Las plantas que cambiaron la vida en el desierto

Mediante la construcción de una base de datos que incluyó más de 1.216 registros arqueobotánicos, el estudio buscó reconstruir la historia de la interacción humano-vegetal en la región de Atacama.

Un estudio de investigadores de la Universidad Católica de Chile, Católica del Norte, Tarapacá y Arizona (Tucson, EEUU), reunió toda la evidencia arqueobotánica disponible sobre los últimos 13.000 años en el desierto de Atacama para comprender cómo las poblaciones pre-Colombinas manejaron los recursos vegetales de la región, alterando los ecosistemas del desierto más árido del planeta.

Los autores, entre quienes se encuentra la ecóloga CAPES, Eugenia Gayo, descubrieron que desde el poblamiento inicial del Atacama al final del último período glacial, hasta la consolidación del dominio Inca, en el siglo XV, estos pueblos gestionaron y utilizaron una amplia variedad de plantas para subsistir.

Sin embargo, no fue hasta finales del Holoceno, hace aproximadamente 3.000 años, que la introducción de diversas especies vegetales domesticadas –e incluidos de algunos cultivos agrícolas– y nuevas técnicas de control de agua llevaron al establecimiento de un conjunto de alimentos básicos que perviven hasta hoy.

Un relato en fragmentos

Para “reconstruir la historia de la interacción humano-vegetal en la región de Atacama”, como describen en su trabajo, Gayo y compañía elaboraron una base de datos que recopiló más de 150 publicaciones con información de plantas presentes en sitios arqueológicos, pudiendo rastrear cronológica y geográficamente los usos de las plantas a través de la región, ya fuese como alimento, medicina, forraje, combustible, construcción o artesanías.

“Los usos que estos pueblos dieron a las plantas fueron diversos, y tempranamente, se reconocieron las propiedades de las especies que crecen en las diferentes zonas ecogeográficas del Atacama” comenta Gayo. “Lo más impresionante, es que los habitantes del Atacama recorrían extensas áreas o bien implementaron redes de intercambio para acceder a estos recursos. Esto nos sugiere, que las plantas representaron un recurso valioso y apetecido”.

Los 1.216 registros de plantas recabados, entregaron un panorama histórico de las plantas tanto silvestres como domésticas que las sociedades Pre-Colombinas usaron a lo largo de las 8 fases culturales características de ese período: desde los primeros pobladores paleoindios de hace 17.000 años hasta la expansión Inca ocurrida 600 años atrás. A lo largo de ese tiempo, caracterizado por variaciones en las condiciones ambientales y la disponibilidad de los recursos hídricos- las plantas constituyeron recursos valiosos que permitieron la persistencia continua de poblaciones en una de las regiones más extremas del planeta: “Los habitantes del Atacama manejaron los vegetales con un acabado y sofisticado conocimiento de los ecosistemas locales” señalan los investigadores, “y crearon extensas redes de interacción y movilidad para adquirir plantas de fuera de las ecozonas en las que vivían de manera más permanente”.

Si bien durante los primeros milenios de ocupación humana, las plantas probablemente constituyeron un recurso marginal para la subsistencia, con el paso del tiempo los cazadores-recolectores comenzaron a manejar e incorporar en sus vidas cotidianas una gran cantidad de plantas silvestres, particularmente aquellas provenientes de humedales existentes en la cordillera de la Costa y en riberas de los escasos ríos que atraviesan el desierto, comentan los investigadores.

Entre las plantas silvestres más utilizadas por los primeros habitantes, se encontraron distintas especies de especies nativas como el tamarugo; el chañar; la totora; la soroma o brea, y una inmensa variedad de cactus.

La revolución verde prehispánica

Un hito importante en la historia de la relación entre humanos y vegetales ocurrió durante el llamado “Período Formativo” (4.000-1.700 años atrás), escenario de un incremento significativo en la diversidad y riqueza de las plantas usadas por las sociedades pre-Colombinas del Atacama. Tras miles de años de intensa sequía, la disponibilidad de agua en este período permitió el cultivo “in situ” de especies vegetales. Las plantas que comenzaron a domesticarse por esos años fueron el maíz; el algodón de Pima y de Tangüis; los porotos; el mate; la quínoa, y la planta de coca, entre otros.

Este cambio, que los investigadores denominaron la “Revolución verde prehispánica”, también involucró la introducción de “técnicas hidráulicas” que permitieron manejar el agua para mantener cultivos a través del desierto, y que probablemente permitió un explosivo crecimiento en los tamaños poblacionales. Por ejemplo, en lo que hoy conocemos como la Pampa del Tamarugal se establecieron aldeas a las cuales se asocian extensos campos de cultivos complejamente irrigados.

“La explosión de productividad que las actividades humanas generaron en algunas áreas del Atacama tras la expansión de la agricultura implico que el paisaje hiperarido del desierto (que a simple vista parece no tener vida) se trasformó en un ambiente lleno de campos de cultivos, los cuales fueron irrigados artificialmente y fertilizados utilizando técnicas agroforestales o simplemente añadiendo guano (estiércol)», explica la investigadora. “Es un cambio, impresionante, que no sólo permitió asentamientos humanos en el desierto más árido del planeta, pero que además dejo testimonios claros. Aún se aprecian los campos de cultivos con canales abandonados en torno a aldeas prehispánicas”.

Esta revolución verde, en opinión de Gayo, también “pudo haber gatillado la introducción de especies consideradas “típicas del desierto” (como el Algarrobo, que se introdujo hace unos 2.000 años), modificado el ciclo natural del nitrógeno, y probablemente el mantenimiento de ganado (llamas y alpacas) donde actualmente es “inconcebible””.

Sin embargo, los investigadores también evidencian que la diversidad de plantas domesticadas y silvestres utilizadas comenzó decrecer hace unos 1.700 años, a medida que el maíz y los frijoles comenzaron a adquirir relevancia a causa del advenimiento de estructuras políticas más centralizadas, como las instauradas por los Incas.

Atacama, laboratorio botánico

El estudio, publicado en la revista Vegetation History and Archaeobotany, constituye un esfuerzo que permitirá evaluar hipótesis sobre adaptaciones a ambientes extremos, además de la evolución de la interacción entre sociedad y ambiente: “existe una necesidad urgente de comprender la ecología y los impulsores de los cambios en la distribución de las plantas en el desierto de Atacama. A medida que este tipo de datos esté disponible para la interpretación sobre los patrones de distribución de las plantas modernas en el registro arqueológico, obtendremos conocimientos nuevos y más completos sobre cómo las sociedades del Atacama pudieron modificar los ecosistemas regionales de acuerdo sus variantes culturales” señalan los autores.

