La amenaza del cambio climático empuja al huemul a la cuasi extinción

Un estudio de investigadores CAPES, CONAF y la Universidad Austral de Chile, evaluó las variables ambientales que inciden en el tamaño y supervivencia de las poblaciones de este remoto ciervo de los fiordos patagónicos.

Uno de los aspectos más estudiados acerca del cambio climático es el impacto que éste tiene sobre las dinámicas de población de diversas especies animales, amenazando, en muchas ocasiones, incluso su supervivencia. Sin embargo, son pocos los estudios de largo plazo que han investigado los efectos de este fenómeno en especies amenazadas y con áreas de distribución restringidas.

Es el caso, por ejemplo, del huemul (Hippocamelus bisulcus), un ciervo endémico de Sudamérica clasificado como “en peligro de extinción” desde 1976, debido principalmente a la reducción paulatina de su distribución geográfica provocada por la deforestación, la fragmentación de su hábitat y la introducción de fauna exótica y doméstica en la región.

A través de un estudio publicado en la Revista Internacional de Biometeorología, un grupo de investigadores del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad (CAPES UC), el Laboratorio de Manejo y Conservación de Vida Silvestre de la U. Austral y CONAF, estimó el impacto actual y futuro del cambio climático sobre las comunidades de huemules de los fiordos patagónicos de la región de Aysén, y de paso, evaluó las variables ambientales que podrían afectar sus ciclos poblacionales.

Para ello desarrollaron un modelo de dinámica poblacional que recogió datos de población recopilados entre 2004 y 2017 en el Parque Nacional Bernardo O’Higgins, una de las 13 áreas protegidas que actualmente albergan comunidades de huemul en Chile, y alguna vez considerada la concentración más grande de estos ciervos en el país.

Pronóstico aciago

De esta forma, los investigadores proyectaron la viabilidad poblacional de las comunidades de huemul del fiordo Bernardo para los próximos 100 años, a partir de dos escenarios posibles: el primero, considerando las condiciones climáticas actuales de la región (caracterizada por un clima frío y húmedo, con temperaturas promedio anuales entre 7 y 8 °C, y precipitaciones superiores a los 4.000 mm), y el segundo atendiendo a las condiciones futuras estimadas por diversos modelos climáticos globales para los años 2050 y 2070.

Las conclusiones alcanzadas por los investigadores indican que las poblaciones de huemul que habitan las zonas aledañas al fiordo Bernardo se encuentran actualmente en un proceso de cuasi extinción, y las probabilidades de extinción total podrían aumentar seriamente con el cambio climático.

“Por “cuasi extinción”, nos referimos a que la población estudiada se encuentra en niveles tan bajos de abundancia, que puede ser peligroso desde el punto de vista genético, pues cualquier perturbación fuerte podría hacerla desaparecer” relata Carlos Riquelme, médico veterinario de CAPES y autor principal del estudio.

“En nuestro análisis” explican los autores “encontramos que el tamaño actual de la población de huemul podría reducirse dramáticamente en escenarios futuros de cambio climático”. Los expertos señalan que existe una alta probabilidad de que el número de individuos en la zona caiga por debajo de 30 o 15 individuos en el próximo siglo, una cifra por debajo del tamaño sugerido por la UICN para asegurar una población viable.

Los autores también puntualizaron que la baja densidad de individuos en el Parque podría, además, reducir el potencial evolutivo de esta especie debido a su baja variabilidad genética, menguando su capacidad de adaptación a nuevas circunstancias generada por cambios extremos en su medio.

Temperaturas y precipitaciones: principales variables

Junto a estas proyecciones, el estudio analizó los factores que influyen sobre las dinámicas de población del huemul, esto es, el aumento o disminución de su número en el tiempo. Según este análisis, las condiciones climáticas invernales son las que mejor predicen el crecimiento poblacional de los ciervos de fiordo Bernardo, los cuales se benefician cuando el invierno es más frío y la disponibilidad de alimento mayor.

Si bien las razones para esta relación aún no se conocen, los investigadores especulan con la posibilidad de un “desajuste” entre las fases de reproducción del huemul y el crecimiento y disponibilidad de plantas o forraje cuando las temperaturas invernales son altas. “Creemos que podría producirse lo estudiado en especies similares, donde se observa que inviernos más cálidos y con menor precipitación pueden alterar la vegetación generando escasez de alimentos” explica Riquelme, “lo que aumenta también la competencia dentro de la población, incrementando su mortalidad.

Este estudio constituye un insumo clave para el diseño de estrategias de conservación para este emblemático ungulado nacional, al identificar por primera vez los principales factores de riesgo que podrían restringir la recuperación de su población, y ofrecer una aproximación cuantitativa y de largo plazo.

“Tratar de sacar al huemul de este riesgo es complejo” señala Riquelme. “Aún es necesario tener más información sobre el huemul y su interacción con el ambiente, ya que el actual escenario de cambio global y climática puede resultar aún peor para él”.


La amenaza del cambio climático empuja al huemul a la cuasi extinción

Un estudio de investigadores CAPES, CONAF y la Universidad Austral de Chile, evaluó las variables ambientales que inciden en el tamaño y supervivencia de las poblaciones de este remoto ciervo de los fiordos patagónicos.

Uno de los aspectos más estudiados acerca del cambio climático es el impacto que éste tiene sobre las dinámicas de población de diversas especies animales, amenazando, en muchas ocasiones, incluso su supervivencia. Sin embargo, son pocos los estudios de largo plazo que han investigado los efectos de este fenómeno en especies amenazadas y con áreas de distribución restringidas.

Es el caso, por ejemplo, del huemul (Hippocamelus bisulcus), un ciervo endémico de Sudamérica clasificado como “en peligro de extinción” desde 1976, debido principalmente a la reducción paulatina de su distribución geográfica provocada por la deforestación, la fragmentación de su hábitat y la introducción de fauna exótica y doméstica en la región.

