«Algas, una introducción a la ficología»: el primer y más completo libro en español sobre algas

Un equipo conformado por investigadores de Chile y Venezuela acaba de publicar un completo y detallado libro sobre algas en español, en el que se revisan las hipótesis más modernas sobre la evolución de la fotosíntesis y se estudian todos los linajes mayores de algas actualmente reconocidos, una obra muy esperada por los ficólogos y ficólogas hispanohablantes, y que además salda una deuda con las algas del hemisferio sur.

Portada del libro y presentación de sus autores.

“Algas, una introducción a la ficología” era un libro en busca de autor», escribe Eurico de Oliveira, profesor ya jubilado de la Universidad de Sao Paulo, Brasil, en su presentación del texto. En ella, menciona que las algas son un grupo de organismos “tan diverso, que sus representantes están incluidos en ocho de los diez grandes troncos evolutivos de los eucariotas, sin hablar en el grupo de procariotas con fotosíntesis oxigénica, las Cyanobacteria», incluidas también en el libro.

La obra es fruto de años de trabajo de los autores Alexis Bellorín Romero, profesor asociado de la Universidad de Oriente, Venezuela; Cristian Bulboa Contador, profesor asociado de la Universidad Andrés Bello y Loretto Contreras-Porcia, profesora titular de la Universidad Andrés Bello e investigadora del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES. Fue publicada por RIL Editores y contó con financiamiento de CAPES.

El libro, la primera obra de esta magnitud que se publica en español, fue lanzado el 7 de septiembre pasado en un evento online a cargo del Comité Editorial de la Universidad Andrés Bello y CAPES, y que contó con la presentación de la profesora María Eliana Ramírez, ex directora Museo Chileno de Historia Natural y el Dr. Fabian Jaksic, director de CAPES.

Durante su intervención, los autores señalaron que no es muy fácil dar una definición exacta de lo que es un alga, debido a que son organismos muy diversos, de hecho, se pueden encontrar no sólo en los cursos de agua y en el mar, si no que prácticamente en cualquier lugar con humedad. «Las algas son organismos increíbles y el estudio de su evolución», acota Alexis Bellorín, “nos ha dado una lección, de diversidad, de complejidad, y sobre todo de cooperación, porque la endosimbiosis es el mecanismo por el cual evolucionaron las algas, es un mecanismo de cooperación entre especies diferentes, inclusive de linajes diferentes”.

Algas en español y del hemisferio sur

Bellorín, quien además de autor figura como el realizador de las más de un centenar de ilustraciones a todo color que incluye el libro, recordó sus tiempos en el doctorado en Ciencias en la Universidad de Sao Paulo, “Una cosa que noté es que los libros eran en inglés, o traducciones de libros en inglés, y si tú buscabas un alga de Sudamérica no la ibas a conseguir. Todo era del hemisferio norte, todos los ejemplos, los ciclos de vida, importancia, o sea, el hemisferio sur prácticamente no existía. Entonces, este libro nace prácticamente de la necesidad, es un libro, como dice la presentación, que estaba en busca de autor, un libro que hacía mucha falta, un libro muy relevante, porque no es sólo que esté en español, si no que está también centrado en especies del hemisferio sur, tanto de Venezuela, del Caribe, como de especies más al sur, del Cono Sur”.

En su presentación, la profesora Ramírez, destacó que “este libro viene a poner en relevancia y justicia la importancia de este grupo de organismos que (…) junto con ser los organismos más antiguos en la historia de la vida en la Tierra, son troncos originarios y sus representantes forman gran parte de la diversidad de la vida. “Algas: una introducción a la ficología”, de los autores Bellorín, Bulboa y Contreras, será sin duda a partir de hoy, la obra que guiará a alumnos y profesores de habla hispana en el estudio de las algas”.

Acerca de la importancia de esta publicación, la académica de la UNAB e investigadora CAPES, Loretto Contreras, señaló que “para nosotros lo más básico era de que todo el mundo pudiera acceder a algo pleno de las algas, y no solamente de las macro, las seaweeds, las kelps, si no que también las microalga (…) Por lo tanto tiene una visión académica, muy aplicada, y lo más importante, que puede llegar a todas las personas que quieren estudiar y entender lo que son las algas”.

En tanto, el tercer autor, Cristian Bulboa, afirmó: “aquí lo que van a encontrar va a ser distintos tipos de algas, no necesariamente la imagen que uno tiene de un cochayuyo o de una gran macroalga, si no lo que más van a encontrar, curiosamente, son cosas respecto de algas microscópicas, que como no las podemos ver a simple vista, no se conocen por el público en general, salvo los especialistas, aquí van a tener un buen acercamiento a eso”.

Por su parte, el Dr. Fabian Jaksic, Director CAPES, en su presentación del libro manifestó que “yo sitúo este libro de ficología, en al ámbito de la ciencia que no sólo es relevante si no que también pertinente. Digo esto porque si queremos asegurar nuestra sobrevivencia en el planeta, tenemos que conocer el patrimonio natural que hemos recibido y que eventualmente vamos a heredar a nuestros descendientes”, finalizando con una reflexión, “les recuerdo que, tal como dice algún dicho, lo que no se conoce, rara vez se aprecia. Y este libro nos convoca a conocer y apreciar el fascinante mundo de las algas, compañeras de ruta en el viaje que hacemos todos nosotros, la humanidad, por el cosmos».

Pueden revisar el video del lanzamiento del libro acá en este enlace.

“Algas, una introducción a la Ficología” está disponible en RIL Editores, en formato físico y en e-book.

Texto: Comunicaciones CAPES

Laboratorio de líneas 1 y 6 de CAPES se reacredita para el período 2022-2025

Este sello es reconocido por el Comité Institucional de Seguridad en Investigación de la UC, y permite a los laboratorios galardonados acelerar el llenado y aprobación del Protocolo de evaluación que otorga dicho Comité.

Parte del equipo del laboratorio, compuesto en su mayoría por estudiantes e investigadores CAPES.

El Laboratorio de Restauración, Suelos y Metales (RESUME), asociado a las líneas 1 de Contaminación por metales y rehabilitación y de suelos, y 6, sobre Intensificación ecológica en agricultura, fue reacreditado bajo el Sello de Prácticas Seguras 2022-2025.

Este sello, parte del programa “Laboratorio Seguro” de la Vicerrectoría de Investigación UC, busca certificar, y al mismo tiempo premiar, a los laboratorios de la Universidad que cumplen de manera destacada las prácticas y procedimientos que permiten un trabajo seguro al interior de sus dependencias.

El Laboratorio RESUME, dirigido por la investigadora CAPES, Dra. Rosanna Ginocchio, y con Luz María de la Fuente como encargada de seguridad, se sometió este año a la reacreditación luego de la obtención, en 2018, del sello, como parte de los 60 laboratorios certificados durante la primera versión del proceso. En esta oportunidad, el laboratorio obtuvo 106% de logro. 

Este sello es reconocido por el Comité Institucional de Seguridad en Investigación de la UC, y permite a los laboratorios galardonados acelerar el llenado y aprobación del Protocolo de evaluación que otorga dicho Comité.

En el laboratorio es un espacio compartido por los equipos de los académicos del Departamento de Ecosistemas y Medio Ambiente (DEMA) de la Facultad de Agronomía UC, Eduardo Arellano y Rosanna Ginnocchio, investigadores principales de las líneas 6 y 1 de CAPES, respectivamente, y se focaliza en la caracterización fisicoquímica general de suelos y sustratos, bioensayos de toxicidad y biodisponibilidad de metales en plantas y lombrices y microbiología en ambientes terrestres, entre otras actividades de investigación y de formación de capital humano de pre y postgrado.

“En RESUME realizamos bioensayos estándares de toxicidad a cobre en plantas, y ahora estamos comenzando a hacerlo con lombrices”, explica la Dra. Ginocchio. “También hacemos ensayos de tolerancia a cobre en plantas nativas, de forma de identificar especies nuestras que puedan ser usadas en la fitoestabilización de suelos contaminados o residuos mineros masivos. También realizamos algunos análisis generales de suelos, como capacidad de retención de agua, textura, secuestro de Carbono, pH, conductividad eléctrica y actividad de cobre iónico, entre otros”.

La Dra. Ginocchio también comentó la importancia de crear una adecuada cultura de trabajo al interior de los laboratorios de investigación de la UC, y reconoció el gran compromiso y trabajo de la también investigadora CAPES Luz María de la Fuente para lograr esta acreditación.

“El proceso de revalidación del Sello Laboratorio Seguro duró tres meses” cuenta De la Fuente. En ese período tuvimos que actualizar documentación como los compromisos de los profesores a cargo, declarar las líneas y técnicas de investigación, y actualizar el listado de alumnos y profesionales que se encuentran trabajando en el laboratorio. El comité mantuvo los requisitos solicitados durante el proceso de validación anterior, por lo tanto, contábamos con todos ellos, como la señalética, los protocolos de prácticas seguras, y el listado de reactivos entre otros”.

