El equipo de comunicación de la ciencia de la iniciativa “Mosca Científica: Experimenta, investiga y ¡vuela!” realizó el lanzamiento de su segundo video animado «Viviendo en un mundo cambiante”, con la participación de estudiantes del colegio Guillermo González Heinrich de Ñuñoa.
La actividad humana que quema combustibles fósiles y libera CO2 a la atmósfera y también al mar, está afectando la vida marina y la terrestre. El rápido aumento de las temperaturas a nivel mundial ha provocado cambios en los ecosistemas, para sobrevivir a la crisis climática las especies se adaptarán o migrarán, las que no lo logren, se extinguirán.
Para estudiar cómo los organismos se están adaptando al cambio climático, científicos y científicas tienen a la Drosophila melanogaster, también llamada mosca de la fruta, un conocido modelo biológico utilizado en distintas disciplinas en todo el mundo. Un grupo de investigación de CAPES está realizando estudios en drosófila para entender cómo los animales pequeños ectotermos, en los que la temperatura corporal depende de la del medio ambiente, resisten altas temperaturas por períodos cortos.
El equipo de comunicación de la ciencia “Mosca Científica”, que trabaja al alero del proyecto Fondecyt 1170017 “Forecasting the impact of climate change in Chilean Drosophilids: Physiological, Ecological and Evolutionary Responses”, liderado por Enrico Rezende, investigador CAPES y académico de la Facultad de Ciencias Biológicas UC, presentó su más reciente video de divulgación científica titulado «Viviendo en un mundo cambiante”. Este proyecto audiovisual busca acercar el fascinante mundo de la ciencia a personas de todas las edades, despertando la curiosidad y el amor por el conocimiento científico.
El lanzamiento oficial se realizó el viernes 25 de agosto de 2023 y junto con la reproducción del video, el 1° medio del colegio Guillermo González Heinrich de Ñuñoa pudo asistir a la entretenida charla «Introducción al modelo de estudio Drosophila melanogaster«, dictada por el profesor de Ciencias Biológicas UC Jorge Campusano, que narró sus investigaciones en neurociencia y cómo se utiliza a la drosófila para estudiar el cerebro.
Luego de la conferencia, los estudiantes pudieron participar en dos actividades, un taller práctico sobre divulgación de la ciencia y el conocimiento, y una visita guiada al Laboratorio de Ecofisiología UC, donde se “crían” las moscas Drosophilas para el estudio de diversos temas, y lugar donde realizaron tres experimentos junto con los científicos y científicas que ahí trabajan, conociendo la ciencia que allí se practica.
Jorge Carrasco, el profesor a cargo del curso, agradeció la oportunidad de “sacar a los estudiantes del colegio y traerlos a un lugar tan amplio, de puro conocimiento, donde hemos sido tratados de la mejor forma posible y los alumnos han participado de cada una de las actividades que se les propusieron”. Algunas impresiones de los y las jóvenes que asistieron fueron: “me gustó mucho la actividad porque siento que me podría alentar para lo que quiero en el futuro”, “la experiencia fue súper linda, las instalaciones me parecieron una locura, nos trataron súper bien y explicaron todo súper bien”, “el experimento de las carreras me sorprendió cómo la luz las afectaba y las atraía”.
Drosophila explica la ciencia
Esta iniciativa, apoyada por CAPES, busca generar material educativo y de divulgación sobre el aporte al conocimiento científico que se ha generado durante décadas utilizando como modelo de estudio a Drosophila. Con una duración de 3 minutos, la animación digital presenta una narrativa que combina elementos educativos y el diseño visual, creados para transmitir conceptos científicos de manera accesible y lúdica.
El equipo Mosca Científica ha trabajado para crear una experiencia visual y sonora que cautiva a los espectadores desde el primer momento. La propuesta abarca una amplia gama de temas científicos desde el prisma de la biología evolutiva. Se exponen las consecuencias de la crisis climática y cómo se puede predecir su efecto sobre algunas especies animales en el futuro.
La pieza audiovisual cuenta con la participación de la ilustradora Elisa María Monsalve (@elisamariamonsalve), el productor musical Matías Orrego (@_matiasmedicen), la locución de Patricio Baeza y la animación digital de Vanessa Acuña (@waspven) junto a Bárbara Muñoz (@nibi_arts).
El legado de Francisco Bozinovic
En los créditos del video aparece una cita en honor al Dr. Francisco Bozinovic Kuscevic, conocido cariñosamente como «Pancho», quien en 2020 recibió el Premio Nacional en Ciencias Naturales por su aporte desarrollando un nuevo paradigma y enfoque científico, integrando fisiología, medioambiente y biogeografía, en un concepto que actualmente se conoce como Biología Integrativa.
Pancho fue uno de los ecólogos más importantes de nuestro país que contribuyó al mejoramiento de la capacidad de predicción de las respuestas de los organismos vivos a las variaciones ambientales de origen natural y antrópico, como por ejemplo las enfermedades emergentes, el clima y la pérdida de hábitat.
En 2021, cuando comenzaban las reuniones para elaborar un nuevo video, el equipo de Mosca Científica se reunió con él para conversar a través de una videoconferencia como se estilaba en aquel momento. Pancho siempre estuvo interesado en relevar la comunicación científica y la vinculación con las comunidades y dejó un importante mensaje: “Debemos pasar de un paradigma de la competencia a uno de la colaboración. Creo que es la forma de que este mundo cambie. No podemos seguir compitiendo (…)”. Para más información sobre Mosca Científica y sus actividades pueden visitar su perfil de Instagram @moscacientífica o contactar con su equipo a través del correo moscacientifica@gmail.com.
Tras diez días de aprendizaje, 21 estudiantes de la provincia de Última Esperanza han finalizado la primera edición de invierno 2023 del Curso de Ecología Aplicada tras la alianza entre el Centro de Investigación Científica Escolar CICE y la Fundación Prisma Austral.
El pasado viernes 21 de julio en las inmediaciones del Centro Científico Edmundo Pisano y bajo una intensa nevazón en la Región de Magallanes y la Antártica Chilena, finalizó la 6ª versión del Curso de Ecología Aplicada. Dentro de las actividades desarrolladas, destacan las clases dirigidas por el Director del CICE Carlos Zurita Redón junto al coordinador Nicolás Sepúlveda Díaz en torno a conceptos clásicos de ecología, como ecología de individuos, ecología de poblaciones y comunidades. Junto con ello han analizado el concepto de biodiversidad y han aprendido cómo poder hacer estimaciones del mismo por medio de la estadística.
Además, han destacado los talleres de habilidades del pensamiento científico desarrollados por el subdirector del área de educación y vinculación Paulo Suazo Sabag junto a la profesora Alejandra Farfán Álvarez y las actividades de comunicación científica llevadas a cabo por el subdirector del área de comunicaciones y divulgación científica Christian Castro Flores.