A través de un estudio publicado en la Revista Internacional de Biometeorología, un grupo de investigadores del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad (CAPES UC), el Laboratorio de Manejo y Conservación de Vida Silvestre de la U. Austral y CONAF, estimó el impacto actual y futuro del cambio climático sobre las comunidades de huemules de los fiordos patagónicos de la región de Aysén, y de paso, evaluó las variables ambientales que podrían afectar sus ciclos poblacionales.

Para ello desarrollaron un modelo de dinámica poblacional que recogió datos de población recopilados entre 2004 y 2017 en el Parque Nacional Bernardo O’Higgins, una de las 13 áreas protegidas que actualmente albergan comunidades de huemul en Chile, y alguna vez considerada la concentración más grande de estos ciervos en el país.

Pronóstico aciago

De esta forma, los investigadores proyectaron la viabilidad poblacional de las comunidades de huemul del fiordo Bernardo para los próximos 100 años, a partir de dos escenarios posibles: el primero, considerando las condiciones climáticas actuales de la región (caracterizada por un clima frío y húmedo, con temperaturas promedio anuales entre 7 y 8 °C, y precipitaciones superiores a los 4.000 mm), y el segundo atendiendo a las condiciones futuras estimadas por diversos modelos climáticos globales para los años 2050 y 2070.

Las conclusiones alcanzadas por los investigadores indican que las poblaciones de huemul que habitan las zonas aledañas al fiordo Bernardo se encuentran actualmente en un proceso de cuasi extinción, y las probabilidades de extinción total podrían aumentar seriamente con el cambio climático.

“Por “cuasi extinción”, nos referimos a que la población estudiada se encuentra en niveles tan bajos de abundancia, que puede ser peligroso desde el punto de vista genético, pues cualquier perturbación fuerte podría hacerla desaparecer” relata Carlos Riquelme, médico veterinario de CAPES y autor principal del estudio.

“En nuestro análisis” explican los autores “encontramos que el tamaño actual de la población de huemul podría reducirse dramáticamente en escenarios futuros de cambio climático”. Los expertos señalan que existe una alta probabilidad de que el número de individuos en la zona caiga por debajo de 30 o 15 individuos en el próximo siglo, una cifra por debajo del tamaño sugerido por la UICN para asegurar una población viable.

Los autores también puntualizaron que la baja densidad de individuos en el Parque podría, además, reducir el potencial evolutivo de esta especie debido a su baja variabilidad genética, menguando su capacidad de adaptación a nuevas circunstancias generada por cambios extremos en su medio.

Temperaturas y precipitaciones: principales variables

Junto a estas proyecciones, el estudio analizó los factores que influyen sobre las dinámicas de población del huemul, esto es, el aumento o disminución de su número en el tiempo. Según este análisis, las condiciones climáticas invernales son las que mejor predicen el crecimiento poblacional de los ciervos de fiordo Bernardo, los cuales se benefician cuando el invierno es más frío y la disponibilidad de alimento mayor.

Si bien las razones para esta relación aún no se conocen, los investigadores especulan con la posibilidad de un “desajuste” entre las fases de reproducción del huemul y el crecimiento y disponibilidad de plantas o forraje cuando las temperaturas invernales son altas. “Creemos que podría producirse lo estudiado en especies similares, donde se observa que inviernos más cálidos y con menor precipitación pueden alterar la vegetación generando escasez de alimentos” explica Riquelme, “lo que aumenta también la competencia dentro de la población, incrementando su mortalidad.

Este estudio constituye un insumo clave para el diseño de estrategias de conservación para este emblemático ungulado nacional, al identificar por primera vez los principales factores de riesgo que podrían restringir la recuperación de su población, y ofrecer una aproximación cuantitativa y de largo plazo.

“Tratar de sacar al huemul de este riesgo es complejo” señala Riquelme. “Aún es necesario tener más información sobre el huemul y su interacción con el ambiente, ya que el actual escenario de cambio global y climática puede resultar aún peor para él”.


Miembros CAPES se suman a red por la evidencia medioambiental

Mediante este acuerdo, Chile se integra como el primer representante de Latinoamérica a la organización internacional Collaboration for Environmental Evidence (CEE). La alianza permitirá fortalecer la colaboración científica y el intercambio de experiencias de gestión ambiental basada en evidencia tanto del país, como de la región.

Ante la sobreabundancia de información y en el contexto de un mundo hiperconectado, la sistematización de evidencia científica se vuelve especialmente importante para buscar facilitar el acceso y uso de evidencia científica en la toma de decisiones políticas. Collaboration for Environmental Evidence (CEE) es una red internacional de centros que promueven la sistematización de evidencia científica con sede en Canadá, Reino Unido, Sudáfrica, Francia, Suecia y Estados Unidos. A partir de este acuerdo de colaboración de la Universidad Católica, Chile se incorpora como el único representante latinoamericano.

“Esto abre posibilidades inimaginables de colaboración científica, especialmente en el uso de tecnologías modernas (incluyendo inteligencia artificial y machine learning) aplicada a la colección sistemática de evidencia científica en temas ambientales. Sentimos que estamos llenando un vacío que existe en nuestro país, replicando lo que ha logrado el Centro de Evidencia UC y Epistemonikos, quienes sistematizan evidencia en temas médicos”, explica Rodrigo Arriagada, investigador CAPES y académico de la Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal, responsable de la colaboración.

A través de este acuerdo, el CEE podría convertirse en un Centro UC y un verdadero hub regional que permita entregar revisiones sistemáticas sobre evidencia científica en temas sensibles para la región ligados, por ejemplo, a cambio climático, sobre-explotación de recursos marinos, recursos hídricos, bosques, entre muchos otros.

“Llegar a potenciales usuarios de esta evidencia también representa uno de los retos más desafiantes que CEE-Chile deberá afrontar. Los tomadores de decisión deben estar conscientes de la importancia de tomar decisiones debidamente informadas por colecciones sistemáticas de evidencia científica. Esto asegura que cuenten con acceso de manera transparente, transferible y trazable sobre un tema específico, lo que podría mejorar de manera importante la capacidad de rendición de cuentas de la clase política al tomar decisiones de diseño y evaluación de políticas ambientales”, agrega Arriagada, quien también es director del Centro para el Impacto Socioeconómico de las Políticas Ambientales (CESIEP) alojado en la Facultad.