Además, prosigue, “durante el proceso el equipo del Programa Laboratorio Seguro realizó una visita de diagnóstico al laboratorio, donde nos sugirieron algunas medidas para aumentar la seguridad, lo cual se vio reflejado en el alto porcentaje de aprobación obtenido. Todo esto fue posible gracias al constante apoyo del equipo del Programa y por supuesto, al constante compromiso del equipo del laboratorio” concluye.

Por su parte, Verónica Arenas, Coordinadora del Programa Laboratorio Seguro de la Vicerrectoría de Investigación UC, felicitó y destacó el compromiso adquirido por el equipo al participar de este proceso de revalidación, y destacó que el laboratorio presenta aspectos de bioseguridad y biocustodia destacables.

Texto: DEMA UC y Comunicaciones CAPES
Créditos imagen: Laboratorio RESUME

Seminario “Pesticidas en base a cobre para el manejo de frutales en Chile central: residuales y calidad de suelo”

Cuándo: 26 de septiembre de 2022 - 14:30 hrs.
Dónde: Auditorio de la Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal UC
Organiza:  Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal UC y CAPES

El seminario “Pesticidas en base a cobre para el manejo de frutales en Chile central: residuales y calidad de suelo” busca ser un espacio de reflexión en torno a los riesgos asociados al uso de pesticidas en base a cobre en huertos frutales de la zona central de Chile, con énfasis en residuos y calidad de suelo.

Participarán como expositores/as Rosanna Ginocchio, académica de la Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal UC e investigadora principal CAPES; Celine Pelosi, del Instituto Nacional para la Investigación Agronómica, INRAE, Francia; Jaime Auger, académico del Departamento de Sanidad Vegetal de la Universidad de Chile; y Tomás Schoffer, investigador CAPES.

El evento se realizará en el auditorio de la Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal UC, entre las 14:30 y las 17:00 horas.

Link de inscripción: https://forms.gle/iheRw7BB8DszC2RZ8

Consultas: psarmientog@vinculoagrario.cl

Un viaje por “Los Territorios de Gabriela”

“Los Territorios de Gabriela” selecciona ocho textos de la obra de Mistral “Poema de Chile” y los emplaza en un objeto híbrido entre un libro informativo, uno poético y uno ilustrado, que describe la ecología de los paisajes, seres y elementos que aparecen en esos poemas, combinados con comentarios poéticos y ecológicos, e ilustraciones, tanto narrativas como científicas. Su lanzamiento es este sábado 3 de septiembre.

Las autoras de «Los Territorios de Gabriela». De izquierda a derecha: Andrea Casals, Luz Valeria Oppliger y María Soledad Sairafi (Ilustraciones de María Soledad Sairafi).

El libro “Poema de Chile” de Gabriela Mistral, se publicó de manera póstuma. Fue escrito por la poetisa a lo largo de 20 años, como una manera de recordar los paisajes, flora y fauna de su país mientras se radicaba en el extranjero. En “Los Territorios de Gabriela”, de las autoras Andrea Casals Hill y Luz Valeria Oppliger —con ilustraciones de María Soledad Sairafi— se reproducen ocho de estos poemas, los cuales recorren distintos ecosistemas de nuestro país con sus descripciones y las de las especies de plantas y animales que menciona la vate en sus estrofas. 

Las autoras del libro celebrarán su lanzamiento el próximo sábado 3 de septiembre, a las 12:00 horas, en la librería Libro Verde, ubicada en Orrego Luco 051, Providencia, RM. La actividad contará con la participación de Alida Mayne-Nicholls, periodista, licenciada en estética, magíster en Letras y especialista en literatura chilena.

Combinando ciencia y arte

Portada del libro.

El texto, publicado por Orjikh Editores, nos lleva en un recorrido por Chile acompañado de un niño y un huemul, para conocer lugares como Montegrande, árboles como el chañar, o animales como la chinchilla. A través de códigos QR, sus lectores pueden acceder a los audios narrados de los textos. La publicación de este libro fue posible gracias al aporte del Fondo del Libro 2021, categoría creación y a la contribución del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES UC.

¿Cómo nació la idea? Luz Valeria Oppliger, una de sus autoras, explica que “hay varias razones o necesidades para desarrollar este libro, la primera de ellas el problema de la poesía en la escuela, que tiende a enfocarse en la estructura, métrica, rima y figuras retóricas por sobre la respuesta/reacción del lector, su goce, y la capacidad de abrirse al significado múltiple característico de la poesía”. 

Para Oppliger, “estar abiertos a diversas interpretaciones y desarrollar habilidades para incorporar significados múltiples, fomenta la creatividad y tolerancia a la ambigüedad, ambas habilidades muy necesarias en el mundo cambiante que enfrentamos”. En esta línea, la exprofesional CAPES y actual directora del programa Ciencia Pública del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, nos cuenta que combinar la observación y curiosidad poética con la observación y curiosidad científica a su vez estimulan el pensamiento crítico. “También buscamos dar a conocer la faceta de Gabriela Mistral como eco-poeta a través de su obra «Poema de Chile» y finalmente, la necesidad de destacar referentes intelectuales femeninos, donde, según mi percepción, Gabriela es quizás la más grande intelectual chilena y que no ha recibido la atención ni el crédito que amerita”.

Andrea Casals, su co-autora, señala que “este libro propone una combinación improbable, o al menos poco frecuente” entre ciencia y poesía. “Las expresiones de cada una de estas disciplinas pueden ser diferentes, pero el asombro, la observación y las preguntas o reflexiones son la base de ambas. Es justamente ese sentido de asombro, seguido de preguntas y observaciones lo que queremos fomentar con este libro, a la vez que mostrar cómo la comprensión del mundo se amplía en la interacción de ambas miradas”, comenta.

«Los territorios de Gabriela» nos lleva en un recorrido por Chile acompañado de Gabriela, un niño y un huemul, para conocer lugares como Montegrande, árboles como el chañar, o animales como la chinchilla.

La mirada de Gabriela

Tanto el libro como los textos en los que está inspirado, no sólo componen un retrato de Chile y sus paisajes naturales durante la primera mitad del siglo veinte. También son una ventana a la forma en que Mistral interpreta la naturaleza.

En ese sentido, Casals nos aclara que a través del “Poema de Chile”, “Mistral describe un territorio algo invisibilizado en los relatos nacionales oficiales. Ella resalta y prefiere el campo chileno, el campesinado mestizo y moreno, la flora y fauna nativa, y las relaciones entre ellos. Mistral es una poeta compleja; sus poemas pueden tener múltiples interpretaciones y niveles de lectura”.

De la misma idea es Oppliger: “a través de sus poemas, Gabriela Mistral nos invita a descubrir un Chile ignorado por el proyecto nacional de la primera mitad del siglo veinte. En ellos, la autora combina tipos humanos, flora y fauna nativos, creando un atlas que destaca el paisaje desde el desierto hasta las costas de Chiloé, la estepa patagónica, cactus y huiros, chinchillas y perdices”.

“Pero no por crear metáfora” complementa Casals, “deja de lado su conocimiento de las ecologías de esos territorios que visita. Por ejemplo, en el poema “Garzas”, Mistral nombra y describe las diversas garzas que habitan nuestro territorio, pero a la vez, por sus colores, este poema también es una metáfora para hablar de racismo”.

Mistral en 1917 a los 28 años, durante su estadía en Los Andes (Foto: Archivo del Escritor/ Biblioteca Nacional.).

De hecho, ambas autoras coinciden en que, por medio de estos textos, la nacida en Vicuña muestra plena conciencia del daño ecológico que genera la codicia humana, y una tremenda empatía con la pobreza y hambre del campesino. “Mucho antes de la articulación del movimiento ecologista moderno, Mistral ejerce una suerte de conservacionismo, en tanto describe con detallada y cariñosa observación rincones que en el presente, a casi 55 años de la publicación de “Poema de Chile”, ya no son los mismos”, señala Oppliger. “En algunos casos, denuncia la depredación de ecosistemas, como aquel de los palmares de ocoa; en otros, la caza comercial de la chinchilla para la venta de su piel, así como la caza de aves por hambre, como ocurre con la perdiz, la tórtola y la torcaza”. 

Y en la mayoría de los casos, continúa la autora, observamos que la poeta tenía razón: “su mirada fue atenta y certera respecto de los paisajes que describe; adelantada para su época, su voz denuncia la depredación o descuido de ciertos territorios. En otros casos observamos que Mistral no alcanza a concebir, por ejemplo, que el mar, a pesar de su inmensa capacidad de renovación, no es infinito”. “Podríamos decir que los paisajes que ilustra Mistral en palabras son eco-sociales” remata Casals.

Dando color a la palabra

En cuanto al desafío e inspiración para crear las imágenes del libro, su ilustradora, María Soledad Sairafi, menciona que trataron de “mostrar cómo su poesía también almacena y transmite un conocimiento profundo y preciso de Chile. No habla de aves o plantas como elementos simbólicos o genéricos intercambiables, sino que cuando aparece un ave o una planta, es siempre una en particular, y son esas características específicas las que dan sentido al poema. Al ilustrar y diseñar el libro, por lo tanto, debía hacer lo posible por transmitir ese apego al terruño, ese homenaje que es cada uno de los textos a una especie o a un lugar”.

