 227, Santiago. La actividad se realizará en el marco del Festival de Autores de Santiago, FAS 2019.

La obra, que busca explorar cómo la biodiversidad presente en la naturaleza se conecta con la diversidad de personas en una sociedad (y cómo, en ambos casos, la tolerancia constituye un valor esencial para la supervivencia de los individuos), será presentada por la ecóloga y directora de la Wildlife Conservation Society (WCS) en Chile, Bárbara Saavedra, y el director de CAPES y Premio Nacional de Ciencias Naturales 2018, Fabián Jaksic.

Quienes deseen asistir a la presentación, deberán inscribirse por correo electrónico a angela.basch@uc.cl o al teléfono +562 23546645.

“Biodiversidad para jóvenes diversos: aproximaciones al cambio global” ha sido editado por Ediciones UC, y estará en librerías a partir de septiembre.

Lanzamiento libro «Biodiversidad para jóvenes diversos: aproximaciones al cambio global» – Domingo 29 de septiembre en el GAM

El próximo domingo 29 de septiembre, a las 15:30 hrs., el investigador de CAPES Francisco Bozinovic lanzará su libro “Biodiversidad para jóvenes diversos: aproximaciones al cambio global”, en el Centro Gabriela Mistral (GAM), ubicado en Av Libertador Bernardo O’Higgins 227, Santiago. La actividad se realizará en el marco del Festival de Autores de Santiago, FAS 2019.

La obra, que busca explorar cómo la biodiversidad presente en la naturaleza se conecta con la diversidad de personas en una sociedad (y cómo, en ambos casos, la tolerancia constituye un valor esencial para la supervivencia de los individuos), será presentada por la ecóloga y directora de la Wildlife Conservation Society (WCS) en Chile, Bárbara Saavedra, y el director de CAPES y Premio Nacional de Ciencias Naturales 2018, Fabián Jaksic.

Quienes deseen asistir a la presentación, deberán inscribirse por correo electrónico a angela.basch@uc.cl o al teléfono +562 23546645.

“Biodiversidad para jóvenes diversos: aproximaciones al cambio global” ha sido editado por Ediciones UC, y estará en librerías a partir de septiembre.

CAPES presente en escuela de verano en Potsdam, AlemaniaCAPES present in Potsdam Summer School 2019

La doctora en Ciencias Biológicas y profesional CAPES, Luz Valeria Oppliger, participó el pasado agosto en la sexta versión de la Escuela de Verano de Potsdam, Alemania, que en esta ocasión tuvo por objetivo promover la reflexión en torno a los modos en que se comunica hoy la investigación asociada a la sustentabilidad y el cambio global.

La actividad, organizada por la Red de Investigación en Geociencia, Geo.X, la ciudad de Potsdam (Alemania), y numerosas organizaciones sociales y académicas, reunió durante 10 días a 40 científicos, comunicadores y profesionales de la ciencia y el medio ambiente de más de 17 países, quienes aprendieron y discutieron sobre la importancia de la comunicación científica efectiva en estas materias, de la mano de reconocidos expertos locales e internacionales.

Las clases y talleres prácticos giraron en torno a una serie de preguntas clave como ¿pueden la ciencia alcanzar a audiencias de otras áreas de la sociedad?, ¿pueden los temas de sustentabilidad ser comunicados igualitariamente?, ¿deben los científicos tomar partido o ser observadores neutrales? ¿cómo reducir la complejidad o lidiar con la información falsa sin perder la credibilidad o la rigurosidad científica? 

Oppliger valoró la diversidad de los asistentes al evento —tanto a nivel cultural, con personas provenientes de Turquía, Costa Rica, Japón, Rusia, Etiopía, Taiwan, Colombia o Gran Bretaña como profesional— y la cualidad multidisciplinaria de su cuerpo docente, que contó con representantes de distintos campos del saber, incluidos miembros del mundo del arte y la sociedad civil.

“Entre las actividades planificadas” cuenta, “pudimos compartir con activistas y campistas del brazo alemán del movimiento Fridays for future, jóvenes con una altísima conciencia ambiental, muy comprometidos y llenos de ideas. Asimismo, el curso contó con la participación de la artista alemana Folke Koebberling y su proyecto “Vecinos temporales”, el cual busca reconectar a las personas con las materias primas de las que dependen a través del contacto directo con ovejas y toda la tradición asociada a este increíble animal”.