En este sentido, los habitantes Pre-Colombinos del Atacama pudieron haber representado verdaderos “ingenieros ecosistemicos” que a través de innovaciones tecnológicas y dinámicas culturales manejaron los recursos vegetales para su subsistencia.

“El trabajo mismo es bastante exótico, porque generalmente las plantas dejan escasas evidencias en los registros antiguos. Sin embargo, una de las particularidades del Atacama, es que debido a su intensa hiper aridez, se conservan de manera extraordinaria los restos vegetales en los contextos arqueológicos y paleoecológicos. De hecho, por esta razón hemos logrado entender, incluso, la vegetación que existía antes del poblamiento inicial de la región” detalló Gayo.

Estudio revela las motivaciones de las personas para cuidar de un jardín urbano

El trabajo analizó las razones para jardinear en localidades de Suiza y Chile, sobre la base de una escala de 14 ítems. Los resultados sugieren que, más allá de los contextos culturales, las motivaciones para tener un jardín son similares entre las personas.

En plena pandemia de COVID-19, y en medio de una cuarentena de escala casi planetaria, espacios de recreación como los jardines urbanos y residenciales han cobrado especial importancia como zonas de descanso y distracción al interior de los hogares. Formas de paliar, en parte, las consecuencias negativas que trae el encierro para el bienestar físico y mental de las personas.

A estos beneficios, se suman una serie de servicios ecosistémicos provistos por este tipo de áreas verdes, las que poco a poco se han convertido en un objeto de interés para científicos y conservacionistas, quienes ven en su promoción y cuidado una herramienta clave en el desarrollo sustentable de nuestras urbes.

Es el caso de un estudio realizado por la académica de la Universidad de la Frontera e investigadora CAPES, Lorena Vieli, junto al investigador del Instituto de Investigación en Agricultura Orgánica de Suiza, Robert Home, el cual buscó conocer las principales motivaciones de los habitantes de zonas urbanas para mantener y administrar jardines domésticos en Chile y Suiza, y si estas motivaciones variaban dependiendo de los distintos contextos culturales de cada lugar.

Para ello, realizaron encuestas en tres localidades de Suiza (Lausanne, Bern y Zúrich) y en la ciudad de Temuco, Chile, notando que los dueños de jardines de ambos países comparten motivaciones similares a la hora de cuidar de estos ambientes, independiente del contexto en que habitan.

Las encuestas pidieron a las personas evaluar sus motivaciones para tener un jardín a partir de una lista de 14 ítems, basada en una escala diseñada por Home en 2017 junto a investigadores de la Universidad del Egeo. Estos ítems se agrupan en tres grandes categorías: restauración (con opciones como “estar al aire libre o “aprender la naturaleza”), aspectos sociales (“compartir con amigos” o “tener un lugar para que jueguen los niños”), y producción de alimentos (“producir comida” o “obtener grandes cosechas”).

Aun cuando los investigadores hallaron diferencias de puntuación en 12 de los 14 ítems consultados entre las muestras de Chile y Suiza, (un aspecto que atribuyen a las distintas formas de muestreo realizadas en cada país), los resultados indicaron una fuerte consistencia en la estructura de las respuestas. Ambos grupos, de hecho, puntuaron más alto los aspectos referidos a la interacción pasiva con los jardines, como “estar al aire libre” o “experimentar la belleza de la naturaleza”, mientras que los ítems asociados a la producción de alimentos tuvieron los menores puntajes.

“En general, las personas perciben tres grandes tipos de beneficios entregados por sus jardines residenciales” cuenta Lorena Vieli, autora del estudio, “el primero, al que llamamos de “restauración mental”, consiste en que al pasar tiempo en estos espacios las personas perciben que ‘descansan sus mentes’, es decir, se relajan y restauran la fatiga mental o estrés. Un segundo componente social se refiere a que el jardín es percibido como una instancia que facilita la socialización (pasar tiempo con familiares, amigos) y, finalmente, el componente de producción de alimento se refiere a que las personas perciben beneficios por la producción de alimentos en sus jardines. Lo interesante es que estudiamos jardines en Temuco, Chile, y también en ciudades de Suiza, y en ambos países las tres dimensiones fueron claramente identificadas”.

Los resultados obtenidos podrían indicar que las motivaciones para hacer jardinería representan una condición inherente del ser humano, la cual determinar la forma como las personas cuidan y administran sus jardines. “Es interesante, porque sugiere que la forma de percibir estos beneficios es bastante similar entre ciudades, y entre poblaciones de variables demográficas distintas, como edad, género, poder adquisitivo, y educación” explica la ingeniera agrónoma.

En cuanto al valor que este tipo de estudios puede tener para el desarrollo de políticas públicas que cuiden y fomenten la creación de jardines domésticos y comunitarios, Vieli señaló que “es relevante entender los beneficios que estas áreas pueden tener para la ciudad y sus habitantes. Los beneficios de los jardines residenciales son diversos, desde la conservación de especies, provisión de servicios ecosistémicos como la infiltración de agua, captura de carbono, regulación del microclima, entre otros; por eso, consideramos importante entender qué motiva a las personas a cuidar estos jardines residenciales para generar políticas coherentes con la conservación de estos espacios urbanos”.

El trabajo, titulado Psychosocial outcomes as motivations for urban gardening: A cross-cultural comparison of Swiss and Chilean gardeners, fue publicado en la revista Urban Forestry & Urban Greening.

Estudio revela las motivaciones de las personas para cuidar de un jardín urbano

El trabajo analizó las razones para jardinear en localidades de Suiza y Chile, sobre la base de una escala de 14 ítems. Los resultados sugieren que, más allá de los contextos culturales, las motivaciones para tener un jardín son similares entre las personas.

En plena pandemia de COVID-19, y en medio de una cuarentena de escala casi planetaria, espacios de recreación como los jardines urbanos y residenciales han cobrado especial importancia como zonas de descanso y distracción al interior de los hogares. Formas de paliar, en parte, las consecuencias negativas que trae el encierro para el bienestar físico y mental de las personas.

A estos beneficios, se suman una serie de servicios ecosistémicos provistos por este tipo de áreas verdes, las que poco a poco se han convertido en un objeto de interés para científicos y conservacionistas, quienes ven en su promoción y cuidado una herramienta clave en el desarrollo sustentable de nuestras urbes.

Es el caso de un estudio realizado por la académica de la Universidad de la Frontera e investigadora CAPES, Lorena Vieli, junto al investigador del Instituto de Investigación en Agricultura Orgánica de Suiza, Robert Home, el cual buscó conocer las principales motivaciones de los habitantes de zonas urbanas para mantener y administrar jardines domésticos en Chile y Suiza, y si estas motivaciones variaban dependiendo de los distintos contextos culturales de cada lugar.