El gran desafío de las ilustraciones, en opinión de Sairafi, “fue reflejar con claridad cada una de las especies y paisajes que Mistral incluye en sus poemas, hacerlos reconocibles, y al mismo tiempo, dar cuenta de la estructura narrativa presente en “Poema de Chile”. Quería que se sintiera como un viaje, en el que cada poema fuese una parte distinta del recorrido, con distintas emociones, mostrando la riqueza y la complejidad de cada lugar al que Gabriela dedica uno de sus escritos”.

La también editora del libro, explica que los poemas fueron el espacio en el que convergieron las tres disciplinas de sus creadoras, tanto de Valeria, Andrea, y ella, “y más bien el esfuerzo consistió en poner en común nuestros conocimientos, porque después de sumar perspectivas, los poemas siguen creciendo y haciéndose más interesantes y al mismo tiempo más misteriosos, se revela una especie de operación mágica en la que se necesitan muchas páginas y distintos tipos de lenguaje para describir lo que Mistral concibe en pocos versos. La inspiración surge de los poemas, pero se alimenta del análisis compartido, desde las letras y desde la perspectiva ecológica. Ahora creo que sin ambas dimensiones, la lectura de Mistral se queda corta”.

Para cada poema, “Los territorios de Gabriela” ofrece explicaciones ecológicas y poéticas, mostrando cómo las imágenes construidas en sus versos están en sintonía con la ecología del territorio o especie que la poeta destaca. 

“La selección de los poemas respondió a la pertinencia de un libro para lectores de entre 10 a 12 años, a fin de no exceder las 80 páginas” aclara Oppliger. Estos, se ordenaron tal como los distribuyó Doris Dana en la primera edición de Poema de Chile (1967), siguiendo un relativo orden de norte a sur y asegurando una muestra representativa del territorio nacional. “Los poemas han sido seleccionados por su cualidad dialógica y descriptiva, y por la gran cantidad de especies que figuran en él ecosistema. No obstante, consideramos que el largo «Poema de Chile» permite varias constelaciones más de poemas que satisfacen estos criterios, y por ello este libro se proyecta como el primero de una serie” finalizan sus autoras. 

Texto: Comunicaciones CAPES

De la intención a la acción: las variables que mueven el comportamiento ambiental al interior de las empresas

Un grupo de investigadores nacionales determinó que las empresas que cuentan con políticas ambientales declaradas son un 25% más proclives a invertir en prácticas sustentables.

¿Cuáles son los factores que influyen en que una empresa declare, o no, una política ambiental? ¿Y qué chances existen de que, una vez declarada esta política, la empresa invierta lo necesario en su ejecución? Estas fueron las preguntas que los investigadores de la Universidad del Desarrollo María José Ibáñez, Roberto Ponce y Felipe Vásquez buscaron responder en un estudio que exploró las distancias existentes entre las políticas ambientales de las empresas, y su comportamiento ambiental activo.

El estudio, pronto a publicar sus resultados, analizó para ello lo informado por casi 5 mil compañías con operaciones en Chile en la Encuesta Longitudinal de Empresas (2017), un instrumento elaborado por el Instituto Nacional de Estadísticas INE, que actualiza periódicamente el estado del sector privado en nuestros país en temas de finanzas, recursos, mercados, y, claro está, desempeño ambiental, entre otros.

“Para la primera pregunta, es decir, qué determina que una empresa declare o tenga una política ambiental, lo que encontramos es que existen más probabilidades que una empresa declare una política ambiental mientras más grande sea, más años tenga en el mercado, más orientada a la exportación esté, y si es una empresa familiar y forma parte además de un gobierno corporativo” explica Roberto Ponce, uno de los autores del estudio, e investigador junto con Felipe Vásquez del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES UC. “Esas variables, descubrimos, afectan positivamente en la probabilidad de tener política ambiental”.

En opinión de Ponce, conocer estas variables, desde el punto de vista de la política pública, es muy relevante, “porque si instituciones como la CORFO quieren, por ejemplo, hacer un programa para fomentar la elaboración de políticas ambientales a nivel empresarial, nuestros resultados indican que no debieran enfocarse tanto en las empresas grandes (que estadísticamente es más probable que tengan o declaren una política de este tipo), sino más bien en las organizaciones pequeñas y medianas. Eso te ayuda, así, a poner los incentivos de la política pública en los lugares correctos”, indica.

En cuanto a la segunda interrogante que el equipo liderado por María José Ibáñez buscó responderse, “lo que queríamos era saber qué tan buen predictor de comportamiento ambiental es el hecho que una empresa tenga política ambiental, es decir, cómo cambia la probabilidad de que una empresa realice un desembolso ambiental activo (esto es, que incurra en costos para proteger el medio ambiente o reducir sus impactos) dado que tiene una política ambiental”, señala Ponce.

Con este propósito, los investigadores seleccionaron, del total de empresas que poseían política ambiental, aquellas que tenían un comportamiento ambiental activo, el cual no sólo buscaba reducir o mejorar su posición de costos, sino que producir cambios reales a nivel de producción sustentable. “La empresa puede tener distintos comportamientos ambientales” comenta Ponce, “por ejemplo, una empresa podría cambiar sus procesos productivos para ahorrar más agua, o cambiar sus filtros para disminuir la emisión de contaminantes, pero éstas son reacciones a un efecto que la empresa está generando. Nosotros consideramos un desembolso ambiental que iba un poco más allá”.

Y los resultados, al menos preliminarmente, indican que, en efecto, hay una relación positiva entre declarar una política ambiental y ejecutarla a través de inversiones y desembolsos monetarios. “De hecho, en el paper que estamos próximos a lanzar, planteamos que, si una empresa tiene política ambiental, hay un 25% más de probabilidades de que esa empresa invierta en protección ambiental” adelanta el investigador.

Estos hallazgos, sin embargo, no son idénticos a lo largo de todos los sectores productivos: “cuando dividimos estos resultados según industria, notamos que en el sector de servicios y en el de manufactura (o de transformación), este porcentaje es del 27-29%, es decir, las probabilidades aumentan. El problema que nos encontramos es que en aquellas industrias que son más intensivas en el uso de recursos naturales, es decir, la industria extractiva, las empresas que declaran una política ambiental tienen un 17% menos de probabilidad de gastar en la protección del medio ambiente que aquéllas que no la tienen”, cuenta Ponce.

¿Qué puede explicar esta diferencia? Para Ponce, son varias las teorías posibles: “considerando que la encuesta es un auto-reporte de las empresas, existe la posibilidad que las empresas esten sub-reportando su inversiones ambientales, esto se podría deber a la forma de clasificar las inversiones que utilizan, por otro lado, siempre existe la opción de que las empresas incurran en lo que se conoce como greenwashing, es decir, declarando un comportamiento pro-ambiental (por medio de una política), pero sin efectuar ningún cambio sustantivo en ese sentido o, al contrario, podrían estar sujetas a un desembolso en términos de costo tan alto, que simplemente les es imposible hacer un esfuerzo de inversión extra en este sentido”. 

De hecho, para despejar estas nuevas interrogantes, los investigadores están realizando estimaciones que, en esta ocasión, toman en cuenta el monto del desembolso que tienen estas empresas, “porque más allá de si la empresa hace o no hace algo en términos ambientales, lo importante también es la magnitud del esfuerzo que hace, así que estamos integrando esa variable para saber si cambia en algo el panorama” comenta Ponce. “Con estos resultados preliminares tenemos este primer panorama donde se levanta una banderita amarilla en la industria extractiva que hay que ir a mirar con detalle”.

Cuestión de incentivos

Uno de los principales desafíos a los que se enfrentaron los investigadores fue el pequeño porcentaje de empresas que declaraban prácticas ambientales. “Una muy baja proporción de las empresas declaran una política ambiental, y ejecutan esa política ambiental invirtiendo en la protección del medioambiente” nos revela Ponce. Y las causas de estas cifras son igual de misteriosas. “La literatura nos dice que este tipo de fenómenos son contexto-específicos y, por ende, multicausales” explica el economista.

En este marco, los incentivos son fundamentales, partiendo por el incentivo gubernamental. “Si te van a hacer cumplir una política ambiental que esté orientada a ciertos objetivos, lo importante es que esos objetivos se monitoreen y se cumplan” nos dice. Y, en segundo lugar, también son claves las presiones que puedan venir de los mismos consumidores: “hoy, los consumidores te están castigando por tu comportamiento ambiental. Basta solo recordar el boicot que hubo en 2018 en Inglaterra contra las paltas chilenas, o el que organizo en 2003 la ONG International Rivers contra CMPC en EE. UU. El consumidor está jugando un papel cada vez más importante, en términos de la decisión de comportamiento ambiental de las empresas”.

Hay otros factores que inciden en el comportamiento ambiental de las empresas como, por ejemplo, el tipo de competencia al que se enfrentan. En otro estudio realizado por Ponce, él y su equipo están investigando cómo la competencia informal (es decir, la que contiene actores que no respetan las leyes, no pagan impuestos, o no se atienen a las normas que una empresa establecida sí) afecta en que una empresa adopte prácticas sustentables de producción limpia o no. “Y hemos tenido hallazgos muy interesantes. Por ejemplo, cuando tú tienes mucha competencia informal, a ti te da lo mismo la política ambiental, porque tienes otros problemas mucho más acuciantes (desde el punto de vista económico) a los que atender. Tus esfuerzos están enfocados en sobrevivir en un mercado desigual”.

