Posibles “tormentas de fuego” amenazan la zona central de Chile

Pese a las últimas lluvias, investigadores señalan que la próxima temporada de incendios puede ser catastrófica. Con bosques secos convertidos en acelerantes, los siniestros afectarían a sectores cercanos a zonas altamente pobladas del país. El llamado es a proteger los bosques de alto valor para la conservación y las personas que viven en sus cercanías.

En una declaración conjunta, representantes del mundo científico, ONG y organismos públicos, advirtieron de los peligros que los incendios pueden generar en la zona central del país durante el verano, asegurando que están dadas todas las condiciones para un desastre en esta macrozona. A este llamado, han adherido más de 100 profesionales, entre los que cuentan, tres Premios Nacionales de Ciencia.

Al mismo tiempo, y de acuerdo a recientes investigaciones, los incendios que podrían presentarse en los próximos meses implican un riesgo extra, pues ocurrirán en las cercanías de las principales urbes del país y áreas agrícolas aledañas, donde habitan alrededor de diez millones de personas.

Entre los efectos directos e indirectos que estos fenómenos podrían tener sobre la población, están la intoxicación por humo, golpes de calor, interrupción de vías de comunicación, abastecimiento de energía y pérdida de la producción agrícola.

En el caso de la exposición al humo, los declarantes advierten que las consecuencias de salud pueden ser aún mayores en un contexto de emergencia sanitaria producto de COVID-19, especialmente en comunas con cuarentena. Ante este escenario, consideran que la prevención de estos siniestros como una “prioridad nacional”, que debe ser tomada en cuenta tanto por autoridades como por la ciudadanía.

La advertencia, explican, se extiende para los sectores aledaños a Valparaíso-Viña Del Mar, Santiago y Rancagua, y estaría presente para ésta y las próximas temporadas de incendios forestales.

El peligro de la megasequía

La inminencia de esta nueva ola de incendios se debe en gran parte a que Chile vive desde 2010 una sequía sin precedentes en los últimos mil años, que se muestra con mayor severidad entre la Cuarta Región y la del Biobío. No sólo los cultivos y las poblaciones humanas se han visto afectadas por la megasequía, sino también la vegetación nativa.

A finales de 2019, investigadores de la Universidad de la Frontera, Universidad Austral de Chile y del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2, observaron cómo el bosque esclerófilo de las cordilleras de la Costa y los Andes, caracterizado por vegetación de hojas duras y perennes, se transformó de manera masiva en “un bosque café” o pardo. Miles de peumos, quillayes, litres, lingues, bellotos y otras especies de plantas, propias de este sistema mediterráneo, se estarían secando.

“A pesar de no saber si todas las plantas que perdieron el verdor realmente murieron, es urgente tomar acciones por las consecuencias que tiene vivir cerca de grandes extensiones de vegetación seca, la cual es altamente inflamable, pudiendo alimentar las posibles calderas de tormentas de fuego, cuyas temperaturas pueden superar los mil grados Celsius. Tales incendios son imparables para cualquier sistema de contención”, señalan los expertos en su declaración.

Las llamadas “tormentas de fuego” ocurren cuando los mismos incendios generan condiciones favorables para su propagación, modificando las condiciones microclimáticas de tal forma que éstas les permiten avanzar con mayor rapidez y con una alta energía. “Debido a que la masa de aire que está sobre el incendio se vuelve extremadamente caliente, ésta puede generar nubes que a su vez causan vientos y relámpagos, transportando partículas y favoreciendo la propagación de las llamas” explican en el documento.

“Los bosques esclerófilos están adaptados a periodos secos, sin embargo, esta sequía sin precedentes y el extremadamente seco año 2019 han llevado a los bosques a un cambio abrupto de estado en el verano 2020, donde gran parte de la copa de los árboles se encuentran secas” señala Alejandro Miranda, investigador del (CR)2 y del Laboratorio de Ecología del Paisaje y Conservación de la Universidad de la Frontera. “A pesar de que una potencial recuperación de este ecosistema es posible, todo ese material seco de hojas y ramas incrementa el peligro de incendios, por la gran acumulación de combustible en el piso y en la parte aérea del bosque, amenazando la biodiversidad que sustentan y potencialmente generando incendios de grandes dimensiones”.

Para apoyar a la comunidad, los investigadores y organizaciones también entregaron una serie de recomendaciones que podrían mitigar una eventual crisis producto de estos incendios. Entre éstas, se encuentran reforzar tempranamente los planes de prevención y coordinación para proteger la infraestructura crítica, así como también implementar un plan de comunicación y educación a la ciudadanía residente de sectores rurales de la zona centro del país, que considere protocolos de evacuación y áreas seguras en caso de grandes incendios.

Finalmente, hicieron un llamado a constituir un consejo asesor que considere la participación de actores del sector público y privado, y que permita analizar y trabajar coordinadamente en las estrategias necesarias para enfrentar el alto riesgo de incendios en las regiones de Valparaíso, O’Higgins y Metropolitana, así como también gatillar una respuesta temprana a los impactos de los incendios, que incluya el destino de recursos para este tema.

La agrupación a cargo del llamado incluye a académicos y representantes de más de 10 universidades, 4 centros de estudio, 4 organismos estatales y 6 organizaciones de la sociedad civil, tales como Centro de Ciencias del Clima y la Resiliencia (CR)2; Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES; Instituto de Ecología y Biodiversidad, IEB; Greenpeace; CONAF; Instituto de Investigaciones Agropecuarias, INIA; Servicio Agrícola Ganadero, entre otras.