Otro de los relatores destacados fue Dietram Scheufele, comunicador de la ciencia y profesor de la Universidad de Wisconsin-Madison y el Instituto de Investigación Morgridge. Durante su presentación, titulada “¿Una tormenta perfecta? Comunicando ciencia en la era de la polarización, la desinformación y los ambientes mediales cambiantes”, Scheufele habló sobre los desafíos que enfrenta hoy la divulgación científica y las maneras posibles de adaptar los mensajes a los nuevos medios multi y transmediales.

Para la encargada de Extensión y Comunicaciones de CAPES, la principal lección desprendida del curso es “la diversidad de expectativas que existen hoy acerca del destino del planeta y las soluciones necesarias para enfrentar, y evitar, su colapso. Al final del día, sólo cabe esperar que cada comunicador, de acuerdo a su realidad social y cultural, evalúe qué tipo de mensaje se adapta mejor a esa realidad y penetra mejor en las personas. Lamentablemente”, agrega “no tenemos tiempo para cometer errores”.

La Escuela de Verano de Potsdam es un actividad anual que convoca a científicos y profesionales jóvenes de todas partes del mundo, trabajando en el sector privado, agencias estatales y organizaciones no gubernamentales, para discutir problemas actuales sobre el futuro del desarrollo sostenible. La iniciativa cuenta con el patrocinio y apoyo científico del Instituto de Estudios Avanzados en Sustentabilidad de Potsdam.

CAPES presente en escuela de verano en Potsdam, Alemania

La doctora en Ciencias Biológicas y profesional CAPES, Luz Valeria Oppliger, participó el pasado agosto en la sexta versión de la Escuela de Verano de Potsdam, Alemania, que en esta ocasión tuvo por objetivo promover la reflexión en torno a los modos en que se comunica hoy la investigación asociada a la sustentabilidad y el cambio global.

La actividad, organizada por la Red de Investigación en Geociencia, Geo.X, la ciudad de Potsdam (Alemania), y numerosas organizaciones sociales y académicas, reunió durante 10 días a 40 científicos, comunicadores y profesionales de la ciencia y el medio ambiente de más de 17 países, quienes aprendieron y discutieron sobre la importancia de la comunicación científica efectiva en estas materias, de la mano de reconocidos expertos locales e internacionales.

Las clases y talleres prácticos giraron en torno a una serie de preguntas clave como ¿pueden la ciencia alcanzar a audiencias de otras áreas de la sociedad?, ¿pueden los temas de sustentabilidad ser comunicados igualitariamente?, ¿deben los científicos tomar partido o ser observadores neutrales? ¿cómo reducir la complejidad o lidiar con la información falsa sin perder la credibilidad o la rigurosidad científica? 

Oppliger valoró la diversidad de los asistentes al evento —tanto a nivel cultural, con personas provenientes de Turquía, Costa Rica, Japón, Rusia, Etiopía, Taiwan, Colombia o Gran Bretaña como profesional— y la cualidad multidisciplinaria de su cuerpo docente, que contó con representantes de distintos campos del saber, incluidos miembros del mundo del arte y la sociedad civil.

“Entre las actividades planificadas” cuenta, “pudimos compartir con activistas y campistas del brazo alemán del movimiento Fridays for future, jóvenes con una altísima conciencia ambiental, muy comprometidos y llenos de ideas. Asimismo, el curso contó con la participación de la artista alemana Folke Koebberling y su proyecto “Vecinos temporales”, el cual busca reconectar a las personas con las materias primas de las que dependen a través del contacto directo con ovejas y toda la tradición asociada a este increíble animal”.

Otro de los relatores destacados fue Dietram Scheufele, comunicador de la ciencia y profesor de la Universidad de Wisconsin-Madison y el Instituto de Investigación Morgridge. Durante su presentación, titulada “¿Una tormenta perfecta? Comunicando ciencia en la era de la polarización, la desinformación y los ambientes mediales cambiantes”, Scheufele habló sobre los desafíos que enfrenta hoy la divulgación científica y las maneras posibles de adaptar los mensajes a los nuevos medios multi y transmediales.

