Informe identifica que 77 de 82 promesas ambientales del gobierno presenta algún tipo de avance

  • Así lo consigna una nueva edición del reporte «Compromisos y Cumplimiento de Promesas en Materia Ambiental 2022- 2024», elaborado por CAPES, SECOS y el Programa de Derecho y Medio Ambiente UC.
  • Del total de compromisos de relevancia ambiental presentados por el Pdte. Boric, 20 han sido calificados como “cumplidos” y 57 “en proceso”, mientras que 4 no registran avances.

Esta semana se dio a conocer el “Reporte Compromisos y Cumplimiento de Promesas en Materia Ambiental 2022-2024”, publicación anual del Proyecto Votaciones Ambientales, que identifica el nivel de avance y cumplimiento de los compromisos de relevancia ambiental presentados por el gobierno del Presidente Gabriel Boric en su programa de gobierno o en alguna de sus cuentas públicas.

El reporte concluye que, de los 82 compromisos ambientales evaluados para esta edición, 20 pueden ser calificados como cumplidos, 57 se encuentran en proceso de cumplimiento, 4 no registran avances y para 1 compromiso no se encontró información.

Como explica la doctora Francisca Reyes Mendy, investigadora CAPES y SECOS, y directora del proyecto Votaciones Ambientales, “este reporte ha evaluado las respuestas de política pública que se han diseñado durante estos dos años y tres meses desde que asumió el Pdte. Gabriel Boric, para dar cumplimiento a los compromisos ambientales que ha presentado el gobierno. Si bien es posible calificar como cumplidos sólo el 24% de sus compromisos, casi un 70% del total están actualmente en proceso de cumplimiento, lo que es una muy buena noticia”, afirma.

La también académica del Instituto de Desarrollo Sustentable UC, agregó: “Si bien las cifras son destacables, lo verdaderamente relevante es que el gobierno pueda implementar las medidas que dan cumplimiento a estos compromisos hasta su total conclusión, ya sea durante esta administración presidencial o en la siguiente, para lo que se requiere seguimiento y monitoreo”.

Para esta evaluación, se analizaron las acciones de política pública a los compromisos de relevancia ambiental contenidos en el Programa de Gobierno del Presidente Boric y en su posterior «Acuerdo de Implementación Programática», además de aquellos incorporados en sus cuentas públicas de 2022 y 2023. Estos fueron clasificados en 14 temas de relevancia ambiental: agricultura; agua; aire; biodiversidad; cambio climático; contaminación electromagnética, ruido y contaminación lumínica; energía; institucionalidad y gestión ambiental; minería; paisaje y territorio; pesca y acuicultura; residuos y sustancias peligrosas; silvicultura; y suelo.

Además de las iniciativas de política pública analizadas en este informe, se presentaron cinco nuevos compromisos que el mandatario incorporó en su Cuenta Pública de 2024: la protección de un 30% de la superficie de los salares de Chile; avanzar en acero verde; a 2030 Codelco sólo trabajará con energías renovables; el diseño y construcción de diez nuevas plazas sobre las ruta 5, 68 y Américo Vespucio, en la región Metropolitana; y el fortalecimiento presupuestario del Ministerio del Medio Ambiente.

Iniciativas implementadas

Este Reporte de Votaciones Ambientales, iniciativa conjunta del Programa de Derecho y Medio Ambiente de la Pontificia Universidad Católica de Chile y del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES UC, identificó que los compromisos que presentaron mayor nivel de cumplimiento durante el último año refieren a temas relativos a institucionalidad y gestión ambiental (6), agricultura (4) y biodiversidad (3).

Entre los compromisos “cumplidos” de la categoría institucionalidad y gestión ambiental, destacan el presentar el proyecto de ley para fortalecer la institucionalidad ambiental y mejorar su eficiencia (Boletín 16552-12), que introduce cambios al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental y otros instrumentos, el cual fue ingresado por el Ejecutivo el 10 de enero de 2024. También se encuentra el proceso de elaboración del Plan Estratégico y de Implementación para la creación del Instituto Tecnológico y de Investigación Público para Enfrentar la Crisis Climática y Ecológica, que buscar abordar la crisis climática y ecológica, y sus interconexiones con las crisis de pérdida de biodiversidad y de contaminación.

En materia de agricultura, se ha profundizado la modernización del Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIA) para aumentar la velocidad de traspaso de tecnologías más sustentables para este sector productivo. Por otra parte, se logró aprobar la Ley 21.597 que modifica y prorroga la vigencia de la Ley de Riego, que propende a la diversificación de cultivos y la seguridad alimentaria con foco en cultivos tradicionales, así como en pequeña y mediana agricultura, organizaciones de usuarios de aguas y comunidades indígenas y agrícolas, ampliando de los tipos de proyectos susceptibles de bonificación.

Mientras, en biodiversidad destaca la creación de 33 nuevas áreas protegidas terrestres y marinas, que en total suman una superficie de 1,2 millones de hectáreas.

«Celebramos todas estas políticas públicas implementadas que dan cumplimiento a varios compromisos, porque en ellos hay un trabajo de gestión importante. El desafío que tiene ahora el gobierno es avanzar en los 62 compromisos restantes y para ello, creemos que se deben establecer objetivos concretos, responsables claramente identificados, e indicadores y metas que permitan medir sus avances y niveles de cumplimiento”, explica la Dra. Reyes.

Entre los compromisos que avanzan, destacan el progreso hacia una gobernanza hídrica con carácter sistémico, descentralizado y con enfoque de cuencas y la creación de los organismos de cuencas; una estrategia que inicie un proceso de transición ecológica justa; la implementación de un modelo de soberanía energética enfocada en descarbonización, descentralización y pobreza, y vulnerabilidad energética; la promoción de iniciativas científicas para minimizar el impacto de relaves mineros y regularización de los pasivos ambientales mineros; el diseño de una nueva ley de ordenamiento territorial, así como la dictación de un una nueva Ley de Pesca.

Entre los compromisos que no registran avance, en tanto, resaltan el aumento al “impuesto al CO2 desde 5 a 40 USD/tCO2”, y del “impuesto específico a los combustibles a 7 UTM por metro cúbico en promedio a nivel nacional”, establecidos en el programa de gobierno.