Todos los contenidos vistos y las habilidades desarrolladas, se pusieron en práctica en dos salidas pedagógicas a terreno: Una al Monumento Natural Cueva del Milodón y otra al Parque Nacional Torres del Paine. Ambos espacios son administrados por CONAF y sus guardaparques, a los cuales les agradecemos la tremenda acogida y facilidades para realizar estas experiencias en sus inmediaciones.
Para la gestora de esta alianza y puesta en marcha del proyecto, María Paz Nazar, de la fundación Prisma Austral, esta fue una gran oportunidad para generar un impacto positivo en la comunidad, pensando especialmente en aquellos estudiantes con ganas de aprender y desarrollar nuevas herramientas: “cuando el CICE planteó que era factible ejecutar por primera vez el curso en la región de Magallanes, no lo dudamos ni por un segundo, estamos convencidos que si trabajamos los temas ecológicos desde pequeños con nuestros estudiantes, formaremos agentes de cambios medioambientales que trabajarán por el resguardo de los ecosistemas de la región.”
Como CICE estamos muy agradecidos de las labores efectuadas por todo el equipo de la Fundación Prisma Austral, el Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad (CAPES), la Familia Margoni y los medios de prensa local. Estaremos expectantes para que esta actividad pueda repetirse y potenciarse en futuras ediciones para la región.
Cuando: del 23 de septiembre al 29 de noviembre
Dónde: Campus San Joaquín, Campus Oriente y Estación Experimental Pirque, de la Pontificia Universidad Católica
Organiza: Dirección de Extensión de la Pontificia Universidad Católica de Chile, el Instituto Milenio en Socio-Ecología Costera (SECOS), el Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad (CAPES), en colaboración con The Nature Conservancy (TNC)
Exposición temporal sobre los oficios que desarrollan mujeres recolectoras de orilla y pescadoras en nuestro país y algunos de sus proyectos de innovación alimentaria en base a recursos marinos. Son 74 fotografías digitales inéditas y otras del libro del mismo nombre publicado a principios del año 2021 cuyos autores son la antropóloga Susana Cárcamo y el biólogo marino Stefan Gelcich.
El presente recorrido visual es fruto de una selección y clasificación del material fotográfico levantado en el 2018 y 2019 como en Pichicuy, Las Cruces, Navidad, Lolcura, Hualaihué que son algunas de las localidades ubicadas entre la quinta y décima región. A la coautora y a las fotógrafas Pía Cosmelli y Javiera Musso pertenece la autoría de este corpus de imágenes que retratan saberes, prácticas, especies y productos terminados con sabor a mar. Sugerimos en este sentido, que el camino de observación sea de norte a sur como proponen los mismos paneles.
Los rostros y gestos de nuestras algueras, mariscadoras y pescadoras aparecen en cada impresión grafica en sus entornos de vida, de trabajo y también lo van haciendo sus testimonios orales enriquecidos por sus términos y formas de contar lo que saben, viven y cocinan a sus familias y a ellas mismas. Cada cual con su singular estilo culinario, muchas veces enseñado por la línea materna que le da consistencia a lo antiguo y a lo nuevo.
En este sentido, el aporte social de esta actividad se centra en mostrar y difundir un ámbito de trabajo escasamente conocido por la personas que viven en las grandes ciudades como Santiago. Con ello, deseamos cerrar este ciclo de mujeres navegantes y de orilla y seguir co-creando con las memorias, historias y culturas particulares de esta larga y accidentada costa que esperan ser reconocidas. Y también, dar paso a otras temáticas que emanan del ámbito de la pesca a pequeña escala producida en el país.
Próximas fechas y lugares
23 de septiembre al 11 de octubre: Patio de las Humanidades, Campus San Joaquín UC
13 al 20 de octubre: Centro de Extensión UC, Campus Oriente
Estos resultados reafirman el potencial de los campos magnéticos como una herramienta adicional, y no invasiva, para aumentar la eficiencia de los cultivos de forma sustentable.
Un estudio efectuado por investigadores del Laboratorio de Bioingeniería de la Universidad Adolfo Ibáñez —entre ellos, la investigadora CAPES, María Josefina Poupin— confirmó los efectos positivos que la exposición a campos magnéticos de diversa índole tienen sobre el crecimiento de las plantas, en un estudio recientemente publicado por la revista Bio Electro Magnetics.
Aun cuando la influencia positiva del magnetismo en las plantas se viene estudiando desde los años 30 en el mundo, no existían, hasta ahora, estudios que resolvieran de manera sistemática las discrepancias observadas en algunos de los estudios dedicados a este tema, impidiendo confirmar si los resultados obtenidos a la fecha son generalizables, específicos para cada especie, o dependientes de las condiciones de cada experimento.
“Algunos artículos muestran discrepancias en los efectos del magnetismo en el crecimiento y desarrollo de especies vegetales”, comenta la Dra. Poupin, co-autora del estudio. “Esto puede explicarse porque no hay una forma sistemática de hacer los experimentos. Por ejemplo, se usan distintas formas para inducir cambios en los cambios magnéticos, la duración de la exposición de las plantas al cambio magnético o el momento en la vida de la planta en la que se aplica el estímulo”.
Para salvar estas contradicciones, los investigadores realizaron un meta-análisis de 45 artículos abocados a explorar efectos del campo magnético sobre 29 especies distintas de plantas, identificando los distintos parámetros usados en cada estudio así como las condiciones experimentales de cada cual.
La investigadora CAPES y académica de la Universidad Adolfo Ibáñez, María Josefina Poupin.
“Con toda esa información realizamos un análisis estadístico que nos permitió concluir, por ejemplo, que los campos magnéticos no uniformes —aquellos donde la magnitud y la intensidad no son iguales a lo largo de toda su área, como en el caso del campo magnético de la Tierra— tienen mayor efecto en el crecimiento de las plantas, y que campos uniformes afectan significativamente su germinación”, explica la microbióloga. “También identificamos que los resultados que se obtienen dependen fuertemente de cómo se realizan los experimentos”.
Estos resultados sugieren que las plantas podrían ser más susceptibles a las diferencias de intensidad y magnitud dentro de un mismo campo magnético (sus “gradientes”), que a la mera magnitud del campo. Esta conclusión, comentan los autores, “abre muy interesantes preguntas acerca de los mecanismos biofisiológicos que subyacen a estas respuestas”, un área de estudio que, explica Poupin, aún se encuentra en ciernes.