Toma de decisiones made in Chile

La evidencia científica tiene un largo camino que recorrer desde los centros en que se genera, hasta las manos de quienes son responsables de tomar decisiones a partir de ellas. La Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal, a través de Arriagada, CAPES y CESIEP, sostiene su compromiso público para que el conocimiento de punta de la Universidad Católica se traduzca en la transferencia y toma de decisiones informadas.

Anteriormente, el director ejecutivo de CEE, Andrew Pullin, visitó nuestro país y participó en el desarrollo de un curso de entrenamiento en sistematización de evidencia científica el año 2017, lo que facilitó el establecimiento de un convenio de colaboración con el Programa de Asesorías Técnicas Parlamentarias de la Biblioteca del Congreso Nacional.

El año 2018 el equipo de Arriagada visitó la Agencia Ambiental del Reino Unido y la Unidad de Evidencia del Ministerio del Medioambiente inglés, lo que les permitió constatar cómo CEE busca facilitar el acceso y uso de evidencia científica en la toma de decisiones políticas. El convenio contraído, profundizará la experiencia que ya ha desarrollado CESIEP para comprender, evaluar y medir los diferentes impactos socioeconómicos asociados a estas políticas.

La metodología CEE

Autodenominados como un colectivo que trabaja por un medio ambiente global sostenible y la conservación de la biodiversidad, CEE sintetiza la evidencia de sus múltiples centros a través de revisiones sistemáticas y mapas de evidencia que proporcionan una metodología rigurosa y transparente para evaluar los impactos de la actividad humana y la efectividad de las políticas y las intervenciones de gestión.

En su web se pueden encontrar múltiples recursos abiertos que ofrecen, tanto para informarse como para respaldar la realización de una síntesis de evidencia rigurosa. “La Colaboración no tiene fines de lucro y se basa en la dedicación y el entusiasmo de los científicos, los formadores de políticas, los gerentes ambientales y otras partes interesadas para proporcionar una fuente confiable de evidencia para mejorar continuamente la efectividad de nuestras acciones”, declaran en su sitio.

La colaboración entre la UC y CEE, a través de diversas actividades, buscará sensibilizar sobre la importancia de la generación y demanda de síntesis de pruebas para su uso en la adopción de decisiones, desarrollar una base de datos de preguntas prioritarias en temáticas medioambientales y fortalecer las redes de investigación y formación entre instituciones del país y la región.

Un primer hito contempla el desarrollo de un seminario internacional donde representantes de centros CEE alrededor del mundo se junten en Chile para hablar de sistematización y toma de decisiones políticas informadas por evidencia científica.



Fuente: Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal Universidad Católica

Miembros CAPES se suman a red por la evidencia medioambiental

Mediante este acuerdo, Chile se integra como el primer representante de Latinoamérica a la organización internacional Collaboration for Environmental Evidence (CEE). La alianza permitirá fortalecer la colaboración científica y el intercambio de experiencias de gestión ambiental basada en evidencia tanto del país, como de la región.

Ante la sobreabundancia de información y en el contexto de un mundo hiperconectado, la sistematización de evidencia científica se vuelve especialmente importante para buscar facilitar el acceso y uso de evidencia científica en la toma de decisiones políticas. Collaboration for Environmental Evidence (CEE) es una red internacional de centros que promueven la sistematización de evidencia científica con sede en Canadá, Reino Unido, Sudáfrica, Francia, Suecia y Estados Unidos. A partir de este acuerdo de colaboración de la Universidad Católica, Chile se incorpora como el único representante latinoamericano.

“Esto abre posibilidades inimaginables de colaboración científica, especialmente en el uso de tecnologías modernas (incluyendo inteligencia artificial y machine learning) aplicada a la colección sistemática de evidencia científica en temas ambientales. Sentimos que estamos llenando un vacío que existe en nuestro país, replicando lo que ha logrado el Centro de Evidencia UC y Epistemonikos, quienes sistematizan evidencia en temas médicos”, explica Rodrigo Arriagada, investigador CAPES y académico de la Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal, responsable de la colaboración.

A través de este acuerdo, el CEE podría convertirse en un Centro UC y un verdadero hub regional que permita entregar revisiones sistemáticas sobre evidencia científica en temas sensibles para la región ligados, por ejemplo, a cambio climático, sobre-explotación de recursos marinos, recursos hídricos, bosques, entre muchos otros.

“Llegar a potenciales usuarios de esta evidencia también representa uno de los retos más desafiantes que CEE-Chile deberá afrontar. Los tomadores de decisión deben estar conscientes de la importancia de tomar decisiones debidamente informadas por colecciones sistemáticas de evidencia científica. Esto asegura que cuenten con acceso de manera transparente, transferible y trazable sobre un tema específico, lo que podría mejorar de manera importante la capacidad de rendición de cuentas de la clase política al tomar decisiones de diseño y evaluación de políticas ambientales”, agrega Arriagada, quien también es director del Centro para el Impacto Socioeconómico de las Políticas Ambientales (CESIEP) alojado en la Facultad.

Toma de decisiones made in Chile

La evidencia científica tiene un largo camino que recorrer desde los centros en que se genera, hasta las manos de quienes son responsables de tomar decisiones a partir de ellas. La Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal, a través de Arriagada, CAPES y CESIEP, sostiene su compromiso público para que el conocimiento de punta de la Universidad Católica se traduzca en la transferencia y toma de decisiones informadas.

Anteriormente, el director ejecutivo de CEE, Andrew Pullin, visitó nuestro país y participó en el desarrollo de un curso de entrenamiento en sistematización de evidencia científica el año 2017, lo que facilitó el establecimiento de un convenio de colaboración con el Programa de Asesorías Técnicas Parlamentarias de la Biblioteca del Congreso Nacional.

