Premios Nacionales abogan por el desarrollo sustentable en Magallanes

Compartimos íntegramente la declaración de los Premios Nacionales Fabián Jaksic (CAPES), Francisco Bozinovic (CAPES), Sergio Baeriswyl, , Nicolo Gligo, Iván Jaksic y Mateo Martinic, donde advierten que estrategias de desarrollo social y económico deficientes y desorientadas han llevado a la región más Austral a un deterioro insostenible.

En el texto, los investigadores instan a las autoridades a efectuar una planificación urbana que respete los principios ambientales, paisajísticos y patrimoniales, y llaman a la ciudadanía a apostar por la ciencia, el uso racional de los recursos y el desarrollo de energías renovables.

DECLARACIÓN

“Magallanes es un territorio vasto, diverso y único, que crea en sus habitantes condiciones excepcionales de identidad que los hacen enfrentar la vida con tesón, solidaridad y fraternidad. Esta tierra estaba poblada hacia 10.000 años antes de la llegada de la cultura occidental por los pueblos Aónikenk, Kawésqar, Yaghan y Selk’nam con una rica y compleja organización social y cultural, de las cuales nunca terminaremos de aprender. La Región de Magallanes es hija del propio esfuerzo de las personas que llegaron a ella desde países allende los mares y desde nuestro propio país y que, consciente de las limitaciones derivadas de su lejanía y de las difíciles condiciones climáticas, se comprometieron con su desarrollo, proceso en que el Estado nacional se hizo presente sólo a contar de mitad del siglo XX.

“Magallanes nunca ha dejado de ser una región extractiva. La explotación ganadera extensiva y la explotación de nuestros bosques han sido marcadamente expoliadoras. La explotación del mar también lo es, pues se ha reducido en forma progresiva la biomasa existente de las pesquerías de la región. A todo ello, debemos sumar los pasivos ambientales de la explotación del carbón y del petróleo.

“Hemos llegado a esta fecha a un diagnóstico preocupante: Magallanes se agota, se restringe, se contamina, se deteriora. Múltiples razones explican esta tendencia: sobreexplotación, cambios de hábitat y nichos ecológicos por incendios o expansión ganadera; áreas protegidas descuidadas; residuos urbanos, portuarios e industriales; especies exóticas invasoras como el castor, el visón, la pilosella y el didymo. No sabemos aún cuánto se agudizará este deterioro con un cambio climático cada días más visible en la región. Sin embargo, pese a las incertidumbres y amenazas, se siguen utilizando sistemas ambientalmente insustentables que van dejando a su paso huellas imborrables en el paisaje y en los ecosistemas.

“Nuestro diagnóstico de las ciudades no deja de alarmarnos. La extraordinaria identidad de ellas, en especial de Punta Arenas, corre el riesgo de perderse, sustituida por una arquitectura desarraigada y desmedida en su altura. La expansión urbana no ha aportado a conservar su identidad y, en muchos casos, más bien parece caótica, poniendo en juego la calidad de vida ganada en el pasado. La ciudad ya no luce limpia, no se ven nuevas avenidas arboladas y nuevos parques urbanos.

“Es cierto que aparecen nuevas posibilidades para el desarrollo de Magallanes, pero éstas se cimentan en la explotación primaria de los recursos naturales y sin prioridades claras sobre la retención de excedentes regionales y la creación de empleos. La salmonicultura es susceptible a enfermedades, vulnerable al escape de peces y generadora de contaminación. El turismo ha sido otro sostén económico, pero su futuro es incierto porque no podemos fomentarlo masificándolo en forma descontrolada, y mostrando erosión del suelo, áreas incendiadas, especies exóticas y residuos contaminantes. No son estos planteamientos pesimistas, sino los más realistas posibles. La característica del desarrollo regional seguirá siendo extractiva por mucho tiempo más y, quizás, éste sea su destino en el contexto de su inserción en el país y en el ámbito mundial.

“No obstante, tenemos grandes oportunidades si aprovechamos tanto la oferta natural de la región como la calidad humana de sus pobladores. Para ello, se necesita mucho más ciencia para profundizar en el conocimiento y en la prospección de recursos. La heterogeneidad física y social de la región nos mueve a recomendar que se impulsen con fuerza estudios territoriales desagregados en urbosistemas, agrosistemas y ecosistemas prístinos, con sus respectivas disgregaciones. Pero, la ciencia tiene que ir de la mano de urgentes e inmediatas políticas públicas.

Siempre se habló del gran potencial energético de Magallanes. Obviamente que en las perspectivas mundiales actuales es necesario enfocarse totalmente hacia el aprovechamiento de las fuentes energéticas renovables. Nuestras ciudades ya concentran más del 90% de la población, en consecuencia su desarrollo debe ceñirse a una planificación urbana estricta en coherencia con los principios ambientales, paisajísticos y patrimoniales, asegurando una mejora continua de la calidad de vida de sus habitantes.

“Dada la historia de la región, valoramos la autogestión de nuestros asuntos y reclamamos, como las regiones del país con identidad definida, el ejercicio de una acción autónoma en los términos precisos de la desconcentración y descentralización bien entendidas, en el sistema de ordenamiento político-administrativo del país, que esperamos tenga la debida cabida en la nueva Constitución de la República de Chile. Por ello, planteamos la necesidad de contar con una completa y renovada definición institucional que, por una parte, asegure el uso ambientalmente sustentable de los recursos y, por otra, preserve y afirme los valores tradicionales y los modos de vida propios de la comunidad regional.

“Todo lo anterior debe ser una invitación a replantear con urgencia el futuro, lo que exige una revisión exhaustiva de la historia de nuestra sociedad, para no repetir o perpetuar los errores. Debemos partir por el genocidio de los pueblos ancestrales hasta llegar a la actual expansión del turismo, tratando de poner en valor nuestra herencia y revisar con libertad crítica todo aquello que no queremos que vuelva a ocurrir. Sólo así dará pie para analizar los condicionamientos y determinantes de lo que realmente hemos construido, y permitirá definir los caminos futuros hacia un desarrollo socialmente armónico y ambientalmente sustentable”.

Investigadores advierten posibles “tormentas de fuego” en la zona central

Pese a las últimas lluvias, los científicos y especialistas señalan que la próxima temporada de incendios puede ser catastrófica. Con bosques secos convertidos en acelerantes, los siniestros afectarían a sectores cercanos a zonas altamente pobladas del país. El llamado es a proteger los bosques de alto valor para la conservación y las personas que viven en sus cercanías.