“Se desconoce exactamente cuáles son los mecanismos a nivel físico o molecular”, afirma la investigadora. “Por ejemplo, no está claro cómo las plantas perciben este estímulo ambiental. Se sabe que la respuesta es rápida, por lo que no depende en primera instancia de la expresión de genes. Tampoco si la respuesta depende de un sistema de percepción que sirve para percibir otros estímulos o si es exclusivo para el magnetismo”.
Una hipótesis que se postula, es que moléculas encargadas de la percepción de la luz, como los criptocromos, podrían estar involucradas, pero no serían las únicas responsables. “En otros tipos celulares, no vegetales, se ha propuesto que cambios en el magnetismo podrían traducirse en deformaciones de la membrana induciendo respuestas eléctricas mediadas por canales iónicos, pero se desconoce si eso podría ocurrir en células vegetales que tienen otras propiedades mecánicas. Por lo tanto hay muchas interrogantes aún al respecto”.
Así y todo, estos resultados reafirman el potencial de los campos magnéticos como una herramienta adicional, y no invasiva, para aumentar la eficiencia de los cultivos de forma sustentable, y bajo condiciones de estrés producidas por procesos como la sequía, las temperaturas extremas, o la falta de nutrientes. “Al ser sistemas reutilizables, los magnetos podrían ser una forma eficiente y sostenible de estimular el crecimiento de plantas para mejorar su rendimiento. Por ejemplo, estimulando durante la etapa de semilla. Sin embargo, para cada especie hay que determinar las condiciones más estimulantes”, advierte Poupin.
El próximo 19 y 20 de octubre en el Hotel Villa Baviera en Parral se llevará a cabo una nueva versión del encuentro anual en Chile de la red internacional Environment for Development (EfD) en formato híbrido. Se encuentra abierta la convocatoria para envío de trabajos:
El Programa de Investigación en Economía Ambiental y de Recursos Naturales de la Universidad de Concepción, y miembro de la red internacional Environment for Development Initiative (EfD), NENRE EfD-Chile, invita a investigadores, organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, hacedores de política, profesionales de oficinas de gobierno, estudiantes de pregrado, magíster y doctorado, y otros actores interesados, a participar de este evento, el cual incluirá presentaciones en las áreas de interés de la economía ambiental y de recursos naturales, sin excepción de otras disciplinas que puedan relacionarse con el centro.
Se aceptará el envío de resúmenes en extenso o manuscritos completos en los idiomas inglés y español, en extensión docx o pdf, a más tardar el 01 de septiembre de 2023. La notificación de los trabajos aceptados/rechazados se realizará durante la última semana de septiembre. El evento se realizará los días 19 y 20 de octubre de 2023 en el Hotel Villa Baviera Parral, en formato híbrido (presencial y virtual). Además, se entregarán becas de participación a estudiantes cuyos trabajos de investigación sean aprobados por el comité evaluador de investigadores.
Environment for Development, EfD, es una red de economistas ambientales y de recursos naturales presente en 17 países, que busca el crecimiento inclusivo, en términos sociales y ambientales, a través de la investigación y la interacción con los hacedores de políticas. Marcela Jaime, Roberto Ponce y Felipe Vasquez, investigadores CAPES de la línea 7 («Servicios ecosistémicos y comportamiento humano») son miembros del Centro EfD de Chile, en donde participan investigadores de las Universidades de Concepción, del Biobío, Católica, UFRO, del Desarrollo y de la Universidad de Talca. Marcela Jaime es su directora.
A través de la recuperación de los sistemas biológicos que soportan y rodean las tierras agrícolas, la ganadería regenerativa intenta trabajar con la naturaleza para recuperar los ecosistemas, fortalecer las comunidades y mejorar la rentabilidad.
Novillos pastando en un campo regenerativo orgánico de la empresa Trailenco. (Créditos: Alfredo Escobar)
Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), para el año 2050 será necesario producir un 70 % más alimento del que se produce hoy si se quiere cubrir la demanda de una población mundial que, por entonces, superará los 10 mil millones de personas.
Los requerimientos alimentarios de un planeta en constante crecimiento, sumado al interés económico por generar mayores ingresos, han empujado a sectores como la agricultura a intensificar sus procesos de producción, aumentando de este modo los impactos ambientales de estas industrias en los ecosistemas donde se insertan, como la degradación de los suelos a causa de la labranza y el pastoreo, o la emisión permanente de gases de efecto invernadero a la atmósfera.
Es en este contexto, que diversos científicos a lo largo del mundo han dirigido su mirada a la ganadería regenerativa como una alternativa viable para alcanzar, de manera sustentable, la demanda futura por más y mejor alimento, utilizando la menor cantidad de recursos posibles, y reduciendo ostensiblemente los efectos negativos asociados a esta importante actividad humana.
Uno de esos científicos es Rafael Larraín, académico de la Universidad Católica e investigador del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES, quien, junto a un grupo de colaboradores, acaba de concluir un importante estudio que buscó conocer no sólo los beneficios ambientales que trae consigo el paso de una ganadería convencional a una regenerativa, sino también los cambios económicos y productivos que conlleva esta transición.
Producir sin degradar
El investigador CAPES, Rafael Larraín.
“En términos simples, la agricultura y ganadería regenerativas son un conjunto de principios y prácticas que buscan generar bienes y servicios para el ser humano mientras, al mismo tiempo, se aumenta la biodiversidad, se enriquecen los suelos, y se fomenta la provisión de servicios ecosistémicos” explica Larraín. “A la larga, es una forma de hacer agricultura y ganadería trabajando con la naturaleza, en vez de en contra de ella”.
Entre las prácticas que promueve la agricultura y ganadería regenerativas, está la incorporación de animales mediante una correcta planificación del pastoreo, el uso de enmiendas y biofertilizantes, la cobertura permanente de los suelos con miras a minimizar lo más posible su labranza, y la rotación de cultivos tradicionales junto a cultivos de cobertura (granos y leguminosas, principalmente), que ayudan a prevenir la erosión, fijar nitrógeno, controlar la humedad de los suelos, además de atraer polinizadores.
Para el investigador CAPES, sin embargo, cada técnica a implementar dependerá siempre de las condiciones ambientales y ecológicas de cada predio: “esto es muy importante de entender, porque lo que para uno puede ser regenerativo, para otro podría no serlo. Por ejemplo, si estás en un clima donde hay crecimiento de plantas todo el año (selva tropical o bosques siempreverdes templados), una forma de regenerar podría ser eliminando el ganado del lugar. Con la humedad disponible, los ciclos de nutrientes se mantienen activos, las plantas crecen, la fotosíntesis aumenta, la biodiversidad también. En cambio, en un ambiente donde solo hay crecimiento de plantas unos pocos meses en el año, el paso de animales herbívoros es la mejor forma de estimular el reciclaje de nutrientes, que las plantas no queden en pie y mueran, generando sombra para el crecimiento de la próxima temporada. En ese caso, un pastoreo planificado sería una herramienta de regeneración”.