El año 2018 el equipo de Arriagada visitó la Agencia Ambiental del Reino Unido y la Unidad de Evidencia del Ministerio del Medioambiente inglés, lo que les permitió constatar cómo CEE busca facilitar el acceso y uso de evidencia científica en la toma de decisiones políticas. El convenio contraído, profundizará la experiencia que ya ha desarrollado CESIEP para comprender, evaluar y medir los diferentes impactos socioeconómicos asociados a estas políticas.

La metodología CEE

Autodenominados como un colectivo que trabaja por un medio ambiente global sostenible y la conservación de la biodiversidad, CEE sintetiza la evidencia de sus múltiples centros a través de revisiones sistemáticas y mapas de evidencia que proporcionan una metodología rigurosa y transparente para evaluar los impactos de la actividad humana y la efectividad de las políticas y las intervenciones de gestión.

En su web se pueden encontrar múltiples recursos abiertos que ofrecen, tanto para informarse como para respaldar la realización de una síntesis de evidencia rigurosa. “La Colaboración no tiene fines de lucro y se basa en la dedicación y el entusiasmo de los científicos, los formadores de políticas, los gerentes ambientales y otras partes interesadas para proporcionar una fuente confiable de evidencia para mejorar continuamente la efectividad de nuestras acciones”, declaran en su sitio.

La colaboración entre la UC y CEE, a través de diversas actividades, buscará sensibilizar sobre la importancia de la generación y demanda de síntesis de pruebas para su uso en la adopción de decisiones, desarrollar una base de datos de preguntas prioritarias en temáticas medioambientales y fortalecer las redes de investigación y formación entre instituciones del país y la región.

Un primer hito contempla el desarrollo de un seminario internacional donde representantes de centros CEE alrededor del mundo se junten en Chile para hablar de sistematización y toma de decisiones políticas informadas por evidencia científica.



Fuente: Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal Universidad Católica

Desafío Retorna: diciendo adiós a los vasos desechables en los campus UC

Ideado y coordinado por la bióloga CAPES, Daniela Mella, el proyecto es una actividad conjunta entre dicho centro y la Escuela de Diseño de la Universidad Católica, y tiene por objetivo el diseño de un servicio de vasos retornables en cafeterías y otros establecimientos comerciales insertados en sistemas de circuito cerrado.

El pasado agosto, de forma telemática, los estudiantes de cuarto año de la carrera de Diseño de la Universidad Católica iniciaron el taller “Creación de nuevos servicios para las personas”, dictado por la profesora de la Escuela de Diseño UC, Paula Wuth. Durante las próximas 12 semanas, los futuros diseñadores deberían trabajar en la ideación y elaboración de uno de dos proyectos orientados al diseño de productos y servicios centrados en las personas, los cuales pondrán a prueba sus conocimientos y capacidades creativas.

Uno de estos proyectos, llamado “Desafío Retorna” tiene por misión el diseño de un servicio de vasos retornables para cafeterías y establecimientos de expendio de bebidas frías y calientes, especialmente en sistemas de circuito cerrado o semi-cerrado como campus o estaciones de metro.

La iniciativa es una idea desarrollada por la bióloga y profesional CAPES, Daniella Mella, en un intento por reducir el consumo de plásticos de un solo uso en dependencias de la Universidad, e idealmente extender la idea a otros espacios de venta de este tipo de envases.

La iniciativa, explica Mella, “nace de la frustración de ver y conocer el impacto que tiene la acumulación de plásticos y otros materiales de un solo uso en el ambiente”, especialmente a nivel de los ecosistemas marinos. “Lo más frustrante de esto es darse cuenta que lo que está sucediendo es consecuencia de pequeños actos cotidianos, como tomarse un jugo con una bombilla, tirar una bolsa plástica o beberse un café en un vaso desechable” comenta.

De ahí su idea de introducir pequeños cambios en la forma en que las personas consumen este tipo de alimentos, partiendo por la relación entre las personas, y su café. Sin embargo, cambiar un comportamiento arraigado en las personas, por minúsculo que parezca, no es tarea fácil. “Son muchos los factores que le impiden a las personas producir estos cambios: hábitos, comodidad, falta de información o de tiempo, desinterés, etc. Cada quien tiene motivaciones diferentes para ir a tomar un café en un determinado momento, y éstas no siempre tienen que ver con el impacto ambiental que generamos. Entonces, ¿cómo hacemos para que tomar la decisión ambientalmente correcta sea también la más cómoda, la más fácil y la más atractiva? De esa pregunta, y de la conversación con distintas personas e instituciones interesadas y expertas en el tema, nació este proyecto y el desafío del que es parte”.

Mella se asoció con profesionales de la Dirección de Sustentabilidad y la Escuela de Diseño de la Universidad Católica para configurar un grupo de trabajo que hiciera factible la creación de este servicio, uno que reemplazase los vasos desechables por recipientes retornables en las cafeterías de la Universidad. De esta colaboración, surgió la idea de convertir este proyecto en un desafío para los estudiantes de Diseño.

Pensando en los consumidores…

Durante el desafío, estos estudiantes trabajarán individual y grupalmente a través de una metodología de diseño que comienza con la “inspiración”, es decir, con entender el contexto en el que se enmarca el proyecto, para luego avanzar en la comprensión de las necesidades de los usuarios y actores claves del servicio a diseñar, y así finalmente proponer soluciones al desafío, testearlas y proyectarlas en una propuesta formal.

Al final del semestre, se espera que cada grupo de trabajo presente una propuesta de prototipo que incluya los aspectos tanto comerciales y de marketing como de usabilidad del producto-servicio. El equipo de Retorna, en conjunto con la Dirección de Sustentabilidad, evaluarán estos prototipos para definir cuál o cuáles se pondrán poner a prueba dentro de la Universidad.