En una declaración conjunta, representantes del mundo científico, ONG y organismos públicos, advirtieron de los peligros que los incendios pueden generar en la zona central del país durante el verano, asegurando que están dadas todas las condiciones para un desastre en esta macrozona. A este llamado, han adherido más de 100 profesionales, entre los que cuentan nuestros dos Premios Nacionales de Ciencia, Fabián Jaksic y Francisco Bozinovic.

De acuerdo a recientes investigaciones, los incendios que podrían presentarse en los próximos meses implican un riesgo extra, pues ocurrirán en las cercanías de las principales urbes del país y áreas agrícolas aledañas, donde habitan alrededor de diez millones de personas.

Entre los efectos directos e indirectos que estos fenómenos podrían tener sobre la población, están la intoxicación por humo, golpes de calor, interrupción de vías de comunicación, abastecimiento de energía y pérdida de la producción agrícola.

En el caso de la exposición al humo, los declarantes advierten que las consecuencias de salud pueden ser aún mayores en un contexto de emergencia sanitaria producto de COVID-19, especialmente en comunas con cuarentena. Ante este escenario, consideran que la prevención de estos siniestros como una “prioridad nacional”, que debe ser tomada en cuenta tanto por autoridades como por la ciudadanía.

La advertencia, explican, se extiende para los sectores aledaños a Valparaíso-Viña Del Mar, Santiago y Rancagua, y estaría presente para ésta y las próximas temporadas de incendios forestales.

El peligro de la megasequía

La inminencia de esta nueva ola de incendios se debe en gran parte a que Chile vive desde 2010 una sequía sin precedentes en los últimos mil años, que se muestra con mayor severidad entre la Cuarta Región y la del Biobío. No sólo los cultivos y las poblaciones humanas se han visto afectadas por la megasequía, sino también la vegetación nativa.

A finales de 2019, investigadores de la Universidad de la Frontera, Universidad Austral de Chile y del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2, observaron cómo el bosque esclerófilo de las cordilleras de la Costa y los Andes, caracterizado por vegetación de hojas duras y perennes, se transformó de manera masiva en “un bosque café” o pardo. Miles de peumos, quillayes, litres, lingues, bellotos y otras especies de plantas, propias de este sistema mediterráneo, se estarían secando.

“A pesar de no saber si todas las plantas que perdieron el verdor realmente murieron, es urgente tomar acciones por las consecuencias que tiene vivir cerca de grandes extensiones de vegetación seca, la cual es altamente inflamable, pudiendo alimentar las posibles calderas de tormentas de fuego, cuyas temperaturas pueden superar los mil grados Celsius. Tales incendios son imparables para cualquier sistema de contención”, señalan los expertos en su declaración.

Las llamadas “tormentas de fuego” ocurren cuando los mismos incendios generan condiciones favorables para su propagación, modificando las condiciones microclimáticas de tal forma que éstas les permiten avanzar con mayor rapidez y con una alta energía. “Debido a que la masa de aire que está sobre el incendio se vuelve extremadamente caliente, ésta puede generar nubes que a su vez causan vientos y relámpagos, transportando partículas y favoreciendo la propagación de las llamas” explican en el documento.

“Los bosques esclerófilos están adaptados a periodos secos, sin embargo, esta sequía sin precedentes y el extremadamente seco año 2019 han llevado a los bosques a un cambio abrupto de estado en el verano 2020, donde gran parte de la copa de los árboles se encuentran secas” señala Alejandro Miranda, investigador del (CR)2 y del Laboratorio de Ecología del Paisaje y Conservación de la Universidad de la Frontera. “A pesar de que una potencial recuperación de este ecosistema es posible, todo ese material seco de hojas y ramas incrementa el peligro de incendios, por la gran acumulación de combustible en el piso y en la parte aérea del bosque, amenazando la biodiversidad que sustentan y potencialmente generando incendios de grandes dimensiones”.

Para apoyar a la comunidad, los investigadores y organizaciones también entregaron una serie de recomendaciones que podrían mitigar una eventual crisis producto de estos incendios. Entre éstas, se encuentran reforzar tempranamente los planes de prevención y coordinación para proteger la infraestructura crítica, así como también implementar un plan de comunicación y educación a la ciudadanía residente de sectores rurales de la zona centro del país, que considere protocolos de evacuación y áreas seguras en caso de grandes incendios.

Finalmente, hicieron un llamado a constituir un consejo asesor que considere la participación de actores del sector público y privado, y que permita analizar y trabajar coordinadamente en las estrategias necesarias para enfrentar el alto riesgo de incendios en las regiones de Valparaíso, O’Higgins y Metropolitana, así como también gatillar una respuesta temprana a los impactos de los incendios, que incluya el destino de recursos para este tema.

La agrupación a cargo del llamado incluye a académicos y representantes de más de 10 universidades, 4 centros de estudio, 4 organismos estatales y 6 organizaciones de la sociedad civil, tales como Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES; Instituto de Ecología y Biodiversidad, IEB; Greenpeace; CONAF; Instituto de Investigaciones Agropecuarias, INIA; Servicio Agrícola Ganadero, entre otras. La declaración ha sido respaldada por más de cien profesionales, incluido el recién electo Premio Nacional de Ciencias, Francisco Bozinovic.

“Es muy importante que estemos atentos y sepamos que puede haber una tormenta de fuego. Sin embargo, también es fundamental mantener la calma y hacer esta advertencia, justamente, para que las instituciones y la ciudadanía puedan contribuir a su prevención. En ese contexto, es muy relevante que CONAF disponga de los recursos económicos y humanos para enfrentar de la mejor manera estos eventuales incendios. Iniciativas como el nuevo incentivo de dicha institución que incluye reforestar en áreas incendiadas, aportando presupuesto al manejo de los bosques cafés, va en la dirección correcta”, señala Cecilia Smith, investigadora del Instituto de Ecología y Biodiversidad y de la Universidad de Los Lagos.

Fuente: Mesa Multisectorial por el Bosque Esclerófilo y Comunicaciones CAPES

Investigadores advierten posibles “tormentas de fuego” en la zona central

Pese a las últimas lluvias, los científicos y especialistas señalan que la próxima temporada de incendios puede ser catastrófica. Con bosques secos convertidos en acelerantes, los siniestros afectarían a sectores cercanos a zonas altamente pobladas del país. El llamado es a proteger los bosques de alto valor para la conservación y las personas que viven en sus cercanías.