Así, a través de la recuperación de los sistemas biológicos que soportan y rodean las tierras agrícolas, la ganadería regenerativa intenta trabajar con la naturaleza para recuperar los ecosistemas, fortalecer las comunidades y mejorar la rentabilidad. “Para la agricultura regenerativa un suelo vivo y sano es la base para una producción vegetal abundante, sana y rentable” comenta Larraín.
Una buena inversión
Pero la adopción de este tipo de acciones en los campos y siembras no sólo trae consigo beneficios para el medio ambiente. La recuperación y enriquecimiento de los suelos conlleva una mejora sustantiva en la calidad de los alimentos que se producen en éstos y reduce los costos asociados, por ejemplo, al uso de fertilizantes químicos, mejorando y haciendo más eficiente la producción.
Para entender el alcance y magnitud de estos beneficios, durante dos años Larraín y su equipo conocieron el trabajo de 17 productores y productoras ganaderas de Chile que han ido adoptando, progresivamente, un modo de producción regenerativo, de modo de identificar y evaluar indicadores de desempeño económico y productivo en campos que han experimentado esta transición.
Mediante entrevistas, visitas en terreno y reuniones periódicas, los investigadores identificaron los cambios de manejo realizados por cada productor y productora, y la información necesaria para cuantificar estos cambios desde un punto de vista económico y productivo. Los campos analizados se ubicaron en las regiones de La Araucanía (8), Los Ríos (2), Los Lagos (6)y Aysén (1).
Al contrastar los cambios en ingresos y costos, el equipo observó que todos los predios aumentaron sus ingresos netos, es decir, los 17 campos aumentaron su rentabilidad. Esto, debido principalmente a una reducción en los costos de producción equivalente a los $372.000 por hectárea (ha) en promedio.
“El ítem de costo con mayor disminución”, explican los investigadores en su informe, “fue el costo en praderas, que se explica principalmente por una caída en la siembra de praderas y en el uso de fertilizantes químicos, equivalente a $254.419 /ha. Por otro lado, en 16 de los 17 campos hubo también una disminución en la conservación de forraje”, lo que sugiere que la reducción en gastos se debió a la menor necesidad que tuvieron los agricultores de alimentar a sus animales.
Pero eso no es todo, añade Larraín: “además de eso, nuestra experiencia conversando con productores y la evidencia en estudios fuera de Chile, indica que no solo hay una mejora en rentabilidad, sino que también los productores reportan una mejora en su calidad de vida. En algunos casos, esa mejora está ligada a una reducción en la carga de trabajo, a un mejor alineamiento entre sus valores y lo que están haciendo en el campo, a una menor necesidad de capital de trabajo y el estrés que impone sobre uso de capital, etc”.
Cambio de paradigma
Pese a estos beneficios, aún son pocos los productores y ganaderos que, en Chile, han adoptado este tipo de prácticas agroecológicas, pues, en opinión de los investigadores, aún persisten barreras de entrada que previenen a éstos de transitar de un modelo convencional a uno regenerativo.
“La principal barrera de entrada tiene que ver con la estructura de pensamiento de los productores”, reflexiona Larraín. “La mayoría de ellos fue educado en un modelo de agricultura/ganadería donde la clave del éxito eran los sistemas simples, las intervenciones con maquinaria y químicos, la alta productividad por unidad de superficie o animal, etc. Al mismo tiempo, existe una red de negocios que funcionan en torno a la venta y uso de insumos y maquinarias, donde existe un permanente bombardeo de información indicando que mientras más se use el producto X, más segura y rentable será la producción. Entonces ir en contra de eso es muy difícil”.
Para Larraín, con el paso de los años, los productores se construyen una imagen mental de sí mismos donde aplicar estas prácticas y usar estos insumos son una reafirmación interna de que están haciendo las cosas bien. “Entonces, aparece un sistema donde les dices que muchas de las cosas que ellos consideraban como buenas, en realidad tienen un montón de efectos negativos y que en vez de haber estado cuidando sus campos, los han estado dañando. Eso es muy duro. Te cuestiona lo que has hecho probablemente durante décadas”, explica.
“Entonces” continua, “la principal barrera de entrada es hacer lo que se conoce como cambio de paradigma. Aceptar una forma de ver, analizar y trabajar el campo diferente a la que has estado usando hasta ese punto. Este cambio de paradigma no es fácil, y normalmente va asociado a una crisis por la que pasa el productor y productora, que suele ser gatillada por problemas económicos o conflictos internos sobre el uso de pesticidas, cuidado del medio ambiente, etc”.
Para promover y hacer factible este cambio de paradigma, dice el ingeniero agrónomo de la Universidad Católica, es necesario avanzar tanto en conocimientos como en educación ambiental y transferencia de conocimientos. “Eso permite que las personas vean casos de éxito, vean como otros productores han ido haciendo el cambio, han adaptado las prácticas a diferentes condiciones, etc. Primero conocer, luego entender y finalmente adoptar. También pueden haber incentivos vía el mercado o por apoyo del estado, fundaciones, etc. Pero estos incentivos tendrán poco efecto a largo plazo si antes el productor no hace un cambio en su forma de pensar”, finaliza. Los resultados de este estudio, financiado por la Fundación para la Innovación Agraria (FIA) y CAPES, están disponibles en línea desde el sitio oficial de FIA. También puedes descargar el informe final del proyecto en este enlace.
El proyecto “Seres humanos y naturaleza, un todo inseparable: Maleta pedagógica como herramienta para educar sobre la emergencia climática”, es una iniciativa que propone una herramienta educativa para entregar conocimientos y generar las actitudes necesarias para enfrentar los efectos del cambio global. Está desarrollada para docentes y estudiantes de segundo ciclo de 5° a 8° básico.
Este proyecto, fue ejecutado por profesores del Centro de Investigación Científica Escolar (CICE), y profesionales de CAPES, y financiado por el fondo EduLab del Centro de Innovación UC del año 2022, que busca resolver desafíos educativos presentados por distintos actores de la sociedad. La propuesta fue realizada en la escuela Puangue en colaboración con la Corporación de Educación de la Municipalidad de Melipilla, en base a los problemas ambientales que se han observado en la comuna los últimos años.
Fabiola Orrego, coordinadora del eje de Vinculación y Transferencia CAPES y doctora en Ciencias Agrícolas de la Universidad Católica, fue la encargada del proyecto y nos cuenta cómo partió la propuesta: “antes de la elaboración del maletín se realizó un diagnóstico sobre las motivaciones y conocimientos de estudiantes, apoderados y funcionarios del colegio. Una vez hecho el diagnóstico, la herramienta educativa fue diseñada en base a esas respuestas. Posteriormente, la maleta educativa se probó en distintas clases de ciencias naturales entre quinto y octavo básico, antes de la etapa final de diseño y ajustes”.