“Desde la perspectiva de CAPES”, explica Mella, “se evaluará cómo las propuestas cumplen con los requisitos de sustentabilidad que se buscan. Esto es, una disminución del impacto ambiental del servicio-producto respecto a las alternativas actuales, a través de todo su ciclo de vida, desde la obtención y uso de materias primas para su fabricación, hasta su disposición final”.

En el camino, sin embargo, los alumnos se encontrarán con las mismas dificultades que anteriormente mencionara la profesional CAPES: “Entre los desafíos más importantes está lograr un producto-servicio que sea económicamente sustentable y competitivo, y cómo a través del diseño puedo asegurar, o al menos aumentar la probabilidad, de que los vasos sean devueltos al sistema y asegurar su circularidad o «retornabilidad». Por último, está el gran desafío de lograr ese cambio de hábito en las personas. Hay diferentes perfiles de consumidores, y no a todos les interesa el impacto ambiental de sus acciones cotidiana. ¿Cómo logramos entonces que esas personas sean también atraídas por esta nueva forma de tomar café o té? Ese es un gran desafío”, plantea.

… y el medio ambiente

Para Mella, la implementación de este tipo de medidas a pequeña y mediana escala puede traer beneficios tanto en el corto como en el largo plazo. “Si pensamos en el contexto universitario, a corto plazo se vería una reducción en la cantidad de desechos que produce la Universidad, trayendo importantes beneficios económicos, pero sobre todo acercándonos a la meta de carbono-neutralidad que la institución se ha puesto para el 2038″.

Esto, debido al impacto positivo que traería deshacerse de un producto que en toda su cadena productiva genera externalidades negativas para el medioambiente, desde el uso (y abuso) de materias primas para su creación hasta la contaminación ambiental que producen por su acumulación en el ambiente. “A mediano y largo plazo, esperamos lograr cambios de hábitos en la comunidad universitaria. Que esto sea el inicio de un cambio de cultura de lo desechable a lo reutilizable” añade Mella.

Y si bien la doctora en Biología Marina hoy está enfocada en poner a prueba estos prototipos dentro de la Universidad, idealmente cambiando los hábitos de la comunidad universitaria en el proceso, la gran metra es poder sacar el servicio “al mundo. “Esperamos que una vez con el prototipo, podamos postular a fondos concursables que nos permitan lograr este objetivo. Probablemente viendo cómo funciona en otras universidades como las de la red de Campus Sustentable, para luego escalar a otros sistemas de circuito cerrado o semi cerrado, como son edificios corporativos, clínicas o aeropuertos”.

El plan más allá de esta primera etapa es ambicioso, pero tanto Mella como las instituciones que la apoyan saben mejor nadie que no existe mejor basura que la que no se produce. O en este caso, bebe.

Desafío Retorna: diciendo adiós a los vasos desechables en los campus UC

Ideado y coordinado por la bióloga CAPES, Daniela Mella, el proyecto es una actividad conjunta entre dicho centro y la Escuela de Diseño de la Universidad Católica, y tiene por objetivo el diseño de un servicio de vasos retornables en cafeterías y otros establecimientos comerciales insertados en sistemas de circuito cerrado.

El pasado agosto, de forma telemática, los estudiantes de cuarto año de la carrera de Diseño de la Universidad Católica iniciaron el taller “Creación de nuevos servicios para las personas”, dictado por la profesora de la Escuela de Diseño UC, Paula Wuth. Durante las próximas 12 semanas, los futuros diseñadores deberían trabajar en la ideación y elaboración de uno de dos proyectos orientados al diseño de productos y servicios centrados en las personas, los cuales pondrán a prueba sus conocimientos y capacidades creativas.

Uno de estos proyectos, llamado “Desafío Retorna” tiene por misión el diseño de un servicio de vasos retornables para cafeterías y establecimientos de expendio de bebidas frías y calientes, especialmente en sistemas de circuito cerrado o semi-cerrado como campus o estaciones de metro.

La iniciativa es una idea desarrollada por la bióloga y profesional CAPES, Daniella Mella, en un intento por reducir el consumo de plásticos de un solo uso en dependencias de la Universidad, e idealmente extender la idea a otros espacios de venta de este tipo de envases.

La iniciativa, explica Mella, “nace de la frustración de ver y conocer el impacto que tiene la acumulación de plásticos y otros materiales de un solo uso en el ambiente”, especialmente a nivel de los ecosistemas marinos. “Lo más frustrante de esto es darse cuenta que lo que está sucediendo es consecuencia de pequeños actos cotidianos, como tomarse un jugo con una bombilla, tirar una bolsa plástica o beberse un café en un vaso desechable” comenta.

De ahí su idea de introducir pequeños cambios en la forma en que las personas consumen este tipo de alimentos, partiendo por la relación entre las personas, y su café. Sin embargo, cambiar un comportamiento arraigado en las personas, por minúsculo que parezca, no es tarea fácil. “Son muchos los factores que le impiden a las personas producir estos cambios: hábitos, comodidad, falta de información o de tiempo, desinterés, etc. Cada quien tiene motivaciones diferentes para ir a tomar un café en un determinado momento, y éstas no siempre tienen que ver con el impacto ambiental que generamos. Entonces, ¿cómo hacemos para que tomar la decisión ambientalmente correcta sea también la más cómoda, la más fácil y la más atractiva? De esa pregunta, y de la conversación con distintas personas e instituciones interesadas y expertas en el tema, nació este proyecto y el desafío del que es parte”.

Mella se asoció con profesionales de la Dirección de Sustentabilidad y la Escuela de Diseño de la Universidad Católica para configurar un grupo de trabajo que hiciera factible la creación de este servicio, uno que reemplazase los vasos desechables por recipientes retornables en las cafeterías de la Universidad. De esta colaboración, surgió la idea de convertir este proyecto en un desafío para los estudiantes de Diseño.

Pensando en los consumidores…

Durante el desafío, estos estudiantes trabajarán individual y grupalmente a través de una metodología de diseño que comienza con la “inspiración”, es decir, con entender el contexto en el que se enmarca el proyecto, para luego avanzar en la comprensión de las necesidades de los usuarios y actores claves del servicio a diseñar, y así finalmente proponer soluciones al desafío, testearlas y proyectarlas en una propuesta formal.