Para ello, realizaron encuestas en tres localidades de Suiza (Lausanne, Bern y Zúrich) y en la ciudad de Temuco, Chile, notando que los dueños de jardines de ambos países comparten motivaciones similares a la hora de cuidar de estos ambientes, independiente del contexto en que habitan.

Las encuestas pidieron a las personas evaluar sus motivaciones para tener un jardín a partir de una lista de 14 ítems, basada en una escala diseñada por Home en 2017 junto a investigadores de la Universidad del Egeo. Estos ítems se agrupan en tres grandes categorías: restauración (con opciones como “estar al aire libre o “aprender la naturaleza”), aspectos sociales (“compartir con amigos” o “tener un lugar para que jueguen los niños”), y producción de alimentos (“producir comida” o “obtener grandes cosechas”).

Aun cuando los investigadores hallaron diferencias de puntuación en 12 de los 14 ítems consultados entre las muestras de Chile y Suiza, (un aspecto que atribuyen a las distintas formas de muestreo realizadas en cada país), los resultados indicaron una fuerte consistencia en la estructura de las respuestas. Ambos grupos, de hecho, puntuaron más alto los aspectos referidos a la interacción pasiva con los jardines, como “estar al aire libre” o “experimentar la belleza de la naturaleza”, mientras que los ítems asociados a la producción de alimentos tuvieron los menores puntajes.

“En general, las personas perciben tres grandes tipos de beneficios entregados por sus jardines residenciales” cuenta Lorena Vieli, autora del estudio, “el primero, al que llamamos de “restauración mental”, consiste en que al pasar tiempo en estos espacios las personas perciben que ‘descansan sus mentes’, es decir, se relajan y restauran la fatiga mental o estrés. Un segundo componente social se refiere a que el jardín es percibido como una instancia que facilita la socialización (pasar tiempo con familiares, amigos) y, finalmente, el componente de producción de alimento se refiere a que las personas perciben beneficios por la producción de alimentos en sus jardines. Lo interesante es que estudiamos jardines en Temuco, Chile, y también en ciudades de Suiza, y en ambos países las tres dimensiones fueron claramente identificadas”.

Los resultados obtenidos podrían indicar que las motivaciones para hacer jardinería representan una condición inherente del ser humano, la cual determinar la forma como las personas cuidan y administran sus jardines. “Es interesante, porque sugiere que la forma de percibir estos beneficios es bastante similar entre ciudades, y entre poblaciones de variables demográficas distintas, como edad, género, poder adquisitivo, y educación” explica la ingeniera agrónoma.

En cuanto al valor que este tipo de estudios puede tener para el desarrollo de políticas públicas que cuiden y fomenten la creación de jardines domésticos y comunitarios, Vieli señaló que “es relevante entender los beneficios que estas áreas pueden tener para la ciudad y sus habitantes. Los beneficios de los jardines residenciales son diversos, desde la conservación de especies, provisión de servicios ecosistémicos como la infiltración de agua, captura de carbono, regulación del microclima, entre otros; por eso, consideramos importante entender qué motiva a las personas a cuidar estos jardines residenciales para generar políticas coherentes con la conservación de estos espacios urbanos”.

El trabajo, titulado Psychosocial outcomes as motivations for urban gardening: A cross-cultural comparison of Swiss and Chilean gardeners, fue publicado en la revista Urban Forestry & Urban Greening.

Sergio Silva, y el rol de los técnicos en los estudios de ecología

Con más de 30 años de trabajo en esta disciplina, el biólogo nos cuenta de las aptitudes para gestionar y ejecutar estudios de campo prolongados y la especial relación entre científicos y técnicos en el éxito de todo proyecto de investigación.

El biólogo de la Universidad de Talca, Sergio Silva, llegó a la Pontificia Universidad Católica de Chile en 1989, para participar de un proyecto Fondecyt junto al ecólogo Pablo Marquet. Al año siguiente, en 1990, comenzó la que sería la relación profesional más significativa de su carrera, junto al también ecólogo y Premio Nacional de Ciencias Naturales, Fabián Jaksic. “Comencé trabajando con él en un estudio a largo plazo en el Parque Nacional Bosque Fray Jorge. Por entonces, solo contaba con mi licenciatura, pero luego de cinco años Fabián me dio la posibilidad de entrar a hacer el doctorado y dos post doctorados” cuenta.

Tiempo después, Silva se integraría como técnico de otro proyecto importante del investigador; un extenso monitoreo de la fauna presente en la Reserva Nacional Las Chinchillas (IV Región) que 33 años después, sigue en ejecución.

Desde esos primeros años hasta hoy, su trabajo se ha concentrado en la ejecución de proyectos en el área de la ecología, así como en el diseño experimental de los mismos. En el caso de Las Chinchillas, está a cargo de los cuatro muestreos anuales que se realizan en la zona, uno para cada estación del año. Para conducirlos, él y el resto de los técnicos encargados del proyecto –el biólogo Enrique Silva y el guardaparques Boris Saavedra– pasan hasta cuatro días en la reserva, recorriendo sus alrededores y recabando datos.

Las tareas del técnico

¿Pero cuáles son las diferencias de labores entre el técnico y el investigador? Silva explica que el técnico es quien “ejecuta y aplica el método de investigación generado por el investigador”. Esto incluye, pero no se limita a, las salidas a terreno, los muestreos, la generación de las bases de datos y la transmisión de los avances y reportes periódicos al investigador.

Para Silva, la relación entre técnicos e investigadores no solo necesita de profesionalismo para fluir correctamente. El profesional destaca que, sobre todo, requiere de confianza y cercanía, la suficiente como para poder confiarse datos investigación valiosos, que constituyen la base de cada proyecto. “Para los investigadores del CAPES, y para el de cualquier centro de estudio, el técnico es el depositario de una gran confianza, por lo que, visto desde la parte técnica, éstos tienen una gran responsabilidad de guardar los datos e información de sus investigadores” dice.

Silva reconoce que es un trabajo en el cual se va “ascendiendo”, y son los años de confianza los que permiten, al final del día, hacerse cargo de un proyecto. “Los primeros pasos de un técnico son en el laboratorio, encargándose de mantener el orden y la productividad del mismo. Desde ahí tú vas subiendo hasta que llegas a una relación de par con tu investigador” dice.