En una declaración conjunta, representantes del mundo científico, ONG y organismos públicos, advirtieron de los peligros que los incendios pueden generar en la zona central del país durante el verano, asegurando que están dadas todas las condiciones para un desastre en esta macrozona. A este llamado, han adherido más de 100 profesionales, entre los que cuentan nuestros dos Premios Nacionales de Ciencia, Fabián Jaksic y Francisco Bozinovic.

De acuerdo a recientes investigaciones, los incendios que podrían presentarse en los próximos meses implican un riesgo extra, pues ocurrirán en las cercanías de las principales urbes del país y áreas agrícolas aledañas, donde habitan alrededor de diez millones de personas.

Entre los efectos directos e indirectos que estos fenómenos podrían tener sobre la población, están la intoxicación por humo, golpes de calor, interrupción de vías de comunicación, abastecimiento de energía y pérdida de la producción agrícola.

En el caso de la exposición al humo, los declarantes advierten que las consecuencias de salud pueden ser aún mayores en un contexto de emergencia sanitaria producto de COVID-19, especialmente en comunas con cuarentena. Ante este escenario, consideran que la prevención de estos siniestros como una “prioridad nacional”, que debe ser tomada en cuenta tanto por autoridades como por la ciudadanía.

La advertencia, explican, se extiende para los sectores aledaños a Valparaíso-Viña Del Mar, Santiago y Rancagua, y estaría presente para ésta y las próximas temporadas de incendios forestales.

El peligro de la megasequía

La inminencia de esta nueva ola de incendios se debe en gran parte a que Chile vive desde 2010 una sequía sin precedentes en los últimos mil años, que se muestra con mayor severidad entre la Cuarta Región y la del Biobío. No sólo los cultivos y las poblaciones humanas se han visto afectadas por la megasequía, sino también la vegetación nativa.

A finales de 2019, investigadores de la Universidad de la Frontera, Universidad Austral de Chile y del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2, observaron cómo el bosque esclerófilo de las cordilleras de la Costa y los Andes, caracterizado por vegetación de hojas duras y perennes, se transformó de manera masiva en “un bosque café” o pardo. Miles de peumos, quillayes, litres, lingues, bellotos y otras especies de plantas, propias de este sistema mediterráneo, se estarían secando.

“A pesar de no saber si todas las plantas que perdieron el verdor realmente murieron, es urgente tomar acciones por las consecuencias que tiene vivir cerca de grandes extensiones de vegetación seca, la cual es altamente inflamable, pudiendo alimentar las posibles calderas de tormentas de fuego, cuyas temperaturas pueden superar los mil grados Celsius. Tales incendios son imparables para cualquier sistema de contención”, señalan los expertos en su declaración.

Las llamadas “tormentas de fuego” ocurren cuando los mismos incendios generan condiciones favorables para su propagación, modificando las condiciones microclimáticas de tal forma que éstas les permiten avanzar con mayor rapidez y con una alta energía. “Debido a que la masa de aire que está sobre el incendio se vuelve extremadamente caliente, ésta puede generar nubes que a su vez causan vientos y relámpagos, transportando partículas y favoreciendo la propagación de las llamas” explican en el documento.

“Los bosques esclerófilos están adaptados a periodos secos, sin embargo, esta sequía sin precedentes y el extremadamente seco año 2019 han llevado a los bosques a un cambio abrupto de estado en el verano 2020, donde gran parte de la copa de los árboles se encuentran secas” señala Alejandro Miranda, investigador del (CR)2 y del Laboratorio de Ecología del Paisaje y Conservación de la Universidad de la Frontera. “A pesar de que una potencial recuperación de este ecosistema es posible, todo ese material seco de hojas y ramas incrementa el peligro de incendios, por la gran acumulación de combustible en el piso y en la parte aérea del bosque, amenazando la biodiversidad que sustentan y potencialmente generando incendios de grandes dimensiones”.

Para apoyar a la comunidad, los investigadores y organizaciones también entregaron una serie de recomendaciones que podrían mitigar una eventual crisis producto de estos incendios. Entre éstas, se encuentran reforzar tempranamente los planes de prevención y coordinación para proteger la infraestructura crítica, así como también implementar un plan de comunicación y educación a la ciudadanía residente de sectores rurales de la zona centro del país, que considere protocolos de evacuación y áreas seguras en caso de grandes incendios.

Finalmente, hicieron un llamado a constituir un consejo asesor que considere la participación de actores del sector público y privado, y que permita analizar y trabajar coordinadamente en las estrategias necesarias para enfrentar el alto riesgo de incendios en las regiones de Valparaíso, O’Higgins y Metropolitana, así como también gatillar una respuesta temprana a los impactos de los incendios, que incluya el destino de recursos para este tema.

La agrupación a cargo del llamado incluye a académicos y representantes de más de 10 universidades, 4 centros de estudio, 4 organismos estatales y 6 organizaciones de la sociedad civil, tales como Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES; Instituto de Ecología y Biodiversidad, IEB; Greenpeace; CONAF; Instituto de Investigaciones Agropecuarias, INIA; Servicio Agrícola Ganadero, entre otras. La declaración ha sido respaldada por más de cien profesionales, incluido el recién electo Premio Nacional de Ciencias, Francisco Bozinovic.

“Es muy importante que estemos atentos y sepamos que puede haber una tormenta de fuego. Sin embargo, también es fundamental mantener la calma y hacer esta advertencia, justamente, para que las instituciones y la ciudadanía puedan contribuir a su prevención. En ese contexto, es muy relevante que CONAF disponga de los recursos económicos y humanos para enfrentar de la mejor manera estos eventuales incendios. Iniciativas como el nuevo incentivo de dicha institución que incluye reforestar en áreas incendiadas, aportando presupuesto al manejo de los bosques cafés, va en la dirección correcta”, señala Cecilia Smith, investigadora del Instituto de Ecología y Biodiversidad y de la Universidad de Los Lagos.

Fuente: Mesa Multisectorial por el Bosque Esclerófilo y Comunicaciones CAPES

La “flexible” vida del monito del Monte en los bosques degradados de la Patagonia

Investigadores de la Universidad Católica de Chile y la Universidad de Comahue en Argentina, estudiaron los hábitos de nidificación de este pequeño marsupial, cuya elección de casa podría estar sujeta a la disponibilidad de cavidades al interior de los árboles del bosque templado.