Para la encargada de Extensión y Comunicaciones de CAPES, la principal lección desprendida del curso es “la diversidad de expectativas que existen hoy acerca del destino del planeta y las soluciones necesarias para enfrentar, y evitar, su colapso. Al final del día, sólo cabe esperar que cada comunicador, de acuerdo a su realidad social y cultural, evalúe qué tipo de mensaje se adapta mejor a esa realidad y penetra mejor en las personas. Lamentablemente”, agrega “no tenemos tiempo para cometer errores”.

La Escuela de Verano de Potsdam es un actividad anual que convoca a científicos y profesionales jóvenes de todas partes del mundo, trabajando en el sector privado, agencias estatales y organizaciones no gubernamentales, para discutir problemas actuales sobre el futuro del desarrollo sostenible. La iniciativa cuenta con el patrocinio y apoyo científico del Instituto de Estudios Avanzados en Sustentabilidad de Potsdam.

Centro de Investigación Científica Escolar: ciencia joven de alto vueloCenter of School Science Research : high fliying young science

Desde 2014, CICE fomenta la importancia de la ciencia a nivel escolar mediante proyectos de investigación llevados a cabo por los mismos estudiantes con apoyo de su director, Carlos Zurita.

El Parque Pingüino Rey es un hermoso tramo de costa fueguina ubicado justo en la punta oriental de Bahía Inútil, en la isla grande de Tierra del Fuego. Allí, 50 pingüinos de la especie Aptenodytes patagonicus llegaron un día para criar a sus polluelos y abastecerse de alimento, generando lo que luego se convertiría en uno de los más importantes proyectos de conservación privados del país.

Allí fue también donde Carlos Zurita, profesor de biología de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE), tuvo la idea de crear una instancia de investigación permanente que aprovechara el potencial científico de aquella fluctuante —aunque numerosa— población de pingüinos, y contribuir, de ser posible, a la enseñanza temprana de la ciencia en los jóvenes.

Impulsado por una charla con la administradora del parque durante una visita en 2014, Zurita regresó a Santiago decidido a remediar la por entonces escasa presencia de proyectos de investigación en la zona. Con ese objetivo, invitó a Matías Vargas, Pablo Rubilar y George Meredith, estudiantes secundarios del colegio donde impartía clases, a embarcarse en una verdadera aventura científica: estudiar el asentamiento de los pingüinos de Bahía Inútil y analizar los factores que contribuyeron a su arribo y permanencia.

Así fue como, sin más armas que “las ganas de hacer ciencia”, como cuenta Zurita, él y su equipo de nóveles investigadores dieron comienzo al CICE, o Centro de Investigación Científica Escolar, el primer centro dedicado a fomentar, desde la escolaridad, la investigación científica en estudiantes y profesores a través del desarrollo de las habilidades del pensamiento crítico y la elaboración de proyectos de investigación en torno a la fauna silvestre nacional.

Cada año desde ese primer viaje a Tierra del Fuego, CICE convoca a dos parejas de escolares a realizar investigación usando los mismos estándares que podrían esperarse de un estudiante universitario. Los proyectos que ejecutan abordan cada una de las fases propias del quehacer científico, incluyendo la identificación de problemas y la elaboración de hipótesis, la revisión de bibliografía, y por supuesto, la recolección de datos y salidas a terreno.

“Lo que hacemos es desarrollar competencias que acerquen a los chicos al mundo real de la ciencia. Antes de integrarse al CICE, los muchachos tienen la idea de que hacer ciencia toma años y que se requieren muchos recursos y conocimientos para llegar a resultados importantes. Pero aquí han aprendido que, con pocos recursos, y sin tener que vivir días y días en un lugar, basta para hacer la diferencia y realizar proyectos interesantes”, explica Zurita.

Tomando vuelo

Uno de los proyectos que siguieron al estudio sobre la distribución de los pingüinos rey en Bahía Inútil logró identificar un retraso en el ciclo reproductivo de estas poblaciones, que provocaba la muerte prematura de polluelos. El hallazgo les valió a Matías Huidobro y Javier Oporto —sus autores— el primer lugar en la Feria Científica Nacional del Museo de Historia Natural (MNHN) en 2016 y el mismo galardón en el Congreso Regional Explora Conicyt al año siguiente.