“Todo técnico o técnica recibe una base desde la academia, pero es el día a día lo que los va formando y permitiéndoles avanzar poco a poco en su carrera” relata. La expertise que estos profesionales desarrollan en lo práctico muchas veces los lleva a tener mejor manejo sobre los temas instrumentales que el mismo científico encargado: “el grado de compenetración entre el técnico y el investigador agiliza todo el trabajo que se realiza durante la investigación. Es como el mecanismo de un reloj bastante sofisticado”. Esa misma experiencia es la que también lo ayuda a tomar decisiones importantes en terreno, y para las cuales él y otros técnicos no están necesariamente capacitados.

El último peldaño en la trayectoria de un técnico se adquiere de la mano de una especialización académica sólida, alcanzando, por ejemplo, el grado de doctor. “Esto le permite al técnico hacer propuestas de investigación propias dentro de las mismas investigaciones”, comenta Silva. Un ejemplo de aquello es una investigación reciente ideada por el propio biólogo, que busca establecer un corredor biológico adyacente a la Reserva Las Chinchillas. En este proyecto, aun cuando lidera el equipo técnico que ejecuta el trabajo, su labor es más la de un investigador que de un técnico.

Vínculos y experiencias

Lo que más destaca el biólogo de su vasta experiencia como técnico ecólogo es, como él mismo comenta, “está ahí directamente en la cocina”, una posición que trae consigo muchas anécdotas y experiencias que dejan huella. Silva reconoce que los accidentes y sorpresas son parte del trabajo, como cuando, en una ocasión, él y su equipo quedaron atrapados en Las Chinchillas producto de una crecida del río tras las lluvias invernales, o inconvenientes algo más pedestres. “No son raras las caídas, por ejemplo. En cualquier momento uno se haya en el suelo, esperando que sus compañeros le saquen las espinas por haberse tropezado con un cactus. Son cosas que ocurren habitualmente, se comparte mucho”.

Pero por sobre todo, Silva destaca el ambiente familiar, la calidad humana y los lazos que ha podido formar durante su trayectoria. “Terminar de trabajar y quedarse en la casa de mis compañeros, compartir con su familia, o ellos con la mía, es algo irremplazable. Somos como una mini familia”, cuenta.

Silva se considera un técnico “avanzado”, condición que, en sus palabras, se ha ganado por los estudios que posee y por la experiencia adquirida en más de 20 años de relación con Jaksic. Actualmente, y siguiendo sus motivaciones personales, realiza ciencia aplicada de conservación de ecosistemas en La Serena. Eligió ese lugar porque se le presentó como una oportunidad para disminuir la actual brecha de conocimiento sobre la ecología y biodiversidad local entre las personas, y la poca transferencia desde la academia.

“Además, a partir de la información que surge de la Reserva Nacional Las Chinchillas, hemos construido un programa de difusión a la comunidad, pues no nos sirve solo comunicar a la academia, sino también a las personas de la zona” concluye.

Sergio Silva, y el rol de los técnicos en los estudios de ecología

Con más de 30 años de trabajo en esta disciplina, el biólogo nos cuenta de las aptitudes para gestionar y ejecutar estudios de campo prolongados y la especial relación entre científicos y técnicos en el éxito de todo proyecto de investigación.

El biólogo de la Universidad de Talca, Sergio Silva, llegó a la Pontificia Universidad Católica de Chile en 1989, para participar de un proyecto Fondecyt junto al ecólogo Pablo Marquet. Al año siguiente, en 1990, comenzó la que sería la relación profesional más significativa de su carrera, junto al también ecólogo y Premio Nacional de Ciencias Naturales, Fabián Jaksic. “Comencé trabajando con él en un estudio a largo plazo en el Parque Nacional Bosque Fray Jorge. Por entonces, solo contaba con mi licenciatura, pero luego de cinco años Fabián me dio la posibilidad de entrar a hacer el doctorado y dos post doctorados” cuenta.

Tiempo después, Silva se integraría como técnico de otro proyecto importante del investigador; un extenso monitoreo de la fauna presente en la Reserva Nacional Las Chinchillas (IV Región) que 33 años después, sigue en ejecución.

Desde esos primeros años hasta hoy, su trabajo se ha concentrado en la ejecución de proyectos en el área de la ecología, así como en el diseño experimental de los mismos. En el caso de Las Chinchillas, está a cargo de los cuatro muestreos anuales que se realizan en la zona, uno para cada estación del año. Para conducirlos, él y el resto de los técnicos encargados del proyecto –el biólogo Enrique Silva y el guardaparques Boris Saavedra– pasan hasta cuatro días en la reserva, recorriendo sus alrededores y recabando datos.

Las tareas del técnico

¿Pero cuáles son las diferencias de labores entre el técnico y el investigador? Silva explica que el técnico es quien “ejecuta y aplica el método de investigación generado por el investigador”. Esto incluye, pero no se limita a, las salidas a terreno, los muestreos, la generación de las bases de datos y la transmisión de los avances y reportes periódicos al investigador.

Para Silva, la relación entre técnicos e investigadores no solo necesita de profesionalismo para fluir correctamente. El profesional destaca que, sobre todo, requiere de confianza y cercanía, la suficiente como para poder confiarse datos investigación valiosos, que constituyen la base de cada proyecto. “Para los investigadores del CAPES, y para el de cualquier centro de estudio, el técnico es el depositario de una gran confianza, por lo que, visto desde la parte técnica, éstos tienen una gran responsabilidad de guardar los datos e información de sus investigadores” dice.

Silva reconoce que es un trabajo en el cual se va “ascendiendo”, y son los años de confianza los que permiten, al final del día, hacerse cargo de un proyecto. “Los primeros pasos de un técnico son en el laboratorio, encargándose de mantener el orden y la productividad del mismo. Desde ahí tú vas subiendo hasta que llegas a una relación de par con tu investigador” dice.

“Todo técnico o técnica recibe una base desde la academia, pero es el día a día lo que los va formando y permitiéndoles avanzar poco a poco en su carrera” relata. La expertise que estos profesionales desarrollan en lo práctico muchas veces los lleva a tener mejor manejo sobre los temas instrumentales que el mismo científico encargado: “el grado de compenetración entre el técnico y el investigador agiliza todo el trabajo que se realiza durante la investigación. Es como el mecanismo de un reloj bastante sofisticado”. Esa misma experiencia es la que también lo ayuda a tomar decisiones importantes en terreno, y para las cuales él y otros técnicos no están necesariamente capacitados.