El monito del monte (Dromiciops gliroides) es una de las criaturas más peculiares del bosque patagónico. Endémico de su hábitat, cumple roles vitales para el funcionamiento de los ecosistemas donde convive, ya sea como dispersor de semillas, depredador, o presa de animales amenazados.

Sin embargo, continuos cambios en la composición de estos bosques producto de la degradación, han forzado a este pequeño marsupial a acomodar paulatinamente sus hábitos de vivienda, como atestiguó un estudio recientemente publicado en la revista Austral Ecology.

Mediante el uso de observaciones en terrero y revisión de literatura científica, los investigadores María Soledad Vásquez, José Tomás Ibarra y Tomás Altamirano reunieron y agruparon información sobre las elecciones de residencia del monito, concluyendo que éstas se ajustan a la disponibilidad de cavidades presentes en los árboles.

El estudio reveló que, en bosques antiguos, donde el follaje y la mezcla entre árboles viejos y jóvenes es mayor, estos marsupiales anidan el 50% de las veces en cavidades creadas al interior de los troncos, a diferencia de bosques con menor diversidad etárea, donde la cifra de hallazgos se reduce a un 25%.

“Según nuestra experiencia, el monito del Monte es una especie muy flexible en cuanto a los sustratos que utiliza para nidificar”, explica José Tomás Ibarra, investigador de Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES UC, y uno de los autores del paper.

Esta flexibilidad se manifiesta tanto al momento de elegir la ubicación de sus nidos como también en los materiales que elige para su construcción. Según los investigadores, “esta amplitud de nichos para vivir puede ser un aspecto central de la capacidad de la especie para sobrevivir y explotar recursos en ambientes heterogéneos”.

Actualmente, los bosques de la Patagonia son víctimas de una rápida degradación causada por la actividad forestal y el impacto del cambio climático en la región, limitando la presencia de cavidades para la nidificación, e impidiéndole al monito aprovechar las ventajas asociadas a este tipo de construcciones, como la mantención de un microclima óptimo o mayor resguardo frente al clima y los depredadores.

En áreas donde este recurso es limitado, el monito del Monte parece hacer encontrado una alternativa para poder lidiar con la progresiva fragmentación de su hábitat, nidificando fuera de cavidades e incluso utilizando nidos artificiales, lo que en opinión de los autores reflejaría un comportamiento flexible que podría esencial para la sobrevivencia de la especie.

El trabajo es parte de un proyecto de 12 años que Vásquez, Ibarra y Altamirano llevan a cabo sobre la ecología de los vertebrados nidificadores de cavidades en el bosque templado andino. “Este proyecto nos ha enseñado que el monito del Monte es quizás el depredador más voraz y, por tanto, el que mejor regula las poblaciones de aves en el bosque”, comenta Ibarra. “Hemos visto que depreda nido de aves pequeñas como el Rayadito, pero también se atreve a meterse en cavidades de rapaces, en algunos casos pudiendo tomársela, reproducirse o hibernar en ellas”, detalla.

Para el académico del Campus Villarrica de la Universidad Católica, hablar de este marsupial es hablar de una de las especies más singulares de vertebrados del bosque templado, y asegura que con los estudios a largo plazo que se están realizando, se encontrarán otros motivos por lo que es una pieza clave dentro de la conservación. “El monito del Monte seguramente tiene distintos roles que recién estamos empezando a conocer”, concluye Ibarra. De ahí, comenta, la importancia de conocer más su forma de vida.



Foto cortesía de José Luis Celis

La “flexible” vida del monito del Monte en los bosques degradados de la Patagonia

Investigadores de la Universidad Católica de Chile y la Universidad de Comahue en Argentina, estudiaron los hábitos de nidificación de este pequeño marsupial, cuya elección de casa podría estar sujeta a la disponibilidad de cavidades al interior de los árboles del bosque templado.

El monito del monte (Dromiciops gliroides) es una de las criaturas más peculiares del bosque patagónico. Endémico de su hábitat, cumple roles vitales para el funcionamiento de los ecosistemas donde convive, ya sea como dispersor de semillas, depredador, o presa de animales amenazados.

Sin embargo, continuos cambios en la composición de estos bosques producto de la degradación, han forzado a este pequeño marsupial a acomodar paulatinamente sus hábitos de vivienda, como atestiguó un estudio recientemente publicado en la revista Austral Ecology.

Mediante el uso de observaciones en terrero y revisión de literatura científica, los investigadores María Soledad Vásquez, José Tomás Ibarra y Tomás Altamirano reunieron y agruparon información sobre las elecciones de residencia del monito, concluyendo que éstas se ajustan a la disponibilidad de cavidades presentes en los árboles.

El estudio reveló que, en bosques antiguos, donde el follaje y la mezcla entre árboles viejos y jóvenes es mayor, estos marsupiales anidan el 50% de las veces en cavidades creadas al interior de los troncos, a diferencia de bosques con menor diversidad etárea, donde la cifra de hallazgos se reduce a un 25%.

“Según nuestra experiencia, el monito del Monte es una especie muy flexible en cuanto a los sustratos que utiliza para nidificar”, explica José Tomás Ibarra, investigador de Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES UC, y uno de los autores del paper.

Esta flexibilidad se manifiesta tanto al momento de elegir la ubicación de sus nidos como también en los materiales que elige para su construcción. Según los investigadores, “esta amplitud de nichos para vivir puede ser un aspecto central de la capacidad de la especie para sobrevivir y explotar recursos en ambientes heterogéneos”.

Actualmente, los bosques de la Patagonia son víctimas de una rápida degradación causada por la actividad forestal y el impacto del cambio climático en la región, limitando la presencia de cavidades para la nidificación, e impidiéndole al monito aprovechar las ventajas asociadas a este tipo de construcciones, como la mantención de un microclima óptimo o mayor resguardo frente al clima y los depredadores.

En áreas donde este recurso es limitado, el monito del Monte parece hacer encontrado una alternativa para poder lidiar con la progresiva fragmentación de su hábitat, nidificando fuera de cavidades e incluso utilizando nidos artificiales, lo que en opinión de los autores reflejaría un comportamiento flexible que podría esencial para la sobrevivencia de la especie.