Desde entonces, la presencia de CICE en ferias científicas de renombre nacional no sólo ha ido en aumento, sino que se ha expandido más allá de nuestras fronteras. Para los jóvenes que participan en estas actividades, la oportunidad de comparar su trabajo con el de estudiantes de otras latitudes es un excelente barómetro para evaluar cuánto han aprendido como miembros del Centro.

“Estando fuera de Chile” dice Javier, quien ya ha representado al CICE y a Chile en Bélgica y México con sus investigaciones sobre pingüino rey, “uno se sorprende del gran nivel que tienen nuestros proyectos en comparación con el de otros equipos internacionales, incluso de aquellos provenientes de países del primer mundo. La experiencia es espectacular y una de las mejores cosas de trabajar en el Centro”.

Para Carlos Zurita, “más que la competencia misma, este tipo de instancias les ayudan a difundir su ciencia y entender la relevancia de la comunicación en la vida de un investigador. Además, los viajes les ayudan a conocer otras realidades científicas, a expandir sus miradas y sus posibilidades”.

Hoy, el Centro lleva a cabo tres líneas de investigación simultáneas, en fases distintas de ejecución. La más avanzada de ellas, lideradas por los estudiantes Alonso Erazo y Tyndall Volosky, se dedica a detectar potenciales reservorios de Hanta en áreas protegidas del Estado, por medio del análisis de la dieta del tucúquere (Bubo magellanicus) y la lechuza alba (Tyto alba), dos controladores naturales de roedores portadores del virus.

Los jóvenes resumieron sus conclusiones en un artículo publicado en 2018 por la revista de investigación escolar “Brotes científicos” y actualmente se preparan para participar en dos exposiciones internacionales: la Exposcience MILSET, a realizarse este mes en Abu Dhabi, Emiratos Árabes Unidos, y la Genius Olympiad, que se celebrará en Nueva York en 2020.

Otra investigación en curso sobre lechuza blanca, esta vez en la Reserva Nacional Río Clarillo, la protagonizan Catalina Carrasco y Francisco Cornejo, los cuales buscan comparar la dieta de este estrigiforme en un sector suburbano perturbado versus un área silvestre protegida, con el fin de determinar sus implicancias en la diversidad de la especie y su control de roedores exóticos.

Trabajo en equipo

Para Catalina, estudiante de segundo año, uno de los aspectos más enriquecedores de la experiencia en el Centro son las salidas a terreno, las cuales califica como “agotadoras”, pero entretenidas: “es muy interesante leer sobre estos animales y luego ir a su hábitat a seguirles el rastro y estudiar su comportamiento. Además, es en esas salidas donde más conectas con tus compañeros, donde más se siente el trabajo en equipo”.

Su compañero, Francisco, coincide: “Lo que más me gusta es el compañerismo que tenemos entre todos. La experiencia y los resultados serían muy distintos si el trabajo se hiciera sólo. Somos como una gran familia”.

”Yo enfatizo el tema de los equipos de trabajo” explica Zurita. “Si a uno se le olvida algo, su compañero está ahí para apoyarlo. Los 12 estudiantes que están o han pasado por CICE colaboran en las investigaciones de sus pares. Se forma una suerte de cadena donde los que fueron primero estudiantes se transforman en asesores de los que vienen” agrega.

En la actualidad, todos los antiguos investigadores del Centro estudian disciplinas relacionadas al ámbito científico, “ya sea medicina, veterinaria, ingeniería forestal o licenciatura en biología” dice Zurita. “La idea, sin embargo, no es lavarles el cerebro ni obligarlos a seguir un camino científico. Lo que se espera es fomentar la ciencia como forma de pensamiento sobre el mundo. Las habilidades científicas son al final un pretexto para esta persona que se está formando”, remata Zurita.

La ciencia de cerca

Pero no sólo de aves vive CICE. La tercera línea del Centro se dedica al estudio del impacto de la presencia humana en la dieta de los zorros culpeo (Lycalopex culpaeus) y grises (Lycalopex griseus) tanto en la Reserva Nacional Río Clarillo (a cargo de las estudiantes Laura Carrasco y Sofía Fuenzalida), como en el Parque Nacional Torres del Paine.