Respecto de los hallazgos de este Reporte, Ricardo Irarrázabal, director del Programa de Derecho y Medio Ambiente UC, explica que “buscamos entregar información en materia ambiental que creemos relevante para la ciudadanía y la comunidad científica y que permite conocer la complejidad y diversidad de estos desafíos. Esto nos pone en contexto la envergadura de la tarea que tenemos por delante y llama a la academia a poder contribuir, con el mejor conocimiento disponible, al diseño e implementación de las respuestas de política pública que se llevan a cabo”.

Votaciones Ambientales es una iniciativa conjunta del Programa Derecho y Medio Ambiente de la Pontificia Universidad Católica de Chile y del Center of Applied Ecology and Sustainability – Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES UC.

Puede descargar el informe directamente aquí. Para mayor información ingresar al sitio web votacionesambientales.cl

El grito silenciado de la palma chilena: La urgencia de endurecer y mejorar políticas para una conservación efectiva

Los continuos incendios que afectan a la Región de Valparaíso cada verano ponen en grave riesgo a la palma chilena, una de las pocas palmeras extratropicales en el mundo. Frente a esta amenaza, el investigador CAPES Juan Ovalle, junto a la científica Rosa Scherson, ambos académicos de la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza de la U. de Chile, hacen un llamado urgente para implementar medidas que garanticen la preservación y conservación de esta especie y su hábitat. Una de ellas, abogan en esta columna de opinión, es la declaración de la palma chilena como un “Patrimonio Natural”.

«En las últimas décadas, la palma chilena ha seguido disminuyendo en número y área. Se estima que las 120.000 palmas que existen en la actualidad representan aproximadamente el 2,5% de la abundancia de principios del siglo XIX», advierten en esta columna de opinión la profesora Rosa Scherson y el profesor Juan Ovalle.

El megaincendio de Viña del Mar-Quilpué del mes de febrero del 2024 dejo en evidencia la falta de planificación y diseño urbano en una interfaz urbano-forestal (bosque nativo y plantaciones exóticas) altamente poblada. En el epicentro del área afectada se encontraba la tercera población más grande de palma chilena (Jubaea chilensis, Arecaceae) a nivel nacional (sector El Salto y Rodelillo), con 6.061 individuos adultos. En febrero de 2022, otro incendio de gran magnitud devastó el 27% del palmar, principalmente individuos de más de 500 años.

La palma chilena, una de las pocas palmeras extratropicales en el mundo, es una especie monoespecífica endémica de ecosistemas con clima mediterráneo en Chile central y es considerada un paleorelicto de los bosques subtropicales del periodo terciario. La palma chilena ha sido históricamente explotada para la obtención de savia para producir un jarabe muy apreciado y de interés comercial (“miel de palma”). A diferencia de palmas de otras latitudes, cuya savia se puede extraer sin sacrificar el individuo completo, la palma chilena fue talada intensamente para este propósito desde la época colonial hasta mediados del siglo XX, cuando finalmente se promulgó la ley que prohibió la tala. En las últimas décadas, la palma chilena ha seguido disminuyendo en número y área. Se estima que las 120.000 palmas que existen en la actualidad representan aproximadamente el 2,5% de la abundancia de principios del siglo XIX. El rápido retroceso de su hábitat se debe no solo a la sobreexplotación de los frutos (“coquitos”) y depredación de roedores exóticos (Rattus rattus) y nativos (Octodon spp.), sino que también al cambio de uso del suelo y los incendios forestales, en la ya casi inexistente y difusa frontera entre lo urbano (campamentos) y lo silvestre (palmares).

Considerando que esta especie icónica de Chile central está al borde del colapso, enfrentando amenazas persistentes incluso dentro de jardines botánicos y reservas (de hecho, el último incendio en Viña del Mar también destruyó el 90% del Jardín Botánico Nacional, que albergaba una importante población de palma chilena), hacemos un llamado a los organismos competentes del estado para avanzar de forma urgente en la implementación de medidas que garanticen la preservación y conservación de esta especie y su hábitat. Una de las medidas que podrían tener efectividad a corto plazo es la aprobación del proyecto de ley propuesto en 2021 que declara a la palma chilena como un «Patrimonio Natural»; así como también, elevar el estado de clasificación de la especie de «En Peligro» (DS16/2020 MMA) a «En Peligro Crítico», y realizar una reevaluación de la Lista Roja de la UICN debido a la subestimación de las amenazas y el riesgo de extinción. 

El reconocimiento legal de la palma chilena como patrimonio natural permitiría avanzar en la implementación de políticas sancionatorias por quema intencional de áreas contiguas a palmares y mayor regulación y exigencias en la certificación para la extracción de frutos con fines comerciales. Como académicos y académicas de una facultad que tiene como uno de sus ejes centrales la conservación de la naturaleza, hacemos un llamado urgente a fortalecer las políticas de conservación de la palma chilena y la restauración de su hábitat para garantizar el acceso al patrimonio cultural y natural de las generaciones futuras.

Autores:
Rosa Scherson, académica y Directora de Extensión, Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación e la Naturaleza de la U. de Chile
Juan Ovalle, académico del Departamento de Silvicultura y Conservación de la Naturaleza de la U. de Chile e investigador CAPES

Fotografías:
Diego Soto – Francisca Scopesi

Fuente:
Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación e la Naturaleza de la U. de Chile

El misterio de los colibríes gigantes de Sudamérica encontró su explicación

Un grupo de investigadores de Chile, Perú y Estados Unidos colocaron mochilas con geolocalización en 57 ejemplares de colibrí gigante, una especie endémica del altiplano andino, e hicieron estudios genómicos de esta enigmática especie. Conoce cuáles fueron sus hallazgos y sus implicancias.

En su viaje por Sudamérica en el siglo XIX, ejemplares de colibríes llamaron la atención del naturalista Charles Darwin. Se sabían que migraban pero se desconocía la ruta (Xiaoni Xu – Biblioteca Macaulay | Laboratorio de Ornitología de la Universidad de Cornell)

En su viaje por Sudamérica, los colibríes también capturaron la atención del naturalista inglés Charles Darwin en 1834. Fue testigo de la llegada de esas aves desde los “desiertos resecos del norte”, como se refirió al desierto de Atacama, en Chile, y se asombró por su enorme tamaño. Eran entre 8 y 10 veces más grandes que la mayoría de las especies de colibríes.