El último peldaño en la trayectoria de un técnico se adquiere de la mano de una especialización académica sólida, alcanzando, por ejemplo, el grado de doctor. “Esto le permite al técnico hacer propuestas de investigación propias dentro de las mismas investigaciones”, comenta Silva. Un ejemplo de aquello es una investigación reciente ideada por el propio biólogo, que busca establecer un corredor biológico adyacente a la Reserva Las Chinchillas. En este proyecto, aun cuando lidera el equipo técnico que ejecuta el trabajo, su labor es más la de un investigador que de un técnico.

Vínculos y experiencias

Lo que más destaca el biólogo de su vasta experiencia como técnico ecólogo es, como él mismo comenta, “está ahí directamente en la cocina”, una posición que trae consigo muchas anécdotas y experiencias que dejan huella. Silva reconoce que los accidentes y sorpresas son parte del trabajo, como cuando, en una ocasión, él y su equipo quedaron atrapados en Las Chinchillas producto de una crecida del río tras las lluvias invernales, o inconvenientes algo más pedestres. “No son raras las caídas, por ejemplo. En cualquier momento uno se haya en el suelo, esperando que sus compañeros le saquen las espinas por haberse tropezado con un cactus. Son cosas que ocurren habitualmente, se comparte mucho”.

Pero por sobre todo, Silva destaca el ambiente familiar, la calidad humana y los lazos que ha podido formar durante su trayectoria. “Terminar de trabajar y quedarse en la casa de mis compañeros, compartir con su familia, o ellos con la mía, es algo irremplazable. Somos como una mini familia”, cuenta.

Silva se considera un técnico “avanzado”, condición que, en sus palabras, se ha ganado por los estudios que posee y por la experiencia adquirida en más de 20 años de relación con Jaksic. Actualmente, y siguiendo sus motivaciones personales, realiza ciencia aplicada de conservación de ecosistemas en La Serena. Eligió ese lugar porque se le presentó como una oportunidad para disminuir la actual brecha de conocimiento sobre la ecología y biodiversidad local entre las personas, y la poca transferencia desde la academia.

“Además, a partir de la información que surge de la Reserva Nacional Las Chinchillas, hemos construido un programa de difusión a la comunidad, pues no nos sirve solo comunicar a la academia, sino también a las personas de la zona” concluye.

MMA crea nuevo comité nacional para el control del visón

Con la participación de CAPES, la nueva entidad tendrá por objetivo impulsar mecanismos de trabajo colaborativos para la gestión de esta especie exótica invasora, e intercambiar experiencias de trabajo para la prevención, control y erradicación del visón en Chile.

Con la formalización del nuevo Comité Operativo de Colaboración para el Control del Visón (COCCV), comenzará el trabajo de articulación y coordinación de iniciativas asociadas al pequeño carnívoro en las Regiones de La Araucanía, Los Ríos, Los Lagos, Aysén del General Carlos Ibáñez del Campo y la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, zonas que se han visto afectadas por la invasión y posterior colonización del visón (Neovison vison).

Esta especie, original de Norte América, llegó al país hace aproximadamente 50 años a través del escape y liberación de criaderos del mercado de la peletería y la industria de la moda. La especie es una amenaza a la biodiversidad nativa, ya que es un depredador de invertebrados y vertebrados tanto acuáticos como terrestres.

El visón es una especie de gran adaptabilidad, lo que sumado a la falta de depredadores naturales, una alta tasa reproductiva y la facilidad de dispersarse por cuerpos de agua dulce, costa marina y tierra, han posibilitado que genere un dramático impacto sobre especies nativas, muchas de ellas endémicas, mediante la depredación, competencia por recursos y transmisión de enfermedades, afectando también sectores productivos rurales como las aves de corral, salmoniculturas y el turismo.

“Con este comité, potenciaremos el trabajo desarrollado en cuanto a la gestión de especies exóticas invasoras en nuestro país, aunaremos esfuerzos y generaremos sinergias con actores claves para mejorar la eficiencia en el manejo del visón, evitando una mayor dispersión con un trabajo colaborativo entre organismos públicos, privados y comunidades aledañas”, explicó la ministra del Medio Ambiente, Carolina Schmidt.

El comité contará con un Consejo Directivo, y deberá sesionar al menos una vez al año, siendo presidido por el Ministerio del Medio Ambiente. El COCCV se integra de distintos organismos, entre ellos el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG); la Corporación Nacional Forestal (CONAF); el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (SERNAPESCA); la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (SUBPESCA); el Instituto de Salud Pública (ISP); el Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP), y el Ministerio de Bienes Nacionales (MBN).

En respuesta a la extensa área del país ya invadida por el visón, también forman parte del Comité distintos centros de investigación y organismos no gubernamentales, entre los cuales se encuentra el Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES, UC, además del Centro de Investigación para la Sustentabilidad, Universidad Andrés Bello (CIS); Centro de Estudios del Cuaternario; Fundación CEQUA (CEQUA); Centro de Humedales Río Cruces (CEHUM); Universidad Austral de Chile (UACH); Universidad de Chile (U de Chile); Universidad de Magallanes (UMAG); Universidad San Sebastián – Los Lagos (USS); Wildlife Conservation Society (WCS) y Centro de Estudio y Conservation del Patrimonio Natural (CECPAN).

“Este Comité generará instancias de comunicación entre servicios públicos, ONGs y centros de investigación, tanto a nivel regional como nacional. Estas instancias serán muy importantes para el intercambio de información, para detectar necesidades, promover investigación aplicada y para alcanzar acuerdos que permitan avanzar hacia una gestión coordinada y un control más eficiente de la amenaza que el visón representa para nuestra fauna nativa” explicó el director de CAPES UC, el ecólogo Fabián Jaksic.

Funciones

Entre las principales funciones que realizará el comité, se encuentra promover la investigación en el impacto en la biodiversidad de esta especie, la salud de ecosistemas, como también en gestión, técnicas de control y erradicación, la evaluación de medidas de mitigación de sus impactos en el territorio donde se encuentra. Por la extensión del área invadida por la especie, un aspecto importante es la permanente evaluación de los avances en el conocimiento de la eficiencia en técnicas de control y erradicación en diferentes condiciones geográficas.

Asimismo, el Comité elaborará un manual de buenas prácticas para su captura y remoción, de modo generar capacitaciones a guardaparques y otros actores relevantes en nuevas metodologías de trampeo y manipulación de la especie, además de un protocolo de registro de datos, la implementación de acuerdos internacionales de colaboración, y elaborar un Plan de Acción Nacional para el Control, Erradicación y Mitigación de los Daños del Visón, basado en evidencia científica y buenas prácticas.