Este último proyecto, encabezado por la misma Laura y Benjamín Rodríguez (alumnos de segundo y tercero medio), identificó la presencia de desechos de origen humano en la composición dietaria de estas especies en las zonas de mayor afluencia turística de este parque. Su investigación fue ampliamente difundida en los medios de comunicación nacionales y, recientemente, elegida para competir en la versión 2019 de la Feria Científica Nacional del MNHN.

La visibilidad que ha tenido el Centro a manos del trabajo de sus investigadores permite que los jóvenes también desarrollen habilidades de comunicación y oratoria, una parte de la experiencia curricular sin duda incorporada en el calendario académico.

Para su director, el éxito de este tipo de iniciativas pasa en parte por el grado de participación que tienen los estudiantes en un contexto educativo nuevo: “en una sala de clases, más que hacer ciencia, los chicos repiten los contenidos que se les imparte. Aquí tienen la oportunidad de colaborar en la producción de conocimiento nuevo, y al mismo tiempo, conocer personas y lugares que les hacen mirar el mundo y la ciencia con otros ojos”.

“En el CICE hemos aprendido a conocer en detalle cada una de las fases del trabajo científico, y las habilidades necesarias para realizarlo” cuentan Francisco y Catalina, “al estar aquí, una se da cuenta de que, si uno se lo propone, puede aportar con un grano de arena en la generación de ciencia”.

El plan de Zurita es conectar cada vez más a los estudiantes con la vida académica, “el día a día, las instalaciones, los profesores. Viéndolos pasar y conversando con ellos, ellos empiezan a ver al científico como alguien cercano, no como un dios en su torre, desconectado del mundo. Me interesa que los chicos se conecten con esa realidad y la vean cercana”.

Una nueva etapa

Más allá de todo lo conseguido hasta ahora, el gran hito del CICE este 2019 bien puede ser su incorporación, como institución asociada, al Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad de la Universidad Católica de Chile, CAPES UC, transición que, a juicio de su director, “provee al CICE de una mayor institucionalidad y de espaldas financieras más sólidas”.

Bajo el patrocinio del CAPES (y de la Comisión Nacional Chilena de Cooperación de UNESCO), el CICE busca expandir su trabajo por medio de charlas en colegios y cursos abiertos al público. También intentará apoyar con más fuerza a los docentes en la enseñanza de habilidades científicas en el aula.

Luz Valeria Oppliger, encargada de Extensión y Comunicaciones del CAPES, ve en la incorporación del CICE una oportunidad para redondear el programa de extensión de este Centro UC a través de la educación ambiental. Esto, comenta, “tiene una relevancia importantísima, pues entre los desafíos que enfrentamos como especie frente a la crisis climática, son la reconexión con la naturaleza y la conservación de sus ecosistemas y servicios”.

Los desafíos del CICE para los años que vienen son, por de pronto, la incorporación de una nueva línea de investigación abocada a la investigación con guanacos y el reclutamiento de otros cuatro jóvenes (especialmente mujeres y alumnos de colegios públicos) con ganas de aprender y hacer ciencia de calidad.

“Nos interesa que las autoridades sepan que existe un Centro donde jóvenes escolares están generando nuevo conocimiento científico, publicable y compartible con el resto de la comunidad”, concluye Zurita.

Sigue las aventuras de los investigadores CICE en su sitio web oficial o en sus diversas redes sociales.

Centro de Investigación Científica Escolar: ciencia joven de alto vuelo

Desde 2014, CICE fomenta la importancia de la ciencia a nivel escolar mediante proyectos de investigación llevados a cabo por los mismos estudiantes con apoyo de su director, Carlos Zurita.

El Parque Pingüino Rey es un hermoso tramo de costa fueguina ubicado justo en la punta oriental de Bahía Inútil, en la isla grande de Tierra del Fuego. Allí, 50 pingüinos de la especie Aptenodytes patagonicus llegaron un día para criar a sus polluelos y abastecerse de alimento, generando lo que luego se convertiría en uno de los más importantes proyectos de conservación privados del país.