Al final del semestre, se espera que cada grupo de trabajo presente una propuesta de prototipo que incluya los aspectos tanto comerciales y de marketing como de usabilidad del producto-servicio. El equipo de Retorna, en conjunto con la Dirección de Sustentabilidad, evaluarán estos prototipos para definir cuál o cuáles se pondrán poner a prueba dentro de la Universidad.

“Desde la perspectiva de CAPES”, explica Mella, “se evaluará cómo las propuestas cumplen con los requisitos de sustentabilidad que se buscan. Esto es, una disminución del impacto ambiental del servicio-producto respecto a las alternativas actuales, a través de todo su ciclo de vida, desde la obtención y uso de materias primas para su fabricación, hasta su disposición final”.

En el camino, sin embargo, los alumnos se encontrarán con las mismas dificultades que anteriormente mencionara la profesional CAPES: “Entre los desafíos más importantes está lograr un producto-servicio que sea económicamente sustentable y competitivo, y cómo a través del diseño puedo asegurar, o al menos aumentar la probabilidad, de que los vasos sean devueltos al sistema y asegurar su circularidad o «retornabilidad». Por último, está el gran desafío de lograr ese cambio de hábito en las personas. Hay diferentes perfiles de consumidores, y no a todos les interesa el impacto ambiental de sus acciones cotidiana. ¿Cómo logramos entonces que esas personas sean también atraídas por esta nueva forma de tomar café o té? Ese es un gran desafío”, plantea.

… y el medio ambiente

Para Mella, la implementación de este tipo de medidas a pequeña y mediana escala puede traer beneficios tanto en el corto como en el largo plazo. “Si pensamos en el contexto universitario, a corto plazo se vería una reducción en la cantidad de desechos que produce la Universidad, trayendo importantes beneficios económicos, pero sobre todo acercándonos a la meta de carbono-neutralidad que la institución se ha puesto para el 2038″.

Esto, debido al impacto positivo que traería deshacerse de un producto que en toda su cadena productiva genera externalidades negativas para el medioambiente, desde el uso (y abuso) de materias primas para su creación hasta la contaminación ambiental que producen por su acumulación en el ambiente. “A mediano y largo plazo, esperamos lograr cambios de hábitos en la comunidad universitaria. Que esto sea el inicio de un cambio de cultura de lo desechable a lo reutilizable” añade Mella.

Y si bien la doctora en Biología Marina hoy está enfocada en poner a prueba estos prototipos dentro de la Universidad, idealmente cambiando los hábitos de la comunidad universitaria en el proceso, la gran metra es poder sacar el servicio “al mundo. “Esperamos que una vez con el prototipo, podamos postular a fondos concursables que nos permitan lograr este objetivo. Probablemente viendo cómo funciona en otras universidades como las de la red de Campus Sustentable, para luego escalar a otros sistemas de circuito cerrado o semi cerrado, como son edificios corporativos, clínicas o aeropuertos”.

El plan más allá de esta primera etapa es ambicioso, pero tanto Mella como las instituciones que la apoyan saben mejor nadie que no existe mejor basura que la que no se produce. O en este caso, bebe.

Científicos llamaron a firmar Escazú en última campaña CAPES

Compartimos con ustedes un video producido por CAPES junto a distintas organizaciones y centros de estudio nacionales, donde diversas personalidades y destacados investigadores instan a las autoridades a la firma del Acuerdo de Escazú previo al cumplimiento del primer plazo ratificatorio. En el video, los profesionales reclamaron el derecho a un ambiente sano y un futuro sustentable como imperativo para toda sociedad que aspire a una democracia plena y para todos.

Pese a que el Gobierno finalmente decidió no firmar el acuerdo, Chile aún puede hacerse parte de este pacto regional en el futuro, por lo que la presión para conseguir este importante paso continua.

Escazú ahora: por qué Chile debe firmar el Acuerdo de Escazú from CAPES-UC on Vimeo.

Transcripción

Chile es un territorio que cuenta con incomparables entornos naturales y ecosistemas únicos en el mundo. Bien protegidos y gestionados, estos ambientes pueden proveer el bienestar material y espiritual al cual todos y todas tenemos derecho.

Hoy, sin embargo, esa misma naturaleza que nos sostiene se ve amenazada por una serie de procesos económicos, sociales, políticos y naturales que ponen en peligro dicho potencial. El uso inescrupuloso de nuestros recursos naturales, la histórica desigualdad social, la actual crisis climática y la escasa legislación en materia ambiental son algunas de estas amenazas.

El Acuerdo de Escazú es un pacto regional que busca convertir en acciones concretas el principio de que la mejor forma de tratar los conflictos ambientales es con la participación de todos los ciudadanos y ciudadanas. ¿Cómo? Asegurando el acceso igualitario de las personas a la información ambiental, garantizando su participación en la toma de decisiones, y fortaleciendo la institucionalidad de los países en esta materia. Es, en definitiva, un acuerdo necesario de democracia y justicia ambiental que no afecta ni pone en riesgo la soberanía de los estados que lo adoptan.

Hasta ahora, el acuerdo ha sido firmado por 22 de los 33 estados miembro de la comunidad de países de Latinoamérica y el Caribe, pero Chile, uno de los países impulsores del pacto junto con Costa Rica, aún no lo hace.

La firma de este acuerdo permitiría, entre otras cosas, que cada chileno y chilena pueda acceder a la información ambiental de su interés que se encuentre el poder del Estado, lo que implica el derecho a solicitar y recibir información sin una razón previa y a ser debidamente informado si la institución no cuenta con la información requerida.