Es por eso que, para el investigador, las medidas a adoptarse para dirigir la conducta de las empresas hacia los incentivos correctos deben venir no sólo del Estado, sino también de un ejército de consumidores informados: “el Estado no puede tener un inspector en cada planta comprobando que el productor hace lo que dice y dice lo que hace” comenta. “Es el consumidor el que tiene que estar informado sobre qué es lo que implica comprarse una polera de $4.000 en una tienda de renombre. Porque esa polera no llegó a su localidad por arte de magia. Hubo un montón de procesos que tuvieron que suceder para que eso costara $4.000 en vez de $30.000. Emisiones de CO2, abaratamientos en transporte, precariedad laboral, condiciones de trabajo en países subdesarrollados que quién sabe cómo son, etc.”.

Texto: Comunicaciones CAPES
Créditos foto:
Ministerio de Medio Ambiente de Chile

Una temporada con los lobos

Como parte de un proyecto que buscó censar a la población de lobo fino presentes en las islas, Renato Borras Chávez y su equipo de investigación arribaron en noviembre de 2021 a la isla principal del Archipiélago de Juan Fernández. Durante dos meses y medio, recorrieron playas, conversaron con los lugareños y contaron un número casi astronómico de estos fascinantes mamíferos marinos. Esta es la bitácora de su visita.

«El Óvalo», ubicado isla Selkirk, es la lobera natural con el mayor número de lobos finos de Juan Fernández.

Desde el aire, parecen un ejército de hormigas arracimadas alrededor del cadáver de algún animal. Pero no lo son. En una misma toma, cientos —sino miles— de lobos finos de Juan Fernández (Arctocephalus philippii) descansan sobre un pequeño saliente costero conocido como “El Óvalo”, en la ribera este de la isla Alejandro Selkirk.

La imagen, captada por un dron que sobrevoló durante dos meses los cerros, quebradas y playas de la isla (una de las cinco masas de tierra que conforman el archipiélago Juan Fernández, a 670 km. de las costas de Chile en el océano Pacífico), fue la primera evidencia real que tuvieron un grupo de investigadores nacionales del increíble número de lobos marinos que puebla actualmente el archipiélago, una explosión poblacional inédita para una especie que, hasta hace unas décadas, se encontraba ad-portas de la extinción.

La alta presencia de estos lobos fue, justamente, la razón del arribo de los investigadores al archipiélago a fines de 2021, en un intento por estimar, in situ, el tamaño poblacional de estos mamíferos pinnípedos, cuya familia también incluye a focas, morsas y elefantes marinos.

“El objetivo principal del proyecto fue realizar un censo de la población de lobo fino de Juan Fernández, o al menos, generar una estimación de la población lo más cercana a la realidad posible. En otras palabras, fuimos a contar lobos”, relata el biólogo marino Renato Borrás Chávez, uno de los tres cabecillas del equipo de investigación que, entre noviembre del año pasado y enero de 2022, convivió con las distintas colonias de A. philippii que habitan en Juan Fernández.

Lobos finos de Juan Fernández.

Aunque puede sonar como una tarea sencilla, contar lobos finos trae consigo no pocas dificultades, sobre todo en un lugar tan aislado como el archipiélago de Juan Fernández. “Cuando una población crece como ha crecido este lobo (con un conteo de apenas 200 individuos a mediados del siglo XX, a los cientos de miles que se estiman en la actualidad), a una velocidad tan rápida y en lugares del archipiélago tan inhóspitos como isla Selkirk, algo tan mundano como contar se puede convertir en un desafío de gran magnitud”, explica Borrás.

Sin ir más lejos, multitudes como la observada en el “El Óvalo” son prácticamente imposibles de medir a simple vista y desde la superficie, más aún considerando la abrupta topografía que caracteriza a estas islas.

Para sobrellevar dicho obstáculo, los investigadores sumaron al conteo “manual” de individuos la toma de fotografías y videos aéreos. Esto, mediante el uso de “sistemas aéreos no tripulados” —vulgarmente conocidos como drones—, que les permitieron acceder a aquellos lugares de reunión de los lobos (o “loberas”) que, por lo escarpado del terreno, resultaban prácticamente inaccesibles para el equipo.

Los problemas de accesibilidad, sin embargo, no se reducían solamente al movimiento de personas, sino que también de datos: “nos solemos olvidar de cuánto de nuestro entorno depende de Internet hasta que nos enfrentamos con este tipo de escenarios y con las tecnologías que teníamos a nuestra disposición” cuenta el por entonces investigador asociado del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES UC. “Por lo mismo, enfrentamos muchos problemas con las aplicaciones y mapas necesarios para los sobrevuelos, especialmente en los lugares que no teníamos nada de Internet, como el refugio en la lobería de Selkirk o en Santa Clara, donde cargábamos lentamente los equipos con generadores pequeños”.

Cargando parte del equipo técnico en la isla de Santa Clara.

Así y todo, luego de dos meses y medio de arduo trabajo y varias semanas más de análisis, el equipo coordinado por Borras y los investigadores de la ONG Costa Humboldt Víctor Castillo y Luciano Hiriart-Bertrand, lograron concluir la etapa de recolección de datos del proyecto, que entre sus objetivos, también buscó estimar el crecimiento histórico de la población de lobos, y evaluar las interacciones que tienen éstos con las comunidades humanas que habitan el archipiélago, especialmente entre los pescadores artesanales de la zona: “Con esto datos, esperamos entender si el lobo puede estar afectando las actividades pesqueras del lugar, y cómo se relaciona la gente con esta especie”, detalla Borrás.

La siguiente, es una breve historia oral y visual de esas 6 semanas de investigación en las que Borrás y su equipo (conformado también por las investigadoras en terreno Valentina Vergara, Carla Rivera y Michael E. Goebel) recorrieron los exóticos paisajes de Juan Fernández, compartieron con vecinos, pescadores y autoridades de la zona, y contaron, literalmente, a los cientos de miles de lobos marinos que hoy rodean este indómito territorio.

Preparados para el viaje

“Con los colegas de la ONG Costa Humboldt decidimos postular a esta licitación pública del Fondo de Investigación Pesquera y Acuicultura (FIPA) porque vimos que, quienes lideraríamos el proyecto, podíamos armar un buen equipo para responder a sus objetivos. Junto al director de Costa Humboldt, Luciano Hiriart-Bertrand, y nuestro coordinador general, Víctor Castillo (quien ya había trabajado en la especie años atrás) hemos sido colegas desde la universidad, y sabíamos que trabajábamos muy bien juntos. Con ellos, nos contactamos con varios colaboradores y armamos un equipo multidisciplinario muy grande, incluyendo varios investigadores de CAPES. Esto nos llevó a postular con bastante confianza de que estábamos bien preparados para el desafío”.

*En total, cinco fueron los expertos que arribaron a la isla a finales de noviembre: Renato Borrás-Chávez como jefe de proyecto; Víctor Castillo como coordinador general; la socióloga Valentina Vergara, a cargo de realizar las encuestas y entrevistas con los habitantes humanos de las islas; la ecóloga Carla Rivera, para el conteo y análisis de datos, y Michael Goebel, biólogo experto en lobos finos (también conocidos como “lobos de dos pelos”).

Llegada al archipiélago… y al aislamiento

“Nuestra llegada a la isla Robinson Crusoe (la isla más populosa del archipiélago) fue un hito muy importante. El poblado está encerrado en una impresionante bahía donde se despliega en conjunto una triada atípica; los botes de pesca de la bahía Cumberland, que relevan la importancia de la pesca artesanal en el archipiélago; los bosques nativos que brotan desde las cimas volcánicas de la isla, y su lucha constante contra las especies exóticas que invaden su territorio, y las mismas casas de los habitantes, todo inserto en un impactante paisaje”.

Llegando a Robinson Crusoe.

“El apoyo de CONAF (institución a cargo de la administración del Parque Nacional que protege el archipiélago) y su administrador, don Guillermo Araya, además de la municipalidad de Juan Fernández y su alcalde Pablo Manríquez, fueron de vital importancia para concretar nuestro ingreso al archipiélago, y de paso, la misma realización del proyecto, en tiempos muy complicados y llenos de desconfianza provocada por la pandemia de COVID aún activa por esos meses”.

El equipo completo en terreno junto al alcalde de Juan Fernández. De izquierda a derecha: Carla Rivera, Renato Borrás, el alcalde Pablo Manríquez, Valentina Vergara, Michael Goebel y Víctor Castillo.

“Algunos de los desafíos más importantes asociados a la situación sanitaria fueron las extendidas cuarentenas que tuvimos que realizar tanto en Viña del Mar, previo al viaje, como en Robinson Crusoe; cambios de último minuto de los vuelos, y complicaciones para nuestra salida de la isla (la que finalmente se logra gracias al apoyo de la ONG Island Conservation y su CEO, don José Cabello). Esto, de por sí, nos disponía a una logística complicada para el envío del equipamiento necesario para nuestro trabajo, por las escasas oportunidades de ingresos y salidas de materia a la isla que aún existían por entonces”.