Desde entonces, cuál era la ruta de migración de los colibríes más gigantes del mundo y qué hacían en la zona en la que no se reproducen eran parte de un misterio.

Ahora, con la ayuda de la tecnología más moderna, como el seguimiento satelital y la geolocalización junto con los estudios de decodificación del genoma, se encontraron las respuestas: no era una sola especie de colibrí gigante sino que son dos, muy parecidas visualmente.

Una de esas dos especies detalladas realiza una migración extrema. Puede hacer un ida y vuelta de más de 8.300 kilómetros sobre los territorios de Chile, Perú, y hasta puede llegar a la provincia de Buenos Aires, en la Argentina.

Todo se sabe gracias a una investigación que empezó hace ocho años atrás. Fue llevada a cabo por un grupo de científicos de Chile, Perú y los Estados Unidos que colocaron “mochilas” con geolocalizadores y transmisores satelitales en colibríes sin causarles problemas. También hicieron estudios genómicos para averiguar el origen, investigaron las adaptaciones a la altura y publicaron los resultados en la revista PNAS.

Científicos de Chile, Perú y Estados Unidos hicieron un estudio en el que colocaron una mochila con transmisor satelital y geolocalización a 57 ejemplares de colibríes. Dentro de ese total, la información sobre 8 de ellos permitió determina la ruta migratoria/ Chris Witt

En diálogo con la Revista Infobae, una de las coautoras del estudio, la doctora en ecología y alumni del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad (CAPES), Natalia Ricote , contó cómo se inició la investigación: “En latitudes tropicales, los colibríes gigantes residen todo el año en los altos Andes. Pero en las poblaciones de zonas templadas meridionales se reproducen a nivel del mar y emprenden una misteriosa migración durante el invierno austral. Darwin especuló que los colibríes migraban a la región del desierto de Atacama, en el norte de Chile”.

Lo que sorprendía era que el colibrí gigante podía habitar ecosistemas muy diferentes. “Cuando empezamos nuestro estudio, estábamos interesados en estudiar al colibrí gigante que hasta ese entonces se pensaba que era una sola especie. Era una anomalía dentro del grupo de las más de 300 especies de colibríes que hay en el mundo por su gran tamaño, por su amplio rango de distribución y los climas en los que habita”, comentó.

Natalia-Ricote, ex doctorante CAPES e investigadora de la Facultad de Artes Liberales de la Universidad Adolfo Ibáñez, en Chile, fue una de las coautoras de la investigación que se publicó en la revista PNAS/Javiera Cartés

Desde el siglo XIX, se sabía entonces que migraba desde las costas chilenas pero no estaba claro cuál era su ruta. Al mismo tiempo, se habían observado poblaciones en altas elevaciones en latitudes más bajas cerca de los trópicos. De acuerdo con la doctora Ricote, actual investigadora de la Facultad de Artes Liberales de la Universidad Adolfo Ibáñez, “se habían descrito previamente dos poblaciones de picaflor gigante: una que residía en el altiplano andino durante todo el año, y otra que migraba desde Chile hasta el altiplano andino”.

Al hacer el seguimiento con las mochilas con los transmisores satelitales a 57 ejemplares de colibrí, el grupo de investigadores recuperó la información sobre 7 de ellos y descubrió que recorrieron 8.000 kilómetros desde la costa chilena hasta los Andes peruanos y de vuelta, una de las migraciones de colibríes más largas del mundo.

Además, determinaron que las dos poblaciones eran -en realidad- dos especies distintas. “Son tan diferentes entre sí como los chimpancés lo son de los bonobos”, dijo el autor principal, Chris Witt, de la Universidad de Nuevo México, en un comunicado.

Al realizar diferentes estudios se descubrió que hay 2 especies de colibríes gigantes. Ahora una se llama del Norte (no migra) y el otro es del colibrí gigante del sur (migra entre Chile, Argentina, Bolivia y Perú)/ Chris Witt

“Las dos especies coinciden en sus zonas de hibernación a gran altitud. Es llamativo que hasta ahora nadie había descifrado el misterio del colibrí gigante y, sin embargo, estas dos especies hayan estado separadas durante millones de años”, agregó.

Una de esas dos especies reside todo el año en el altiplano. Es ligeramente más grande y por lo tanto la especie de colibrí más grande del mundo hoy. Los científicos la llamaron “colibrí gigante del norte”, y su nombre científico es Patagona chaski.

“Decidimos utilizar chaski como nombre, ya que en quechua significa mensajero, y se refiere a los corredores que transportaban bienes y mensajes a través del imperio Inca. Estos corredores tenían la capacidad de moverse rápidamente a través de grandes distancias y alturas, al igual que estas increíbles aves”, comentó Ricote.

La doctora Jessie Williamson, de la Universidad de Cornell, Estados Unidos, fue la primera autora del estudio. En esta foto, se encuentra midiendo un colibrí gigante del sur en Chile (Chris Witt)

En cuanto a la otra especie, se sigue llamando colibrí gigante del sur (Patagona gigas) y es la que tiene una de las migraciones ida y vuelta más largas registradas. Puede dar una vuelta desde Chile, pasando por la Argentina, Bolivia y Perú en el otoño. Luego vuelve al Desierto de Atacama en primavera hasta su zona reproductiva en la costa de Chile central, puntualizó la bióloga Jessie Williamson, quien fue la primera autora del estudio.

El gigante del Sur consigue hacer sus largas migraciones con paradas de aclimatación. “Son muy parecidas a las que hacen los montañistas humanos, para poder aclimatar su fisiología a la falta de oxígeno que conllevan las grandes altitudes. Toda una hazaña”, comentó Ricote.

“Ambas especies toman néctar de flores comunes en toda su área de distribución y también comen insectos. Estamos trabajando en estudios adicionales para examinar la variación de la dieta”, contó Williamson a Infobae, quien contó también con la colaboración del chileno Francisco Bozinovic, investigador CAPES y ganador del Premio Nacional de Ciencias 2020. Como este investigador falleció en enero del año pasado, los científicos dedicaron el trabajo a su memoria.

Por los estudios genómicos, también se reveló que el colibrí gigante del norte se separó del gigante del sur hace más de 2 millones de años.