Las actividades diseñadas para la maleta educativa responden a las necesidades ambientales de la comunidad educativa de Melipilla: contaminación, crisis hídrica, biodiversidad, y se ajustaron a los contenidos del currículum nacional de ciencias naturales para 5°, 6°, 7° y 8° básico.
Estudiantes de la comunidad educativa de Melipilla aplicando los conocimientos contenidos en el maletín.
“En este maletín se abordan contenidos, ejercicios y recursos relacionados al cambio climático, la naturaleza, el recurso hídrico y la salud humana”, señala Orrego, “nuestro objetivo fue mostrar que los seres humanos somos parte de la naturaleza: vivimos y visitamos distintos ecosistemas e interactuamos con distintas especies a lo largo de nuestra vida. Y en este contexto, el cambio global es más que el cambio en el clima, es una amenaza multifactorial que está presente en distintas dimensiones de la vida”.
Fabiola Orrego (segunda, de derecha a izquierda) durante el reconocimiento a los proyectos Edulab de 2022).
Los detectives del agua, Conociendo al súpervillano: el Cambio Climático, Naturalistas a terreno: Biodiversidad y bienestar, Mi plato y mi planeta, son algunas de las actividades, ejercicios y experiencias prácticas que profesores, estudiantes y también sus familias pueden realizar para conocer las relaciones entre las especies, los ecosistemas, sus recursos y las personas, y comprender cómo todo el sistema interactúa bajo los efectos del cambio global.
“La comunidad escolar recibió con mucha alegría la maleta educativa, y valoran en particular que se haya hecho poniendo atención a la realidad de su comuna”, relata Fabiola Orrego, “es por eso, que este proyecto de innovación pedagógica de CICE y CAPES fue entregado como instrumento a la Corporación Municipal para ser utilizado en todos los establecimientos municipales de la comuna”.
El pasado 4 de abril de 2023 fue la jornada de cierre de la versión 2022 de Edulab en el que se entregó un reconocimiento a los proyectos que finalizaron sus productos con éxito. En esta instancia, Fabiola Orrego, coordinadora del proyecto pudo compartir con el equipo EduLab UC Magaly Silva, coordinadora de Ciencias del Departamento de Educación de la Corporación Municipal de Melipilla; Jorge Retamales, docente de ciencias naturales y Nicole Hernández, directora de la Escuela Puangue.
Puedes descargar el material desarrollado para este Maletín Educativo EduLab en el sitio web de CICE, ubicado en este enlace.
Texto: Comunicaciones CAPES Fotos cortesía de: Fabiola Orrego (CAPES)
Una inédita investigación en hembras adultas y envejecidas del roedor chileno degú, mostró los efectos de la administración de largo plazo de ANDRO, un compuesto derivado de la planta medicinal asiática Andrographis paniculata, que mejoró aspectos como la memoria de reconocimiento social y la memoria de largo plazo, ambas necesarias para la socialización y el reconocimiento de los animales en sus entornos biológicos.
Este es uno de los últimos estudios en los que participó nuestro ex subdirector Francisco Bozinovic, fallecido a principios de 2023, quien fomentaba la colaboración y el trabajo interdisciplinario, aportando su conocimiento como ecofisiólogo en una investigación sobre enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.
Degú costino (Créditos: Bruno Savelli)
El proceso de envejecimiento es natural e irreversible para todos los seres vivos. En los humanos, además del deterioro físico se producen daños a nivel molecular o celular provocando deterioro cognitivo, pérdida de neuronas y una actividad sináptica deficiente, entre otras, es la evolución habitual del cerebro humano.
En Chile habita un pequeño roedor social que en condiciones de laboratorio muestra síntomas de envejecimiento muy parecidos a los de las personas, es el Octodon degus, conocido como degú, un ratón con una cola semejante a un pincel, que es endémico de nuestro país y que ha sido utilizado como modelo biológico para estudiar enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.
Un equipo interdisciplinario, encabezado por Daniela Rivera, ecóloga del Centro GEMA: Genómica, Ecología y Medio Ambiente de la Universidad Mayor, y en el que trabajó entusiastamente el subdirector de CAPES, Francisco Bozinovic, evaluó los efectos de la administración de ANDRO en el largo plazo -un año-, en la conducta y en los aspectos neuroquímicos del cerebro de hembras de degú adultas (36 meses) y envejecidas (72 meses).
¿Cómo surgió la idea de desarrollar esta investigación y por qué decidieron realizarla en degus hembras?
Conversamos con Daniela Rivera, quien nos comentó que “la idea de realizar este trabajo comenzó el 2018, junto con Francisco y Nibaldo Inestrosa nos reunimos para planificar el diseño experimental de este trabajo. El objetivo principal era evaluar el efecto de la administración de Andrografólido (ANDRO) en el largo plazo en el inicio del envejecimiento (desde los 3 años) y compararlo con hembras ya envejecidas. La decisión de usar hembras fue porque habíamos determinado en varios trabajos previos (Neurobiology of Aging, 2016; Frontiers in Integrative Neuroscience, 2022) que durante el proceso de envejecimiento a las hembras degus les va peor que a los machos desde el punto de vista de la bioquímica del cerebro. Por lo tanto, era interesante preguntarnos si ANDRO, que reportaba muchos beneficios en la mejora neuronal y cognitiva, tenía un efecto en hembras maduras y envejecidas”.
¿Andrografólido?
Para comprender los alcances de esta investigación, necesitamos saber qué es el ANDRO o Andrografólido. Es una molécula que se extrae de la planta medicinal Andrographis paniculata, presente en India, China y el sudeste asiático, y que es utilizada en la medicina china y ayurvédica por sus múltiples propiedades, como su atributo antiinflamatorio.
“En un trabajo colaborativo que realizamos junto con el Dr. Bozinovic en el 2016”, señala la investigadora, “demostramos que el ANDRO es capaz de revertir el daño cognitivo en hembras degus adultas. Lo más notable de este trabajo, es que algunos animales son capaces de comportarse como individuos jóvenes luego de la aplicación de ANDRO durante solo tres meses. Además, la administración de ANDRO fue capaz de revertir algunos de los principales signos patológicos de la enfermedad de Alzheimer no solo en degus sino también en otros modelos transgénicos de la enfermedad (es decir, aquellos modelos que son manipulados genéticamente o farmacológicamente para expresar la enfermedad). Sin embargo, en otros aspectos como la plasticidad celular, el tratamiento con ANDRO no fue exitoso, por lo que argumentamos que un tratamiento de más larga duración podría mejorar esos aspectos de la fisiología neuronal, razón por la cual surgió la motivación para hacer este estudio”.