La declaración ha sido respaldada por más de cien profesionales, incluido el recién electo Premio Nacional de Ciencias Naturales, Francisco Bozinovic.

“Es muy importante que estemos atentos y sepamos que puede haber una tormenta de fuego. Sin embargo, también es fundamental mantener la calma y hacer esta advertencia, justamente, para que las instituciones y la ciudadanía puedan contribuir a su prevención. En ese contexto, es muy relevante que CONAF disponga de los recursos económicos y humanos para enfrentar de la mejor manera estos eventuales incendios. Iniciativas como el nuevo incentivo de dicha institución que incluye reforestar en áreas incendiadas, aportando presupuesto al manejo de los bosques cafés, va en la dirección correcta”, señala Cecilia Smith, investigadora del Instituto de Ecología y Biodiversidad y de la Universidad de Los Lagos.

Lee la declaración completa en este enlace.

Posibles “tormentas de fuego” amenazan la zona central de Chile

Pese a las últimas lluvias, investigadores señalan que la próxima temporada de incendios puede ser catastrófica. Con bosques secos convertidos en acelerantes, los siniestros afectarían a sectores cercanos a zonas altamente pobladas del país. El llamado es a proteger los bosques de alto valor para la conservación y las personas que viven en sus cercanías.

En una declaración conjunta, representantes del mundo científico, ONG y organismos públicos, advirtieron de los peligros que los incendios pueden generar en la zona central del país durante el verano, asegurando que están dadas todas las condiciones para un desastre en esta macrozona. A este llamado, han adherido más de 100 profesionales, entre los que cuentan, tres Premios Nacionales de Ciencia.

Al mismo tiempo, y de acuerdo a recientes investigaciones, los incendios que podrían presentarse en los próximos meses implican un riesgo extra, pues ocurrirán en las cercanías de las principales urbes del país y áreas agrícolas aledañas, donde habitan alrededor de diez millones de personas.

Entre los efectos directos e indirectos que estos fenómenos podrían tener sobre la población, están la intoxicación por humo, golpes de calor, interrupción de vías de comunicación, abastecimiento de energía y pérdida de la producción agrícola.

En el caso de la exposición al humo, los declarantes advierten que las consecuencias de salud pueden ser aún mayores en un contexto de emergencia sanitaria producto de COVID-19, especialmente en comunas con cuarentena. Ante este escenario, consideran que la prevención de estos siniestros como una “prioridad nacional”, que debe ser tomada en cuenta tanto por autoridades como por la ciudadanía.

La advertencia, explican, se extiende para los sectores aledaños a Valparaíso-Viña Del Mar, Santiago y Rancagua, y estaría presente para ésta y las próximas temporadas de incendios forestales.

El peligro de la megasequía

La inminencia de esta nueva ola de incendios se debe en gran parte a que Chile vive desde 2010 una sequía sin precedentes en los últimos mil años, que se muestra con mayor severidad entre la Cuarta Región y la del Biobío. No sólo los cultivos y las poblaciones humanas se han visto afectadas por la megasequía, sino también la vegetación nativa.

A finales de 2019, investigadores de la Universidad de la Frontera, Universidad Austral de Chile y del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2, observaron cómo el bosque esclerófilo de las cordilleras de la Costa y los Andes, caracterizado por vegetación de hojas duras y perennes, se transformó de manera masiva en “un bosque café” o pardo. Miles de peumos, quillayes, litres, lingues, bellotos y otras especies de plantas, propias de este sistema mediterráneo, se estarían secando.

“A pesar de no saber si todas las plantas que perdieron el verdor realmente murieron, es urgente tomar acciones por las consecuencias que tiene vivir cerca de grandes extensiones de vegetación seca, la cual es altamente inflamable, pudiendo alimentar las posibles calderas de tormentas de fuego, cuyas temperaturas pueden superar los mil grados Celsius. Tales incendios son imparables para cualquier sistema de contención”, señalan los expertos en su declaración.

Las llamadas “tormentas de fuego” ocurren cuando los mismos incendios generan condiciones favorables para su propagación, modificando las condiciones microclimáticas de tal forma que éstas les permiten avanzar con mayor rapidez y con una alta energía. “Debido a que la masa de aire que está sobre el incendio se vuelve extremadamente caliente, ésta puede generar nubes que a su vez causan vientos y relámpagos, transportando partículas y favoreciendo la propagación de las llamas” explican en el documento.

“Los bosques esclerófilos están adaptados a periodos secos, sin embargo, esta sequía sin precedentes y el extremadamente seco año 2019 han llevado a los bosques a un cambio abrupto de estado en el verano 2020, donde gran parte de la copa de los árboles se encuentran secas” señala Alejandro Miranda, investigador del (CR)2 y del Laboratorio de Ecología del Paisaje y Conservación de la Universidad de la Frontera. “A pesar de que una potencial recuperación de este ecosistema es posible, todo ese material seco de hojas y ramas incrementa el peligro de incendios, por la gran acumulación de combustible en el piso y en la parte aérea del bosque, amenazando la biodiversidad que sustentan y potencialmente generando incendios de grandes dimensiones”.

Para apoyar a la comunidad, los investigadores y organizaciones también entregaron una serie de recomendaciones que podrían mitigar una eventual crisis producto de estos incendios. Entre éstas, se encuentran reforzar tempranamente los planes de prevención y coordinación para proteger la infraestructura crítica, así como también implementar un plan de comunicación y educación a la ciudadanía residente de sectores rurales de la zona centro del país, que considere protocolos de evacuación y áreas seguras en caso de grandes incendios.