El trabajo es parte de un proyecto de 12 años que Vásquez, Ibarra y Altamirano llevan a cabo sobre la ecología de los vertebrados nidificadores de cavidades en el bosque templado andino. “Este proyecto nos ha enseñado que el monito del Monte es quizás el depredador más voraz y, por tanto, el que mejor regula las poblaciones de aves en el bosque”, comenta Ibarra. “Hemos visto que depreda nido de aves pequeñas como el Rayadito, pero también se atreve a meterse en cavidades de rapaces, en algunos casos pudiendo tomársela, reproducirse o hibernar en ellas”, detalla.

Para el académico del Campus Villarrica de la Universidad Católica, hablar de este marsupial es hablar de una de las especies más singulares de vertebrados del bosque templado, y asegura que con los estudios a largo plazo que se están realizando, se encontrarán otros motivos por lo que es una pieza clave dentro de la conservación. “El monito del Monte seguramente tiene distintos roles que recién estamos empezando a conocer”, concluye Ibarra. De ahí, comenta, la importancia de conocer más su forma de vida.



Foto cortesía de José Luis Celis

Predicen impacto de las temperaturas sobre la mortalidad de los organismos

Liderado por investigadores chilenos y publicado en la prestigiosa revista Science, el estudio permitirá conocer, por primera vez de forma precisa, la pérdida potencial de animales provocada por el calentamiento global.

El pasado mes de enero fue el comienzo de año más caluroso jamás registrado en el planeta, superando por 0,03°C a los primeros días de 2016. El hito fue uno más de un período marcado por calores extremos, los cuales han diezmado poblaciones completas de animales alrededor del mundo; desde colonias de mejillones en Nueva Zelanda a las comunidades de lagartos de climas fríos.

Si bien la conexión entre el aumento variable de las temperaturas y la mortalidad de los organismos es un hecho científico establecido, la magnitud del impacto que estos cambios tienen sobre especies específicas, y en condiciones ambientales naturales, seguía siendo un misterio para la ciencia.

O al menos lo era hasta hoy, cuando un grupo de investigadores chilenos, húngaros y españoles liderados por el ecólogo Enrico Rezende, desarrolló y validó un modelo matemático que permite predecir la mortalidad de diversos organismos sometidos al cambio fluctuante de las temperaturas en sus propios ambientes.

“Hasta ahora, los científicos no habíamos podido extrapolar la tolerancia térmica propia de cada especie –esto es, la temperatura a partir de la cual los individuos de una especie empiezan a morir– observada en el laboratorio, al mundo real”, explica Rezende, académico de la Facultad de Ciencias Biológicas de la P. Universidad Católica de Chile e investigador CAPES UC. “A lo más, contábamos con un límite crítico máximo, fijo, que no incorporaba la variabilidad térmica en la ecuación. Ahora poseemos un modelo dinámico que cuantifica el estrés térmico acumulado en el tiempo”.

En esa misma línea, el también académico de la Universidad Católica y co-autor del estudio, Francisco Bozinovic, comentó que “predecir la muerte por calor en la naturaleza es un desafío, porque la temperatura y el nivel de estrés de un animal, especialmente de las especies pequeñas y en el contexto del cambio climático actual, pueden fluctuar notablemente en el transcurso de los días y a través de las estaciones”.

Los investigadores se basaron en estudios históricos asociados a la especie de mosca de la fruta Drosophila subobscura para predecir, por medio de una serie de análisis, cómo aumenta la tasa de mortalidad de distintos organismos a medida que éstos se someten a cambios de temperatura más extremas y fluctuantes, como los vividos regularmente en los últimos tiempos a causa del cambio climático.

“A partir de este trabajo, podremos predecir el impacto que tendrán sobre distintas especies animales las numerosas olas de calor que se producen hoy alrededor del mundo”, añade Rezende. Para el investigador, conocer la tolerancia térmica de insectos y otros organismos ectotermos pequeños en un contexto de cambio climático ayudará, por ejemplo, a evaluar el impacto de la pérdida de estos organismos sobre las redes tróficas o de polinización dentro de un ecosistema.

“Lo más significativo es que el modelo propone que las temperaturas ambientales relativamente bajas, es decir, las que están por debajo de la tolerancia máxima estimada en el laboratorio, pueden causar una mortalidad sustancial y el colapso de la población a lo largo del tiempo”, explica Bozinovic.

Para testear qué tan bien predice el modelo la mortalidad de los insectos en sus respectivos ambientes, los investigadores se valieron de los datos históricos de campo recopilados por el destacado genetista chileno y Premio Nacional de Ciencias 1987, Danko Brncic, quien entre los años 1984 y 1991 monitoreó como fluctúan las poblaciones de moscas en Santiago en el transcurso del año. Sus cálculos, basados en las temperaturas observadas durante esos años en la capital de Chile, muestran que estas fluctuaciones pueden explicarse por mortalidad debido al calor.

“A nivel del tiempo en que los individuos empezaban a morir y la tasa de sobrevivencia, el modelo consiguió un 0.999 de predictibilidad, es decir, se trata de un modelo extremadamente fiel”, expresó Rezende. De hecho, la prueba les permitió notar cómo el cambio climático ha afectado la mortalidad de Drosophila subobscura en los últimos 30 años, adelantando casi en un mes el momento del año a partir del cual su población empieza a disminuir debido al calor.

En opinión del ecólogo, este trabajo “abre una caja de pandora”, con respecto al estudio de los efectos de la temperatura, y específicamente del calentamiento global, sobre la capacidad de supervivencia de los organismos en particular y la resiliencia de las especies en general. “Los efectos de la temperatura sobre los individuos es especie-dependiente. Con este modelo, se abre la posibilidad de trasladar lo que sabemos de cada animal en el laboratorio a su hábitat y condiciones ambientales específicas, permitiéndonos contestar preguntas para cada especie y lugar. Qué regiones o qué grupos de organismos, por ejemplo, se verán más afectadas ante el aumento gradual de las temperaturas”, concluyó.

El trabajo, publicado en la prestigiosa revista Science, contó con la coautoría de los investigadores Francisco Bozinovic, de la P. Universidad Católica de Chile y CAPES, András Szilágyi, de la Eötvös Loránd University (Hungría), y Mauro Santos, de la Universidad Autónoma de Barcelona (España).



Comunicaciones CAPES y Facultad de Ciencias Biológicas UC

Predicen impacto de las temperaturas sobre la mortalidad de los organismos

Liderado por investigadores chilenos y publicado en la prestigiosa revista Science, el estudio permitirá conocer, por primera vez de forma precisa, la pérdida potencial de animales provocada por el calentamiento global.