Estas actividades se enmarcan en distintos tratados nacionales e internacionales referidos a la conservación de la diversidad biológica, entre ellos el Convenio sobre Diversidad Biológica de las Naciones Unidas, que establece el control, erradicación e impedimento de introducción de especies exóticas que amenacen ecosistemas, hábitats y especies, además de iniciativas nacionales, especialmente la Red de Colaboración para el Control del Visón, proyecto de coordinación liderado por CAPES junto a otras instituciones (muchas de las cuales son también parte del Comité) que sirvió como antecedente de la entidad recién creada.

MMA crea nuevo comité nacional para el control del visón

Con la participación de CAPES, la nueva entidad tendrá por objetivo impulsar mecanismos de trabajo colaborativos para la gestión de esta especie exótica invasora, e intercambiar experiencias de trabajo para la prevención, control y erradicación del visón en Chile.

Con la formalización del nuevo Comité Operativo de Colaboración para el Control del Visón (COCCV), comenzará el trabajo de articulación y coordinación de iniciativas asociadas al pequeño carnívoro en las Regiones de La Araucanía, Los Ríos, Los Lagos, Aysén del General Carlos Ibáñez del Campo y la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, zonas que se han visto afectadas por la invasión y posterior colonización del visón (Neovison vison).

Esta especie, original de Norte América, llegó al país hace aproximadamente 50 años a través del escape y liberación de criaderos del mercado de la peletería y la industria de la moda. La especie es una amenaza a la biodiversidad nativa, ya que es un depredador de invertebrados y vertebrados tanto acuáticos como terrestres.

El visón es una especie de gran adaptabilidad, lo que sumado a la falta de depredadores naturales, una alta tasa reproductiva y la facilidad de dispersarse por cuerpos de agua dulce, costa marina y tierra, han posibilitado que genere un dramático impacto sobre especies nativas, muchas de ellas endémicas, mediante la depredación, competencia por recursos y transmisión de enfermedades, afectando también sectores productivos rurales como las aves de corral, salmoniculturas y el turismo.

“Con este comité, potenciaremos el trabajo desarrollado en cuanto a la gestión de especies exóticas invasoras en nuestro país, aunaremos esfuerzos y generaremos sinergias con actores claves para mejorar la eficiencia en el manejo del visón, evitando una mayor dispersión con un trabajo colaborativo entre organismos públicos, privados y comunidades aledañas”, explicó la ministra del Medio Ambiente, Carolina Schmidt.

El comité contará con un Consejo Directivo, y deberá sesionar al menos una vez al año, siendo presidido por el Ministerio del Medio Ambiente. El COCCV se integra de distintos organismos, entre ellos el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG); la Corporación Nacional Forestal (CONAF); el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (SERNAPESCA); la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (SUBPESCA); el Instituto de Salud Pública (ISP); el Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP), y el Ministerio de Bienes Nacionales (MBN).

En respuesta a la extensa área del país ya invadida por el visón, también forman parte del Comité distintos centros de investigación y organismos no gubernamentales, entre los cuales se encuentra el Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES, UC, además del Centro de Investigación para la Sustentabilidad, Universidad Andrés Bello (CIS); Centro de Estudios del Cuaternario; Fundación CEQUA (CEQUA); Centro de Humedales Río Cruces (CEHUM); Universidad Austral de Chile (UACH); Universidad de Chile (U de Chile); Universidad de Magallanes (UMAG); Universidad San Sebastián – Los Lagos (USS); Wildlife Conservation Society (WCS) y Centro de Estudio y Conservation del Patrimonio Natural (CECPAN).

“Este Comité generará instancias de comunicación entre servicios públicos, ONGs y centros de investigación, tanto a nivel regional como nacional. Estas instancias serán muy importantes para el intercambio de información, para detectar necesidades, promover investigación aplicada y para alcanzar acuerdos que permitan avanzar hacia una gestión coordinada y un control más eficiente de la amenaza que el visón representa para nuestra fauna nativa” explicó el director de CAPES UC, el ecólogo Fabián Jaksic.

Funciones

Entre las principales funciones que realizará el comité, se encuentra promover la investigación en el impacto en la biodiversidad de esta especie, la salud de ecosistemas, como también en gestión, técnicas de control y erradicación, la evaluación de medidas de mitigación de sus impactos en el territorio donde se encuentra. Por la extensión del área invadida por la especie, un aspecto importante es la permanente evaluación de los avances en el conocimiento de la eficiencia en técnicas de control y erradicación en diferentes condiciones geográficas.

Asimismo, el Comité elaborará un manual de buenas prácticas para su captura y remoción, de modo generar capacitaciones a guardaparques y otros actores relevantes en nuevas metodologías de trampeo y manipulación de la especie, además de un protocolo de registro de datos, la implementación de acuerdos internacionales de colaboración, y elaborar un Plan de Acción Nacional para el Control, Erradicación y Mitigación de los Daños del Visón, basado en evidencia científica y buenas prácticas.

Estas actividades se enmarcan en distintos tratados nacionales e internacionales referidos a la conservación de la diversidad biológica, entre ellos el Convenio sobre Diversidad Biológica de las Naciones Unidas, que establece el control, erradicación e impedimento de introducción de especies exóticas que amenacen ecosistemas, hábitats y especies, además de iniciativas nacionales, especialmente la Red de Colaboración para el Control del Visón, proyecto de coordinación liderado por CAPES junto a otras instituciones (muchas de las cuales son también parte del Comité) que sirvió como antecedente de la entidad recién creada.

Reporte GAMA UC mide cumplimiento de promesas en materia ambiental

Una de las áreas con mayores pendientes es pesca y acuicultura (solo 2 compromisos de 19 cumplidos), a lo que se suman proyectos de ley claves (creación del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas, la reformulación del SEA, creación del Servicio Nacional Forestal, y la ley marco de Cambio Climático, entre otros) todavía en tramitación.

El Grupo Asesor en Medio Ambiente, GAMA UC, publicó los resultados del reporte “Compromisos y Cumplimiento de promesas en materia ambiental 2018 – 2020”, que presenta el nivel de cumplimiento de los desafíos de relevancia ambiental que el gobierno ha contraído tanto en su Programa de Gobierno como en las distintas Cuentas Públicas, desde marzo de 2018 a la fecha.

El estudio es liderado por Francisca Reyes, profesora asociada adjunta del Instituto de Ciencia Política de la Universidad Católica, e investigadora asociada al Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad (CAPES), y del Centro para el Impacto Socioeconómico de las Políticas Ambientales (CESIEP), y busca generar un instrumento de rendición de cuentas y un mecanismo de priorización y seguimiento de la agenda de política pública ambiental.

Para la investigadora, el documento es de particular interés, ya que se realiza faltando menos de dos años para el fin del periodo del presidente Sebastián Piñera, por lo que se hace aún más relevante conocer los avances y pendientes del Gobierno en materia ambiental.