Finalmente, hicieron un llamado a constituir un consejo asesor que considere la participación de actores del sector público y privado, y que permita analizar y trabajar coordinadamente en las estrategias necesarias para enfrentar el alto riesgo de incendios en las regiones de Valparaíso, O’Higgins y Metropolitana, así como también gatillar una respuesta temprana a los impactos de los incendios, que incluya el destino de recursos para este tema.

La agrupación a cargo del llamado incluye a académicos y representantes de más de 10 universidades, 4 centros de estudio, 4 organismos estatales y 6 organizaciones de la sociedad civil, tales como Centro de Ciencias del Clima y la Resiliencia (CR)2; Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES; Instituto de Ecología y Biodiversidad, IEB; Greenpeace; CONAF; Instituto de Investigaciones Agropecuarias, INIA; Servicio Agrícola Ganadero, entre otras.

La declaración ha sido respaldada por más de cien profesionales, incluido el recién electo Premio Nacional de Ciencias Naturales, Francisco Bozinovic.

“Es muy importante que estemos atentos y sepamos que puede haber una tormenta de fuego. Sin embargo, también es fundamental mantener la calma y hacer esta advertencia, justamente, para que las instituciones y la ciudadanía puedan contribuir a su prevención. En ese contexto, es muy relevante que CONAF disponga de los recursos económicos y humanos para enfrentar de la mejor manera estos eventuales incendios. Iniciativas como el nuevo incentivo de dicha institución que incluye reforestar en áreas incendiadas, aportando presupuesto al manejo de los bosques cafés, va en la dirección correcta”, señala Cecilia Smith, investigadora del Instituto de Ecología y Biodiversidad y de la Universidad de Los Lagos.

Lee la declaración completa en este enlace.

Crean centro pionero de ganadería regenerativa en Pirque

El Centro tendrá por objetivo la implementación y aprendizaje de diversas técnicas asociadas a esta metodología, la cual “intenta trabajar con la naturaleza para recuperar los ecosistemas, fortalecer las comunidades y mejorar la rentabilidad”, en palabras de su investigador responsable, el ingeniero agrónomo CAPES Rafael Larraín.

Son múltiples los estudios que han puesto en evidencia los impactos negativos que la ganadería tradicional, o convencional, tiene sobre la biodiversidad y la salud de los suelos. En respuesta a esta problemática, la ganadería regenerativa es una innovadora aproximación al manejo y crianza de ganado que privilegia el pastoreo controlado y rotativo de los animales, con el fin de sostener la diversidad biológica de los ecosistemas donde éstos pacen y favorecer la recuperación del suelo.

Educar sobre esta metodología sustentable es también el objetivo del nuevo Centro de Ganadería Regenerativa, una iniciativa patrocinada por la Fundación para la Innovación Agraria (FIA) del ministerio de Agricultura que impulsa el desarrollo de un sitio de aprendizaje de estas técnicas, aplicables para la zona centro y sur de Chile, ubicado en Pirque.

“El lugar donde desarrollamos el proyecto viene de décadas de cultivos y manejos convencionales, por lo que, a estas alturas, su suelo es como un enfermo alimentado por sonda: hay que ir mejorándolo de a poco, dándole las condiciones para que se recupere y luego pueda comer y por sí mismo llevar una vida activa”, explicó Rafael Larraín, investigador del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad (CAPES UC) responsable del proyecto.

Actualmente, casi la mitad (49.1%) de los suelos de Chile presentan erosión. Aun cuando el principal factor responsable de este fenómeno es la acción humana, también hay factores intrínsecos al paisaje. Además, hay estimaciones de que cerca del 50% de la materia orgánica de los suelos se puede perder por efecto de la agricultura y ganadería convencional.

“El proceso de transición para la mejora de estos suelos permitirá comenzar a recuperar estos ecosistemas, aumentar la biodiversidad en y sobre ellos, y echar a andar los procesos biológicos que después sostendrán la nueva forma de producir” explica Larraín.

La iniciativa, que en su descripción oficial se propone “implementar y evaluar prácticas de tipo regenerativas adaptadas a pequeños y medianos productores de la zona central para la producción de cultivos y forrajes, y para la producción animal”, es ejecutada por el equipo de la Estación Experimental Agrícola “Julio Ortúzar Pereira”, de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

El director ejecutivo de FIA, Álvaro Eyzaguirre, sostuvo que “uno de nuestros desafíos estratégicos es considerar la biodiversidad y sustentabilidad de nuestro ecosistema, así que estamos muy contentos que, a través de nuevas prácticas para el sector, podamos permitir que la Región Metropolitana se convierta en un espacio pionero para la agricultura del futuro”.

Por su parte, el Seremi de Agricultura, José Pedro Guilisasti, agregó: “creo que esta iniciativa tiene un gran potencial para ser replicada en la Región Metropolitana, en lugares que también sufren erosión como consecuencia de prácticas ganaderas. Como Ministerio de Agricultura y los organismos dependientes, tenemos mucho que aportar a esta iniciativa pionera, poniendo a su disposición nuestra experiencia en temas relacionados como a través del Sistema de Incentivos para la Sustentabilidad Agroambiental de los Suelos Agropecuarios (SIRSD-S), para la recuperación de suelos degradados, a través de servicios como SAG, INDAP y ODEPA”.