Las dos especies de colibrí gigantes se separaron hace más de 2 millones de años, según los estudios genómicos. Ejemplares del colibrí gigante del Sur pueden llegar a visitar la provincia de Buenos Aires (Crédito: ArgentiNat)

Consultado por Infobae, el doctor Facundo Palacio, de la sección Ornitología del Museo de La Plata que de la Universidad Nacional de La Plata e investigador del Conicet, comentó a través del estudio publicado en la revista PNAS se encontraron que había dos especies distintas de colibrí gigante que son casi indistinguibles en tamaño y plumaje. Una que migra desde el nivel del mar hasta los Andes, y otra que tiene poblaciones residentes en las altas montañas de los Andes. Este último grupo, al que los autores han denominado Picaflor gigante del norte (Patagona chaski), presenta un pico, alas y cola más largos que el linaje del sur, y pasó a ser la especie de picaflor más grande del mundo”.

En otras palabras -señaló Palacio-, “sabíamos que la especie más grande de picaflores habitaba en el sur de Sudamérica. Sin embargo, la nueva clasificación de una sola especie en dos, hace que la segunda se convierta en la más grande del mundo”.

El estudio publicado en la revista PNAS fue dedicado a la memoria de uno de sus coautores que falleció antes de terminarlo. Era el prestigioso científico chileno Francisco-Bozinovic, del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad (CAPES)

Desde el punto de vista evolutivo, el estudio permite entender más sobre lo que se conoce como “especiación críptica”. A pesar de que pueden distinguirse por sus características morfológicas, “las sutilezas han disimulado la separación en dos especies de colibríes durante casi dos siglos -sostuvo Palacio-. Los análisis moleculares revelan que se trata de poblaciones genéticamente distintas y reproductivamente aisladas, habiendo experimentado una divergencia de aproximadamente 2-4 millones de años, un período geológico relativamente reciente”.

Fuente:
Valeria Román, Infobae

Nuevo libro CAPES reúne arte y ecología para alertar sobre especies en peligro del Chile central

«Vecinos nativos en peligro: cuentos y murales de flora y fauna amenazada en Chile Central», es un nuevo libro de divulgación de CAPES que explora, a través de la literatura y el arte pictórico, diversos ecosistemas y especies en riesgo que habitan la zona central de nuestro país. La obra, en su versión digital, fue presentada el pasado 5 de junio y ya está disponible para descarga gratuita.

En la zona central de Chile viven muchas especies endémicas que dependen unas de otras para sobrevivir. Algunas emblemáticas, como el cóndor o el gato andino, y otras que, a simple vista, no llaman tanto la atención, como el lucumillo o la rana chilena. Carla Rivera, investigadora CAPES, seleccionó 9 de estas especies, entre animales y plantas, para protagonizar el libro «Vecinos nativos en peligro: cuentos murales de flora y fauna amenazada en Chile Central», lanzado el pasado 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente.

La ecóloga e investigadora de la línea 4 de CAPES, junto al artista visual Luis Pérez López y la diseñadora Pía Pulgar, crearon esta obra que reúne en sus 60 páginas, un largo trabajo de arte, ciencia y conservación.

Cada una de estas especies es descrita a través de un cuento y un mural expuesto en un establecimiento educacional de Puente Alto; animales y plantas, vertebrados e invertebrados, mamíferos, reptiles, aves y anfibios, conviviendo todos a través de la palabra y la imagen. La obra, explica su autora, es una mezcla de libro de cuentos, guía de campo y también parte de una investigación científica sobre las interacciones ecológicas entre las especies y sus ecosistemas.

Araña pollito, matuasto, chagualillo

El libro tuvo su gestación hace varios años, durante la ejecución del proyecto Fondart “Muralismo, cruce entre arte y ciencia; flora y fauna en extinción”, una iniciativa liderada por Pérez, Rivera y Marcos Aravena, que consistió en la instalación y exhibición de 9 murales en 9 colegios vulnerables de Puente Alto, los cuales representan el habitat de 9 especies nativas y amenazadas de la zona central de Chile, junto a un relato breve protagonizado por cada una de estas especies: cóndor, gato andino, araña pollito, matuasto, abejorro colorado, rana chilena, lucumillo, chagualillo, y chungungo.

Tiempo después, en un intento por darle continuidad a este hermoso proyecto, Carla Rivera se acercó al área de Comunicación y Extensión de CAPES para proponer la creación de un libro que recopilara estos 9 cuentos junto a imágenes de sus respectivos murales, y que además, entregase información adicional sobre cada una de las especies descritas en los relatos con un enfoque desde la educación ambiental. 

Es así como, tras dos años de arduo trabajo tanto de Carla, candidata a doctora en Ciencias Biológicas con mención en Ecología de la Pontificia Universidad Católica de Chile, como de la ilustradora del libro, la artista y diseñadora Pía Pulgar, esta obra ve la luz en su versión digital.

Lanzamiento en el Día del Medio Ambiente

Carla Rivera, investigadora CAPES y autora de los cuentos.

El pasado 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, se realizó la presentación oficial de esta obra con una conversación entre su autora y Sofía Rosa, doctora en Literatura e investigadora posdoctoral del proyecto Anillo “Biodiversidad de la costa a las montañas: Un estudio socio-ambiental de las prácticas(eco)-culturales de Comunidades Rurales en un escenario de Cambio Climático” (ANID- ATE 230028) 

Rosa destacó la forma en que la autora se aproximó a los personajes, que son animales y vegetales, sin caer en la tentación “humanizar” demasiado a estas especies, pudiendo encontrar, en cambio, el matiz necesario para transmitir cierta empatía hacia otros seres no humanos. “Carla logra darle ese toque de antropomorfismo hablando de los entornos y de las actitudes de los animales, de su vecindario, de su hogar, de lo que hace para alimentarse y creo que eso… nos hace decir, bueno, no somos tan diferentes unas especies de otras”.

Por su parte, Carla Rivera comentó que “la idea era que el libro mostrara una gran diversidad. Diversidad en ecosistemas, diversidad de las especies, hay vertebrados, invertebrados, hay plantas, entre los vertebrados hay mamíferos, anfibios, que hubiese un abanico, una diversidad en los organismos. Además, que hubiese una diversidad en los ambientes donde viven, entonces hay algunas asociadas a la cordillera, al valle central y otras a la costa, y también tienen distintos grados de amenaza de conservación. La idea es que fueran todas amenazadas, porque justamente son especies que van a ser raras o poco conocidas… acercar esas especies amenazadas para que la gente las conozca”.