“Por todo eso, otro hito muy importante fue que, tres días después de haber llegado a la isla y tras dos semanas de cuarentena en Viña, ¡por fin pudimos sacarnos las mascarillas!

«Otro hito muy importante fue que, tres días después de haber llegado a la isla y tras dos semanas de cuarentena en Viña, ¡por fin pudimos sacarnos las mascarillas!». En la foto, de izquierda a derecha: Víctor Castillo, Renato Borrás, Carla Rivera y Valentina Vergara.

Ingreso a isla Selkirk

“Llegar a la isla Selkirk (la más alejada de las islas del archipiélago de Juan Fernández, 165 km. al oeste de Robinson Crusoe) iba a ser uno de los desafíos más complicados, siempre lo supimos. Cuando embarcados en la barcaza Chacabuco de la Armada de Chile y divisamos la isla fue impresionante. Luego, al darnos cuenta de lo inhóspito del lugar, y del nivel de aislamiento en que vivían los habitantes del pequeño poblado “La Rada de la Colonia”, inmediatamente supimos que el trabajo iba a ser complejo”.

Avistando isla Selkirk por primera vez.

*Luego de declararse prácticamente extintos a mediados del 1900, los primeros avistamientos de lobo fino ocurrieron en esta isla, en el año 1965. Hoy, nos cuenta Borras, “la densidad del área es sorprenderte”, especialmente en el sector del “El Óvalo” dentro de “La Lobería”, históricamente la colonia de lobos más numerosa no sólo de isla Selkirk, sino de todo Juan Fernández.

El primer vuelo

De hecho, “otro momento clave fue la llegada a la lobera más grande del archipiélago: la “loberia”. El refugio es pequeño, muy alejado de la Rada y sin acceso a Internet. Recién ahí realizamos nuestros primeros sobrevuelos automatizados junto a Víctor Castillo. Lograr dimensionar lo gigante que es esta colonia desde el cielo fue a la vez excitante y terrorífico. La cantidad de cachorros que había en este lugar no se comparaba con nada que hubiera visto en mi vida. De todas formas, y tras largas horas de trabajo en este lugar, darnos cuenta de que iba a funcionar fue un momento importante para nosotros. Allí también pudimos recolectar nuestras primeras muestras, que es siempre muy grato para cualquier biólogo”.

El pequeño refugio del equipo de investigación en isla Selkirk.

*El censo de lobo fino efectuado por Borras y el equipo de investigación consistió en el conteo de individuos machos adultos, machos sub-adultos, hembras, juveniles y crías durante la época de reproducción en todas las loberas existentes en las islas, tanto reproductivas, como de paso y antropogénicas (presencia de lobos sobre asentamientos humanos). Además, se tomaron fotografías de las loberas contabilizadas para su posterior análisis, y se obtuvo el registro fotográfico, mediante dron, de cada una de las colonias muestreadas, generándose imágenes para su posterior conteo mediante un software de análisis fotográfico.

El primer vuelo del dron en isla Selkirk.

Las imágenes captadas por el dron fueron secuenciadas para descartar cualquier superposición de animales entre una y otra imagen, y evitar así una duplicación en el conteo. Éstos fueron luego clasificados según su edad y sexo, y su número total cotejado con los datos recopilados por el equipo que censó en terreno las colonias.

Lo que desde el aire parece un desfile de hormigas marchando hacia su colonia, no es otra cosa que un «río» de cachorros de lobo fino desperdigados por la rocosa playa.

Muestreos en Robinson Crusoe y Santa Clara

“Nuestros muestreos en Robinson Crusoe fueron en su gran mayoría realizados desde una embarcación propiedad de CONAF, con varios guardaparques de la corporación, incluyendo su administrador don Guillermo Araya, apoyándonos. En Robinson Crusoe los animales se distribuyen de otra manera a los de isla Selkirk, y los vuelos de drones desde los botes presentaron desafíos nuevos muy difíciles de sobrellevar (pérdidas de señal, aterrizajes complejos, etc.). En esta isla también dimos muchas charlas muy importantes para nosotros. Mis favoritas, fueron aquellas que les dimos a los niños. Darse cuenta de su conciencia respecto a la ecología de su entorno y la importancia de la conservación daba mucho gusto”.

Una de las tantas actividades de información que realizó el equipo durante su estadía, ésta, junto a algunos de los niñas y niñas habitantes de las islas.

Santa Clara, a pesar de su cercanía a Robinson Crusoe, también es un terreno complejo de abordar. Para llegar al refugio hay que bajarse sobre una colonia si o si, no hay otro camino por el que se pueda ingresar al refugio. Aquí, la población de lobos comienza a cubrir terrenos cada vez más altos, lo que era también impresionante de observar”.

En Santa Clara, los lobos suelen estar asentados en las laderas más altas del cerro, una imagen que para Borrás, resultó muy impactante.

Una logística compleja

“Creo que los desafíos más complejos con los que nos enfrentamos durante nuestra estadía se resumen en dos palabras muy relacionadas entre sí: COVID y logística. (…) Esta última, de hecho, es muy difícil de anticipar cuando uno coordina un proyecto de esta magnitud desde el continente. (…) aunque dimensionábamos la distancia física de las islas en relación con el continente, no caímos en cuenta de la poca conectividad que tienen éstas en comparación a otras zonas de Chile hasta que necesitábamos de algún elemento que no podíamos adquirir con la inmediatez acostumbrada. Si aquello nos afectó a nosotros, imaginen ustedes por lo que debe y debió pasar la comunidad del archipiélago en tiempos tan difíciles como los de la pandemia, o años atrás, con el tsunami. No podemos ser ajenos a nuestros amigos y amigas del archipiélago. Por lo mismo, es realmente admirable el apoyo conjunto de la comunidad no solo que brindaron al proyecto si no entre ellos para lograr sus objetivos comunes”.

Renato junto a sindicatos de pescadores artesanales.

“En ese sentido, además de la ayuda otorgada por las personas ya mencionadas, tengo que destacar la cooperación del personal de guardaparques de CONAF; los sindicatos de pescadores de ambas islas; las ONG Endémica, Island Conservation y Oikonos, y muchos colegas y compañeros que desinteresadamente brindaron su apoyo con el único objetivo de mejorar el conocimiento de la especie”.

Una experiencia inolvidable

“Estuvimos dos meses y medio en la isla y, para realizar el trabajo encomendado, este tiempo se hizo poco. Por lo mismo, tuvimos que trabajar mucho. El equipo encargado de las encuestas y entrevistas no se detuvo hasta fines de enero compilando información sin descanso. El grupo encargado de los conteos y la colección de muestras (a lo largo de las tres islas) apenas consignó algunos días en que no contaron animales, y solo debido a que, en ocasiones, el tiempo no nos acompañaba. Nuestro día a día se iba ya sea contando animales manualmente, haciendo encuestas, caminando, volando drones y bueno…comiendo. También, había mucho trabajo político que realizar en la isla, ya que no solo CONAF tenía un interés en este trabajo, sino también los sindicatos de pescadores y la población en general, por lo que procuramos mantener muy bien informada a la gente, principalmente por el respeto que les debíamos al estar llevando a cabo este trabajo en su casa”.

Los pescadores y pescadoras artesanales del archipiélago deben convivir diariamente con las poblaciones de lobos que pululan en las costas.
Cachorros de lobo fino descansando en la orilla.

“Existe un sentido de identidad con el lobo fino que refleja orgullo de que la especie sea parte del archipiélago, y eso se evidencia simplemente al compartir con las personas en la isla. La historia de recuperación de esta especie desde los primeros conteos realizados en 1965 a la fecha, solo conversando con sus protagonistas, es una historia de la cual todo juan fernandino se siente hinchado, ya que saben que no solo la ley permitió su retorno, sino que también la conciencia isleña de la importancia ecológica del lobo en el ecosistema».

“Cuando caminas por la isla puedes ver símbolos, dibujos e incluso amuletos que cuelgan de los cuellos de los isleños que hacen del lobo un emblema con el que se identifican. Y tiene sentido: mal que mal, es el único mamífero marino que se encuentra en el archipiélago y su calidad de especie endémica, potencia una mirada orgullosa de la especie. De los pocos impactos socioecológicos que pueden percibirse, podremos hablar una vez que se apruebe el proyecto”.

“En resumen, aprendimos mucho, pero aún sabemos muy poco. Creo que esa confusa frase lo resume todo. Y hace mucho sentido. Mientras más íbamos aprendiendo más nos dábamos cuenta de lo poco que se sabía de la especie. Pero estando en terreno, como todo ecólogo de campo debe saber, en ocasiones se aprende mucho más de una especie de lo que se puede aprender leyendo sobre ella”.

El regreso al continente y próximos pasos

“Desde nuestro retorno al continente hemos dedicado largas horas a contar y estimar el tamaño poblacional del lobo fino de la manera más cercana que podemos, considerando el número de animales existentes. Para esto, hemos recurrido a herramientas de inteligencia artificial (machine learning)y al trabajo codo a codo con la empresa Deepomatic, quienes nos han brindado, desinteresadamente, un apoyo fundamental para esta etapa del proyecto. Cada isla es un mundo distinto al otro, y cada una presentaba diferentes desafíos para el apropiado conteo de los animales, por lo que tuvimos que mezclar metodologías clásicas (conteos manuales) con metodologías nuevas probadas en censos de otras especies (drones) y metodologías nuevas como es el conteo posterior desde material videográfico”.