(Créditos: Paula Díaz Levi)
El degú y su forma de vida social
El Octodon degus, también conocido como degú o ratón cola de pincel, es un pequeño roedor endémico de nuestro territorio, que habita entre Vallenar y Curicó. Cabe aproximadamente en la palma de una mano, su cola termina con un penacho que le da la apariencia de un mini pincel. Es un animal diurno, vive en comunidades en madrigueras excavadas en zonas montañosas o de matorrales. Su período de gestación es de 90 días, al cabo de los cuales nacen entre 3 y 9 crías completamente cubiertas de pelo y con los ojos abiertos. En cautiverio pueden vivir hasta 8 años, una de las muchas razones que los hace un muy buen modelo biológico para estudios relacionados con envejecimiento natural.
En 2022 entrevistamos a nuestro ex subdirector Francisco Bozinovic para uno de los capítulos del podcast “Maestra Naturaleza”, realizado en conjunto entre CAPES y Ladera Sur, durante la conversación Francisco nos comentó sobre sus estudios en este roedor y por qué es utilizado para investigaciones en distintos temas, desde los efectos del cambio climático hasta enfermedades como la diabetes o el Alzheimer.
Acerca del degú Bozinovic nos cuenta que “en biología se ocupan modelos animales para estudiar las enfermedades, y el degú ha sido muy exitoso, puesto que además es social, igual que nosotros”. Además, comparte una característica con los seres humanos que tiene que ver con la proteína Beta-amiloide (β-amiloide), “que está en el cerebro de las personas que tienen Alzheimer y es prácticamente igual en el degú”, explica el Premio Nacional de Ciencias 2020, “el degú tiene síntomas muy parecidos a los humanos cuando son viejos”.
“Hemos hecho estudios, liderados por la doctora Daniela Rivera, que muestran que entre organismos que están viviendo juntos o están separados, cambia mucho su capacidad cognitiva, capacidad de aprendizaje, en función de si están socializando o no y en función de la edad”, comenta el biólogo integrativo. “Hicimos experimentos en animales de diferente edad viviendo solos o viviendo en grupos, y efectivamente, los animales que vivían en grupos tenían mejores habilidades cognitivas que los que estaban separados”.
ANDRO y degus hembras adultas y ancianas
Durante esta investigación Rivera y su equipo administraron ANDRO a degus hembras durante un año y se les realizaron diversas pruebas de comportamiento que permitieron estudiar el rendimiento cognitivo. Rivera señala que “ANDRO fue capaz de mejorar la memoria y preferencia por nuevas experiencias no solo en las hembras adultas sino también en las envejecidas. ANDRO también restauró la memoria de reconocimiento social y la memoria de largo plazo en las hembras de mayor edad”.
A nivel neuronal, el estudio determinó que ANDRO puede mejorar, en ambas edades los procesos que son potenciadores de la actividad neuronal. Rivera complementa que “sin embargo, en las hembras adultas, ANDRO no mejora la actividad neuronal basal, pero sí la mejora en las hembras envejecidas donde la actividad basal está empeorada. Todos estos efectos a nivel neuronal se correlacionan con cambios en las proteínas que forman parte relevante en el funcionamiento de las conexiones y por lo tanto de las redes neuronales, efecto a través del cual creemos el ANDRO estaría haciendo su efecto en la mejora cognitiva”.
Hacia una mejor comprensión de los procesos del envejecimiento
En la actualidad, es posible encontrar fármacos derivados de ANDRO registrados ante la FDA. En España se están desarrollando derivados semisintéticos de ANDRO para su uso en el tratamiento de COVID-19 y fibrosis pulmonar asociada a COVID-19 por sus efectos antiinflamatorios, sin embargo, los efectos descritos a nivel de sistema nervioso son más recientes y hay que hacer más estudios para evaluar sus efectos y consecuencias.
La Dra. Rivera está consciente de que no se puede cambiar el curso del envejecimiento, un proceso biológico natural de los seres vivos, de todas maneras, el escenario ideal sería envejecer física y cognitivamente de la mejor manera. “Los procesos de envejecimiento y deterioro cognitivo son procesos que dependen de muchas variables”, afirma Rivera, “una de las cuales recae fuertemente en el hecho de si eres hembra/mujer o macho/hombre. Y este es uno de los puntos principales. Hasta ahora podemos establecer que estos procesos no son equivalentes en ambos sexos y que es fundamental determinar los mecanismos que hacen la diferencia para mirar con más detalle y generar, ahora sí, fármacos que sean puntuales para aquellos procesos diferenciadores. Queda mucho estudio por hacer”.
Acerca de los aportes de Francisco Bozinovic a la investigación de Daniela Rivera y equipo, ella menciona que “estuvo desde siempre interesado en los alcances del degú como modelo experimental. Fue parte importante en la planificación y elaboración del diseño experimental en este y en todos los recientes artículos que involucran al degú, tanto en los estudios farmacológicos como en los que evalúan el estrés social”. Sobre la importancia que Francisco otorgaba al trabajo interdisciplinario, Rivera señala que “como se puede apreciar de la afiliación de los autores de este trabajo, los que participamos somos de muchas instituciones académicas; eso le gustaba a Francisco, apoyar el trabajo interdisciplinario y la colaboración entre investigadores. Ese fue uno de sus mayores aportes, generar vínculos de colaboración entre investigadores de diferentes disciplinas”.
Los investigadores Francisco Bozinovic (al medio, de gorro) y Daniela Rivera (a su derecha), durante el Primer Workshop Internacional del Degú, organizado por el Centro Interdisciplinario de Neurociencia de Valparaíso, CINV, en 2019.
Bióloga marina de la Universidad de Concepción y doctora en biología de la Universidad de York, Inglaterra, Mariella Canales ha desarrollado una carrera un poco distinta a lo que normalmente sigue un científico, intercalando actividad laboral con postgrados. Con experiencia en la ciencia pesquera desde la industria, el sector público y la academia, se ha especializado en las pesquerías de peces pelágicos, como anchoveta, sardina y otros, y también ha explorado los peces litorales como el róbalo.