En la oportunidad, también se hizo un reconocimiento al artista que logró plasmar en murales a las especies, sus ambientes y sus interrelaciones ecológicas, Luis Pérez López, quien lamentablemente falleció de forma repentina el año 2023 con tan solo 45 años de edad. Luis construyó una trayectoria de más de 15 años en la elaboración de obras visuales en formatos como la ilustración, el dibujo analítico, la pintura clásica y moderna, y los grandes murales. A lo largo de su carrera, el artista hizo de la pintura un instrumento didáctico que acercó a las personas al mundo de la ciencia. Este libro, y este lanzamiento, están dedicados a él.

El artista Luis Pérez junto a uno de sus murales (2021).

Pueden revivir la conversación acá: https://www.instagram.com/p/C74dojnuCc8/

Descarga GRATIS el libro «Vecinos nativos en peligro» en el siguiente enlace: https://capes.cl/vecinos-nativos

Fuente:
CAPES UC

Entre “bosques fantasmas” y “aguas fósiles”: así vivían los primeros habitantes del desierto de Atacama

Investigadores del Núcleo Milenio de Ecología Histórica Aplicada para los Bosques Áridos, AFOREST, del Instituto de Ecología y Biodiversidad, IEB, y el Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES, acaban de publicar un estudio titulado «Los primeros pueblos del desierto de Atacama vivían entre árboles: una arboleda y un lugar de congregación de 11.600 a 11.200 años de antigüedad», donde obtuvieron evidencia, a través de la cartografía y datación por radiocarbono, que los árboles fueron elementos claves en la creación de hábitats cotidianos para los primeros habitantes del desierto de Atacama.

El estudio de más de 150 tocones (parte del tronco de un árbol que queda unida a la raíz cuando lo cortan por el pie) conservados en torno a cinco campamentos arqueológicos del Pleistoceno tardío/Holoceno temprano, muestra una correlación espacial y cronológica entre árboles y fogones, revelando que las personas de esa época ubicaban sus hogares bajo las copas de los árboles.

Basándose en distintos materiales culturales de estos campamentos, plantean que dos grupos diferentes (no identificados) compartieron de forma intermitente este rico entorno de humedales y arboledas. Los taxones arbóreos sugieren una preferencia por el nativo Schinus molle, un árbol escasamente presente en el paisaje actual, frente al endémico Strombocarpa tamarugo, que servía de fijador de nitrógeno, tanto para la fabricación de herramientas como de leña.

Junto con la coincidencia espacial y cronológica de campamentos, fogones y árboles, el estudio propone que la gente utilizó las especies más abundantes y resistentes para crear sus hogares, promoviendo a su vez oasis de fertilidad en medio de la hiperaridez de Atacama.

Estos campamentos arqueológicos encontrados en los abanicos aluviales de los drenajes Maní y Guatacondo fueron asentados durante la transición Pleistoceno tardío-Holoceno temprano en el núcleo hiperárido del desierto de Atacama.

El aumento de las precipitaciones en esta época en los Andes condujo al desarrollo de un paisaje más húmedo y verde que el actual.

Con un sólido conjunto de datos de radiocarbono y modelización, se aclaró la relación cronológica y cultural entre estos campamentos y establecido una relación entre los grupos de cazadores-recolectores y sus entornos locales, en particular con sus árboles, sostiene la investigación.

El trabajo de campo, que consistió en prospecciones para encontrar los tocones de árboles y sacar muestras para dataciones por radiocarbono y las excavaciones de sitios arqueológicos asociados, fueron realizadas en la Pampa del Tamarugal, Región de Tarapacá.

“Entre el trabajo de campo, de análisis de laboratorio y escritura de la tesis, fueron aproximadamente dos años y medio de trabajo, más unos seis meses para escribir este artículo publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), señala Paula Ugalde, investigadora perteneciente al Departamento de Antropología de la Universidad Alberto Hurtado, y líder del estudio.

“Los pueblos más cercanos son Pica y Guatacondo y la ciudad más cercana es Iquique. El fenómeno podría encontrarse en otras zonas del norte, pero pensamos que para encontrar los vestigios de un bosque de este tipo se requiere de la extraordinaria preservación de la Pampa del Tamarugal o del núcleo más árido del desierto. Es difícil que en otras zonas de Chile, más al sur del desierto de Atacama, se preserve la materia orgánica de esta forma, por lo que debemos procurar cuidar estas evidencias que nos enseñan sobre las distintas relaciones que han tenido los seres humanos con su entorno”, explica Ugalde.

“Debido a que esto sucedió hace tanto tiempo, los arqueólogos no tenemos una idea de cómo se podrían haber llamado estos grupos humanos. Nosotros llamamos a este período el de primeros poblamientos o poblamientos tempranos del desierto de Atacama”, aclara la investigadora, y añade: “nuestro grupo de estudio lleva trabajando ya 17 años en la Pampa del Tamarugal, buscando y excavando sitios arqueológicos y reconstruyendo el clima y el paisaje de los últimos 18 mil años de ese lugar, bajo el alero de varios proyectos liderados por Calogero Santoro y Claudio Latorre. Este artículo es también el resultado de esa perseverancia para entender procesos sociales de largo aliento”.

Eugenia Gayó, investigadora IEB y CAPES, formó parte del equipo de trabajo, sostiene que las investigaciones que se han realizado en la Pampa del Tamarugal, ha reunido el esfuerzo de arqueólogos, ecólogos, geólogos, antropólogos, entre otros investigadores, que se han unido para revelar muchos hitos importantes sobre la historia de los primeros habitantes del Desierto de Atacama, y cómo se fue construyendo la relación entre la sociedad y el ambiente desde finales del Pleistoceno.

“En este sentido, la Pampa de Tamarugal constituye una especie de libro que ha guardado por miles de año huellas de dónde, cuándo, y cómo se ha desarrollado la vida humana en el Norte Grande de Chile”, explica.