“Si bien hay avances importantes y un interesante trabajo en curso en muchos de los compromisos contraídos, preocupa la falta de avance sustantivo en Proyectos de Ley claves que se encuentran en tramitación en el Congreso de Chile. Esto especialmente considerando los tiempos de tramitación y el tiempo restante de gobierno. En este sentido, se hace un llamado a ordenar y priorizar la agenda legislativa de relevancia ambiental de manera de dar cumplimiento a los compromisos contraídos, e ir preparando el testimonio que este gobierno le traspase a su sucesor”, expresó.

En la misma dirección, destacó que “la buena política pública se juega en horizontes que trascienden los ciclos electorales: las políticas de relevancia ambiental deben ser políticas de Estado que trascienda periodos de gobierno para ser efectivas, por lo que hacer seguimiento de los compromisos permite detectar cuales son los pendientes que cada gobierno hereda al gobierno siguiente”, agregó.

Finalmente comentó que “hay que visualizar la política pública de relevancia ambiental como una maratón que se corre en modalidad carrera de relevos, es muy importante que el traspaso del testimonio sea hecho de manera transparente y ordenada, si no pasamos el testimonio entre administraciones de Gobierno, el país siempre vuelve a partir de cero, lo que nos aleja cada vez más de nuestra meta común, de ahí la relevancia de este reporte”, concluyó.

Hallazgos del estudio

De acuerdo a la información recabada, tras la cuenta pública 2020 existen 91 compromisos de gobierno en materia ambiental. De ellos 90 fueron evaluados en términos de su cumplimiento con los siguientes resultados: 27 se consideran cumplidos, 46 en proceso, 6 sin avance y 11 sin información (con 8 compromisos sin información concentrados en el área de pesca y acuicultura).

Las áreas con mayores pendientes son pesca y acuicultura (solo 2 compromisos de 19 cumplidos) y silvicultura (ningún compromiso de 5 cumplidos).

Por otra parte, se destacan los avances en curso en áreas como cambio climático, relevándose el ingreso del proyecto de ley Marco de Cambio Climático en enero de este año, después de un periodo de consulta ciudadana inédito. Sin embargo, preocupa que este proyecto no se alcance a aprobar antes del fin del gobierno de Sebastián Piñera.

En materia de Biodiversidad se destacan los avances en parques, como la implementación del Plan de Mejoramiento y Accesibilidad en Parques y Reservas Nacionales, y Mejoramiento de Cobertura y Calidad de Red de Parques. No obstante, está aún pendiente la aprobación del Proyecto de Ley que crea el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP), que ha sido comprometido por el Presidente Piñera tanto en su programa de gobierno como en la cuenta pública 2018, siendo, además, un compromiso retomado desde el gobierno de la Presidenta Bachelet. Asimismo, cabe destacar que de su aprobación depende el cumplimiento de otros 4 compromisos en la materia.

En Silvicultura, si bien se destaca el trabajo realizado en la creación del anteproyecto de Ley de Recuperación de Bosques Quemados y Forestación (proyecto se encuentra en revisión de antecedentes financieros en DIPRES), preocupa la falta de avance en el compromiso de impulsar una Ley de Prevención y Control de Incendios, y sobre todo la falta de avance en la modernización de CONAF mediante la creación de nuevo Servicio Forestal como ente público, cuyo proyecto de ley se encuentra aún en segundo tramite constitucional, siendo la última votación enero de 2018.

En el área Minera se visualiza el positivo proceso de generación de la primera Política Nacional Minera que está llevando a cabo el Ministerio de Minería. Este proceso, que además ha sido realizado con altos niveles de participación de todos los actores involucrados, da cumplimiento al compromiso único en el área de desarrollar una minería más sustentable ambientalmente e inclusiva socialmente.

En el área de Energía se destaca también la gran actividad y avances de los compromisos contraídos, con 6 cumplidos y 9 en proceso. Cabe destacar que 5 de estos compromisos fueron retomados en la cuenta pública 2020 indicando la prioridad que el Gobierno ha puesto en sus avances.

En materia de residuos, se evidencia un nulo avance en el compromiso de creación de Fondo de Remediación para iniciar acciones de reparación de componentes del medio ambiente dañados, y de la actualización de normativa de rellenos sanitarios.

Finalmente, en el área de instituciones, preocupa nuevamente los plazos de tramitación legislativa del actual proyecto de ley que reformula el Servicio de Evaluación Ambiental y el proyecto de ley que crea el Servicio Nacional Forestal.

Metología

En la construcción del reporte, se revisó el Programa de Gobierno y las Cuentas Públicas 2018-2020 del presidente Sebastián Piñera, para catastrar los compromisos del Gobierno en materia ambiental.

Estos compromisos fueron categorizados en torno a las distintas áreas de relevancia ambiental, tales como agua, pesca y acuicultura, silvicultura y otras.

Para medir el nivel de cumplimiento, se enviaron solicitudes vía Transparencia a los distintos ministerios y organismos sectoriales responsables del cumplimiento de estos compromisos, además de la consulta de fuentes públicas, contactos directos a ministerios relevantes y el apoyo de académicos de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Finalmente, con estas respuestas se categorizó el nivel de cumplimiento en cuatro categorías: cumplido, en proceso, sin avance y sin información.

“Compromisos y Cumplimiento de promesas en materia ambiental 2018 – 2020” es una publicación de la Iniciativa Votaciones Ambientales del Grupo Asesor en Medio Ambiente, GAMA, integrado por diez académicos de distintas áreas disciplinarias de la UC, perteneciente a siete facultades e institutos de la PUC.

La iniciativa es financiada por el Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad (CAPES UC). Este reporte recibió financiamiento para su edición del Núcleo Milenio Centro para el Impacto Socioeconómico de las Políticas Ambientales (CESIEP).


Textos: Comunicaciones CESIEP
Imágenes: GAMA UC

Reporte GAMA UC mide cumplimiento de promesas en materia ambiental

Una de las áreas con mayores pendientes es pesca y acuicultura (solo 2 compromisos de 19 cumplidos), a lo que se suman proyectos de ley claves (creación del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas, la reformulación del SEA, creación del Servicio Nacional Forestal, y la ley marco de Cambio Climático, entre otros) todavía en tramitación.

El Grupo Asesor en Medio Ambiente, GAMA UC, publicó los resultados del reporte “Compromisos y Cumplimiento de promesas en materia ambiental 2018 – 2020”, que presenta el nivel de cumplimiento de los desafíos de relevancia ambiental que el gobierno ha contraído tanto en su Programa de Gobierno como en las distintas Cuentas Públicas, desde marzo de 2018 a la fecha.