Mariella Canales
Nacida en Tomé, comuna costera al norte de Concepción, Mariella Canales pasó toda su niñez y primera juventud al lado del mar. “Mis recuerdos de infancia son pasar todos los veranos en la playa, mi mamá que era profesora básica normalista disponía del tiempo en las vacaciones de verano. Mi papá trabajaba la mayor parte del verano en las Fábricas Paños de la ciudad (hoy ya no existen), entonces, nuestra diversión era ir prácticamente todos los días del verano a la playa, la cual teníamos al lado. Aquí podíamos jugar y explorar libremente la verdad. Me llamaba mucho la atención todo lo que “crecía y andaba” en las rocas, y a mi mamá le costaba literalmente un gran esfuerzo sacarme del agua. Fue también a través de mi familia que aprendí a consumir productos del mar desde algas hasta peces desde muy chica”, recuerda la investigadora, quién entró a estudiar Biología Marina en la Universidad de Concepción (UdeC).
“Mi vida de alguna manera se vincula al mar desde mi niñez temprana”, afirma Canales, cuya carrera ha sido algo distinta a la que siguen la mayoría de las mujeres y hombres de ciencia “en el sentido que no pasé directamente a la realización de un postgrado cuanto obtuve mi título de Bióloga Marina, eso me permitió acumular experiencia en varios ámbitos y reorientarme. Recién terminada la carrera de Biología Marina comencé trabajando en la Estación de Biología Marina de UdeC en Dichato (¡hermoso!) en un proyecto asociado al desarrollo del cultivo de ostión en la zona. Luego se dio una oportunidad en el Instituto de Investigación Pesquera (INPESCA) en Talcahuano, Instituto privado de investigación aplicada en pesquerías y medio ambiente, cuyo financiamiento proviene principalmente de los industriales pesqueros (ASIPES) de la Octava Región. Allí comencé trabajando en el monitoreo biológico-pesquero de sardinas y anchovetas, y participé en varios otros proyectos de investigación pesquera, fue allí donde comencé a encontrar mi norte profesional”.
“En INPESCA entré a trabajar con el Dr. Luis Cubillos”, recuerda Mariella, “de quien tuve la suerte aprender muchísimo y colaborar con sus estudios de dinámica poblacional y pesquera de anchoveta y sardina común. Del monitoreo nacieron varias publicaciones que describen la dinámica del esfuerzo pesquero en la zona sobre sardina común y anchoveta, y también la dinámica poblacional de estas especies y su acoplamiento con la variabilidad climática de la zona, en particular con los procesos reproductivos y de crecimiento corporal de ambas especies. La generación de ese conocimiento decanta en una propuesta de modelo de evaluación de stock para estos recursos”.
La maestría le permitió a Mariella trabajar en el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP), como investigadora dedicada a la evaluación de stock de sardinas y anchovetas. (Foto: José Antonio Gil Martínez)
En esa época, en la segunda mitad de la década 90, comienza el auge de la captura de cerco de sardinas y anchovetas para producir harina de pescado, y en paralelo ocurre la primera crisis del jurel que llevó a la restructuración del esfuerzo de pesca industrial de cerco en la zona, pasando estas pesquerías de libre acceso, a ser reguladas vía cuota de captura. La necesidad de monitorear estas especies, le permitió a Mariella adquirir experiencia en toma y análisis de muestras de peces, participar de cruceros científicos, manejo y análisis de datos, evaluación de stock, en general “participé en distintos proyectos científico-pesquero financiados por el Fondo de Investigación Pesquera y Acuicultura (FIPA)”, indica la investigadora, “trabajando en INPESCA ingrese al Magister en Ciencias con mención en Pesquerías en la UdeC, la maestría me permitió decantar y/o darle una estructura y profundidad a todo el conocimiento adquirido trabajando en INPESCA había mucho más que aprender que lo aprendido en el pregrado”.
La maestría le permitió entrar a trabajar al Instituto de Fomento Pesquero (IFOP), como investigadora del Departamento de Evaluación de Recursos, trabajar en evaluación de stock de sardinas y anchovetas y colaborar en otros proyectos: “ahí estuve mucho rato ‘en mi salsa’, señala Canales, “los desafíos del trabajo fueron muchos y todos muy entretenidos, aprendí a programar, modelación matemática y estadística, también me permitió interactuar con distintos actores de la institucionalidad pesquera chilena oportunidad que no había tenido en INPESCA, y todo ayuda a crecer y desarrollarse profesionalmente. Particularmente mis primeros años en IFOP fueron de mucho crecimiento profesional, muy motivadores, y me nutrí mucho de los colegas, así como de investigadores de otros países. Sin duda, el Departamento de Evaluación de Stock del IFOP era el lugar donde aprender “evaluación de stock” en Chile”.
“Todo está conectado de Islandia a Inglaterra”
Un día, llegó una invitación del Gobierno de Islandia a un investigador de IFOP vía Subsecretaría de Pesca (SUBPESCA) y fue designada para asistir, Canales relata: “realicé una pasantía de 6 meses en el frío país del norte (a los 64º Norte) enfocada en evaluación de stock y financiada por Islandia. Islandia es un país pesquero por excelencia, uno de sus principales comodities”.
Esta pasantía en el Marine & Freshwater Research Institute (MFRI) de Islandia le permitió entrar en contacto con la Dr Julia Blanchard, “ella trabajaba para el Centro de Acuicultura, Medioambiente y Pesquería del Reino Unido (CEFAS), y estaba haciendo su doctorado en la Universidad de York con el Profesor Richard Law”. Tiempo después Canales se fue a hacer su Doctorado en Biología en esa universidad británica con Richard y Julia como tutores, “mi tesis de doctorado comprendió la modelación comunitaria de ecosistemas marinos mediante la aproximación por espectro de tamaños”, indica Mariella, “el tamaño corporal e incorporar este rasgo particularmente en el caso del modelamiento de sardinas y anchoveta, era algo que me daba vuelta en la cabeza desde lo aprendido en INPESCA y el trabajo en IFOP. A lo anterior se le sumaba también el efecto del clima, y rol que juegan estas especies en los ecosistemas de surgencia, estos últimos aspectos los había tocado de alguna forma en la Maestría. De mi tesis de doctorado surgieron algunos aportes, por ejemplo, un trabajo más bien teórico donde a través de la implementación de un modelo por espectro de tamaño, explore los efectos de los cambios de la composición del plancton, la predación intraespecífica, y canibalismo sobre estas especies, bajo distintos escenarios climáticos mediados por el plancton. Lo que encontramos fue que estos factores al interaccionar generan cambios en el tamaño corporal de la anchoveta y sardina lo cual conlleva a un efecto en la abundancia debido a cambio en las tasas de predación. Sin embargo, el cambio en esta estructura del plancton es gatillada por la variabilidad climática, en este caso, condición “El Niño”.