Acciones para una ganadería sustentable

Para Rafael Larraín, las prácticas asociadas a la ganadería regenerativa “son útiles en diversas situaciones ganaderas, incluidas la producción de leche (rubro principal de la Estación) pero utilizables también en otros sistemas ganaderos; desde crianza y engorda de rumiantes, hasta producción de cerdos y aves”.

El Centro también evaluará opciones para la producción de maíz en rotaciones con cultivos de cobertura bajo siembra directa, y la producción estacional de cultivos de forraje/granos sobre una “pradera permanente”. Además, “se considerará la implementación de un sistema de pastoreo regenerativo con una secuencia de bovinos y gallinas de postura en gallinero móvil”, agregó Larraín.

Finalmente, también se buscará desarrollar capacidades en productores, técnicos y estudiantes para aplicar estas prácticas en forma independiente, y difundir resultados productivos, ambientales y económicos de sectores con y sin manejos regenerativos.

De acuerdo con los estudios que existen en el tema, la pérdida de biodiversidad y la frecuente inversión del suelo por arados y rastras destruyen el ecosistema del suelo y hacen que la materia orgánica se degrade liberando CO2. Todo esto genera un suelo menos nutritivo para las plantas; perdiendo su estructura, reduciendo su capacidad de captar agua y de retenerla, y reduciendo el flujo de aire al interior del suelo.

Según el ingeniero agrónomo, “el proyecto es trascendental para la agricultura del futuro, ya que la ganadería convencional se caracteriza por un pensamiento lineal, reduccionista. A través de la recuperación de sistemas biológicos complejos y activos, la ganadería regenerativa intenta trabajar con la naturaleza para recuperar los ecosistemas, fortalecer las comunidades y mejorar la rentabilidad. Para la agricultura regenerativa un suelo vivo y sano es la base para una producción vegetal abundante, sana y rentable”.

Crean centro pionero de ganadería regenerativa en Pirque

El Centro tendrá por objetivo la implementación y aprendizaje de diversas técnicas asociadas a esta metodología, la cual “intenta trabajar con la naturaleza para recuperar los ecosistemas, fortalecer las comunidades y mejorar la rentabilidad”, en palabras de su investigador responsable, el ingeniero agrónomo CAPES Rafael Larraín.

Son múltiples los estudios que han puesto en evidencia los impactos negativos que la ganadería tradicional, o convencional, tiene sobre la biodiversidad y la salud de los suelos. En respuesta a esta problemática, la ganadería regenerativa es una innovadora aproximación al manejo y crianza de ganado que privilegia el pastoreo controlado y rotativo de los animales, con el fin de sostener la diversidad biológica de los ecosistemas donde éstos pacen y favorecer la recuperación del suelo.

Educar sobre esta metodología sustentable es también el objetivo del nuevo Centro de Ganadería Regenerativa, una iniciativa patrocinada por la Fundación para la Innovación Agraria (FIA) del ministerio de Agricultura que impulsa el desarrollo de un sitio de aprendizaje de estas técnicas, aplicables para la zona centro y sur de Chile, ubicado en Pirque.

“El lugar donde desarrollamos el proyecto viene de décadas de cultivos y manejos convencionales, por lo que, a estas alturas, su suelo es como un enfermo alimentado por sonda: hay que ir mejorándolo de a poco, dándole las condiciones para que se recupere y luego pueda comer y por sí mismo llevar una vida activa”, explicó Rafael Larraín, investigador del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad (CAPES UC) responsable del proyecto.

Actualmente, casi la mitad (49.1%) de los suelos de Chile presentan erosión. Aun cuando el principal factor responsable de este fenómeno es la acción humana, también hay factores intrínsecos al paisaje. Además, hay estimaciones de que cerca del 50% de la materia orgánica de los suelos se puede perder por efecto de la agricultura y ganadería convencional.

“El proceso de transición para la mejora de estos suelos permitirá comenzar a recuperar estos ecosistemas, aumentar la biodiversidad en y sobre ellos, y echar a andar los procesos biológicos que después sostendrán la nueva forma de producir” explica Larraín.

La iniciativa, que en su descripción oficial se propone “implementar y evaluar prácticas de tipo regenerativas adaptadas a pequeños y medianos productores de la zona central para la producción de cultivos y forrajes, y para la producción animal”, es ejecutada por el equipo de la Estación Experimental Agrícola “Julio Ortúzar Pereira”, de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

El director ejecutivo de FIA, Álvaro Eyzaguirre, sostuvo que “uno de nuestros desafíos estratégicos es considerar la biodiversidad y sustentabilidad de nuestro ecosistema, así que estamos muy contentos que, a través de nuevas prácticas para el sector, podamos permitir que la Región Metropolitana se convierta en un espacio pionero para la agricultura del futuro”.

Por su parte, el Seremi de Agricultura, José Pedro Guilisasti, agregó: “creo que esta iniciativa tiene un gran potencial para ser replicada en la Región Metropolitana, en lugares que también sufren erosión como consecuencia de prácticas ganaderas. Como Ministerio de Agricultura y los organismos dependientes, tenemos mucho que aportar a esta iniciativa pionera, poniendo a su disposición nuestra experiencia en temas relacionados como a través del Sistema de Incentivos para la Sustentabilidad Agroambiental de los Suelos Agropecuarios (SIRSD-S), para la recuperación de suelos degradados, a través de servicios como SAG, INDAP y ODEPA”.