El acuerdo también mandata a los países a poner a disposición de la gente la información ambiental relevante para sus funciones, de manera sistemática, proactiva, oportuna, regular, accesible y comprensible. Esto incluye, por ejemplo, el listado de zonas contaminadas, por tipo de contaminante y localización; información sobre el uso y la conservación de los recursos naturales y servicios ecosistémicos; informes técnicos y estudios científicos en asuntos ambientales, elaborados por instituciones académicas y de investigación, públicas o privadas, o información de los procesos de evaluación de impacto ambiental y de licitaciones o permisos ambientales otorgados por las autoridades públicas.

Los países firmantes también deberán asegurar la participación abierta e inclusiva de las personas en las tomas de decisiones ambientales, como el ordenamiento territorial o la elaboración de políticas, estrategias, planes o reglamentos que tengan un impacto sobre el medio ambiente.

Por último, el acuerdo obliga a los estados a garantizar el derecho a la justicia ambiental ante cualquier acción o decisión que vulnere el medio ambiente o las normas jurídicas que lo resguardan.

Nuestro país tiene hasta el 26 de septiembre para firmar Escazú y sumarse a la negociación de sus reglas de procedimiento. Hacerlo, sería continuar y reafirmar el compromiso internacional de Chile en materia ambiental. Sería fundar una nueva relación entre el Estado, la sociedad, y la naturaleza que nos rodea y de la que somos parte. Una relación de interdependencia, respeto y cuidado, basada en la participación y la democracia plena, que nos permita a todos y a todas vivir en un ambiente sano y construir un futuro sustentable para las próximas generaciones.

No hacerlo, sería creer que las amenazas no existen, o que pueden ser resueltas sin la participación informada de todos quienes habitamos este planeta.

Por eso, hoy más que nunca decimos ¡Escazú ahora!

Científicos llamaron a firmar Escazú en última campaña CAPES

Compartimos con ustedes un video producido por CAPES junto a distintas organizaciones y centros de estudio nacionales, donde diversas personalidades y destacados investigadores instan a las autoridades a la firma del Acuerdo de Escazú previo al cumplimiento del primer plazo ratificatorio. En el video, los profesionales reclamaron el derecho a un ambiente sano y un futuro sustentable como imperativo para toda sociedad que aspire a una democracia plena y para todos.

Pese a que el Gobierno finalmente decidió no firmar el acuerdo, Chile aún puede hacerse parte de este pacto regional en el futuro, por lo que la presión para conseguir este importante paso continua.

Escazú ahora: por qué Chile debe firmar el Acuerdo de Escazú from CAPES-UC on Vimeo.

Transcripción

Chile es un territorio que cuenta con incomparables entornos naturales y ecosistemas únicos en el mundo. Bien protegidos y gestionados, estos ambientes pueden proveer el bienestar material y espiritual al cual todos y todas tenemos derecho.

Hoy, sin embargo, esa misma naturaleza que nos sostiene se ve amenazada por una serie de procesos económicos, sociales, políticos y naturales que ponen en peligro dicho potencial. El uso inescrupuloso de nuestros recursos naturales, la histórica desigualdad social, la actual crisis climática y la escasa legislación en materia ambiental son algunas de estas amenazas.

El Acuerdo de Escazú es un pacto regional que busca convertir en acciones concretas el principio de que la mejor forma de tratar los conflictos ambientales es con la participación de todos los ciudadanos y ciudadanas. ¿Cómo? Asegurando el acceso igualitario de las personas a la información ambiental, garantizando su participación en la toma de decisiones, y fortaleciendo la institucionalidad de los países en esta materia. Es, en definitiva, un acuerdo necesario de democracia y justicia ambiental que no afecta ni pone en riesgo la soberanía de los estados que lo adoptan.

Hasta ahora, el acuerdo ha sido firmado por 22 de los 33 estados miembro de la comunidad de países de Latinoamérica y el Caribe, pero Chile, uno de los países impulsores del pacto junto con Costa Rica, aún no lo hace.

La firma de este acuerdo permitiría, entre otras cosas, que cada chileno y chilena pueda acceder a la información ambiental de su interés que se encuentre el poder del Estado, lo que implica el derecho a solicitar y recibir información sin una razón previa y a ser debidamente informado si la institución no cuenta con la información requerida.

El acuerdo también mandata a los países a poner a disposición de la gente la información ambiental relevante para sus funciones, de manera sistemática, proactiva, oportuna, regular, accesible y comprensible. Esto incluye, por ejemplo, el listado de zonas contaminadas, por tipo de contaminante y localización; información sobre el uso y la conservación de los recursos naturales y servicios ecosistémicos; informes técnicos y estudios científicos en asuntos ambientales, elaborados por instituciones académicas y de investigación, públicas o privadas, o información de los procesos de evaluación de impacto ambiental y de licitaciones o permisos ambientales otorgados por las autoridades públicas.

Los países firmantes también deberán asegurar la participación abierta e inclusiva de las personas en las tomas de decisiones ambientales, como el ordenamiento territorial o la elaboración de políticas, estrategias, planes o reglamentos que tengan un impacto sobre el medio ambiente.

Por último, el acuerdo obliga a los estados a garantizar el derecho a la justicia ambiental ante cualquier acción o decisión que vulnere el medio ambiente o las normas jurídicas que lo resguardan.

Nuestro país tiene hasta el 26 de septiembre para firmar Escazú y sumarse a la negociación de sus reglas de procedimiento. Hacerlo, sería continuar y reafirmar el compromiso internacional de Chile en materia ambiental. Sería fundar una nueva relación entre el Estado, la sociedad, y la naturaleza que nos rodea y de la que somos parte. Una relación de interdependencia, respeto y cuidado, basada en la participación y la democracia plena, que nos permita a todos y a todas vivir en un ambiente sano y construir un futuro sustentable para las próximas generaciones.

No hacerlo, sería creer que las amenazas no existen, o que pueden ser resueltas sin la participación informada de todos quienes habitamos este planeta.

Por eso, hoy más que nunca decimos ¡Escazú ahora!