“Ahora estamos escribiendo el informe final y preparándonos para retornar a la isla a mostrar nuestros resultados a todos quienes habitan el archipiélago. Son ellos los que más importa que vean nuestros resultados, que podamos discutirlos con quienes más cerca están día a día con la especie. Esperamos realizar algunos talleres para la gente de la isla, tentativamente, durante noviembre (de 2022)”.

“El presente proyecto, como ya lo mencioné, nos deja con más preguntas que respuestas, pero con un anhelo importante de unir fuerzas con gente del continente y del archipiélago, con el objetivo de ampliar lo que conocemos de la especie respecto a su ecología con la mirada puesta en mejorar y estandarizar los monitoreos, en vías siempre de mejorar las herramientas para su conservación.

* El proyecto «Censo del lobo fino de Juan Fernández, Arctocephalus philippii en el archipiélago de Juan Fernández» fue financiado gracias al Fondo de Investigación Pesquera y Acuicultura (FIPA-2021-19), y contó adicionalmente con la colaboración desde el continente de los investigadores José Lastra, Matías Castillo, Monserrat González y la asesoría metodológica del Dr. Roberto Chávez Oyanadel Dr. Rodrigo Estévez, y el Dr. José Miguel Fariña. Sus resultados finales están próximos a publicarse.

Texto: Comunicaciones CAPES
Créditos foto: Renato Borrás-Chavez y Víctor Castillo

Microbiomas urbanos: los microorganismos que viven con nosotros

Los microbiomas son el conjunto de microorganismos que interactúan con todos los seres vivos, lo que incluye los lugares construidos y habitados por humanos, en donde estas comunidades microbianas pueden tener efectos benéficos o negativos para nosotros. Bernardo González, investigador principal de CAPES y académico UAI, participa en un proyecto que estudia la relación entre los microorganismos, la vivienda y su entorno.

La Tierra, hasta el momento, es el único planeta que sabemos que alberga vida, y ¡vaya que hay vida! Sólo entre los organismos que podemos ver contamos miles de millones de animales, plantas, invertebrados, hongos, sobre y bajo la superficie del suelo, en el mar y en el aire. Pero esa cantidad aumenta exponencialmente si además contamos a los microorganismos, bacterias, arqueas, protozoos, algas y hongos unicelulares.

La vida establece interrelaciones en todos los niveles, si nos acercamos a mirar con atención, todos los seres vivos tienen asociados un microbioma, o una comunidad de microorganismos que interactúan entre sí y con el hospedero que los alberga, por ejemplo, cada uno de nosotros. Tal vez hayan escuchado hablar sobre la micorriza, la simbiosis entre hongos y las raíces de las plantas, o de la flora (microbiota) intestinal, que son las bacterias que viven en nuestro aparato digestivo, ambos son ejemplos de microbiomas y hay muchísimos más.

Conversamos con Bernardo González, biólogo y bioquímico, profesor titular de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la Universidad Adolfo Ibáñez e investigador principal de la Línea 2 de CAPES, acerca de los microbiomas urbanos con los que convivimos en todas las ciudades, en los espacios públicos y en nuestras casas.

Lo primero que le preguntamos es ¿Qué son los microbiomas, dónde los encontramos y cuál es su importancia para sustentar la vida?

El investigador explica que “los microbiomas son el conjunto de microorganismos que forman parte de los otros (macro)organismos, plantas y animales, incluido el ser humano. Están, entonces, formando parte de todos los seres vivos y, por ello, son fundamentales para la sobrevida, adaptación y evolución de todos los seres vivos”.

Entre las funciones indispensables de los microorganismos están el mantener el ciclo biogeoquímico de los principales elementos necesarios para la sostener la vida, como el nitrógeno, oxígeno, carbono o fósforo, entre otros, y del metabolismo de los gases de efecto invernadero: dióxido de carbono, metano, óxido nítrico y óxido nitroso. Además, gracias al trabajo de las cianobacterias y su fotosíntesis oxigénica (que libera oxígeno), hace 2.300 millones de años lograron comenzar a cambiar las condiciones ambientales del planeta permitiendo la respiración aeróbica y la aparición de vida multicelular compleja.

Microbiomas en las ciudades

Cuando hablamos de microbios, muchos aún los asocian a microorganismos patógenos, es decir, que producen enfermedades, pero la verdad es que estos corresponden a un porcentaje menor de los microorganismos. La gran mayoría de ellos son benéficos para humanos, plantas y animales, e incluso indispensables para la vida, según lo ya expuesto. Pero no sólo están presentes en la naturaleza, también en las ciudades, sus espacios públicos y en nuestras casas. “El microbioma urbano hace referencia al conjunto de microorganismos que están presentes, solos, o en asociación con los macroorganismos, en lo que se llama el espacio construido, casas, lugares de trabajo, escuelas, y un gran etcétera” indica González.

Las y los investigadores comenzaron hace unos años a estudiar los microbiomas de las ciudades, encontrando que cada una posee un perfil microbiano particular y que incluso se podría determinar en qué ciudad vive una persona sólo analizando los microbios de la suela de sus zapatos. Pero ¿qué factores determinan los perfiles microbianos de las ciudades? “Esto está en activo estudio”, menciona Bernardo González, “se sabe que varía mucho dependiendo de cada centro urbano, de su población, tamaño, emplazamiento, tipo de actividad productiva, nivel de ingresos, etc.”, indica además que sólo recientemente se está comenzando a estudiar cómo es el microbioma de Santiago y otras ciudades en Chile.

Los microbiomas urbanos, además, son muy dinámicos y dependen de múltiples factores que pueden provocar cambios en su composición, como, por ejemplo, la aparición de enfermedades nuevas como el Covid. ¿Qué otros agentes modifican las comunidades microbianas de las ciudades?, González menciona algunos como “el cambio climático, la legislación, la actitud cultural, la pandemia, la contaminación, etc.”.

Por supuesto que la composición de este microbioma puede tener efectos en la salud humana, el investigador afirma que “un microbioma bien mantenido protege a la comunidad, sus habitantes, mascotas, plantas”, pero que también existen “hábitos que afectan el microbioma, como la mala ventilación, un mal diseño urbano, la contaminación, malos hábitos de higiene, sobrepoblación, los que están asociados a patologías como las del tipo respiratorio, alergias, enfermedades infecciosas, etc.”.

Microbiomas en los espacios construidos

La importancia del microbioma urbano está siendo destacada hace poco tiempo, así como su monitoreo en las ciudades para apoyar definiciones en políticas públicas y de salud. “En los espacios construidos permite tomar decisiones arquitectónicas y urbanísticas, educar a la población, corregir potenciales fuentes de enfermedades, entre otras acciones”, señala González.

Como parte del proyecto Fondecyt titulado “Nexo Pobreza-Energía-Vivienda: Lineamientos de política pública para abordar la pobreza energética desde la relación con la vivienda en áreas metropolitanas”, liderado por Felipe Encinas, profesor de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos UC, Bernardo González es coinvestigador en el Nexo Microbioma, que estudia la relación entre microorganismos, la vivienda y su entorno desde una perspectiva asociada a la pobreza energética para abordar medidas sanitarias y de diseño habitacional.

La investigación busca avanzar en conocer los factores que determinan el perfil microbiano de un lugar; los agentes que provocan cambios en el microbioma y para ello ya se han realizado mediciones de detección metagenómica total de bacterias, hongos y viruses en viviendas en Renca. Entre los resultados preliminares González menciona que “se conoce mejor las características del microbioma del espacio construido analizado y con ello se puede informar a los residentes sobre el estatus, las condiciones de salud e higiene, las reglas a adoptar para mejorar/mantener un microbioma sano y por ello a sus habitantes bien protegidos. Tener elementos para tomar decisiones sobre remodelaciones y mejoras del espacio construido”.

Como vemos, los microorganismos y los macroorganismos formamos una comunidad dinámica que convive en armonía desde hace millones de años, estos microbiomas se han extendido a las construcciones humanas, ciudades, edificios, plazas, medios de transporte y nuestras casas. Un microbioma sano nos protege y uno deteriorado o afectado por malas condiciones puede exponernos a enfermedades, por lo que es importante conocerlos y aprender cuáles son las prácticas que lo convierten en un aliado de humanos, flora y fauna.

Texto: Comunicaciones CAPES
Créditos fotos: Waag (Foto superior), Bernardo González (imagen central), KC Wong (foto inferior).

Tolerancia a las temperaturas en moscas, ¿qué podemos aprender sobre la adaptación al cambio climático?

Investigación chileno-española en moscas Drosophilas busca determinar el impacto de la tolerancia térmica en la distribución, dinámica poblacional y respuestas ante el cambio climático de estos insectos, a través de un modelo analítico que incorpora el tiempo como variable junto con la temperatura.