Las claves en la vida de los primeros habitantes del desierto de Atacama

Los árboles fueron claves por varios motivos. “Primero tenemos que imaginar que el desierto de Atacama ha sido un desierto hiperárido por varios millones de años. Por lo tanto, cuando los seres humanos llegaron a este lugar por primera vez, se encontraron con un paisaje con una nula caída de lluvias, por lo que la vegetación, restringida a oasis y zonas ribereñas activas en esa época (hace unos 13 mil años), dependía de lluvias en el Altiplano y tierras altas de los Andes”, explica Ugalde.

“Si nos imaginamos entonces a estos primeros grupos habitando Atacama, no cabe duda, que a un nivel teórico, los árboles que existían habrían jugado un rol preponderante al momento de decidir dónde asentarse, pues los árboles proveen de estructuras naturales de protección contra elementos como el viento, frío y calor”, añade esta última.

En un contexto desértico este proceso va creando verdaderos oasis, alrededor de los cuales se congrega la vida, incluidos otros animales, que los seres humanos podían cazar. “Por último, pensamos que estos oasis, que estaban compuestos de tamarugos, pero también de molles, podían ser avistados a largas distancias en el contexto de pampa desértica, y por lo tanto, configurarse como puntos de encuentro para viajeros y otras bandas de cazadores-recolectores”, indica la investigadora de la U. Alberto Hurtado.

La formación de estos oasis en la Pampa del Tamarugal, es totalmente un hecho sin precedentes desde el punto de vista climático y ecológico. “Paradójicamente, los hemos llamado los ´bosques fantasmas´, porque se desarrollaron en un momento en que el ciclo hidrológico del desierto de Atacama activó la descarga de mucha agua superficial a través del paisaje, pero que una vez que los factores que controlan este ciclo se tornan más similares a los actuales, estos bosques desaparecieron, pero dejando huellas: los tocones”, señala Gayó.

“Otro aspecto importante, es que estos bosques son contemporáneos al evento de recarga de los acuíferos de la pampa. Es por esto por lo que además decimos que estos ´bosques fantasmas´, han estado ligados a las ´aguas fósiles´, vale decir, aguas subterráneas que se recargaron hace miles de años, y que actualmente reciben muy poca, o casi nada de recarga. Precisamente, a esto nos referimos cuando decimos que la Pampa del Tamarugal es un libro lleno de hitos sobre la historia de la relación humano-naturaleza”, añade Gayó.

Logramos comprobar ese rol crucial de los árboles, con evidencia arqueológica observable y medible. “Asimismo, los árboles proveían de madera, que ha sido esencial a lo largo de la historia de la humanidad para crear fuego para abrigarse, iluminar, cocinar, protegerse de depredadores, y generar un lugar de congregación para poder descansar, contar historias, compartir. En el desierto de Atacama, y en particular en la Pampa del Tamarugal, el tipo de árbol también fue relevante, puesto que el árbol más común fue el tamarugo”, explica Ugalde.

“Los tamarugos son parte de una familia de plantas que se llaman leguminosas, las cuales son capaces de capturar el nitrógeno que está en estado gaseoso en la atmósfera y fijarlo, a través de un mecanismo simbiótico con bacterias que viven en sus raíces, al suelo de forma sólida. Este nitrógeno juega un rol esencial en los suelos, pues permite, a modo de nutriente, que crezcan otras plantas bajo los árboles de tamarugo; vale decir, fertiliza el suelo”, adiciona Ugalde.

Fuente:
La Tercera

Descubren que «marea verde» estaría compuesta por al menos 5 especies de algas

Un grupo interdisciplinario de la Universidad Andrés Bello -encabezado por la investigadora CAPES, Loretto Contreras- logró la primera caracterización morfológica y molecular de las especies que componen la llamada “marea verde” en Algarrobo, una proliferación de macroalgas que afecta durante todo el año a la comuna. Aunque las causas aún se investigan, algunas de las especies podrían tener alto potencial biotecnológico, como una alternativa de uso y aprovechamiento de la enorme biomasa disponible.

Durante alrededor de dos décadas, la Bahía de Algarrobo se ha visto afectada por una excesiva proliferación de algas denominada “marea verde”, un fenómeno que ha ido en aumento y cuyas causas aún se investigan. A lo largo del año, sectores de la bahía que antes eran de arenas limpias se cubren con un manto grueso de algas del género Ulva, que al descomponerse deterioran el sector e impactan de forma negativa a la comunidad, al afectar el turismo, la pesca artesanal y el propio ecosistema. El problema es de tal magnitud, que la municipalidad de Algarrobo se ha visto obligada a remover la biomasa con maquinaria pesada, lo que a su vez genera impactos adicionales a la playa.

En ese contexto, un grupo de investigadores de la Universidad Andrés Bello (UNAB) y el Instituto Milenio en Socio-Ecología Costera (SECOS), lleva más de dos años investigando este fenómeno con el fin de identificar las especies de algas y explicar por qué se produce esta proliferación. Recientemente, el grupo publicó sus hallazgos en la revista Plants , dando cuenta de la primera caracterización de mareas verdes en Chile y el Pacífico Sur. La publicación es liderada por Loretto Contreras, académica del Departamento de Ecología y Biodiversidad de la Universidad Andrés Bello e investigadora CAPES.

“La importancia de la caracterización de algas puede tener diversos focos, pero para la zona de Algarrobo evidencia que las mareas verdes son multiespecies, es decir, es un ensamble de varias algas complejas de identificar y evaluar a nivel ecológico, como también su real impacto en el medioambiente”, señala Contreras.

Revelando los misterios de la marea verde

El estudio proporciona el primer reporte sobre la biodiversidad morfológica y molecular de las algas del género Ulva spp. que componen la marea verde que ocurre en la Bahía de Algarrobo. “Nuestros resultados indican que las mareas verdes en esta zona involucran al menos cinco taxones diferentes, con variaciones de cobertura entre estaciones y en secciones de la zona intermareal. Además, este trabajo tiene la relevancia de que registra especies que no habían sido identificadas con anterioridad en el Pacifico Sur, como Ulva stenophylloides, Ulva uncialis y Ulva aragoensis, a las que se suman Ulva compressa y Ulva australis”, explica la también investigadora SECOS.