El pasado mes de enero fue el comienzo de año más caluroso jamás registrado en el planeta, superando por 0,03°C a los primeros días de 2016. El hito fue uno más de un período marcado por calores extremos, los cuales han diezmado poblaciones completas de animales alrededor del mundo; desde colonias de mejillones en Nueva Zelanda a las comunidades de lagartos de climas fríos.

Si bien la conexión entre el aumento variable de las temperaturas y la mortalidad de los organismos es un hecho científico establecido, la magnitud del impacto que estos cambios tienen sobre especies específicas, y en condiciones ambientales naturales, seguía siendo un misterio para la ciencia.

O al menos lo era hasta hoy, cuando un grupo de investigadores chilenos, húngaros y españoles liderados por el ecólogo Enrico Rezende, desarrolló y validó un modelo matemático que permite predecir la mortalidad de diversos organismos sometidos al cambio fluctuante de las temperaturas en sus propios ambientes.

“Hasta ahora, los científicos no habíamos podido extrapolar la tolerancia térmica propia de cada especie –esto es, la temperatura a partir de la cual los individuos de una especie empiezan a morir– observada en el laboratorio, al mundo real”, explica Rezende, académico de la Facultad de Ciencias Biológicas de la P. Universidad Católica de Chile e investigador CAPES UC. “A lo más, contábamos con un límite crítico máximo, fijo, que no incorporaba la variabilidad térmica en la ecuación. Ahora poseemos un modelo dinámico que cuantifica el estrés térmico acumulado en el tiempo”.

En esa misma línea, el también académico de la Universidad Católica y co-autor del estudio, Francisco Bozinovic, comentó que “predecir la muerte por calor en la naturaleza es un desafío, porque la temperatura y el nivel de estrés de un animal, especialmente de las especies pequeñas y en el contexto del cambio climático actual, pueden fluctuar notablemente en el transcurso de los días y a través de las estaciones”.

Los investigadores se basaron en estudios históricos asociados a la especie de mosca de la fruta Drosophila subobscura para predecir, por medio de una serie de análisis, cómo aumenta la tasa de mortalidad de distintos organismos a medida que éstos se someten a cambios de temperatura más extremas y fluctuantes, como los vividos regularmente en los últimos tiempos a causa del cambio climático.

“A partir de este trabajo, podremos predecir el impacto que tendrán sobre distintas especies animales las numerosas olas de calor que se producen hoy alrededor del mundo”, añade Rezende. Para el investigador, conocer la tolerancia térmica de insectos y otros organismos ectotermos pequeños en un contexto de cambio climático ayudará, por ejemplo, a evaluar el impacto de la pérdida de estos organismos sobre las redes tróficas o de polinización dentro de un ecosistema.

“Lo más significativo es que el modelo propone que las temperaturas ambientales relativamente bajas, es decir, las que están por debajo de la tolerancia máxima estimada en el laboratorio, pueden causar una mortalidad sustancial y el colapso de la población a lo largo del tiempo”, explica Bozinovic.

Para testear qué tan bien predice el modelo la mortalidad de los insectos en sus respectivos ambientes, los investigadores se valieron de los datos históricos de campo recopilados por el destacado genetista chileno y Premio Nacional de Ciencias 1987, Danko Brncic, quien entre los años 1984 y 1991 monitoreó como fluctúan las poblaciones de moscas en Santiago en el transcurso del año. Sus cálculos, basados en las temperaturas observadas durante esos años en la capital de Chile, muestran que estas fluctuaciones pueden explicarse por mortalidad debido al calor.

“A nivel del tiempo en que los individuos empezaban a morir y la tasa de sobrevivencia, el modelo consiguió un 0.999 de predictibilidad, es decir, se trata de un modelo extremadamente fiel”, expresó Rezende. De hecho, la prueba les permitió notar cómo el cambio climático ha afectado la mortalidad de Drosophila subobscura en los últimos 30 años, adelantando casi en un mes el momento del año a partir del cual su población empieza a disminuir debido al calor.

En opinión del ecólogo, este trabajo “abre una caja de pandora”, con respecto al estudio de los efectos de la temperatura, y específicamente del calentamiento global, sobre la capacidad de supervivencia de los organismos en particular y la resiliencia de las especies en general. “Los efectos de la temperatura sobre los individuos es especie-dependiente. Con este modelo, se abre la posibilidad de trasladar lo que sabemos de cada animal en el laboratorio a su hábitat y condiciones ambientales específicas, permitiéndonos contestar preguntas para cada especie y lugar. Qué regiones o qué grupos de organismos, por ejemplo, se verán más afectadas ante el aumento gradual de las temperaturas”, concluyó.

El trabajo, publicado en la prestigiosa revista Science, contó con la coautoría de los investigadores Francisco Bozinovic, de la P. Universidad Católica de Chile y CAPES, András Szilágyi, de la Eötvös Loránd University (Hungría), y Mauro Santos, de la Universidad Autónoma de Barcelona (España).



Comunicaciones CAPES y Facultad de Ciencias Biológicas UC

Una buena gestión de los océanos es clave para el futuro de los alimentos, afirman

Un grupo de investigadores internacionales concluyó que, si se gestiona de forma sostenible, la pesca silvestre y la maricultura podrían ayudar a satisfacer la creciente demanda mundial de alimentos en el largo plazo.

El Panel para una Economía Oceánica Sostenible, un grupo de 14 líderes mundiales organizados en torno al objetivo común de un futuro más resiliente para el planeta y las personas, encargó a un grupo de expertos de todo el mundo, con amplios conocimientos en economía, biología, ecología, nutrición, pesca y maricultura, evaluar en qué condiciones se encuentra el océano para satisfacer la creciente demanda global de alimentos.

Los especialistas, entre quienes se encuentra el académico de la Facultad de Ciencias de la Universidad Católica e investigador del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES UC, Stefan Gelcich, concluyeron que los océanos representan una posibilidad cierta de producción de alimentos para el futuro, siempre y cuando sus recursos de gestionen de manera sostenible, consciente y mancomunada.

Sus conclusiones fueron presentadas tanto en un detallado Blue Paper encargado por dicho Panel, como en un reciente artículo publicado en la prestigiosa revista Nature.

Aliado para un futuro sostenible

Dada la creciente demanda de alimentos y las limitaciones de la expansión de la producción de alimentos en tierra, los alimentos de origen marino, que son ricos en nutrientes y una fuente de proteínas, podrían estar preparados para ser nuestra próxima gran lucha contra la inseguridad alimentaria para los aproximadamente 9.800 millones de personas que habitarán el planeta para el 2050. ¿Pero podemos producir más en el océano sin colapsar sus ecosistemas?