D. melanogaster, una de las especies investigadas por Rezende y su equipo. (Créditos:  Darren Obbard)

La tolerancia térmica describe el rango de temperaturas que un organismo es capaz de soportar, es decir, cuánto calor o cuánto frío ambiental puede tolerar antes de morir. Esta característica varía considerablemente entre los organismos, dependiendo del tiempo de exposición a las temperaturas y tiene un gran impacto en sus patrones de actividad, presupuestos de tiempo y energía, distribución geográfica, fecundidad y también en su resiliencia al calentamiento global.

Durante los últimos años hemos sido testigos de múltiples eventos climáticos extremos en todo el mundo, olas de calor, inundaciones, sequías, olas de frío, tormentas, entre muchas otras manifestaciones del cambio climático que está experimentando el planeta. Estos eventos, en que aumentan o disminuyen las temperaturas en un corto período de tiempo, pueden tener efectos considerables en los organismos, incluidos animales, plantas y seres humanos.

Un estudio de un equipo de investigadores chilenos y españoles, “Thermal tolerance in Drosophila: Repercussions for distribution, community coexistence and responses to climate change”, publicado en la revista Journal of Animal Ecology, buscó determinar si la distribución geográfica y la dinámica de población de diferentes especies de Drosophila se relacionan con su variación en la tolerancia al calor en el laboratorio, empleando curvas de tiempo de muerte térmica (o TDT por sus siglas en inglés).

Para conocer en qué consiste este modelo de estudio y qué descubrieron en la investigación, conversamos con el profesor de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Católica e investigador CAPES, Enrico Rezende, parte del equipo científico que realizó el estudio. Nos comenta que se utilizó el modelo TDT para estudiar especies de Drosophila porque “es una forma de caracterizar la tolerancia térmica como una probabilidad de sobrevivencia que cambia en función de la temperatura y del tiempo de exposición”. El investigador señala además que como son tres variables —temperatura, tiempo y probabilidad de sobrevivencia— la tolerancia térmica se puede ilustrar en 3D. “Llamamos a esta aproximación ‘paisajes de tolerancia’ y se utilizan para predecir cómo variaciones en la temperatura deben afectar la mortalidad en la naturaleza, y su versión simplificada para una mortalidad del 50% resulta en las TDT”.

Pero ¿Por qué es importante estudiar la tolerancia al calor en insectos ectotermos, y en Drosophilas en particular, en el contexto del cambio climático? “Por dos razones principales”, explica Rezende, “primero, porque el aumento en la temperatura y olas de calor deben impactar a todos los organismos, no solamente al humano, y por lo tanto es necesario comprender cuáles organismos y comunidades ecológicas serían más vulnerables al cambio climático. Segundo, porque diferencias en tolerancia pueden determinar diferencias en distribución geográfica y/o en abundancia en función de la temperatura”.

Tiempo, temperatura y nichos térmicos

Algunos de los experimentos llevados a cabo por Rezende y su equipo para medir tolerancia. (Créditos: Laboratorio Enrico Rezende).

La investigación se realizó en moscas adultas de cuatro especies de Drosophila: D. simulans, D. hydei, D. subobscura y D. immigrans, en la primavera-verano de 2018 y 2019 y en 11 localidades de Chile, abarcando más de 3.000 km entre Arica y Coyhaique. Estas áreas difieren drásticamente en sus perfiles térmicos, con una temperatura máxima promedio mensual diurna que oscila entre 29,2 °C en el extremo norte y 12,7 °C en la región más austral. También se utilizaron los datos de la investigación de Danko Brncic, Premio Nacional de Ciencias en 1987, que durante 8 años consecutivos compilaron estimaciones mensuales del tamaño de la población de 16 especies de Drosophila en Santiago.

Se realizaron 2700 mediciones individuales del tiempo de muerte bajo estrés térmico, y con esos datos más otros como la temperatura ambiente de la localidad de origen, se obtuvieron 40 curvas de tiempo de muerte térmica, TDT. Con estos modelos se realizaron estimaciones de la tolerancia al calor y el rango de distribución de las especies capturadas a lo largo de la línea termal.

Algunos de los hallazgos fueron que las especies D. simulans y D. hydei soportaron períodos más largos de exposición al calor que sus contrapartes más sensibles a la temperatura (D. subobscura y D. immigrans), mostrando de manera concordante un patrón de distribución más amplio a lo largo de Chile, llegando a las localidades más ecuatoriales y más al norte.

Esta información contribuye a determinar el nicho térmico de las Drosophilas, que Rezende define como “el conjunto de características térmicas que puede tolerar una especie, y limita las ventanas tanto espaciales como temporales donde estas especies pueden encontrarse”, además precisa que “cómo predecir la distribución y dinámica de distintas especies a partir de la temperatura es uno de los temas fundamentales de la biología térmica en la actualidad”.

Los resultados de la investigación proporcionan evidencia de que la adaptación térmica en especies de Drosophila juega un importante papel en su distribución y en la dinámica de poblaciones. Las variables de tiempo y temperatura son muy relevantes en la dinámica de las poblaciones de insectos, pero generalmente no se han estudiado juntas, ¿por qué? Rezende detalla que “la temperatura afecta todos los procesos biológicos que ocurren, cuyos efectos pueden acumularse en el tiempo. Por lo tanto, ambas variables son fundamentales tanto en la biología térmica en general y en estudios de tolerancia en particular. Ahora bien, la mayoría de los estudios tiende a ignorar el tiempo porque los análisis, con efectos dinámicos y acumulativos, son bastante más complejos”.   

Esta es precisamente una de las conclusiones más importante de esta investigación, “que estos modelos dinámicos predicen de forma mucho más precisa y adecuada el impacto de la temperatura ambiental, intrínsecamente variable diaria y estacionalmente, en la mortalidad de Drosophila en poblaciones naturales”, afirma el investigador.

Moscas modelo

D. subobscura, otra de las especies estudiadas (Créditos:  Darren Obbard).

La iniciativa “Mosca científica” es un proyecto interdisciplinario que busca generar material educativo y de divulgación sobre el aporte al conocimiento científico que se ha generado durante décadas gracias a Drosophila como modelo de estudio.

¿Cómo nació esta iniciativa? “Surgió originalmente para divulgar los resultados de la investigación de mi proyecto FONDECYT anterior, aprovechando la oportunidad para intentar generar contenido audiovisual de calidad en castellano, menciona Rezende, y añade que “como el proyecto se enfoca en Drosophila, partimos con un video original explicando la importancia de este modelo de estudio en la genética y biología evolutiva, que está disponible en Youtube. Estamos ahora trabajando en un segundo video, y además postulando al concurso Ciencia Pública para obtener financiación adicional para varios videos más”. 

Las moscas del género Drosophila son conocidas como ‘mosca de la fruta’ o ‘mosca del vinagre’, aunque la gran mayoría de las especies no impactan los cultivos (una importante excepción es D. suzukii, que hoy es una plaga a nivel mundial). Drosophila se ha convertido en modelo para diversas investigaciones científicas en Chile y el mundo, entre otras razones debido a que los seres humanos y este insecto comparten cerca del 75% de genes, además son prácticas, económicas y fáciles de criar, con un ciclo de vida de 15 días en promedio, por lo que se pueden estudiar varias generaciones de moscas en poco tiempo. En resumen, una aliada formidable para la investigación científica.

Para conocer más datos sobre esta increíble mosca, pueden seguir a “Mosca científica” en sus redes sociales en Instagram (@moscacientífica) y Facebook.

Texto: Comunicaciones CAPES

Pablo Becerra: investigando la regeneración, dinámica y restauración de los bosques nativos de Chile

Pablo Becerra es ingeniero forestal y Doctor en Ecología y Biología Evolutiva, académico de la Facultad de Agronomía y Ciencias Forestales de la Universidad Católica e investigador de la línea 1 de CAPES. Aunque ha realizado estudios en terreno en casi todos los tipos de bosque del país, se ha especializado en el bosque esclerófilo de Chile central, el que se encuentra atravesando por una grave crisis debido a que no se está regenerando de manera natural y está ocurriendo mortalidad de individuos adultos.

Pablo Becerra Osses nació en Santiago, y desde pequeño, sus padres lo acercaron a la naturaleza, por lo que siempre estuvo muy cerca de los ambientes naturales. Siguiendo esa pulsión, estudió Ingeniería Forestal en la Universidad de Chile, luego un Magister en Ciencias Ecológicas y posteriormente un Doctorado en Ecología y Biología Evolutiva en la misma casa de estudios.

Ya en el 4° año de su carrera, se dio cuenta de que le gustaba la investigación, la ciencia y las ciencias ecológicas en particular: “el último año, con algunos compañeros, tomamos como electivos algunos cursos del posgrado en botánica en la Facultad de Ciencias, hice unos cursos en biogeografía y en ecología de la reproducción en plantas”, recuerda, “yo partí bien naturalista, con harta observación de flora, de plantas, paseos por el cerro, etc.”.