Conocer las especies que componen esta proliferación es tremendamente relevante, “ya que se puede entender si es que son especies introducidas, sus tiempos evolutivos, incluso rangos de dispersión con especies similares, por tanto, entrega información a diversos niveles que puede ser útil para generar aproximaciones de erradicación”, agrega.

Explorando causas y soluciones

Las causas que originan este fenómeno aún están en proceso de investigación por un grupo de investigadores de varias universidades y centros de estudio, pero, “lo más probable es que sean múltiples y relacionadas a una combinación de acciones antrópicas y factores ambientales”, explica el académico de la Pontificia Universidad Católica de Chile e investigador SECOS, Sergio Navarrete, co-autor de la publicación y quien coordina esa línea investigativa.

“Nuestros resultados, aún preliminares, muestran que algunas de las causantes propuestas, como el emisario submarino de Algarrobo, parecen no jugar un rol importante. Por eso estamos generando conocimiento respecto de las condiciones hidrográficas, oceanográficas y ecológicas de ese sistema con diversos centros de investigación del país, que nos permitirá saber cuáles son las posibles causas y eventualmente poder informar potenciales medidas de gestión del fenómeno al municipio, pescadores, botes deportivos y la comunidad”, señala el también investigador del Núcleo NUTME y COPAS.

Por lo pronto, la erradicación de la marea verde se limita a su remoción con retroexcavadoras, pero, advierte Loretto Contreras, esta no sería la mejor opción. El uso de maquinaria pesada genera daños en la superficie de la playa y el retiro de mucha arena junto con las algas. Además, la maquinaria corta y fragmenta estas algas, “y el fraccionamiento de la biomasa es un mecanismo de propagación, finalmente se generan más propágulos que pueden aumentar la biomasa disponible y en consecuencia, el tamaño de las mareas verdes. Por lo tanto, no recomendaría estrategias que generen fragmentación del alga”.

En cambio, se están investigando potenciales usos alternativos para esta biomasa que presenta un alto potencial biotecnológico, según Contreras. “Hemos determinado que una de las especies más abundantes de estas mareas verdes, U. stenophylloides, presenta una alta concentración de moléculas antioxidantes, como fenoles, entre otros. También un alto rendimiento de la biomasa para la obtención de un polisacárido llamado Ulvano, que tiene diversos usos demostrados en salud humana y animal, y en la generación de biomateriales”, explica la investigadora de UNAB y SECOS.

Finalmente, para Pilar Haye, académica del Departamento de Biología Marina de la U. Católica del Norte y directora alterna del SECOS, “el estudio da cuenta de la relevancia de encontrar respuestas conjuntas entre centros e instituciones científicas a desafíos socioecológicos que impactan a las zonas costeras y sus habitantes. Además, fue enriquecedor el proceso de identificación de las especies, mediante un foco interdisciplinario, con ecología, taxonomía clásica e identificación molecular. Esta colaboración sin duda resultó en un aprendizaje que fortaleció el estudio y sus resultados».

Fuente:
Instituto Milenio en Socio-Ecología Costera (SECOS)

Lanzamiento libro «Vecinos nativos en peligro: Cuentos y murales de flora y fauna amenazada en Chile Central»

Cuando: Miércoles 5 de junio, desde las 17:00 hrs.
Dónde:
Transmisión en línea desde Instagram Live de CAPES
Organiza:
Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad (CAPES)

¿Qué tienen en común el ave más grande de Los Andes, una reina colorada y una planta con hojas que parecen sierras?

Todas son parte del nuevo libro para niños, niñas y adolescentes publicado por CAPES «Vecinos nativos en peligro», el cual, a través de 9 cuentos y 9 murales protagonizados por algunas de las especies más emblemáticas de nuestra zona central, busca que sus pequeños lectores comprendan el impacto que tiene la presencia del ser humano en entornos naturales, y la estrecha relación que existe entre nuestro bienestar, y el del resto de los seres vivos que conviven a nuestro alrededor.

Este miércoles 5 de junio, a través del canal de Instagram Live de CAPES, transmitiremos el lanzamiento de esta obra junto a una de sus autores, la ecóloga CAPES, Carla Rivera, y la doctora en Literatura de la Universidad de Maule, Sofía Rosa, quienes presentarán el libro y hablarán de sus temáticas y aspectos más importantes en una amena conversación con la coordinadora de Comunicaciones CAPES, Mónica Paz.

Conéctate a nuestras plataformas a partir de las 17:00 hrs. para ser parte de esta actividad. Ese mismo día informaremos desde dónde podrás descargar el libro, de forma 100% gratuita.

Con propuestas innovadoras culmina el curso “Metodologías de restauración de bosques” en Huinay

En un rincón aislado y remoto, donde la naturaleza despliega toda su majestuosidad, se gesta un proyecto educativo que está revolucionando la forma en que se abordan los problemas medioambientales. Se trata del curso “Metodologías de Restauración de Bosques”, coordinado por los profesores Juan Ovalle (U. de Chile), Jan Bannister (INFOR) y Anahí Ocampo (U. de Chile), donde estudiantes de postgrado de diversas disciplinas se unen en una intensa semana de trabajo bajo un objetivo común: la restauración de ecosistemas degradados.

A través de diversas propuestas con especies nativas se busca apuntar a la restauración de territorios.

El pasado 25 de marzo del 2024 marcó el cierre de la segunda versión del curso de postgrado «Metodologías de Restauración de Bosques», realizado en la Estación Científica de la Fundación San Ignacio del Huinay, ubicada en la comuna de Hualaihué, Región de Los Lagos. Este evento fue organizado en conjunto por los programas de Magíster en Áreas Silvestres y Conservación de la Naturaleza de la Universidad de Chile, Huinay Seasonal School (HSS) y Programa de Observación de Ecosistemas Terrestres y Acuáticos (POETA) de la Fundación San Ignacio del Huinay.

El curso estuvo dirigido por el Dr. Juan Ovalle, académico de la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza de U. de Chile, e Investigador Asociado CAPES y por el Dr. Jan Bannister (INFOR sede Chiloé). También, participaron de forma remota la Dra. Anahí Ocampo, académica de la Universidad de Chile y la Dra. Paula Meli, académica de la Universidad de Concepción y especialista en restauración socioecológica.