«La pregunta que estábamos tratando de responder era: la gestión sostenible del océano durante los próximos 30 años ¿significa que produciremos más alimentos o menos?”, comentó Christopher Costello, profesor de la Escuela Bren de Ciencias y Gestión Ambiental, y autor principal del artículo, “y creo que muchos de nosotros entramos en esto pensando que, para gestionar el océano de manera sostenible, tendríamos que extraer menos, lo que significaría menos comida del mar».

Sin embargo, lo que encontraron los investigadores fue lo contrario.

“Si se hace de manera sostenible, en realidad se podría aumentar la comida del mar y en una proporción descomunal en relación con la expansión de la comida terrestre”, afirmó el académico. «Y podría hacerse de una manera mucho más respetuosa con el medio ambiente para el clima, la biodiversidad y otros servicios de los ecosistemas que la producción de alimentos en la tierra».

Stefan Gelcich, por su parte, recalcó que todo depende de la manera en cómo se gestionen los bienes que proveen los mares: «Al mejorar la sostenibilidad y la equidad a través de una serie de políticas y compromisos comerciales viables, los alimentos del mar tienen el potencial de expandirse en el futuro, nutriendo a la creciente población humana«.

Comenzando por la sostenibilidad

Para el investigador de CAPES y del Núcleo Milenio Centro Mussels, una transición a la gestión sustentable de los recursos marinos pasa por “establecer estrategias propias para avanzar hacia la sostenibilidad de nuestros océanos. Estas deben enfatizar buenas prácticas en términos de sostenibilidad y equidad”.

Asimismo, indicó que “la gobernanza de los océanos debe ser adaptativa. Van cambiando los forzantes sociales y ambientales, por lo que debemos responder con modelos que apunten a la sostenibilidad y equidad en el acceso y distribución de beneficios de los recursos, frente a estas nuevas y dinámicas realidades. En este sentido, no hay una receta para resolver los problemas de sostenibilidad; debe haber constantes procesos de co-aprendizaje y co-diseño de soluciones”

«Hemos tenido un historial de sobreexplotación de muchas pesquerías, pero estamos viendo que los gobiernos están comenzando a implementar mejores políticas de gestión de la pesca», añadió Costello. «Y cuando reconstruyes las pesquerías, restauras la salud del océano y eso te permite tener más alimentos».

Los investigadores estimaron un aumento de aproximadamente un 16% en los productos del mar capturados en el medio silvestre para 2050 si las pesquerías se gestionan de forma sostenible. Por el contrario, la falta de mejora de la gestión podría conducir a reducciones significativas en la producción de productos del mar de la pesca salvaje.

El rol de la acuicultura

Los productos del mar cultivados pueden ver un aumento aún mayor en la producción de alimentos si se hacen en equilibrio con la naturaleza; algunos lugares con maricultura insostenible deberían reducirse, posiblemente rehabilitarse, y otras áreas deberían alentarse a desarrollar granjas de mariscos sostenibles. Con innovaciones que reducen la dependencia de la maricultura de los piensos a base de pescado y políticas eficaces que pueden reducir las barreras para iniciar operaciones de maricultura respetuosas con el medio ambiente, la producción de peces y mariscos de picicultivos puede aumentar drásticamente.

«La adopción de alternativas más rápidas y las mejoras de eficiencia en la acuicultura serán clave para escalar la producción marina sostenible», dijo Halley Froehlich, profesora asistente en el Departamento de Ecología, Evolución y Biología Marina y Estudios Ambientales de la UC Santa Bárbara y coautora en el estudio. Si bien la oferta sostenible podría aumentar en más de seis veces, cuando se consideran tanto la oferta como la demanda, el aumento probable en la maricultura es de entre 2 y 4 veces, dependiendo de la demanda futura.

Según Costello, no hay mejor momento que el presente para comenzar a planificar y hacer crecer de manera sostenible el sistema que podría estar alimentándonos en una generación. El investigador señaló que los aumentos en la población y la riqueza, junto con la conciencia de que los mariscos son particularmente nutritivos, impulsarán la demanda futura.

“A medida que las dietas de las personas cambian, se enriquecen, crece la población, empiezan a darse cuenta de que el pescado es más nutritivo y saludable que las fuentes de carne terrestres, la demanda crece. Eso eleva los precios y crea un incentivo económico para generar alimentos del mar”, dijo.

La situación en Chile

Para Gelcich, en el caso de un país dependiente de la pesca como Chile, los desafíos son aún mayores, y pasan en buena parte por un cambio en las prácticas productivas de éste último sector: “Debemos trabajar en mejorar la equidad y sostenibilidad de pesquerías y de la acuicultura. En Chile, a mi juicio, esto implica el apoyo a la pesca artesanal, acuicultura de pequeña escala y la mejor regulación de impactos ambientales de otras actividades en la costa” comentó.

En opinión del investigador, “los pescadores artesanales o pequeños acuicultores jugaran un importante rol en lograr que el potencial que tiene el océano para alimentar a la humanidad sea sostenible e incluya dimensiones de justicia ambiental”.

“Es clave que reconozcamos la importancia de océanos saludables para sustentar el bienestar humano. El océano es vital para la salud de las sociedades humanas y para una economía mundial próspera, es nuestro gran aliado en la búsqueda de un futuro sostenible. En este sentido, construir modelos de gobernanza, con la participación de los diferentes actores, para alcanzar la sostenibilidad de los océanos, es una de las tareas más importantes y de las mayores oportunidades para afrontar los desafíos asociados a cambios globales “, remató.


Una buena gestión de los océanos es clave para el futuro de los alimentos, afirman

Un grupo de investigadores internacionales concluyó que, si se gestiona de forma sostenible, la pesca silvestre y la maricultura podrían ayudar a satisfacer la creciente demanda mundial de alimentos en el largo plazo.

El Panel para una Economía Oceánica Sostenible, un grupo de 14 líderes mundiales organizados en torno al objetivo común de un futuro más resiliente para el planeta y las personas, encargó a un grupo de expertos de todo el mundo, con amplios conocimientos en economía, biología, ecología, nutrición, pesca y maricultura, evaluar en qué condiciones se encuentra el océano para satisfacer la creciente demanda global de alimentos.