Allí fue también donde Carlos Zurita, profesor de biología de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE), tuvo la idea de crear una instancia de investigación permanente que aprovechara el potencial científico de aquella fluctuante —aunque numerosa— población de pingüinos, y contribuir, de ser posible, a la enseñanza temprana de la ciencia en los jóvenes.

Impulsado por una charla con la administradora del parque durante una visita en 2014, Zurita regresó a Santiago decidido a remediar la por entonces escasa presencia de proyectos de investigación en la zona. Con ese objetivo, invitó a Matías Vargas, Pablo Rubilar y George Meredith, estudiantes secundarios del colegio donde impartía clases, a embarcarse en una verdadera aventura científica: estudiar el asentamiento de los pingüinos de Bahía Inútil y analizar los factores que contribuyeron a su arribo y permanencia.

Así fue como, sin más armas que “las ganas de hacer ciencia”, como cuenta Zurita, él y su equipo de nóveles investigadores dieron comienzo al CICE, o Centro de Investigación Científica Escolar, el primer centro dedicado a fomentar, desde la escolaridad, la investigación científica en estudiantes y profesores a través del desarrollo de las habilidades del pensamiento crítico y la elaboración de proyectos de investigación en torno a la fauna silvestre nacional.

Cada año desde ese primer viaje a Tierra del Fuego, CICE convoca a dos parejas de escolares a realizar investigación usando los mismos estándares que podrían esperarse de un estudiante universitario. Los proyectos que ejecutan abordan cada una de las fases propias del quehacer científico, incluyendo la identificación de problemas y la elaboración de hipótesis, la revisión de bibliografía, y por supuesto, la recolección de datos y salidas a terreno.

“Lo que hacemos es desarrollar competencias que acerquen a los chicos al mundo real de la ciencia. Antes de integrarse al CICE, los muchachos tienen la idea de que hacer ciencia toma años y que se requieren muchos recursos y conocimientos para llegar a resultados importantes. Pero aquí han aprendido que, con pocos recursos, y sin tener que vivir días y días en un lugar, basta para hacer la diferencia y realizar proyectos interesantes”, explica Zurita.

Tomando vuelo

Uno de los proyectos que siguieron al estudio sobre la distribución de los pingüinos rey en Bahía Inútil logró identificar un retraso en el ciclo reproductivo de estas poblaciones, que provocaba la muerte prematura de polluelos. El hallazgo les valió a Matías Huidobro y Javier Oporto —sus autores— el primer lugar en la Feria Científica Nacional del Museo de Historia Natural (MNHN) en 2016 y el mismo galardón en el Congreso Regional Explora Conicyt al año siguiente.

Desde entonces, la presencia de CICE en ferias científicas de renombre nacional no sólo ha ido en aumento, sino que se ha expandido más allá de nuestras fronteras. Para los jóvenes que participan en estas actividades, la oportunidad de comparar su trabajo con el de estudiantes de otras latitudes es un excelente barómetro para evaluar cuánto han aprendido como miembros del Centro.

“Estando fuera de Chile” dice Javier, quien ya ha representado al CICE y a Chile en Bélgica y México con sus investigaciones sobre pingüino rey, “uno se sorprende del gran nivel que tienen nuestros proyectos en comparación con el de otros equipos internacionales, incluso de aquellos provenientes de países del primer mundo. La experiencia es espectacular y una de las mejores cosas de trabajar en el Centro”.

Para Carlos Zurita, “más que la competencia misma, este tipo de instancias les ayudan a difundir su ciencia y entender la relevancia de la comunicación en la vida de un investigador. Además, los viajes les ayudan a conocer otras realidades científicas, a expandir sus miradas y sus posibilidades”.

Hoy, el Centro lleva a cabo tres líneas de investigación simultáneas, en fases distintas de ejecución. La más avanzada de ellas, lideradas por los estudiantes Alonso Erazo y Tyndall Volosky, se dedica a detectar potenciales reservorios de Hanta en áreas protegidas del Estado, por medio del análisis de la dieta del tucúquere (Bubo magellanicus) y la lechuza alba (Tyto alba), dos controladores naturales de roedores portadores del virus.