El estudio es liderado por Francisca Reyes, profesora asociada adjunta del Instituto de Ciencia Política de la Universidad Católica, e investigadora asociada al Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad (CAPES), y del Centro para el Impacto Socioeconómico de las Políticas Ambientales (CESIEP), y busca generar un instrumento de rendición de cuentas y un mecanismo de priorización y seguimiento de la agenda de política pública ambiental.

Para la investigadora, el documento es de particular interés, ya que se realiza faltando menos de dos años para el fin del periodo del presidente Sebastián Piñera, por lo que se hace aún más relevante conocer los avances y pendientes del Gobierno en materia ambiental.

“Si bien hay avances importantes y un interesante trabajo en curso en muchos de los compromisos contraídos, preocupa la falta de avance sustantivo en Proyectos de Ley claves que se encuentran en tramitación en el Congreso de Chile. Esto especialmente considerando los tiempos de tramitación y el tiempo restante de gobierno. En este sentido, se hace un llamado a ordenar y priorizar la agenda legislativa de relevancia ambiental de manera de dar cumplimiento a los compromisos contraídos, e ir preparando el testimonio que este gobierno le traspase a su sucesor”, expresó.

En la misma dirección, destacó que “la buena política pública se juega en horizontes que trascienden los ciclos electorales: las políticas de relevancia ambiental deben ser políticas de Estado que trascienda periodos de gobierno para ser efectivas, por lo que hacer seguimiento de los compromisos permite detectar cuales son los pendientes que cada gobierno hereda al gobierno siguiente”, agregó.

Finalmente comentó que “hay que visualizar la política pública de relevancia ambiental como una maratón que se corre en modalidad carrera de relevos, es muy importante que el traspaso del testimonio sea hecho de manera transparente y ordenada, si no pasamos el testimonio entre administraciones de Gobierno, el país siempre vuelve a partir de cero, lo que nos aleja cada vez más de nuestra meta común, de ahí la relevancia de este reporte”, concluyó.

Hallazgos del estudio

De acuerdo a la información recabada, tras la cuenta pública 2020 existen 91 compromisos de gobierno en materia ambiental. De ellos 90 fueron evaluados en términos de su cumplimiento con los siguientes resultados: 27 se consideran cumplidos, 46 en proceso, 6 sin avance y 11 sin información (con 8 compromisos sin información concentrados en el área de pesca y acuicultura).

Las áreas con mayores pendientes son pesca y acuicultura (solo 2 compromisos de 19 cumplidos) y silvicultura (ningún compromiso de 5 cumplidos).

Por otra parte, se destacan los avances en curso en áreas como cambio climático, relevándose el ingreso del proyecto de ley Marco de Cambio Climático en enero de este año, después de un periodo de consulta ciudadana inédito. Sin embargo, preocupa que este proyecto no se alcance a aprobar antes del fin del gobierno de Sebastián Piñera.

En materia de Biodiversidad se destacan los avances en parques, como la implementación del Plan de Mejoramiento y Accesibilidad en Parques y Reservas Nacionales, y Mejoramiento de Cobertura y Calidad de Red de Parques. No obstante, está aún pendiente la aprobación del Proyecto de Ley que crea el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP), que ha sido comprometido por el Presidente Piñera tanto en su programa de gobierno como en la cuenta pública 2018, siendo, además, un compromiso retomado desde el gobierno de la Presidenta Bachelet. Asimismo, cabe destacar que de su aprobación depende el cumplimiento de otros 4 compromisos en la materia.

En Silvicultura, si bien se destaca el trabajo realizado en la creación del anteproyecto de Ley de Recuperación de Bosques Quemados y Forestación (proyecto se encuentra en revisión de antecedentes financieros en DIPRES), preocupa la falta de avance en el compromiso de impulsar una Ley de Prevención y Control de Incendios, y sobre todo la falta de avance en la modernización de CONAF mediante la creación de nuevo Servicio Forestal como ente público, cuyo proyecto de ley se encuentra aún en segundo tramite constitucional, siendo la última votación enero de 2018.

En el área Minera se visualiza el positivo proceso de generación de la primera Política Nacional Minera que está llevando a cabo el Ministerio de Minería. Este proceso, que además ha sido realizado con altos niveles de participación de todos los actores involucrados, da cumplimiento al compromiso único en el área de desarrollar una minería más sustentable ambientalmente e inclusiva socialmente.

En el área de Energía se destaca también la gran actividad y avances de los compromisos contraídos, con 6 cumplidos y 9 en proceso. Cabe destacar que 5 de estos compromisos fueron retomados en la cuenta pública 2020 indicando la prioridad que el Gobierno ha puesto en sus avances.

En materia de residuos, se evidencia un nulo avance en el compromiso de creación de Fondo de Remediación para iniciar acciones de reparación de componentes del medio ambiente dañados, y de la actualización de normativa de rellenos sanitarios.

Finalmente, en el área de instituciones, preocupa nuevamente los plazos de tramitación legislativa del actual proyecto de ley que reformula el Servicio de Evaluación Ambiental y el proyecto de ley que crea el Servicio Nacional Forestal.

Metología

En la construcción del reporte, se revisó el Programa de Gobierno y las Cuentas Públicas 2018-2020 del presidente Sebastián Piñera, para catastrar los compromisos del Gobierno en materia ambiental.

Estos compromisos fueron categorizados en torno a las distintas áreas de relevancia ambiental, tales como agua, pesca y acuicultura, silvicultura y otras.

Para medir el nivel de cumplimiento, se enviaron solicitudes vía Transparencia a los distintos ministerios y organismos sectoriales responsables del cumplimiento de estos compromisos, además de la consulta de fuentes públicas, contactos directos a ministerios relevantes y el apoyo de académicos de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Finalmente, con estas respuestas se categorizó el nivel de cumplimiento en cuatro categorías: cumplido, en proceso, sin avance y sin información.

“Compromisos y Cumplimiento de promesas en materia ambiental 2018 – 2020” es una publicación de la Iniciativa Votaciones Ambientales del Grupo Asesor en Medio Ambiente, GAMA, integrado por diez académicos de distintas áreas disciplinarias de la UC, perteneciente a siete facultades e institutos de la PUC.

La iniciativa es financiada por el Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad (CAPES UC). Este reporte recibió financiamiento para su edición del Núcleo Milenio Centro para el Impacto Socioeconómico de las Políticas Ambientales (CESIEP).


Textos: Comunicaciones CESIEP
Imágenes: GAMA UC