Acciones para una ganadería sustentable

Para Rafael Larraín, las prácticas asociadas a la ganadería regenerativa “son útiles en diversas situaciones ganaderas, incluidas la producción de leche (rubro principal de la Estación) pero utilizables también en otros sistemas ganaderos; desde crianza y engorda de rumiantes, hasta producción de cerdos y aves”.

El Centro también evaluará opciones para la producción de maíz en rotaciones con cultivos de cobertura bajo siembra directa, y la producción estacional de cultivos de forraje/granos sobre una “pradera permanente”. Además, “se considerará la implementación de un sistema de pastoreo regenerativo con una secuencia de bovinos y gallinas de postura en gallinero móvil”, agregó Larraín.

Finalmente, también se buscará desarrollar capacidades en productores, técnicos y estudiantes para aplicar estas prácticas en forma independiente, y difundir resultados productivos, ambientales y económicos de sectores con y sin manejos regenerativos.

De acuerdo con los estudios que existen en el tema, la pérdida de biodiversidad y la frecuente inversión del suelo por arados y rastras destruyen el ecosistema del suelo y hacen que la materia orgánica se degrade liberando CO2. Todo esto genera un suelo menos nutritivo para las plantas; perdiendo su estructura, reduciendo su capacidad de captar agua y de retenerla, y reduciendo el flujo de aire al interior del suelo.

Según el ingeniero agrónomo, “el proyecto es trascendental para la agricultura del futuro, ya que la ganadería convencional se caracteriza por un pensamiento lineal, reduccionista. A través de la recuperación de sistemas biológicos complejos y activos, la ganadería regenerativa intenta trabajar con la naturaleza para recuperar los ecosistemas, fortalecer las comunidades y mejorar la rentabilidad. Para la agricultura regenerativa un suelo vivo y sano es la base para una producción vegetal abundante, sana y rentable”.

Francisco Bozinovic es el nuevo Premio Nacional de Ciencias Naturales 2020

El galardonado, anunciado hoy por el jurado a cargo de esta designación, se convierte en el premiado número 15 en recibir este reconocimiento, creado en 1992 a partir del antiguo Premio Nacional de Ciencias.

Bozinovic es académico de la Pontifica Universidad Católica de Chile e investigador con más de 30 años de trayectoria. Entre sus áreas de estudio, destacan importantes avances en el desarrollo de la biología integrativa y la fisiología evolutiva de los organismos, tanto en Chile como en Latinoamérica.

Este viernes, por decisión unánime, un jurado presidido por el ministro de Educación y conformado por destacadas autoridades universitarias y miembros de la academia designó al académico y biólogo de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Dr. Francisco Bozinovic Kuscevic, como nuevo Premio Nacional de Ciencias Naturales para el año 2020.

En su nominación, el jurado reconoció en Bozinovic un investigador que «ha dado pruebas contundentes de contar con una comunidad científica que lo reconoce y valora no solo por sus hallazgos y brillantes estudios, sino porque ha puesto la mirada en el largo plazo al orientar su trabajo académico hacia la sociedad y la educación de los más necesitados».

«Es un tremendo honor y reconocimiento de mi país, no solo a mi, sino a las personas que trabajan y han trabajado conmigo: alumnos, colegas, ayudantes» comentó el investigador al enterarse de la noticia.

De esta forma, el doctor en Ciencias se convierte en el premiado número 15 en recibir este reconocimiento, otorgado desde 1992 a “chilenos y chilenas que, por su excelencia, creatividad, aporte trascendente a la cultura nacional y al desarrollo del saber y de las artes, sea merecedores de este galardón”. Asimismo, es el segundo investigador de nuestro centro que obtiene este premio, luego de que nuestro director, Fabián Jaksic, lo recibiera en 2018.

Con más de 30 años de trayectoria en el campo de la biología evolutiva, el Dr. Bozinovic es mayormente conocido por haber iniciado y desarrollado un nuevo paradigma científico al interior de este campo, conocido como hoy como Biología Integrativa. Éste innovador enfoque reúne saberes de la fisiología, el medio ambiente y la biogeografía para un mejor entendimiento de las estructuras y comportamientos inherentes de los organismos vivos y la interacción con sus entornos.

El rector de la Universidad Católica, Ignacio Sánchez, valoró la designación del académico, calificándolo como “un investigador pionero y creativo”. “La capacidad del Profesor Bozinovic le ha permitido no solo desarrollar sus propios intereses, sino que además integrar grupos de trabajo en otras áreas de la biología básica y aplicada con aproximaciones teóricas y experimentales multifactoriales” expresó en su carta de apoyo a la postulación.

Nacido en Punta Arenas en 1959, Bozinovic es nieto de inmigrantes serbio-croatas (ex yugoslavos), e hijo de padre chileno y madre argentina. En 1980, ingresó a la Licenciatura de Ciencias con mención en Biología de la Universidad de Chile, interesándose por entonces en estudiar los múltiples aspectos teóricos y experimentales de la biología animal comparativa y las complejidades de la diversidad biológica en todos sus niveles de organización. Concluyó sus estudios formales mediante un doctorado iniciado y acabado en apenas tres años, como parte del equipo de investigación del Prof. Mario Rosenmann.

El Dr. Bozinovic es autor y co-autor de más de 300 artículos científicos en revistas de corriente principal, como Nature, Proceedings of the National Academy of Sciences y Ecology Letters, y cerca de 20 libros y capítulos de libros, entre los que se encuentra la primera publicación de su especialidad escrita en español, “Fisiología Ecológica & Evolutiva: Teoría y Casos de Estudio en Animales”.