Los jóvenes resumieron sus conclusiones en un artículo publicado en 2018 por la revista de investigación escolar “Brotes científicos” y actualmente se preparan para participar en dos exposiciones internacionales: la Exposcience MILSET, a realizarse este mes en Abu Dhabi, Emiratos Árabes Unidos, y la Genius Olympiad, que se celebrará en Nueva York en 2020.

Otra investigación en curso sobre lechuza blanca, esta vez en la Reserva Nacional Río Clarillo, la protagonizan Catalina Carrasco y Francisco Cornejo, los cuales buscan comparar la dieta de este estrigiforme en un sector suburbano perturbado versus un área silvestre protegida, con el fin de determinar sus implicancias en la diversidad de la especie y su control de roedores exóticos.

Trabajo en equipo

Para Catalina, estudiante de segundo año, uno de los aspectos más enriquecedores de la experiencia en el Centro son las salidas a terreno, las cuales califica como “agotadoras”, pero entretenidas: “es muy interesante leer sobre estos animales y luego ir a su hábitat a seguirles el rastro y estudiar su comportamiento. Además, es en esas salidas donde más conectas con tus compañeros, donde más se siente el trabajo en equipo”.

Su compañero, Francisco, coincide: “Lo que más me gusta es el compañerismo que tenemos entre todos. La experiencia y los resultados serían muy distintos si el trabajo se hiciera sólo. Somos como una gran familia”.

”Yo enfatizo el tema de los equipos de trabajo” explica Zurita. “Si a uno se le olvida algo, su compañero está ahí para apoyarlo. Los 12 estudiantes que están o han pasado por CICE colaboran en las investigaciones de sus pares. Se forma una suerte de cadena donde los que fueron primero estudiantes se transforman en asesores de los que vienen” agrega.

En la actualidad, todos los antiguos investigadores del Centro estudian disciplinas relacionadas al ámbito científico, “ya sea medicina, veterinaria, ingeniería forestal o licenciatura en biología” dice Zurita. “La idea, sin embargo, no es lavarles el cerebro ni obligarlos a seguir un camino científico. Lo que se espera es fomentar la ciencia como forma de pensamiento sobre el mundo. Las habilidades científicas son al final un pretexto para esta persona que se está formando”, remata Zurita.

La ciencia de cerca

Pero no sólo de aves vive CICE. La tercera línea del Centro se dedica al estudio del impacto de la presencia humana en la dieta de los zorros culpeo (Lycalopex culpaeus) y grises (Lycalopex griseus) tanto en la Reserva Nacional Río Clarillo (a cargo de las estudiantes Laura Carrasco y Sofía Fuenzalida), como en el Parque Nacional Torres del Paine.

Este último proyecto, encabezado por la misma Laura y Benjamín Rodríguez (alumnos de segundo y tercero medio), identificó la presencia de desechos de origen humano en la composición dietaria de estas especies en las zonas de mayor afluencia turística de este parque. Su investigación fue ampliamente difundida en los medios de comunicación nacionales y, recientemente, elegida para competir en la versión 2019 de la Feria Científica Nacional del MNHN.

La visibilidad que ha tenido el Centro a manos del trabajo de sus investigadores permite que los jóvenes también desarrollen habilidades de comunicación y oratoria, una parte de la experiencia curricular sin duda incorporada en el calendario académico.

Para su director, el éxito de este tipo de iniciativas pasa en parte por el grado de participación que tienen los estudiantes en un contexto educativo nuevo: “en una sala de clases, más que hacer ciencia, los chicos repiten los contenidos que se les imparte. Aquí tienen la oportunidad de colaborar en la producción de conocimiento nuevo, y al mismo tiempo, conocer personas y lugares que les hacen mirar el mundo y la ciencia con otros ojos”.

“En el CICE hemos aprendido a conocer en detalle cada una de las fases del trabajo científico, y las habilidades necesarias para realizarlo” cuentan Francisco y Catalina, “al estar aquí, una se da cuenta de que, si uno se lo propone, puede aportar con un grano de arena en la generación de ciencia”.