Barcos pesqueros en las costas de Husavik, Islandia: “realicé una pasantía de 6 meses en el frío país del norte (a los 64º Norte) enfocada en evaluación de stock y financiada por Islandia. Islandia es un país pesquero por excelencia, uno de sus principales comodities», cuenta Mariella (Foto: TJH1976)
A su regreso a Chile retomó su puesto en el IFOP y posteriormente se unió al equipo de la línea 4 de CAPES “Dinámica de la población, cambio global y sustentabilidad socioecológica”, encabezada por Mauricio Lima, donde ha participado de distintos proyectos asociados a pesquerías chilenas, y donde también realizó su Postdoctorado patrocinada por el Profesor Lima.
“En el Postdoctorado usamos un enfoque ‘holístico ‘para estudiar la dinámica de las poblaciones de peces pelágicos pequeños en Chile”, explica Canales, “analizamos la tasa de cambio de crecimiento poblacional de anchoveta y sardina común de Chile. Este permite analizar factores, denso-dependiente e independientes (clima, pesca) a la vez. Lo que encontramos fue que estos efectos varían a través de las poblaciones, por ejemplo, en el caso de la sardina común, la temperatura superficial del mar y sus efectos de retardo explicó el explosivo crecimiento en biomasa que este recurso mostró después del 2006, y en la mayoría estas poblaciones encontramos que el factor denso-dependiente era significativo. En un segundo trabajo del postdoctorado abordé este último tema de la denso-dependencia en forma teórica, simulando una población tipo anchoveta. La pregunta aquí es porque es difícil observar relaciones stock-recluta (clásicas) en peces pelágicos pequeños. Lo que encontramos fue que los procesos denso-dependientes pueden permanecer completamente operativos y medibles en estas especies, sin embargo, es más factible identificarlos a nivel de las tasas vitales de nacimiento, crecimiento y muerte que utilizando las clásicas relaciones stock-recluta”.
Peces pelágicos y peces litorales
Los peces pelágicos viven en la columna de agua, desde la zona costera hasta ambientes oceánicos. Entre las especies pelágicas de pequeño tamaño, están la anchoveta y las sardinas, las más conocidas por su importancia económica y su gran biomasa en los ecosistemas de surgencia.
“Estando en el INPESCA me tocó participar de varios cruceros en el contexto de la aplicación del método de producción de huevos para estimar biomasa desovante del jurel, anchoveta y sardina”, cuenta la bióloga marina, “en jurel se navegaba haciendo estaciones de muestreo y lances de pesca hasta las 1000 millas náuticas de la costa en barcos industriales cerqueros. El objetivo era muestrear hembras y huevos de jurel en el plancton (el jurel desova en océano abierto), enorme el esfuerzo realizado por la flota industrial cerquera”.
Actualmente, Mariella Canales dirige el proyecto FIPA “Caracterización y propuesta de manejo sustentable de las actuales y potenciales pesquerías costeras de peces litorales en las regiones de La Araucanía y Los Ríos”, que busca determinar la diversidad, abundancia y distribución de tallas de los peces litorales en ambas zonas.
Los peces pelágicos como las anchovetas y las sardinas, predan sobre el plancton, y cumplen un rol fundamental particularmente en los ecosistemas de surgencias donde dominan en biomasa. Los peces litorales tienen una dinámica completamente distinta, se encuentran en fondos arenosos y rocosos cerca de la costa, reducido desplazamiento comparado a un jurel, por ejemplo, y se alimentan de algas, de otros peces, de moluscos y de crustáceos. “Presentan estrategias reproductivas más variadas, uno puede encontrar especies hermafroditas, como en el caso del róbalo, que es una de las especies principales que hemos estudiado en el FIPA 2021-16”, indica la investigadora.
Actualmente, Mariella Canales dirige el proyecto FIPA “Caracterización y propuesta de manejo sustentable de las actuales y potenciales pesquerías costeras de peces litorales en las regiones de La Araucanía y Los Ríos”, que busca determinar la diversidad, abundancia y distribución de tallas de los peces litorales en ambas zonas, identificando los parámetros de historia de vida de las especies que son más extraídas y proponer orientaciones para su manejo sustentable. Canales añade que “la captura de estas especies en la zona de estudio está asociada al consumo humano (para el hogar), se venden en restaurantes y también se capturan en forma recreativa”.
¿Cuántos peces hay en el mar?
Las poblaciones de peces se evalúan desde el punto de vista de su manejo para estimar su abundancia y biomasa y poder saber cuánto pescar o remover para que sean sustentables en el tiempo. Desde la perspectiva del ecosistema marino, todas las especies están relacionadas de manera trófica (y otras interacciones también), son presas y predadores a la vez. “En el caso de sardinas y anchovetas, estas cumplen un rol ecológico fundamental porque primero son, en términos de biomasa, dominantes en los ecosistemas de surgencia como el chileno, y al predar sobre el plancton transfieren y dispersan esa energía rápidamente a otros niveles tróficos”, explica Mariella, “ya que sobre ellas se alimentan distintas especies de peces, mamíferos marinos (lobos marinos), y también el hombre (pesca)”.
Entonces, si la pesca remueve demasiado, “desde una perspectiva mono-específica se arriesga la sustentabilidad de la población, pero desde una perspectiva multi-específica además se perturban las relaciones tróficas, tanto para aquellas especies que se alimentan de anchovetas y sardinas, como en el plancton que son su alimento”, indica la investigadora. Algunos trabajos basados en modelamiento ecosistémico, muestran que remover anchovetas “genera una disminución en la biomasa de predadores tróficos altos, como mamíferos marinos y las aves marinas. Hay debate al respecto, porque en su mayoría estos estudios están basados en modelaciones, pienso que hay que analizar cada ecosistema por separado, porque la pesca afecta en forma distinta a cada comunidad y la variación climática tiene un efecto importante”, señala Canales.
En el caso de la pesquería de peces litorales, que como vimos está relacionada al consumo humano de las comunidades costeras locales, la comunicación entre pescadores y los investigadores en terreno fue muy importante por varias razones, señala la bióloga marina “particularmente cuando se sabe muy poco, ellos tienen la memoria de la actividad de pesca en sus caletas y las especies que extraen. Lo otro es que los pescadores conocen mucho del comportamiento de los peces, ese conocimiento es valioso para determinar la vulnerabilidad de las especies, y creo que debe recogerse cuando no tienes información, y aún si la tienes”.
Además, es relevante porque cualquier medida de manejo afecta directamente a las comunidades pesqueras locales, en la economía del hogar, en la generación de entradas. “También es importante acercar la ciencia a quienes hacen uso directo de estos recursos marinos, eso es algo que surgió en las reuniones con los pescadores en este proyecto, ellos están interesados en saber de la biología, y ecología de estas especies,” afirma Mariella Canales, “ellos quieren conocer más detalles de las especies que extraen, entonces, la transmisión del conocimiento generado es importante, porque de esa manera ellos también saben la razón de porqué se establecen las medidas de manejo”.