A estos títulos, también se suma su trabajo en el campo de la divulgación científica, especialmente dedicado a la alfabetización de la ciencia en públicos infantiles y adolescentes con libros como “Ecopreguntas para niños curiosos” y “Biodiversidad para jóvenes diversos”.

Además de su vasta producción científica, el Prof. Bozinovic ha formado a incontables generaciones de biólogos y fisiólogos evolutivos, haciendo verdadera escuela en el área de la biología integrativa. De hecho, los 30 magísteres y doctorados formados directamente bajo el alero del investigador han generado a su vez a otros 40 investigadores, y éstos últimos a otros 10 “bisnietos académicos”, como Bozinovic gusta en llamarles, a la fecha.

Actualmente, el Prof. Bozinovic desempeña como académico, director de Investigación y director del Departamento de Ecología de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Católica de Chile, además de subdirector e investigador asociado del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES UC.

Asimismo, el biólogo integrativo ha sido un promotor activo de una ciencia y sociedades más inclusivas y conscientes de la diversidad de funciones presentes tanto en la naturaleza, como en nuestras comunidades humanas. Es en esta línea que impulsó y gestionó la creación del Centro Multidisciplinario UC – Síndrome de Down, del que hoy es subdirector. La misión del centro es entregar investigación acerca de este síndrome y apoyo a las personas que viven con él, así como a sus familias.

El Dr. Bozinovic en expresado que su meta última es “lograr una sociedad que responda positivamente a la diversidad entre las personas y a las diferencias individuales, siento esta diversidad una oportunidad para vivir en un mundo mejor y sin barreras”.

El Premio Nacional de Ciencias Naturales es el pináculo de una serie de distinciones recibidas por Bozinovic a lo largo de su carrera, tales como su membresía a la Academia Chilena de Ciencias (2006), a la Latin American Academy of Science (2019), la Fellow de John Simon Guggenheim (2010), y la distinción Profesor Honoris causa de la Universidad Austral de Chile (2019).

Francisco Bozinovic es el nuevo Premio Nacional de Ciencias Naturales 2020

El galardonado, anunciado hoy por el jurado a cargo de esta designación, se convierte en el premiado número 15 en recibir este reconocimiento, creado en 1992 a partir del antiguo Premio Nacional de Ciencias.

Bozinovic es académico de la Pontifica Universidad Católica de Chile e investigador con más de 30 años de trayectoria. Entre sus áreas de estudio, destacan importantes avances en el desarrollo de la biología integrativa y la fisiología evolutiva de los organismos, tanto en Chile como en Latinoamérica.

Este viernes, por decisión unánime, un jurado presidido por el ministro de Educación y conformado por destacadas autoridades universitarias y miembros de la academia designó al académico y biólogo de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Dr. Francisco Bozinovic Kuscevic, como nuevo Premio Nacional de Ciencias Naturales para el año 2020.

En su nominación, el jurado reconoció en Bozinovic un investigador que «ha dado pruebas contundentes de contar con una comunidad científica que lo reconoce y valora no solo por sus hallazgos y brillantes estudios, sino porque ha puesto la mirada en el largo plazo al orientar su trabajo académico hacia la sociedad y la educación de los más necesitados».

«Es un tremendo honor y reconocimiento de mi país, no solo a mi, sino a las personas que trabajan y han trabajado conmigo: alumnos, colegas, ayudantes» comentó el investigador al enterarse de la noticia.

De esta forma, el doctor en Ciencias se convierte en el premiado número 15 en recibir este reconocimiento, otorgado desde 1992 a “chilenos y chilenas que, por su excelencia, creatividad, aporte trascendente a la cultura nacional y al desarrollo del saber y de las artes, sea merecedores de este galardón”. Asimismo, es el segundo investigador de nuestro centro que obtiene este premio, luego de que nuestro director, Fabián Jaksic, lo recibiera en 2018.

Con más de 30 años de trayectoria en el campo de la biología evolutiva, el Dr. Bozinovic es mayormente conocido por haber iniciado y desarrollado un nuevo paradigma científico al interior de este campo, conocido como hoy como Biología Integrativa. Éste innovador enfoque reúne saberes de la fisiología, el medio ambiente y la biogeografía para un mejor entendimiento de las estructuras y comportamientos inherentes de los organismos vivos y la interacción con sus entornos.

El rector de la Universidad Católica, Ignacio Sánchez, valoró la designación del académico, calificándolo como “un investigador pionero y creativo”. “La capacidad del Profesor Bozinovic le ha permitido no solo desarrollar sus propios intereses, sino que además integrar grupos de trabajo en otras áreas de la biología básica y aplicada con aproximaciones teóricas y experimentales multifactoriales” expresó en su carta de apoyo a la postulación.

Nacido en Punta Arenas en 1959, Bozinovic es nieto de inmigrantes serbio-croatas (ex yugoslavos), e hijo de padre chileno y madre argentina. En 1980, ingresó a la Licenciatura de Ciencias con mención en Biología de la Universidad de Chile, interesándose por entonces en estudiar los múltiples aspectos teóricos y experimentales de la biología animal comparativa y las complejidades de la diversidad biológica en todos sus niveles de organización. Concluyó sus estudios formales mediante un doctorado iniciado y acabado en apenas tres años, como parte del equipo de investigación del Prof. Mario Rosenmann.

El Dr. Bozinovic es autor y co-autor de más de 300 artículos científicos en revistas de corriente principal, como Nature, Proceedings of the National Academy of Sciences y Ecology Letters, y cerca de 20 libros y capítulos de libros, entre los que se encuentra la primera publicación de su especialidad escrita en español, “Fisiología Ecológica & Evolutiva: Teoría y Casos de Estudio en Animales”.