Lo que hace único a este curso es su capacidad para crear un entorno de colaboración y acción en un lapso de tiempo reducido. Durante siete días, con jornadas de mañana, tarde y noche, los participantes se sumergieron en un ambiente de trabajo, conscientes de que cada minuto cuenta para lograr un objetivo ambicioso: diseñar una propuesta de restauración a escala de paisaje. 

Las y los estudiantes vivieron una experiencia en terreno para aprender de restauración y reforestación.

El desafío no es sólo técnico, sino también social y ambiental. Los estudiantes, provenientes de diversas especialidades, experimentados y novatos en el ámbito de la restauración, se enfrentan a la tarea de abordar las necesidades presentes y futuras de la comunidad local, al tiempo que enfrentan las presiones cada vez más palpables del cambio climático.

En Huinay, la lección va más allá de los libros y las aulas tradicionales. Aquí, los participantes aprenden en el terreno (con o sin lluvia), enfrentándose directamente a la realidad y trabajando juntos para encontrar soluciones innovadoras y sostenibles.

“La particularidad de este curso es que las condiciones aisladas y remotas donde se emplaza Huinay permite generar un ambiente de trabajo intenso durante 7 días bajo un objetivo común de corto plazo. Estas condiciones generan entre los estudiantes la necesidad de colaborar y aportar desde sus diferentes especialidades para lograr concretar una propuesta de restauración a escala de paisaje, haciéndose cargo de las necesidades actuales y futuras de la comunidad local y de las presiones del cambio climático”, destaca el profesor Juan Ovalle.

Y agrega que: “El particular contexto de uso del territorio de la provincia de Palena permite comprender los procesos de disturbios que ocurrieron a principios del siglo XX, en donde esta localidad se convirtió en un importante centro de explotación comercial del alerce. En 1939, llegaron los primeros colonos desde Río Puelo para explotar el alerce y otros recursos madereros. La deforestación comenzó para abrir terreno destinado a ganadería, agricultura y praderas. Con el tiempo, estas acciones condujeron al ecosistema a un estado de degradación, con incendios forestales, tala desmedida de bosques y uso ganadero intensivo del territorio”.

Propuestas de futuro

La evaluación final del curso consistió en elaborar una propuesta de restauración a escala de paisaje en el contexto del paisaje y la historia de perturbaciones presentes en Huinay. Entre las propuestas que se destacaron se encuentra el proyecto de recuperación de servicios ecosistémicos en bosques de ulmo. Esta propuesta propuso utilizar una metodología combinada de técnicas cualitativas (Recovery Wheel) y cuantitativas (muestreo de parcelas y sub-parcelas) para evaluar el potencial de regeneración natural de acuerdo a un ecosistema de referencia dominado por ulmo, coigue, tineo, y canelo, además de otras especies trepadoras, helechos y herbáceas. 

Otro de los proyectos destacados propuso establecer un bosque experimental para estudiar la respuesta de un bosque en estado de sucesión avanzada frente al cambio climático y simulación de disturbios de pequeña escala. Estas propuestas fueron elogiadas por los académicos, quienes destacaron su innovación, viabilidad y potencial costo-efectivo para su implementación en áreas degradadas dentro del predio de Huinay. 

En tanto, el Dr. Samuel Hormazábal Fritz, director de la Fundación San Ignacio del Huinay, expresó su satisfacción por el éxito del curso y el alto nivel de las propuestas presentadas. Este tipo de iniciativas, dijo, contribuyen significativamente al desarrollo de estrategias de conservación y restauración que beneficien a los ecosistemas forestales y a las comunidades locales.

Este curso no solo transforma paisajes, sino también mentes. Es un ejemplo inspirador de cómo la educación puede ser una fuerza poderosa para el cambio, impulsando a los estudiantes y profesionales a convertirse en agentes de transformación en un mundo que necesita desesperadamente soluciones creativas y comprometidas frente al avance del cambio global. No te quedes fuera de la 3ra versión del curso “Metodologías de Restauración de Bosques 2025”!! (periodo de inscripción a partir de agosto 2024).

Fuente:
Michael Seguel, periodista
Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza

Reunión anual de Iniciativa por el Bosque Esclerófilo fortalece cruces interdisciplinares

Los días 8 y 9 de abril de 2024 se realizó la reunión anual de la Iniciativa Intercentros por el Bosque Esclerófilo, que aúna a investigadoras e investigadores del IEB, CR2, CAPES y USACH, con el objetivo de comprender la situación actual del ecosistema Mediterráneo de Chile central, para encontrar formas efectivas de apoyar la resiliencia de los bosques y las comunidades humanas asociadas a este ecosistema.

El equipo se reunió en Olmué, Región de Valparaíso, y dedicó las jornadas a actualizar sus líneas de investigación, que abarcan desde la microbiología de suelo, ecofisiología vegetal, análisis de fauna, restauración, socioecología y análisis a escala de paisaje, además de la comunicación de estos nuevos conocimientos hacia diferentes agentes clave.

Por otra parte, se realizó una visita a un bosque esclerófilo degradado, y se analizaron los logros obtenidos por la Iniciativa durante el último año, los que incluyen una publicación en Nature Plants, una segunda publicación en revisión, formulación de dos proyectos concursables, y diversas colaboraciones en publicaciones y formación de pre-, postgrado y postdoctorado.

El equipo de la Iniciativa incluye a Solange Vargas (UDA), Cristian Delpiano (ULS) y Nélida Pohl del IEB, Juan Ovalle (U. de Chile) y Claudia Rojas-Alvarado (UOH) de CAPES, Alejandro Miranda (UFRO) del CR2, y Francisco Zorondo-Rodríguez del Departamento de Gestión Agraria, USACH. Solange Vargas, académica de la Universidad de Atacama, destaca: “Esta instancia es fundamental para que se produzca sinergia entre investigadoras e investigadores. Necesitamos tiempo de reflexión, para decantar y afinar las ideas que orientarán nuestro trabajo futuro”.

Por su parte Nélida Pohl, Directora de Comunicaciones del IEB añade que “la interdisciplina no ocurre sin intencionar estos espacios de trabajo conjunto, presencial e intensivo. Necesitamos la interdisciplina para entender las interacciones entre las causas de la compleja situación del esclerófilo, sus posibles trayectorias de cambio, y avenidas de adaptación que permitan su bienestar socioecológico a largo plazo”. 

Fuente: Comunicaciones IEB