El plan de Zurita es conectar cada vez más a los estudiantes con la vida académica, “el día a día, las instalaciones, los profesores. Viéndolos pasar y conversando con ellos, ellos empiezan a ver al científico como alguien cercano, no como un dios en su torre, desconectado del mundo. Me interesa que los chicos se conecten con esa realidad y la vean cercana”.

Una nueva etapa

Más allá de todo lo conseguido hasta ahora, el gran hito del CICE este 2019 bien puede ser su incorporación, como institución asociada, al Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad de la Universidad Católica de Chile, CAPES UC, transición que, a juicio de su director, “provee al CICE de una mayor institucionalidad y de espaldas financieras más sólidas”.

Bajo el patrocinio del CAPES (y de la Comisión Nacional Chilena de Cooperación de UNESCO), el CICE busca expandir su trabajo por medio de charlas en colegios y cursos abiertos al público. También intentará apoyar con más fuerza a los docentes en la enseñanza de habilidades científicas en el aula.

Luz Valeria Oppliger, encargada de Extensión y Comunicaciones del CAPES, ve en la incorporación del CICE una oportunidad para redondear el programa de extensión de este Centro UC a través de la educación ambiental. Esto, comenta, “tiene una relevancia importantísima, pues entre los desafíos que enfrentamos como especie frente a la crisis climática, son la reconexión con la naturaleza y la conservación de sus ecosistemas y servicios”.

Los desafíos del CICE para los años que vienen son, por de pronto, la incorporación de una nueva línea de investigación abocada a la investigación con guanacos y el reclutamiento de otros cuatro jóvenes (especialmente mujeres y alumnos de colegios públicos) con ganas de aprender y hacer ciencia de calidad.

“Nos interesa que las autoridades sepan que existe un Centro donde jóvenes escolares están generando nuevo conocimiento científico, publicable y compartible con el resto de la comunidad”, concluye Zurita.

Sigue las aventuras de los investigadores CICE en su sitio web oficial o en sus diversas redes sociales.

Exposición itinerante sobre ecosistemas submarinos arribará a SantiagoTraveling exhibition about underwater ecosystems will arrive in Santiago

Las ilustraciones del libro “Alicia en el bosque de algas”, de la artista plástica Valérie Valéro, se presentarán en el Liceo Antoine de Saint-Exupéry, de la Alianza Francesa, a partir de octubre.

De un mundo al otro. Arte, ciencia y ecología” es el nombre de la exposición itinerante que se presenta, hasta el próximo 4 de septiembre, en el Liceo Jean Mermoz de Curicó, para retornar a Santiago en octubre, en la última etapa de su recorrido. 

La exposición reúne las ilustraciones originales de la artista francesa Valérie Valéro para el libro “Alicia en el bosque de algas”, co-escrito por los investigadores Myriam Valero, Christophe Destombe y Luz Valeria Oppliger (CAPES), que narra las aventuras de una niña llamada Alicia y una foca de nombre Aronnax en los bosques submarinos de algas de la costa de Chile.

Inspiradas en los trabajos del pintor Henri Rousseau y los textos de Lewis Carroll, las ilustraciones en exhibición abarcan formatos como el collage, la acuarela, los aguafuertes y las técnicas mixtas. La colección también incluye variantes de las versiones publicadas en el libro e ilustraciones no incluídas en éste.

Tanto las obras como el libro que ilustran buscan educar a niños, niñas y adolescentes en la enorme diversidad biológica de nuestros ecosistemas submarinos, y crear conciencia en torno a su conservación, especialmente en tiempos de cambio climático.

Su autora, Valérie Valéro, es una artista plástica y escenógrafa con más de 20 años de experiencia en cine, teatro y arte pictórico, disciplinas que a lo largo de su carrera ha mezclado y entrecruzado en múltiples oportunidades. 

De un mundo al otro. Arte, ciencia y ecología” llegará por dos semanas a Santiago en el mes de octubre, como parte de una colaboración entre el Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES UC, y el Instituto Francés de Chile, y tendrá lugar en el Liceo Antoine de Saint-Exupéry (LAFASE) de la Alianza Francesa, ubicado en Avda. Luis Pasteur 5418, Vitacura, Santiago.

La exposición, que ya fue presentada con éxito en La Serena, es totalmente gratuita y abierta a todo público.