A estos títulos, también se suma su trabajo en el campo de la divulgación científica, especialmente dedicado a la alfabetización de la ciencia en públicos infantiles y adolescentes con libros como “Ecopreguntas para niños curiosos” y “Biodiversidad para jóvenes diversos”.

Además de su vasta producción científica, el Prof. Bozinovic ha formado a incontables generaciones de biólogos y fisiólogos evolutivos, haciendo verdadera escuela en el área de la biología integrativa. De hecho, los 30 magísteres y doctorados formados directamente bajo el alero del investigador han generado a su vez a otros 40 investigadores, y éstos últimos a otros 10 “bisnietos académicos”, como Bozinovic gusta en llamarles, a la fecha.

Actualmente, el Prof. Bozinovic desempeña como académico, director de Investigación y director del Departamento de Ecología de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Católica de Chile, además de subdirector e investigador asociado del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES UC.

Asimismo, el biólogo integrativo ha sido un promotor activo de una ciencia y sociedades más inclusivas y conscientes de la diversidad de funciones presentes tanto en la naturaleza, como en nuestras comunidades humanas. Es en esta línea que impulsó y gestionó la creación del Centro Multidisciplinario UC – Síndrome de Down, del que hoy es subdirector. La misión del centro es entregar investigación acerca de este síndrome y apoyo a las personas que viven con él, así como a sus familias.

El Dr. Bozinovic en expresado que su meta última es “lograr una sociedad que responda positivamente a la diversidad entre las personas y a las diferencias individuales, siento esta diversidad una oportunidad para vivir en un mundo mejor y sin barreras”.

El Premio Nacional de Ciencias Naturales es el pináculo de una serie de distinciones recibidas por Bozinovic a lo largo de su carrera, tales como su membresía a la Academia Chilena de Ciencias (2006), a la Latin American Academy of Science (2019), la Fellow de John Simon Guggenheim (2010), y la distinción Profesor Honoris causa de la Universidad Austral de Chile (2019).

Seminario web «Acciones para la fruticultura sustentable» | 20 de agosto | 17:00 hrs.

La Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal de la Pontificia Universidad Católica de Chile, en colaboración con SubSole, Primafruit, Centro UC Cambio Global, y CAPES, invitan al seminario web «Acciones para la fruticultura sustetable, en el marco de un proyecto FIC de la región de O’Higgins, este 20 de julio a las 17:00 hrs.

Este webinar tratará temas asociados a cambio climático y biodiversidad, su importancia para los mercados locales e internacionales y las iniciativas posibles de implementar a nivel predial. Este evento contará con la participación de actores del mundo público, privado y la academia, para poder discutir alternativas para la fruticultura en un contexto de crisis climática.

Inscripciones en este enlace.

Seminario web «Acciones para la fruticultura sustentable» | 20 de agosto | 17:00 hrs.

La Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal de la Pontificia Universidad Católica de Chile, en colaboración con SubSole, Primafruit, Centro UC Cambio Global, y CAPES, invitan al seminario web «Acciones para la fruticultura sustetable, en el marco de un proyecto FIC de la región de O’Higgins, este 20 de julio a las 17:00 hrs.

Este webinar tratará temas asociados a cambio climático y biodiversidad, su importancia para los mercados locales e internacionales y las iniciativas posibles de implementar a nivel predial. Este evento contará con la participación de actores del mundo público, privado y la academia, para poder discutir alternativas para la fruticultura en un contexto de crisis climática.

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Las plantas que cambiaron la vida en el desierto

Mediante la construcción de una base de datos que incluyó más de 1.216 registros arqueobotánicos, el estudio buscó reconstruir la historia de la interacción humano-vegetal en la región de Atacama.

Un estudio de investigadores de la Universidad Católica de Chile, Católica del Norte, Tarapacá y Arizona (Tucson, EEUU), reunió toda la evidencia arqueobotánica disponible sobre los últimos 13.000 años en el desierto de Atacama para comprender cómo las poblaciones pre-Colombinas manejaron los recursos vegetales de la región, alterando los ecosistemas del desierto más árido del planeta.

Los autores, entre quienes se encuentra la ecóloga CAPES, Eugenia Gayo, descubrieron que desde el poblamiento inicial del Atacama al final del último período glacial, hasta la consolidación del dominio Inca, en el siglo XV, estos pueblos gestionaron y utilizaron una amplia variedad de plantas para subsistir.

Sin embargo, no fue hasta finales del Holoceno, hace aproximadamente 3.000 años, que la introducción de diversas especies vegetales domesticadas –e incluidos de algunos cultivos agrícolas– y nuevas técnicas de control de agua llevaron al establecimiento de un conjunto de alimentos básicos que perviven hasta hoy.

Un relato en fragmentos

Para “reconstruir la historia de la interacción humano-vegetal en la región de Atacama”, como describen en su trabajo, Gayo y compañía elaboraron una base de datos que recopiló más de 150 publicaciones con información de plantas presentes en sitios arqueológicos, pudiendo rastrear cronológica y geográficamente los usos de las plantas a través de la región, ya fuese como alimento, medicina, forraje, combustible, construcción o artesanías.