Los especialistas, entre quienes se encuentra el académico de la Facultad de Ciencias de la Universidad Católica e investigador del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES UC, Stefan Gelcich, concluyeron que los océanos representan una posibilidad cierta de producción de alimentos para el futuro, siempre y cuando sus recursos de gestionen de manera sostenible, consciente y mancomunada.

Sus conclusiones fueron presentadas tanto en un detallado Blue Paper encargado por dicho Panel, como en un reciente artículo publicado en la prestigiosa revista Nature.

Aliado para un futuro sostenible

Dada la creciente demanda de alimentos y las limitaciones de la expansión de la producción de alimentos en tierra, los alimentos de origen marino, que son ricos en nutrientes y una fuente de proteínas, podrían estar preparados para ser nuestra próxima gran lucha contra la inseguridad alimentaria para los aproximadamente 9.800 millones de personas que habitarán el planeta para el 2050. ¿Pero podemos producir más en el océano sin colapsar sus ecosistemas?

«La pregunta que estábamos tratando de responder era: la gestión sostenible del océano durante los próximos 30 años ¿significa que produciremos más alimentos o menos?”, comentó Christopher Costello, profesor de la Escuela Bren de Ciencias y Gestión Ambiental, y autor principal del artículo, “y creo que muchos de nosotros entramos en esto pensando que, para gestionar el océano de manera sostenible, tendríamos que extraer menos, lo que significaría menos comida del mar».

Sin embargo, lo que encontraron los investigadores fue lo contrario.

“Si se hace de manera sostenible, en realidad se podría aumentar la comida del mar y en una proporción descomunal en relación con la expansión de la comida terrestre”, afirmó el académico. «Y podría hacerse de una manera mucho más respetuosa con el medio ambiente para el clima, la biodiversidad y otros servicios de los ecosistemas que la producción de alimentos en la tierra».

Stefan Gelcich, por su parte, recalcó que todo depende de la manera en cómo se gestionen los bienes que proveen los mares: «Al mejorar la sostenibilidad y la equidad a través de una serie de políticas y compromisos comerciales viables, los alimentos del mar tienen el potencial de expandirse en el futuro, nutriendo a la creciente población humana«.

Comenzando por la sostenibilidad

Para el investigador de CAPES y del Núcleo Milenio Centro Mussels, una transición a la gestión sustentable de los recursos marinos pasa por “establecer estrategias propias para avanzar hacia la sostenibilidad de nuestros océanos. Estas deben enfatizar buenas prácticas en términos de sostenibilidad y equidad”.

Asimismo, indicó que “la gobernanza de los océanos debe ser adaptativa. Van cambiando los forzantes sociales y ambientales, por lo que debemos responder con modelos que apunten a la sostenibilidad y equidad en el acceso y distribución de beneficios de los recursos, frente a estas nuevas y dinámicas realidades. En este sentido, no hay una receta para resolver los problemas de sostenibilidad; debe haber constantes procesos de co-aprendizaje y co-diseño de soluciones”

«Hemos tenido un historial de sobreexplotación de muchas pesquerías, pero estamos viendo que los gobiernos están comenzando a implementar mejores políticas de gestión de la pesca», añadió Costello. «Y cuando reconstruyes las pesquerías, restauras la salud del océano y eso te permite tener más alimentos».

Los investigadores estimaron un aumento de aproximadamente un 16% en los productos del mar capturados en el medio silvestre para 2050 si las pesquerías se gestionan de forma sostenible. Por el contrario, la falta de mejora de la gestión podría conducir a reducciones significativas en la producción de productos del mar de la pesca salvaje.

El rol de la acuicultura

Los productos del mar cultivados pueden ver un aumento aún mayor en la producción de alimentos si se hacen en equilibrio con la naturaleza; algunos lugares con maricultura insostenible deberían reducirse, posiblemente rehabilitarse, y otras áreas deberían alentarse a desarrollar granjas de mariscos sostenibles. Con innovaciones que reducen la dependencia de la maricultura de los piensos a base de pescado y políticas eficaces que pueden reducir las barreras para iniciar operaciones de maricultura respetuosas con el medio ambiente, la producción de peces y mariscos de picicultivos puede aumentar drásticamente.

«La adopción de alternativas más rápidas y las mejoras de eficiencia en la acuicultura serán clave para escalar la producción marina sostenible», dijo Halley Froehlich, profesora asistente en el Departamento de Ecología, Evolución y Biología Marina y Estudios Ambientales de la UC Santa Bárbara y coautora en el estudio. Si bien la oferta sostenible podría aumentar en más de seis veces, cuando se consideran tanto la oferta como la demanda, el aumento probable en la maricultura es de entre 2 y 4 veces, dependiendo de la demanda futura.

Según Costello, no hay mejor momento que el presente para comenzar a planificar y hacer crecer de manera sostenible el sistema que podría estar alimentándonos en una generación. El investigador señaló que los aumentos en la población y la riqueza, junto con la conciencia de que los mariscos son particularmente nutritivos, impulsarán la demanda futura.

“A medida que las dietas de las personas cambian, se enriquecen, crece la población, empiezan a darse cuenta de que el pescado es más nutritivo y saludable que las fuentes de carne terrestres, la demanda crece. Eso eleva los precios y crea un incentivo económico para generar alimentos del mar”, dijo.

La situación en Chile

Para Gelcich, en el caso de un país dependiente de la pesca como Chile, los desafíos son aún mayores, y pasan en buena parte por un cambio en las prácticas productivas de éste último sector: “Debemos trabajar en mejorar la equidad y sostenibilidad de pesquerías y de la acuicultura. En Chile, a mi juicio, esto implica el apoyo a la pesca artesanal, acuicultura de pequeña escala y la mejor regulación de impactos ambientales de otras actividades en la costa” comentó.

En opinión del investigador, “los pescadores artesanales o pequeños acuicultores jugaran un importante rol en lograr que el potencial que tiene el océano para alimentar a la humanidad sea sostenible e incluya dimensiones de justicia ambiental”.

“Es clave que reconozcamos la importancia de océanos saludables para sustentar el bienestar humano. El océano es vital para la salud de las sociedades humanas y para una economía mundial próspera, es nuestro gran aliado en la búsqueda de un futuro sostenible. En este sentido, construir modelos de gobernanza, con la participación de los diferentes actores, para alcanzar la sostenibilidad de los océanos, es una de las tareas más importantes y de las mayores oportunidades para afrontar los desafíos asociados a cambios globales “, remató.