Premios Nacionales abogan por el desarrollo sustentable en Magallanes

Compartimos íntegramente la declaración de los Premios Nacionales Fabián Jaksic (CAPES), Francisco Bozinovic (CAPES), Sergio Baeriswyl, , Nicolo Gligo, Iván Jaksic y Mateo Martinic, donde advierten que estrategias de desarrollo social y económico deficientes y desorientadas han llevado a la región más Austral a un deterioro insostenible.

En el texto, los investigadores instan a las autoridades a efectuar una planificación urbana que respete los principios ambientales, paisajísticos y patrimoniales, y llaman a la ciudadanía a apostar por la ciencia, el uso racional de los recursos y el desarrollo de energías renovables.

DECLARACIÓN

“Magallanes es un territorio vasto, diverso y único, que crea en sus habitantes condiciones excepcionales de identidad que los hacen enfrentar la vida con tesón, solidaridad y fraternidad. Esta tierra estaba poblada hacia 10.000 años antes de la llegada de la cultura occidental por los pueblos Aónikenk, Kawésqar, Yaghan y Selk’nam con una rica y compleja organización social y cultural, de las cuales nunca terminaremos de aprender. La Región de Magallanes es hija del propio esfuerzo de las personas que llegaron a ella desde países allende los mares y desde nuestro propio país y que, consciente de las limitaciones derivadas de su lejanía y de las difíciles condiciones climáticas, se comprometieron con su desarrollo, proceso en que el Estado nacional se hizo presente sólo a contar de mitad del siglo XX.

“Magallanes nunca ha dejado de ser una región extractiva. La explotación ganadera extensiva y la explotación de nuestros bosques han sido marcadamente expoliadoras. La explotación del mar también lo es, pues se ha reducido en forma progresiva la biomasa existente de las pesquerías de la región. A todo ello, debemos sumar los pasivos ambientales de la explotación del carbón y del petróleo.

“Hemos llegado a esta fecha a un diagnóstico preocupante: Magallanes se agota, se restringe, se contamina, se deteriora. Múltiples razones explican esta tendencia: sobreexplotación, cambios de hábitat y nichos ecológicos por incendios o expansión ganadera; áreas protegidas descuidadas; residuos urbanos, portuarios e industriales; especies exóticas invasoras como el castor, el visón, la pilosella y el didymo. No sabemos aún cuánto se agudizará este deterioro con un cambio climático cada días más visible en la región. Sin embargo, pese a las incertidumbres y amenazas, se siguen utilizando sistemas ambientalmente insustentables que van dejando a su paso huellas imborrables en el paisaje y en los ecosistemas.

“Nuestro diagnóstico de las ciudades no deja de alarmarnos. La extraordinaria identidad de ellas, en especial de Punta Arenas, corre el riesgo de perderse, sustituida por una arquitectura desarraigada y desmedida en su altura. La expansión urbana no ha aportado a conservar su identidad y, en muchos casos, más bien parece caótica, poniendo en juego la calidad de vida ganada en el pasado. La ciudad ya no luce limpia, no se ven nuevas avenidas arboladas y nuevos parques urbanos.

“Es cierto que aparecen nuevas posibilidades para el desarrollo de Magallanes, pero éstas se cimentan en la explotación primaria de los recursos naturales y sin prioridades claras sobre la retención de excedentes regionales y la creación de empleos. La salmonicultura es susceptible a enfermedades, vulnerable al escape de peces y generadora de contaminación. El turismo ha sido otro sostén económico, pero su futuro es incierto porque no podemos fomentarlo masificándolo en forma descontrolada, y mostrando erosión del suelo, áreas incendiadas, especies exóticas y residuos contaminantes. No son estos planteamientos pesimistas, sino los más realistas posibles. La característica del desarrollo regional seguirá siendo extractiva por mucho tiempo más y, quizás, éste sea su destino en el contexto de su inserción en el país y en el ámbito mundial.

“No obstante, tenemos grandes oportunidades si aprovechamos tanto la oferta natural de la región como la calidad humana de sus pobladores. Para ello, se necesita mucho más ciencia para profundizar en el conocimiento y en la prospección de recursos. La heterogeneidad física y social de la región nos mueve a recomendar que se impulsen con fuerza estudios territoriales desagregados en urbosistemas, agrosistemas y ecosistemas prístinos, con sus respectivas disgregaciones. Pero, la ciencia tiene que ir de la mano de urgentes e inmediatas políticas públicas.

Siempre se habló del gran potencial energético de Magallanes. Obviamente que en las perspectivas mundiales actuales es necesario enfocarse totalmente hacia el aprovechamiento de las fuentes energéticas renovables. Nuestras ciudades ya concentran más del 90% de la población, en consecuencia su desarrollo debe ceñirse a una planificación urbana estricta en coherencia con los principios ambientales, paisajísticos y patrimoniales, asegurando una mejora continua de la calidad de vida de sus habitantes.

“Dada la historia de la región, valoramos la autogestión de nuestros asuntos y reclamamos, como las regiones del país con identidad definida, el ejercicio de una acción autónoma en los términos precisos de la desconcentración y descentralización bien entendidas, en el sistema de ordenamiento político-administrativo del país, que esperamos tenga la debida cabida en la nueva Constitución de la República de Chile. Por ello, planteamos la necesidad de contar con una completa y renovada definición institucional que, por una parte, asegure el uso ambientalmente sustentable de los recursos y, por otra, preserve y afirme los valores tradicionales y los modos de vida propios de la comunidad regional.

“Todo lo anterior debe ser una invitación a replantear con urgencia el futuro, lo que exige una revisión exhaustiva de la historia de nuestra sociedad, para no repetir o perpetuar los errores. Debemos partir por el genocidio de los pueblos ancestrales hasta llegar a la actual expansión del turismo, tratando de poner en valor nuestra herencia y revisar con libertad crítica todo aquello que no queremos que vuelva a ocurrir. Sólo así dará pie para analizar los condicionamientos y determinantes de lo que realmente hemos construido, y permitirá definir los caminos futuros hacia un desarrollo socialmente armónico y ambientalmente sustentable”.