“Los usos que estos pueblos dieron a las plantas fueron diversos, y tempranamente, se reconocieron las propiedades de las especies que crecen en las diferentes zonas ecogeográficas del Atacama” comenta Gayo. “Lo más impresionante, es que los habitantes del Atacama recorrían extensas áreas o bien implementaron redes de intercambio para acceder a estos recursos. Esto nos sugiere, que las plantas representaron un recurso valioso y apetecido”.

Los 1.216 registros de plantas recabados, entregaron un panorama histórico de las plantas tanto silvestres como domésticas que las sociedades Pre-Colombinas usaron a lo largo de las 8 fases culturales características de ese período: desde los primeros pobladores paleoindios de hace 17.000 años hasta la expansión Inca ocurrida 600 años atrás. A lo largo de ese tiempo, caracterizado por variaciones en las condiciones ambientales y la disponibilidad de los recursos hídricos- las plantas constituyeron recursos valiosos que permitieron la persistencia continua de poblaciones en una de las regiones más extremas del planeta: “Los habitantes del Atacama manejaron los vegetales con un acabado y sofisticado conocimiento de los ecosistemas locales” señalan los investigadores, “y crearon extensas redes de interacción y movilidad para adquirir plantas de fuera de las ecozonas en las que vivían de manera más permanente”.

Si bien durante los primeros milenios de ocupación humana, las plantas probablemente constituyeron un recurso marginal para la subsistencia, con el paso del tiempo los cazadores-recolectores comenzaron a manejar e incorporar en sus vidas cotidianas una gran cantidad de plantas silvestres, particularmente aquellas provenientes de humedales existentes en la cordillera de la Costa y en riberas de los escasos ríos que atraviesan el desierto, comentan los investigadores.

Entre las plantas silvestres más utilizadas por los primeros habitantes, se encontraron distintas especies de especies nativas como el tamarugo; el chañar; la totora; la soroma o brea, y una inmensa variedad de cactus.

La revolución verde prehispánica

Un hito importante en la historia de la relación entre humanos y vegetales ocurrió durante el llamado “Período Formativo” (4.000-1.700 años atrás), escenario de un incremento significativo en la diversidad y riqueza de las plantas usadas por las sociedades pre-Colombinas del Atacama. Tras miles de años de intensa sequía, la disponibilidad de agua en este período permitió el cultivo “in situ” de especies vegetales. Las plantas que comenzaron a domesticarse por esos años fueron el maíz; el algodón de Pima y de Tangüis; los porotos; el mate; la quínoa, y la planta de coca, entre otros.

Este cambio, que los investigadores denominaron la “Revolución verde prehispánica”, también involucró la introducción de “técnicas hidráulicas” que permitieron manejar el agua para mantener cultivos a través del desierto, y que probablemente permitió un explosivo crecimiento en los tamaños poblacionales. Por ejemplo, en lo que hoy conocemos como la Pampa del Tamarugal se establecieron aldeas a las cuales se asocian extensos campos de cultivos complejamente irrigados.

“La explosión de productividad que las actividades humanas generaron en algunas áreas del Atacama tras la expansión de la agricultura implico que el paisaje hiperarido del desierto (que a simple vista parece no tener vida) se trasformó en un ambiente lleno de campos de cultivos, los cuales fueron irrigados artificialmente y fertilizados utilizando técnicas agroforestales o simplemente añadiendo guano (estiércol)», explica la investigadora. “Es un cambio, impresionante, que no sólo permitió asentamientos humanos en el desierto más árido del planeta, pero que además dejo testimonios claros. Aún se aprecian los campos de cultivos con canales abandonados en torno a aldeas prehispánicas”.

Esta revolución verde, en opinión de Gayo, también “pudo haber gatillado la introducción de especies consideradas “típicas del desierto” (como el Algarrobo, que se introdujo hace unos 2.000 años), modificado el ciclo natural del nitrógeno, y probablemente el mantenimiento de ganado (llamas y alpacas) donde actualmente es “inconcebible””.

Sin embargo, los investigadores también evidencian que la diversidad de plantas domesticadas y silvestres utilizadas comenzó decrecer hace unos 1.700 años, a medida que el maíz y los frijoles comenzaron a adquirir relevancia a causa del advenimiento de estructuras políticas más centralizadas, como las instauradas por los Incas.

Atacama, laboratorio botánico

El estudio, publicado en la revista Vegetation History and Archaeobotany, constituye un esfuerzo que permitirá evaluar hipótesis sobre adaptaciones a ambientes extremos, además de la evolución de la interacción entre sociedad y ambiente: “existe una necesidad urgente de comprender la ecología y los impulsores de los cambios en la distribución de las plantas en el desierto de Atacama. A medida que este tipo de datos esté disponible para la interpretación sobre los patrones de distribución de las plantas modernas en el registro arqueológico, obtendremos conocimientos nuevos y más completos sobre cómo las sociedades del Atacama pudieron modificar los ecosistemas regionales de acuerdo sus variantes culturales” señalan los autores.

En este sentido, los habitantes Pre-Colombinos del Atacama pudieron haber representado verdaderos “ingenieros ecosistemicos” que a través de innovaciones tecnológicas y dinámicas culturales manejaron los recursos vegetales para su subsistencia.

“El trabajo mismo es bastante exótico, porque generalmente las plantas dejan escasas evidencias en los registros antiguos. Sin embargo, una de las particularidades del Atacama, es que debido a su intensa hiper aridez, se conservan de manera extraordinaria los restos vegetales en los contextos arqueológicos y paleoecológicos. De hecho, por esta razón hemos logrado entender, incluso, la vegetación que existía antes del poblamiento inicial de la región” detalló Gayo.