Como tema de su tesis del doctorado, comenzó a estudiar la invasión de plantas exóticas, centrándose en dos especies simbólicas del área forestal, el Pinus radiata y el Eucalyptus globulus. “Era un análisis de cuáles son los factores que pueden estar facilitando o restringiendo la invasión de estas dos especies exóticas”, señala el investigador, “la elección de esas especies fue porque son las dos más plantadas en Chile y, por lo tanto, podían tener un alto potencial de invasión por la cantidad de semillas que se producen en las plantaciones, que probablemente producen más semillas que cualquier otra especie exótica que hay en Chile”.

Luego, en el posdoctorado, ahondó en el tema y evaluó cómo el pino radiata está influyendo en la regeneración de especies nativas, encontrando la ocurrencia de una importante invasión de esta especie exótica, incluso desde la Región de Valparaíso hacia el sur. “En general se considera invasión cuando una especie naturalizada se ha expandido más allá de las plantaciones o de los lugares en que fue introducida, y en el caso de pino radiata efectivamente eso está ocurriendo. Son individuos que ya están creciendo naturalmente, es decir, las semillas llegaron por dispersión natural a lugares fuera de las plantaciones, a ambientes naturales y están formando individuos, creciendo naturalmente y produciendo a su vez semillas, por lo tanto poseen un alto potencial para producir poblaciones autosustentables”, explica.

Bosques de Chile

“Hay bosques en todo Chile. Desde la I hasta la XII región uno puede encontrar distintos tipos de bosques” comienza contando Becerra cuando le consultamos por los bosques presentes en nuestro territorio. “Los bosques de la I, II y III región eran bosques xerofíticos, de especies adaptadas a esas condiciones, pero que estaban a su vez restringidas o distribuidas en ambientes más húmedos, principalmente orillas de ríos, eran bosques pequeños, siempre ribereños”.

Desde la IV región comienzan a aparecer bosques más abundantes de algarrobos, guayacanes y litres. Luego, en la zona de clima mediterráneo encontramos los bosques esclerófilos, y más al sur, los bosques templados. “A mi me ha tocado estudiar prácticamente todos los tipos de bosques, quizás los únicos en que no he hecho estudios más formales, son los bosques de queñuas, (Polylepis), en el altiplano”, indica, “en mi tesis de pregrado estudié los bosques de araucarias y de coigüe-raulí de la IX región, en mi tesis de magister hice estudios en bosques de robles, de hualo, de raulí, he hecho otros estudios en los bosques siempreverdes de Chiloé y también en los bosques de lenga y ñirre en la Patagonia”.

Bosque esclerófilo de clima mediterráneo

Pero su objeto de estudio más constante ha sido siempre el bosque esclerófilo. Este tipo de bosque tiene factores restrictivos para su conservación, no sólo en términos de impacto humano sino también de sus condiciones abióticas naturales, incluso sin cambio climático. Esto, debido a que el clima mediterráneo tiene estaciones secas y años en que no llueve mucho, lo que genera condiciones difíciles para varias especies del bosque esclerófilo en términos de su regeneración, en comparación con otros bosques en que si no hay factores externos antrópicos como tala, ganado, o incendios, el bosque se regenera naturalmente, que es lo que ocurre desde la región del Biobío al sur.

“En cambio en el bosque esclerófilo no”, afirma Becerra, “hay muchos lugares en que hay individuos adultos pero con cero regeneración, es decir, no hay individuos jóvenes. Entonces la pregunta es por qué esas especies están presentes en esos lugares, qué condiciones habían en el pasado cuando esas semillas se produjeron, qué les permitió regenerar, crecer y sobrevivir, cómo han cambiado esas condiciones que ahora no les permiten germinar, crecer y sobrevivir hasta etapas adultas”.

Esto está ocurriendo en la mayoría de las especies del bosque esclerófilo y ha empeorado en los últimos 10 años. De hecho, los estudios han demostrado que además de no haber regeneración, hay individuos adultos que están muriendo, dependiendo de las condiciones ambientales o microambientales, hay más o menos mortalidad, lo que antes no ocurría o sucedía de manera aislada.

Pablo Becerra comenzó ha realizar estudios en el bosque esclerófilo el año 2006, y en ese tiempo, aún había algo de regeneración bajo condiciones específicas como ambientes más húmedos, cercanos a cursos de agua y cuando se presenta un dosel que genere sombra, más aún controlando a los herbívoros, reduciendo la cantidad de conejos y si no hay incendios u otro tipo de perturbaciones.

“A partir del 2014 empezamos a hacer muestreos geográficamente masivos, abarcando prácticamente toda la distribución del bosque esclerófilo, evaluando los niveles de regeneración”, indica Becerra, “y ahí se empezó a notar una reducción importante a nivel de prácticamente no existir regeneración de la mayoría de las especies del bosque esclerófilo en ninguna parte, ni siquiera en las condiciones más húmedas, ni bajo dosel, ni cuando no hay conejos ni cuando no hay ganado, nada. Entonces, el factor que va quedando obviamente es el agua y eso se asocia con la reducción en los niveles de precipitación que ha ocurrido en los últimos 10 a 15 años”.

Junto con eso, en el verano de 2018-2019, se empezaron a ver los primeros manchones de individuos adultos que mostraban los estragos de la sequía. Comenzaron primero a secarse los peumos, que es una especie relativamente higrófila en Chile central, que tiene su distribución sobre todo en laderas de exposición sur y en fondos de quebradas. El fenómeno se ha incrementado y ahora está ocurriendo con el quillay, que tiene una distribución en ambientes no tan húmedos por lo que está siendo mucho más afectado. También se ha visto cierta mortalidad en litre, que tolera aún más la sequía que el quillay, y en el boldo, en algunos sectores precosteros.

“En esas 4 especies se ha notado la mortalidad”, señala Pablo Becerra, “sin embargo, hay otras especies que no. Por ejemplo, colliguayes, huinganes, espinos, no tienen problemas de mortalidad de individuos adultos, aunque esas especies tampoco se están regenerando. ¿Qué es lo que sugiere todo esto? que en los lugares o localidades donde en el pasado dominaban especies esclerófilas como el quillay, peumo, litre, probablemente van a ser reemplazados o se va a reducir su abundancia de manera importante y van a sobrevivir ahí otras especies como las más adaptadas a condiciones más secas, en reemplazo de lo que eran los bosques esclerófilos más densos”.

Proyecto de restauración en San Carlos de Apoquindo

La Universidad Católica posee dos predios importantes, uno en Pirque y otro en San Carlos de Apoquindo, en los que se empezó a trabajar en proyectos de restauración ambiental que además de la restauración ecológica de los ecosistemas, incluyen un componente de educación ambiental.

“Se generaron anteproyectos de restauración en estos dos predios, los que fueron financiados por CAPES, para hacer los estudios de línea base y las propuestas de acciones de restauración y de educación ambiental”, señala Becerra, “en San Carlos de Apoquindo están hechos los proyectos para restaurar la vegetación y generar una infraestructura que permita hacer educación ambiental, incluyendo un centro de visitantes, senderos de interpretación, reintroduciendo especies emblemáticas con sus letreros de información, etc., lo que se está haciendo ahora es buscar financiamiento para llevar a cabo todo eso”.

Le preguntamos a Pablo Becerra: ¿cómo debería ser la relación del ser humano con los bosques?, nos comenta que “lo que debiera ocurrir es que en el mundo se incremente la superficie de bosque nativo de manera importante y obviamente se conserve lo que ya existe. No debiera eliminarse ni una hectárea más de bosque, en especial de los ecosistemas amenazados como el bosque esclerófilo y de roble-hualo. Primero, porque por ejemplo, de los bosques esclerófilos o los bosques de robles o de hualos, no queda prácticamente nada, y segundo, porque lamentablemente en Chile no existe una legislación ambiental que exija la restauración completa de los ecosistemas por parte de las empresas que los eliminan para sus faenas, con suerte se les exige hacer una plantación compensatoria, que muchas veces es bastante deficiente o poco exitosa, pero no se restaura el ecosistema en ningún caso”.

Pablo Becerra continúa trabajando y en estos momentos está realizando el cierre de algunos proyectos, como el de la evaluación a gran escala de los niveles de regeneración del bosque esclerófilo en toda su distribución o el análisis de técnicas de restauración en ambientes incendiados. Además, él y su equipo están trabajando en los procesos de regeneración y dinámicas de la vegetación del bosque nativo de la región de Coquimbo. También quieren estudiar un efecto que han observado acerca de las precipitaciones en la zona central de Chile, debido a que no sólo cae menos agua, si no que la que cae se pierde por escurrimiento y no alcanza a almacenarse en el sustrato de los cerros y no es aprovechada por la vegetación.

“Las ventajas de tener bosques en general, a nivel planetario, es que los bosques producen oxígeno, absorben CO2, mantienen biodiversidad, controlan plagas, producen distintos tipos de productos alimenticios, farmacológicos, etc., entre varias otras funciones y servicios ecosistémicos. Necesitamos que exista mayor educación ambiental desde los niveles escolares, respecto de la importancia de la biodiversidad, de la vegetación y de los bosques. Mientras más personas tengan ese conocimiento y valoren nuestros ecosistemas, se podría exigir, generar y financiar más proyectos que permitan incrementar la superficie de bosques y reducir al máximo la eliminación de ecosistemas que están en peligro de extinción”, finaliza.

Texto: Comunicaciones CAPES